miércoles, noviembre 30, 2011

La piel que habito

Alejandra Zina lee El animal sobre la piedra, de Daniela Tarazona, y escribe su reseña para la revista Ñ:


«La primera novela de Daniela Tarazona –publicada en 2009 por la editorial mexicana Almadía y ahora reeditada en Buenos Aires por Entropía– habla del cambio. No del cambio social, sino del cambio de una mujer a partir de la muerte de su madre. “Yo perdí a una persona cercana y me di cuenta de que cuando perdemos a alguien, hay un cambio interno, surge una nueva especie dentro de nosotros, surgimos como un nuevo bicho, alguien distinto”, confiesa en una entrevista.

El duelo de Irma, protagonista y narradora de El animal sobre la piedra, comienza con una picazón en la piel que será la señal de una metamorfosis irreversible. La joven deja su casa, su ciudad y viaja a una playa lejana. Y en ese viaje también deja su cuerpo. Literalmente cambia de piel y, poco a poco, adopta la naturaleza de una iguana. Aparentemente, los únicos testigos de su transformación son un hombre y su singular mascota, un oso hormiguero llamado Lisandro, que la encuentran hambrienta y la invitan a instalarse con ellos. En esta historia los únicos que tienen nombre son los animales, un privilegio literario que retoma la histórica fascinación de los escritores por el lado bestial del ser humano.

Opuesta a la dramática y letal metamorfosis del viajante de comercio Gregorio Samsa, Irma acepta y se adapta a su nueva vida. Es más, su mutación se presenta como un fenómeno apacible y positivo, como si de algún modo obedeciera a su voluntad. Irse y transformarse es dejar atrás el dolor y las mujeres sufrientes con quienes se crió: su mamá y su hermana Mercedes. En este sentido, El animal sobre la piedra encarna la búsqueda de una nueva forma de ser mujer, liberada del mandato de casarse, tener hijos y formar una familia.

Existe además un empeño poético, no solo en los dieciocho capítulos breves que componen la novela, fragmentados a su vez en párrafos cortos y espaciados, sino en la escritura que registra de forma minuciosa la mutación física. Una prosa estilizada que persigue obsesivamente frases trascendentes: “Los testigos suelen ser personas débiles que se dejan llevar por sus pasiones y oscurecen lo que ven. De su mirada está hecha buena parte de la historia”. Clarice Lispector y su vocación salvaje funciona como faro desde el epígrafe, pero su influencia va más allá de esta ficción. En 2010 Tarazona publicó un elogiado ensayo sobre la gran escritora brasileña.

No hay sociedad alrededor de Irma. Nadie la ataca, nadie la margina, nadie le impide ser lo que quiere ser. Sólo un difuso médico y una difusa enfermera la atienden con una preocupación casi burocrática. Sobrevuela la ambigüedad. ¿La mujer convertida en iguana es real? ¿Es un sueño? ¿Es una expresión de deseo? No lo sabemos. Se dice que la autora ha logrado desprenderse “del lastre de la literatura fantástica”. Habría que meditar en qué circunstancias lo fantástico es un estorbo y no un trampolín para saltar, tomar vuelo y hacer el mejor clavado de todos.»

No hay comentarios.: