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viernes, diciembre 07, 2012

Homenaje

Manuel Puig. Este fin de semana. En General Villegas.



martes, agosto 24, 2010

Etéreo palpitar de los corazones

Natalia Gelós lee Teatro reunido, de Manuel Puig, y escribe la siguiente reseña para la revista Boca de sapo:

Asomarse a Teatro reunido es enfrentarse a un Manuel Puig despojado de la intertextualidad pop y vestido sólo de la voz de sus personajes y el drama que éstos acarrean. El beso de la mujer araña, Bajo un manto de estrellas, Misterio del ramo de rosas, Triste golondrina macho y Un espía en mi corazón son las cinco obras compiladas por la editorial Entropía, las que brindan un nuevo camino para entrar al mundo de este autor.

Podría decirse que este Puig dramaturgo es parido por el desarraigo. Se gesta a partir de 1973, luego del estreno de The Buenos Aires Affair. Con ésa, su tercera novela, llegaron la censura y las amenazas. Sobrevino el exilio y lo transitó en México, Brasil y Estados Unidos. Fue en esas nuevas geografías (internas y externas) que el autor de Boquitas Pintadas (1969) incursionó en el teatro y la comedia musical, y produjo una decena de obras que destilan su impronta en cada frase. Ese flamante dramaturgo mantiene la oralidad y la polifonía. Su fanatismo por los radioteatros acentúa esa búsqueda por explotar –y explorar– lo sonoro. La lengua en estado vivo es el personaje central en su dramaturgia, multiétnica y exponencial.

Si bien su lugar como literato fue revalorizado en los últimos años, el Puig de teatro no logró vencer las resistencias. Alberto Wainer, dramaturgo y asesor literario del Teatro Nacional Cervantes, recomendó en 1998 la puesta en escena de Triste golondrina macho (de 1982). Fue difícil para Wainer transmitir el entusiasmo por esa obra que, decía en su informe inicial: “retrotrae a ese teatro poético, incluso simbólico, de reacción a los naturalismos iniciales del XX”.

Difícil de ubicar en el escenario que generacionalmente le correspondería –formado por Cossa, Rozenmacher, Halac, por un lado, Gambaro, Trejo, por el otro–, el de Puig es un teatro que apuesta por la experimentación sin abandonar nunca ese manto kistch con el que cubre cada palabra que conjura.

“Puig dramaturgo no ha terminado aún su exilio”, anuncia Jorge Dubatti en el prólogo de Teatro reunido. Las tablas nacionales reincidieron en El beso de la mujer araña, pero quedan por explorar las otras obras, que redundan en un mundo poblado de mujeres solas, sueños rotos y esperanzas testarudas: El misterio del ramo de rosas, que presenta una estructura ibseniana, se hace fuerte en el desarrollo de dos personajes, una paciente y su enfermera, hermanadas por la desdicha y las esperanzas dormidas.

Como comedia musical se incluye Un espía en mi corazón, que cuenta las aventuras de una costurera que se anima a enfrentar a un grupo de fascistas para salvar al amor improbable de un muchacho. Inspirada en el encuentro de Puig con la artista Renata Schussheim, la obra incorpora un collage de la argentinidad cotidiana. Con más coordenadas que en sus otras obras, Puig apuntala las voces, que, indica, deben adquirir matices “a lo Virginia Luque” o “a lo Mirtha Legrand”.

La metateatralidad es otra de sus jugadas preferidas y el juego de cajas chinas, con personajes que interpretan a otros personajes, es recurrente: robots camuflados de humanos, personajes que reencarnan, que simulan. En Bajo un manto de estrellas, Puig apuesta a una intriga obsesiva: un matrimonio y su hija adoptiva se enfrentan en un universo psicótico en el que una pareja de visitantes vuelve una y otra vez reinterpretándose en fantasmas del pasado.

En 1982, Puig escribió Triste golondrina macho y con ella abandonó el realismo para presentar una puja siniestra entre una joven y el fantasma de su hermana muerta. Ambas se disputan la pasión de un recién llegado. Otra vez, el amor naïf con resabios agridulces, como una magia que llega a despertarse a fuerza de insistencia.

El Puig dramaturgo es el Puig de las novelas, creador de ese mundo tan particular que se puso de moda hace unos años. Es el mismo, pero es diferente. Un cierto pesar sobrevuela su teatro, una tristeza mustia que lo torna más grave. Alejado del realismo, este otro Puig nos deja el drama, pintado desde la mirada de pueblo, desde esa óptica provinciana que siempre consigue filtrarse en sus historias.

jueves, enero 07, 2010

La otra cara del novelista

Sylvia Saítta lee Teatro reunido y escribe para La Nación sobre la faz menos conocida del proyecto literario de Manuel Puig:

"Por acá muy bien -le cuenta Manuel Puig a su familia en una carta enviada desde Río de Janeiro en junio de 1980-. Ayer terminé la adaptación de la "araña", me parece que quedó bárbara y muy comercial [...]. Me parece que esto va a ser una pegada, porque dos actores y sin escenario es algo ideal, lo pueden hacer en todo el mundo. Mundo libre, claro, ni bajo represión de derecha ni de izquierda."

Efectivamente, el estreno de la versión teatral de El beso de la mujer araña -basada en la novela que el escritor argentino había publicado en España en 1976- fue "una pegada" desde todo punto de vista: el público, entre quienes se encontraban el actor Fernando Rey y el cineasta Pedro Almodóvar, la ovacionó en su estreno oficial del 1° de mayo de 1981 en el Teatro Martín de Madrid. Poco después, en agosto de ese año, se estrenó en el Teatro Ipanema de Río de Janeiro. Con la venta de los derechos teatrales en Italia y España -cuenta su biógrafa Suzanne Jill-Levine-, Puig pudo comprar un departamento para él y otro para sus padres en Río de Janeiro, ciudad en la que residía desde comienzos de la década. A partir de entonces, la versión para las tablas se representó en Santiago de Chile, Caracas, México -con la dirección de Arturo Ripstein, quien debutó con esa obra como director teatral-, San Pablo, Lima, Barcelona, Roma, Ámsterdam, entre muchas otras. En todas estas ciudades, la obra fue muy bien recibida por la crítica y por el público; en todas, menos en Santiago de Chile, donde tuvo problemas con la censura, y en Buenos Aires, donde se estrenó en agosto de 1983 con la dirección de Mario Morgan: "Lo que pasó -escribe Puig- es que es un público no preparado para eso, el rechazo es del público que no quiere ver cosas progresistas [...] a eso, sumar la crítica, que es la misma bosta de gente".

Desde aquel entonces las cosas han cambiado, y la publicación de Teatro reunido es el mejor signo de ello. Del mismo modo que en estos últimos veinte años la narrativa de Puig es considerada, sin discusión, parte constitutiva del canon de la literatura nacional, también se encamina a serlo su dramaturgia. Aun cuando, como señala Jorge Dubatti en el prólogo a esta edición, el teatro argentino no ha recuperado al autor de La traición de Rita Hayworth como se merece: ha habido pocos montajes de sus obras en la escena local, su nombre está ausente de los principales libros de historia teatral sobre el período, y las obras enciclopédicas y diccionarios especializados en el tema muestran escaso conocimiento de esos textos.

Teatro reunido no compila, como su título lleva a presuponer, la obra teatral completa de Puig, sino cuatro dramas ( El beso de la mujer araña , 1980; Bajo un manto de estrellas , 1981; Misterio del ramo de rosas, 1987; Triste golondrina macho , 1988) y una comedia musical, Un espía en mi corazón . Esta última pieza, la única inédita que contiene el libro, fue escrita en 1988 a partir de un encuentro del escritor con la artista Renata Schussheim y nunca fue nunca representada. Consistía en un espectáculo teatral pensado para el grupo Caviar, dirigido por Jean-François Casanovas, en el que se rinde homenaje, a través de la parodia y el pastiche, a los grandes géneros populares del teatro argentino. Esta edición retoma, por lo tanto, la tarea de recopilación iniciada en los años noventa por las investigadoras Graciela Goldchluk y Julia Romero, quienes realizaron las primeras ediciones de las piezas menos conocidas de Puig en la Argentina, la mayoría de ellas inéditas en español.

Con sus enormes diferencias temáticas y estéticas, las obras compiladas en Teatro reunido se caracterizan por la artificiosidad de las situaciones, el encierro de sus escenarios, la presencia de personajes sin nombre propio -máscaras que buscan una identidad que se les escapa-, el uso de una lengua que abomina de todo pacto de representación mimética. Como en su narrativa, el escritor mezcla irreverentemente géneros y tradiciones -el melodrama, la comedia negra, la fábula infantil, el teatro griego, el relato gótico, el cuento de hadas, la novela de ciencia ficción- para abordar la constitución de la identidad a partir, o a pesar de, la mirada de los otros.

Mientras que en Bajo un manto de estrellas se produce un continuo desplazamiento entre los cinco protagonistas de la obra, que van asumiendo una identidad que cambia a medida que cambia el interlocutor, en Misterio del ramo de rosas se enfrentan dos grandes personajes -la paciente y la enfermera- que ocupan e intercambian, en un juego de espejos, ambos papeles. Con Un espía en mi corazón , la comedia musical, se produce el estallido de la propia personalidad con la incorporación de clones y robots que asumen, como en Metrópolis de Fritz Lang, la apariencia de los personajes y los sustituyen en la acción.

La edición de Teatro reunido invita a una lectura renovada de la obra del escritor argentino, pero también de los vínculos, siempre complejos, entre narrativa y dramaturgia en un escritor que, como Roberto Arlt, Rodolfo Walsh o David Viñas, encontró en el teatro modos altamente creativos para la realización de sus proyectos literarios.

sábado, noviembre 21, 2009

jueves, noviembre 12, 2009

Un teatro de simulaciones

A propósito de Teatro reunido, de Manuel Puig.
[Por Valentín Díaz, para El interpretador.]

Primero fueron las obras de teatro, luego los guiones de cine, finalmente las cartas y, ahora, la nueva edición de parte de su teatro. Y lo cierto es que la obra de Puig sigue aumentando. La aparición de los dos tomos de cartas (Querida familia:, tomos 1 y 2, Entropía, 2005 y 2006) permitió conocer otra dimensión de su producción, cuya importancia, naturalmente, no es sólo documental. Las cartas de Puig (como las de Flaubert, o las de Benjamin, o las de Kafka) no hablan de la escritura o de la vida, son la experiencia de la escritura y la vida superpuestas, y obligan a una revisión de su obra. Las cartas norteamericanas, en este sentido, ocupan un lugar privilegiado en relación con el origen de la literatura de Puig, dado que pueden leerse como proceso de descubrimiento y apropiación del pop (como definición, según Puig, del presente del arte y la cultura) y, al mismo tiempo, de la literatura argentina (consumo sistemático en bibliotecas públicas –Puig no compra libros–, que termina de desterrar el mito del reemplazo de la biblioteca por la videoteca), además, por supuesto, del cine (varias películas por semana, comentadas a su madre metódicamente). Y la escritura de esas cartas norteamericanas acompaña otra, la de la novela (el “capítulo monstruo”) que irrumpe en la vida de Puig como un impulso que ya no se detendrá: La traición de Rita Hayworth. Pero si ese proceso de descubrimiento (la irrupción del monstruo) se vuelve vital es porque lo que Puig encuentra es, antes que nada, una forma de vida, un estilo de presencia para el que la escritura (de cartas, de novelas, de lo que sea) ocupa un lugar esencial.


Esta nueva edición de su teatro, Teatro reunido (cuatro obras ya publicadas y una comedia musical inédita hasta ahora, con prólogo de Jorge Dubatti), teniendo en cuenta lo que puede leerse en las cartas, vuelve a poner en primer plano un elemento central de la obra de Manuel Puig, de su origen. Pues el origen de su escritura funciona a partir de un desvío: Puig se encuentra con la novela yendo en busca de otra cosa –el guión de cine. Y ese desvío se vuelve doble si se tiene en cuenta el hecho de que en sus primeros ejercicios de escritura la lengua también es otra -el inglés, un “broken english”, tal como lo define (segundo principio de internacionalidad de su literatura, que se volverá método a partir de Maldición eterna a quien lea estas páginas). Es decir, lo novelesco, en Puig, se sostiene en una política del desvío, a partir del tránsito por los límites de la literatura. Las obras de teatro, en este sentido, son otro de los límites de lo literario que Puig transita a partir de mediados de los años 70.

La reseña completa puede leerse acá.

jueves, octubre 15, 2009

Dramaturgo por necesidad

Carlos Morán escribe en su blog de El País sobre Teatro reunido, de Manuel Puig y, entre otras cosas, dice:

Puig no regresó más a la Argentina y en su forzoso exilio (primero en México, luego en Brasil y por fin nuevamente en México, donde murió), debió “inventarse” un oficio, porque ganaba poco y mal con el de novelista. Fue así que nació el dramaturgo, impulsado evidentemente por la necesidad.

Aunque probó con dos textos “a la mexicana” (“Amor del bueno”, 1974, y “Muy señor mío”, 1975), su gran debut se produjo con la versión teatral de “El beso de la mujer araña”, escrita en 1980, llevada a la escena un año más tarde, luego transformada en comedia musical y por fin vuelta película bajo la dirección de Héctor Babenco, en una versión que nunca satisfizo a Puig.

Pero al mismo tiempo “El beso” (teatro dramático, musical, película y hasta ópera), lo transformó en un autor mundialmente reconocido y es por eso que en la década del 80 aunque sin dejar de escribir novelas se volcó decididamente al teatro y también a la redacción de guiones que sin embargo no se convirtieron en películas.

Pese a ser autor de ocho piezas teatrales –incluyendo las musicales- que hoy circulan por el mundo, Puig es casi un desconocido como dramaturgo en su país natal. Y si bien es cierto que, por comparación, sus dramas y sus musicales “retroceden” respecto de sus novelas bueno es acercarse a su teatro, para nada menor.

La editorial rosarina Beatriz Viterbo, en tres tomos, publicó entre 1997 y 1998 seis de sus obras teatrales y uno de sus guiones (antes, en 1983, Seix Barral había editado en un tomo “El beso de la mujer araña” y “Bajo un manto de estrellas”) Ahora, la editorial Entropía de Buenos Aires insiste con la difusión de su teatro, reeditando algunas de esas piezas y publicando un musical que quedó inédito a la muerte del autor.

Lo muy válido de esta nueva edición es que se ha hecho cotejando diversos originales y que ha quedado al cuidado de un especialista en la materia como Jorge Dubatti, quien en el prólogo se encarga de situar a Puig en el contexto de la dramaturgia de los ’80, al tiempo de analizar cada una de las obras escogidas.

La nota completa, acá.

miércoles, septiembre 02, 2009

Manuel Puig o el gran dramaturgo olvidado

[Por Patricia Suárez, para Crítica de la Argentina]

Manuel Puig es un personaje singular en la literatura argentina. Dueño de un genio como pocos, manejaba una prosa admirable, en la que recurría a cuanto medio se le antojaba para contar una historia (insertaba diarios íntimos, cartas, noticias de los diarios, conversaciones grabadas en magnetófonos, diálogos de películas de Hollywood, críticas de arte), su pluma no temblaba y salía airoso de la prueba. Estos recursos más los diferentes registros de lenguaje a los que solía apelar: desde un español culto, a uno atravesado de modismos brasileños, o barriobajero, hicieron de él el gran renovador de la novela argentina.

Había nacido en General Villegas, provincia de Buenos Aires en 1932, adonde lo llamaban Coco, de muy pequeñito, apodo que él cambió por Toto, cuando se convirtió en personaje de su primera novela en 1968 La traición de Rita Hayworth. Cuando publicó la segunda, un año después, Boquitas pintadas, dejó de ser un miembro querido en el pueblo. Puig construyó toda su obra sobre los recuerdos: especialmente los dos primeros libros del autor estaban basados en dichos y vivencias de su infancia en Villegas y la publicación de los mismos fue en el pueblo un escándalo –hasta hoy muchos niegan haberlo leído–.

La edición del Teatro reunido de Manuel Puig, anotada por el crítico Jorge Dubatti, pone en primer plano el trabajo de un autor teatral que solía estar en sombras. Aunque el total de obras asciende a siete, entre teatro y comedia musical, probablemente su producción fue eclipsada por su brillante novelística.

La nota completa se puede leer acá.

domingo, agosto 30, 2009

Me mandaron una carta por el correo temprano

Editorial Entropía y Casa de la Lectura invitan a participar del ciclo "El género epistolar", que se desarrollará este martes 1º de septiembre a las 20 hs en la Casa de la Lectura (Lavalleja 924).

Estarán presente Graciela Goldchluk, Eric Schierlon, Diego Bentivegna, Claudia López y Horacio Tarcus quienes reflexionarán sobre la correspondencia de Manuel Puig, Herman Melville, Pier Paolo Pasolini, Victoria Ocampo, Gabriela Mistral, Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Ezequiel Martínez Estrada, Luis Franco y Samuel Glusberg.

miércoles, agosto 19, 2009

Las bases de un teatro cosmopolita

Jorge Dubatti, prologuista de nuestro Teatro reunido, se explaya sobre la obra de Manuel Puig como dramaturgo, en una nota para la revista Ñ, que comienza así:

"Tras ser perseguido por la Triple A, e incluso antes de que fuera censurada su novela The Buenos Aires Affair, Manuel Puig se fue de la Argentina en setiembre de 1973. Frente a las amenazas y el peligro que corría su vida, decidió no regresar. Durante su exilio se radicó, sucesivamente, en México, Estados Unidos y Brasil. A pesar del retorno de la democracia a la Argentina, optó por no regresar. Continuó viviendo en Río de Janeiro hasta comienzos de 1990, cuando se instaló otra vez en México (Cuernavaca), donde murió pocos meses después. Hay huellas de que su alejamiento del país se hace sentir hasta hoy, trauma y continuidad de la dictadura en la posdictadura. Una de esas huellas se reconoce en el teatro argentino: no se ha recuperado aún al Puig dramaturgo como éste lo merece. Para los teatristas locales, Puig sigue siendo un novelista rutilante, pero, en el mejor de los casos, un dramaturgo secreto.

Basta confrontar su rica recepción en los escenarios extranjeros con la escasez de los montajes de su teatro en la escena local (donde, sin embargo, cada temporada se estrenan centenares de otros autores). También es sintomática la casi ausencia de su nombre en los principales libros de historia teatral del período o la escasez de conocimientos sobre su teatro en obras enciclopédicas y diccionarios especializados en teatro. Sin duda, ha habido importantes esfuerzos por revertir esta situación y contribuir al regreso de la dramaturgia de Puig a la Argentina: la edición de tres tomos con sus dramas realizada por el sello Beatriz Viterbo en Rosario; algunas puestas en escena, como las dos versiones porteñas contabilizadas hasta hoy de Misterio del ramo de rosas o los dos montajes de la versión teatral (no el musical) de El beso de la mujer araña (uno de ellos actualmente en cartel, en el teatro El Cubo); la consideración de su teatro en los trabajos de investigación de especialistas.

A esos esfuerzos se suma el flamante volumen Teatro reunido (Entropía), que recoge cinco obras. No consideramos parte de ese regreso la versión de El beso de la mujer araña-El Musical, dirigida por Harold Prince en Buenos Aires en 1995. Paradójicamente, en la escena nacional abundan las adaptaciones teatrales de sus novelas (como Boquitas pintadas, versionada por Oscar Araiz y Renata Schussheim). Pero sus textos teatrales, salvo excepciones, siguen ignorados. La producción teatral de Puig incluye ocho títulos, entre dramas y comedias musicales. Puig inicia su escritura teatral en los años de su exilio, como ha escrito Julia Romero: "El comienzo del exilio significó también, para Manuel Puig, el comienzo de una nueva línea en su escritura, una línea que aparece en esbozo en las novelas y que tiene su desarrollo en los textos marginales que comienza a escribir de manera profesional: los guiones cinematográficos y las obras de teatro". Sus dramas son El beso de la mujer araña (1980), Bajo un manto de estrellas (1981), Misterio del ramo de rosas (1987) y Triste golondrina macho (1988). Sus comedias musicales: Amor del bueno (1974), Muy señor mío (1975), Tango de la medianoche (Gardel, uma lembrança) (1987) y Un espía en mi corazón (1988)."

La nota completa se puede leer acá.

martes, julio 28, 2009

Puig encontra sua língua perfeita

Ariel Schettini revisita los tomos de Querida familia, de Manuel Puig para Zero Hora, de Porto Alegre, y dice cosas extraordinarias como éstas:

- "Puig não é o escritor dândi, que envia suas cartas como exercício de estilo, imitando um gesto romântico do artista full time. Prefere antes ocupar o lugar do correspondente estrangeiro e do cronista moderno. Todo traço de estilo é submetido à narração de uma série de fatos e de notícias do mundo que atuam sobre a família, do mesmo modo que suas novelas atuam sobre a literatura argentina: abrem uma janela e permitem que entre um pouco de ar."

- "Puig não para de tomar distância frente a si mesmo, frente à nacionalidade e frente ao cinema. Procedimento incessante em sua obra, que observada desde essas cartas se poderia definir como “tomada radical de distância” ou de “escritura dos extremos”."

- "Nesse ato de etnografia experimental, Puig encontra sua língua perfeita e sua forma de incluir-se à força na literatura argentina. Nunca ocupando o mundo do semelhante e sempre associando opostos irreconciliáveis."

La nota completa, acá.

miércoles, julio 22, 2009

Puro teatro

[A propósito de la publicación de Teatro reunido, de Manuel Puig. Por Mercedes Halfon, para Radar Libros]

























En el prólogo de dos de sus guiones cinematográficos, Manuel Puig escribió un punteo de lo que consideraba las diferencias entre escribir novelas y escribir guiones. El texto es de 1978, pero vería la luz recién en 1985 con la publicación de ese material por Seix Barral. Entre las cruciales distinciones que marcaba, escribió: “En términos de recompensas: un libro, incluso un manuscrito, se llega a leer, pero si una obra de teatro o una película no es producida, es como si no hubiera pasado nada”.

Esa profecía se volcó de lleno a su producción teatral. Porque Manuel Puig, además de ser un novelista fascinado por el cine y un guionista ocasional pero perseverante, fue un dramaturgo singular y prácticamente desconocido en su país. A pesar de las puestas de sus obras realizadas en el extranjero (en particular de El beso de la mujer araña), su trabajo para el teatro es tan marginal que casi no se menciona en las investigaciones realizadas sobre él. En la extensa biografía del autor que realizó Suzanne Jill-Levine, por citar un ejemplo, se describe exhaustivamente el nacimiento y recepción de cada una de sus novelas, un poco más escuetamente de sus guiones, pero lo que se dice sobre teatro es posible de contabilizar en líneas. Casi nada.

La misma indiferencia se practicó desde los estudios teatrales argentinos. Puig es apenas mencionado en algún diccionario de dramaturgos, pero su obra no ha sido estudiada en profundidad, en cuanto al lugar que ocupó, o a los autores teatrales con quienes dialogó. De ahí la rareza de la publicación de sus cuatro dramas y su comedia musical inédita por parte de Entropía. Algunas de estas obras habían sido editadas por Beatriz Viterbo en Rosario, pero ahora finalmente están reunidas en un solo volumen de teatro cerrado en sí mismo, con un prólogo a cargo del crítico Jorge Dubatti. Como si finalmente llegara la tan escamoteada legitimidad para Puig dramaturgo, y finalizara el malentendido que él mismo anunció y que pretendía que ahí no había pasado nada.

Y eso que, justamente, lo que siempre se resalta de Puig, ese ausentismo como narrador y la contundente presencia de sus personajes como conciencias que se muestran crudamente a sí mismas, a través de monólogos, podría ser descripto como teatral. Siempre estuvo eso ahí. Toda la obra de Puig podría pensarse de ese modo: a través de ese manejo dramatúrgico de la palabra, como una clave oculta de su filigrana de oralidad.

Es conocida la anécdota del origen de La traición de Rita Hayworth, su primera novela: la voz de una tía que empezó a hablar dentro de su cabeza y luego ya no pudo detener. Pero aquella primera novela tiene también otro origen, llamémoslo teatral, y data de cuando Puig aún insistía en hacer carrera en cine a través de sus guiones. En 1958, recién llegado a Londres, lee una novela que lo impresionará mucho. La lee motivado por la filmación de una obra que había visto (escribió, fascinado sobre la actuación de Julie Harris, la misma que después hará Al este del paraíso). Se trataba de Frankie y la boda, de Carson McCullers. El tratamiento autobiográfico que McCullers hacía del pasaje a la mayoría de edad de una muchacha sureña y su uso vívido del habla regional lo impactaron tanto o más que la voz de su tía. O mejor dicho: lo impactó antes. El sur literario de los Estados Unidos había dado vida a esta obra, como General Villegas lo haría con La traición de Rita Hayworth. Pronto iba a comenzar el guión “fallido” que terminaría formando parte de la propia autobiografía de su infancia.

La nota completa, acá.

lunes, junio 15, 2009

miércoles, diciembre 03, 2008

Libro marcado III

“No leía jamás, pero sus subrayados eran perfectos”, O. Lamborghini.
Ariel Schettini seguirá las pistas de sus propios subrayados hasta esclarecer sus propios crímenes.
Graciela Goldchluk tras las pistas de Clara Evelia y las marcas en los originales de Manuel Puig en la gran The Buenos Aires Affair.

Idea y entrevistas: Cecilia Szperling

Miércoles 3 de diciembre. 20:30 hs.
En el patio de la biblioteca Ricardo Guiraldes.
Talcahuano 1261. Gratis

miércoles, julio 11, 2007

Déjame que te cuente, limeña

De paso por Perú (¿turismo?, ¿trabajo? lo ignoramos), Graciela Goldchluk –flamante Directora del Departamento de Letras de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP– dio una entrevista para el Dominical de El Comercio. Le preguntaron si...

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Usted ha publicado Querida familia, que recoge en dos tomos la correspondencia de Manuel Puig. ¿A qué años corresponden estas cartas? ¿Cuáles eran las preocupaciones más comunes en Puig? ¿Puede rastrearse alguna filiación política?

Manuel Puig sale del puerto de Buenos Aires en 1956 para estudiar cine en Italia. Desde Montevideo manda la primera carta a su familia. Durante los seis años que estuvo en Europa envió una o dos cartas semanales en las que cuenta cómo se va convirtiendo de futuro director de cine en guionista y luego en novelista. En 1963 pasa por Buenos Aires rumbo a Nueva York, donde se instala en un puesto de Air France que le dejaba tiempo para escribir y ver películas viejas, una pasión que redescubre en esa ciudad. Desde Roma, París, Londres, Coco (como firma todas las cartas) cuenta las novedades en cine y teatro, igual sucede en Nueva York o Brasil. Faltan las cartas escritas entre setiembre de 1973 y fines de 1979, la época más dura de su exilio, pero aunque la familia no recuerda haber roto ninguna carta, era muy probable que se destruyeran inmediatamente después de su lectura, por temor a que encontraran al remitente.

En cuanto a su filiación política, él odiaba los autoritarismos. Fue muy amigo de Néstor Almendros, que apoyó la revolución cubana en un comienzo y luego huyó despavorido. Puig era muy crítico con el proceso cubano, pero nunca quiso declarar en contra porque conocía demasiado bien a quienes estaban del otro lado. Detestaba también el stalinismo, por la falta de libertades individuales, pero tenía muchos amigos en la izquierda. Estaba en contra de Perón, pero en México cultivó la amistad de muchos peronistas exiliados. En las cartas se ve el pavor que le dan los militares. En esos años escribe Un espía en mi corazón, comedia musical donde Margaret Thacher es un robot inventado por los nazis y enviado al futuro para arruinar a su más acendrada enemiga: Inglaterra.

La nota completa, acá.

viernes, junio 29, 2007

Manuel Puig: Historias, divas y boleros

Trasgresor, devoto del cruce entre lo popular y lo culto, amante del cine y un apasionado de la literatura, Manuel Puig fue una de las figuras principales y más controvertidas de la narrativa nacional. Cuestionado en la Argentina, con sus primeras novelas –La traición de Rita Hayworth y Boquitas Pintadas– obtuvo un pronto reconocimiento en el exterior.
Esta biografía repasa la vida y la obra de este escritor que incorporó el habla de su pueblo y que dejó títulos claves para la historia de las letras.
Rodado en Buenos Aires y General Villegas, pueblo natal del escritor, el documental cuenta con entrevistas exclusivas a su hermano, Carlos Puig, a amigos del escritor, como Tununa Mercado y Marcela López Rey, a quienes llevaron las novelas de Puig al cine y al teatro –Raúl de la Torre y Osvaldo Tesser –, a vecinos de Villegas y a críticos literarios (Graciela Goldchluk, Alberto Giordano y Ariel Schettini) que analizan las particularidades de la literatura de Puig. Asimismo, a lo largo de la biografía se podrán ver fragmentos del escritor en 1973 y 1993 en los que repasa su vida y su obra.

"Manuel Puig. Historias, divas y boleros" se emitirá por Canal á los siguientes días y horarios:

Lunes 2 de julio a las 04.00, 10.00, 15.00 y 20.00 hs
Sábado 7 de julio 04.00 y 23.00 hs
Domingo 8 de julio 11 hs
Lunes 23 de julio a las 04.00, 10.00, 15.00 y 20.00 hs
Sábado 28 de julio 04.00 y 23.00 hs
Domingo 29 de julio 11 hs

viernes, junio 08, 2007

Papeles encontrados

Fragmento de una entrevista a Manuel Puig (y parte de un posible apéndice a su "Teatro completo", magnífico y voluminoso título en preparación).

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[“Manuel Puig finaliza su primera obra teatral, titulada “Bajo un manto de estrellas”, por Francesc Arroyo, desde Barcelona, en El País, miércoles 23 de marzo de 1983; p. 27 (Suplemento La Cultura).]

Pregunta: Que escriba usted teatro tras siete novelas ¿está relacionado con el éxito de la adaptación teatral de su novela?

Respuesta: Nunca había pensado en escribir teatro, pero poco a poco fue abriéndose paso la idea. Cuando empecé a escribir novela y dejé el cine pensé que de ahí no me movería jamás, porque el tipo de trabajo que a mí me gustaba hacer con la novela era un intento de comprender una realidad muy compleja en la que estaba metido.

P.: El cambio de género, ¿repercute en un cambio de estilo?

R.: Sí. En novela siento la validez de un diálogo realista, que pretende ser una recreación del habla cotidiana de clases sociales reconocibles. Me interesaba llevar eso al teatro. Antes de pensar en escribir teatro había reflexionado mucho sobre la crisis del lenguaje actual. El realismo de un Arthur Miller en La muerte de un viajante, lo lleva a un diálogo realista que se presta al desarrollo del drama. Miller consigue una tragedia moderna y válida que se sigue reponiendo y siempre impresiona, pero se pensó en ese momento que aquello era un filón infinito, inagotable. Se pensaba que un autor de los quilates de él iba a producir una gran cantidad de obras de alto nivel. Otros intentos también revelaron lo mismo: que cierto tratamiento teatral realista limita íntimamente al autor. Yo había seguido esta crisis del realismo con asombro. Después está el caso de Tennessee Williams, donde la introducción de cierto elemento poético es más evidente, pretendiendo amalgamarlo en situaciones realistas. Williams no sé hasta qué punto está envejeciendo bien. Es decir que el teatro realista se me hace peligroso. Una vía poco rica en posibilidades. Y creo que la crisis actual del teatro tiene que ver con eso. Lo que ha impresionado después de esos logros realistas han sido obras como las de Ionesco, que son diametralmente opuestas. Yo veo el realismo mucho más adecuado al tratamiento novelístico. Cuando es posible un acercamiento analítico al tema, cuando se puede prescindir de la síntesis, hay una posibilidad de tratamiento realista rico. Veo una posibilidad de realismo expresivo. En cambio, no veo bien el maridaje de realismo con síntesis, por eso siento más, en cine o en teatro, un lenguaje alegórico, estilizado. El sueño nuestro de cada noche es un modelo de síntesis, en pocos segundos está contada toda una historia. Me parece que la fantasía, el sueño, se presta a la síntesis. (...)

miércoles, mayo 16, 2007

Estamos trabajando para usted

Imagen de una puesta de "Bajo un manto de estrellas" (teatro Verga, Sicilia, Italia, 1990), parte del apéndice fotográfico del "Teatro completo" de Manuel Puig, inmenso título en preparación.

viernes, mayo 11, 2007

Estamos trabajando para usted

Fragmento de "Triste golondrina macho", parte del "Teatro completo" de Manuel Puig, voluminoso título en preparación.


miércoles, enero 10, 2007

Cine para leer

Maese Juan:

En tus manos, una primera reseña de las cartas de Manuel Puig, que saldrá publicada, si la resaca decembrina no afecta el orden de las cosas, el fin de semana del 31 de diciembre en El Espectador de Colombia. En todo caso, cuando salga publicada, reenvío el texto para que lo veas tal y como salió,

Hugo

P. D. Y cuando veas "Cine para leer", no te extrañes, así se llama la columna que tengo en el diario.

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La pasión según Puig [por Hugo Chaparro Valderrama]

El escritor argentino Manuel Puig hizo del cine su biblioteca. La pantalla fue para él semejante a lo que sería para Borges la Enciclopedia Británica. Allí descubrió sus mitos, sus aventuras y las historias que lo convirtieron en un autor al margen de cualquier tendencia, estética o política, en la década de los años 60.
Cuando su amigo Mario Fenelli leyó las primeras páginas de La traición de Rita Hayworth, descubrió la sublimación de lo cursi —algo que indigestó a Mario Vargas Llosa como jurado del Premio Seix Barral en 1966, argumentando que no se trataba de una novela “literaria” (¿?)—. El melodrama hecho cine formó entonces a Puig. No en vano idolatraba Imitation of life (Sirk, 1959), donde se magnifica la tristeza de manera delirante. Una pasión compartida con el gusto por las historias de amor sufridas hasta la muerte por Greta Garbo —¿la recuerdan lanzándose al tren, como última solución al despecho, en Ana Karenina?
Entre Europa y Estados Unidos, la biografía de Puig permanece en su literatura; en los guiones que escribió con la ilusión de que fueran producidos en Inglaterra o Italia; en la correspondencia que mantuvo con su familia durante un lapso que abarca desde 1956, cuando viaja a Roma para estudiar en el Centro Sperimentale di Cinematografia, hasta 1983, cuando se traslada a Río de Janeiro.
Manuel Puig. Querida familia, en dos tomos divididos por sus Cartas europeas (1956-1962) y sus Cartas americanas - New York - Río (1963-1983), gracias al esmero de Graciela Goldchluk, quien hizo la compilación, el prólogo y las notas de las cartas, y a la editorial Entropía, que publicó el primer tomo en abril de 2005 y el segundo en septiembre de 2006, descubre al escritor adentrándose en el laberinto de un camino todavía incierto, por el que avanza con una confianza creciente cuando se multiplican los lectores y se agiganta ese monstruo, la fama.
Tras la aventura del viaje —que Puig disfruta cuando recorre el mapa de un lado a otro— está la celebración del cine como punto de equilibrio ante la incertidumbre; el trabajo como traductor de películas italianas al español; la exploración minuciosa que le permite comprarles a sus padres y a su hermano las prendas que detalla en sus cartas; la nostalgia por Buenos Aires —al mismo tiempo que el rencor por una ciudad en la que no confía del todo cuando el mundo le ha enseñado otros panoramas—; las peticiones de su madre para que regrese —a las que responde Puig: “Mamá: yo no comprendo por qué ponés la vuelta a la Argentina como si fuera para mí el comienzo de todas las bendiciones”.
En otras palabras, la ansiedad por encontrarse en una geografía propicia a sus intereses, sin tener que preocuparse por el circo de las vanidades como expresión de nacionalismo asfixiante. El cine es suficiente. Sus imágenes le muestran a Puig que la mejor realidad está en la ficción. No importa de dónde provengan, las fronteras no existen. Sin embargo, con La traición… escribe una novela en la que evoca de forma visceral a los fantasmas de su infancia, extraviados en General Villegas, el pueblo donde nació.
Él mismo no esperaba dar el salto del cine a la literatura. Pero surgió la novela como una necesidad ineludible. Entre los reclamos de su madre por la presencia del hijo al que adora, la cinefilia sin pausa y los viajes, se lee la evolución de un autor que necesitó, como tantos, ausentarse de lo habitual para contrastarse a sí mismo con lo diferente y encontrar así su lugar. Las cartas nos hablan sobre ese proceso y sus hallazgos. El resultado, en sus novelas, en sus argumentos para cine y en sus obras de teatro, enseña cómo la ausencia se convirtió en presencia cuando regresamos a la pasión según Puig.

lunes, enero 08, 2007

El marketing y sus reveses

Aquí, Edmundo Paz Soldán sobre "Querida familia: 2"

(...) Los que han leído a este influyente escritor argentino descubrirán en varios pasajes un tono similar al de esa voz coloquial inconfundible de sus mejores novelas, en especial La traición de Rita Hayworth. Sin embargo, el efecto general es distinto: en las novelas de Puig, las cartas producen una sensación vivificante, incluso audaz: nos hallamos ante el escritor que se atrevió a prescindir de narrador y dejar que escucháramos directamente a sus personajes, y que incluso viéramos sus errores ortográficos a la hora de escribir. En cambio, como documento, las cartas a su familia son repetitivas, monocordes, planas. (...)

El texto completo, acá.