miércoles, abril 20, 2016

Navegando a la deriva

Por Rodrigo Fernández para El Popular de Olavarría

 
Quiroga se encuentra un poco a la deriva. No sabe qué debe hacer de su vida y mientras tanto se embarca en un trabajo que le permite pensar y distraerse de su destino. "Quiroga", de Alejandro García Schnetzer, en Editorial Entropía.
Un escritor siempre debe organizarse en favor de su propio universo. Sentar las bases de lo que será su obra sobre algunas cuestiones básicas que no sólo definirán sus personajes, sino también sus tramas. Un lugar al que volver. Con "Quiroga", Alejandro García Schnetzer completa una trilogía de nouvelles que tienen en común una época, un escenario que se ubica entre Buenos Aires y Uruguay, la nostalgia de sus personajes y una sensible manera de narrar. Con 25 años, Juan Quiroga se debate entre la escritura, una bella mujer que lo ha subyugado y un trabajo que lo distrae de sus verdaderos emprendimientos. Un día su jefe lo llama y lo convence de que debe cambiar de trabajo. No hay lugar allí para un espíritu libre como el suyo. A Quiroga todo le suena raro y en un primer momento siente que lo ha perdido todo. Pero su jefe le ha dado una dirección y un contacto y hasta ahí se encamina para obtener la promesa de un empleo. La ruta de los "bagayeros" comienza en Buenos Aires y sigue hasta la orilla oriental. El contrabando parece ser moneda para sobrevivir en el barco que Quiroga comparte con otros de su mismo pelaje y con familias enteras con lazos en el Uruguay. "Mientras no aprenda usted a pensar, la confusión tomará el estandarte y lo guiará por caminos que conducen; uno a la pereza, el otro a la enajenación", le dice el viejo Maure en algunas de las divagaciones en las que se pierden mientras el barco se mueve y a la deriva van sus pensamientos. Pensar y divagar es el deporte preferido de los hombres que mitigan la espera. Quiroga y los otros están sumidos en un vaivén, en un movimiento perpetuo que los sostiene y los justifica. Sobre la proa o la popa, sentados en el salón comedor o descansando el cuerpo en algún camarote, se imaginan un mundo que los tiene como protagonistas. Dueños de sus destinos y herederos de una suerte que no los esquiva. Ellos saben que navegan a la deriva sin embargo el azar es su dios cotidiano.
Hay un estilo particular en la escritura de Alejandro García Schnetzer que no se puede dejar de destacar. Es lo primero que como lector tuve en cuenta y lo que me sigue llamando mucho la atención. Una trama sencilla pero con descripciones precisas de los escenarios, pero haciendo un fuerte hincapié en la psiquis de los personajes, que con la publicación de "Quiroga" el autor termina de pulir.

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