Valeria Sager escribe para Bazar Americano sobre El Sr. Ug..., de Humberto Bas:
La primera página de la novela está marcada recurrentemente por un signo inventado que produce de algún modo una clase de connotación abierta y vasta. Se trata de una especie de potencia de numeración vacía, de indicación numérica ordinal, o de grados, situada sobre los dos puntos. Esto es así “:º”. Y repetido, es : º, :º,:º, etc. Una potencia cero de la enumeración, la explicación, la paráfrasis. Cero, porque no termina de ocurrir, se interrumpe, se deriva y muchas veces roza lo que parece infinito. Numerar esa posibilidad de las palabras con una potencia que no fuera cero, sería fijarla y detenerla. De ese detenimiento es de lo que El Sr. Ug… parece huir. En esa primera página, hay una vaquita y una anciana que sostiene lo que el narrador identifica como un bastón hasta que la anciana le aclara que se trata de un cayado y que no le sirve para caminar sino para denotar. Como apertura de lo que va a contarse, la frase es curiosa porque la novela, que es una especie de continuo de los pensamientos de un insomne, trabaja con el silencio, el corte y la interrupción de una manera extraña, de un modo que podría figurarse exactamente como un cayado que punza el piso al caminar o punza la hoja al dejar un trazo hecho de pequeños vacíos, pequeñas incisiones de blanco o de blancura. Un cayado que va inscribiendo lo que se calla. Y a la vez, lo que allí se ve es el momento en el que la connotación que está en el centro de la prosa de Humberto Bas, allí donde cada cosa y cada palabra parecen dispuestas a una remisión infinita, va convirtiéndose en denotación a medida que se construye. Porque todo lo que se dice, lo que se imagina y se encadena, una vez escrito adquiere un tipo de perfección que parece tan determinante, tan exacta que tiene como efecto la anulación del despliegue del paradigma.
Curiosa, curiosísima forma. El Sr. Ug… es una novela de la deriva, la enumeración, el ensanchamiento extenso de las relaciones paradigmáticas, de la asociación y el juego de palabras pero cuando el cuadro termina de componerse parece que todo lo que queda es único e irremplazable. Como los juegos de Alina Reyes en “Lejana” de Cortázar, los anagramas y palíndromos que entretenían a la protagonista de ese relato permitiéndole conciliar el sueño pero también acercarse a la otra, a la lejana, a la mendiga en Budapest; los del narrador de la novela de Bas, lo llevan a imaginar varias vidas de un vecino, el Sr. Urdanpilleta. Y es a fuerza de inventar esas vidas, que Urdanpilleta se convierte en alguien que de algún modo lo reemplaza. Va llenando el tiempo del insomnio mientras ocupa el lugar del que no duerme y éste se convierte en el otro:
“Única redención, enajenarse. No mirar hacia delante, sino a las cosas. Olvidar el reloj, olvidar la hora, olvidar las razones, los motivos, evitar acariciar el edema que perturba y volcarse a lo inmediato con estratagemas simples”. Estratagemas, no tan simples, complejísimos para el lenguaje igual que los de Alina Reyes:
Qué felices son, yo apago las luces y las manos, me desnudo a gritos de lo diurno y moviente, quiero dormir y soy una horrible campana resonando, una ola, la cadena que Rex arrastra toda la noche contra los ligustros. Now I lay me down to sleep… Tengo que repetir versos, o el sistema de buscar palabras con a, después con a y e, con las cinco vocales, con cuatro. Con dos y una consonante (ala, ola), con tres consonantes y una vocal (tras, gris) y otra vez versos, la luna bajó a la fragua con su polisón de nardos, el niño la mira mira, el niño la está mirando. Con tres y tres alternadas, cábala, laguna, animal; Ulises, ráfaga, reposo.
Estratagemas desplegados que no parecen tener fin en la imaginación del insomne y entonces asocia todo, hacia adelante, sin parar. Así, por ejemplo piensa los instantes de un viaje en colectivo del Sr. Urdanpilleta cuando, desde la cama, desde la imposibilidad del sueño, se ubica en el punto de vista del otro y escribe: “Soy su mirada”, entonces:
Aparecen híperes y shoppingues de todas las comuniones: Jumbo, walmart…Jumbo, Walmart y Coto, Jumbo, Walmart, Coto y Easy. E. Easy. ¿E o y Easy? Jumbo, Walmart, Coto, Easy y Unicenter. Unicenter y Ykua-Bolaños (cof…cof). ¿Y o u? Ykua Bolaños (396), King Fong, Mina India, Santo Domingo. La Paloma. Mona Lisa, La Riojana, Casa Martel, LaiLai Center, Vandôme, International, Whu, Hijazi, Shopping Barcelona, Del Este, Duty Free, West Garden, La Anónima (ahhh, alarido de la peonada fusilada en la Patagonia trágica), Carrefour, Dot, Abasto, Alto Palermo, Pacífico, Alcorta, Bullrich, Montevideo Center, Las Palmas, Macy´s, Bloomingsdale´s, Corte Inglés.
Y sigue así, a lo largo de unas páginas más. Lo que ocurre es que el narrador no tiene otra interioridad ni otras circunstancias que las que se exhiben al inventar y creer las actividades e ilusiones de otros: su vecino, los personajes de los libros que lee, un bollito de papel arrojado al mar o el Che Guevara ante la Asamblea de las Naciones Unidas.
En la contratapa dice: “El Sr. Ug… es una novela cuya duración es un único minuto de una misma noche”, pero aquí también hay una trampa de despliegue y fijación, o como en el par sintagma / paradigma, de selección y asociación. Ese minuto, el del presente de la narración en la que siempre son la 03:49 escande, al titilar en el reloj, el avance del relato insomne con fragmentos de lo que lee, piensa o imagina el narrador mientras no puede dormir. Esas historias, sin embargo, se desarrollan, se arman, se completan anulando la categoría de tiempo mientras, paradójicamente, avanzan. Porque los cuentos que se ramifican y se extienden se construyen durante la fijación del 03:49. “La manecilla que va, va y vuelve y se clava; 03:49, 03:49” pero en esos segundos, se cuentan vidas casi enteras y no es solo el relato el que pese a la imposibilidad de la afirmación, se extiende en un tiempo que no existe o se deshace. No es solo el relato, la voz del narrador que se prolonga y cuenta sino las vidas de los que son contados. Allí también, las variantes paradigmáticas parecen darse todas juntas sin anularse una a otra, sin selección alguna.
Novela que parece buscar intensamente el despliegue de un puro significante y sin embargo, cuenta historias, casi como si fuera a su pesar: “[…] los grafos son significantes y las anécdotas, los significados”:
[…] [E]n la fusión de ambos se confabulan las armonías y desavenencias de los acontecimientos narrados. Si supiera esto [el Sr. Urdanpilleta] acomodaría sus pensamientos para pensar lo mismo; que las pobres letras, o los pobres significantes, están a la espera de que unos ojos se les posen encima. ¿No se cansan los significantes?, se preguntará. ¿No se cansan de esperar y esperar para significar?
¡¿Vocación e servidumbre, la de los pobres grafos?!
¿Él no será uno de esos? ¿Un pobre tipo in-significante?
Es que la vida del Sr. Urdanpilleta, el vecino del narrador, es una multiplicidad de vidas. Todas imaginadas, todas, igual de probables, igual de verosímiles, casi igual de mediocres o grises. Todas configuradas como escenas de una vida cualquiera absolutamente olvidable y, sin embargo, materia del hilar difuso del insomnio y el aburrimiento de quien las piensa, las cree y las convierte en ciertas; tan propensas a la asociación y a la deriva como puede serlo un hombre vacío que no es más que una figura capaz de ser llenada de cualquier modo, capaz de significar lo que quiera quien lo observa, quien lo adivina, lo inventa. Una multiplicidad de vidas tan ciertas como puede ser algo hecho de palabras. Así, El Sr. Ug… podría definirse como la novela de la multiplicidad de las evidencias que se despliegan como si conformaran un mundo que se exhibe como si fuera a la vez todos los posibles y el único verdaderamente cierto.
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lunes, abril 03, 2017
Átate, demoníaco Caín o me delata
lunes, diciembre 05, 2016
Las múltiples vidas de mi vecino
Reseña de Por Rodrigo Fernández sobre El Sr. Ug..., de Humberto Bas, para el diario El Popular de Olavarría
Una novela de Humberto Bas cuya prosa tiene una dinámica
sorprendente.
El se despierta cada madrugada a la misma hora. Son las 3.49
en el reloj que está sobre su mesa de luz y la noche se empieza replegar hacia
la mañana. Pero él no puede recuperar el sueño y su cabeza es un maremágnum de
pensamientos, hechos sin sentido que dan vueltas y vueltas a su alrededor.
Desde su cama hasta los demás ambientes de su casa. De allí a cada departamento
del edificio que habita, sale hacia la calle, luego al barrio y de ahí al
mundo. El universo cabe en un minuto de sus meditaciones. Pero todas sus
elucubraciones parecen tener sentido cuando llega a su mente la figura del Sr.
Urdanpilleta, el hombre que vive en el departamento contiguo al suyo.
"Cada familia es un mundo", asegura el dicho
popular. Y cada hombre es, en sí mismo, todos los hombres del mundo. El Sr.
Urdanpilleta es la promesa del olvido, centrarse en la vida del otro para
olvidar la propia. Imaginar las múltiples vidas del vecino, de héroe a malvado,
de valiente a cobarde, para recuperar el sueño o sobrevivir a una noche más de
insomnio.
El Sr. Urdanpilleta, el hombre que ve a través del vidrio de
la ventana, se levanta, desayuna y se prepara para salir hacia su trabajo.
Mientras él lucha con una costumbre que se le está haciendo obsesiva. El
monólogo comienza a las 3.49 y cada día que pasa sufre un nuevo agregado, un
detalle más en el Gran Relato del vecino que lo puede ubicar o conectar con la
historia del mundo. O disparar las divagaciones sobre su personalidad, su
trabajo o la forma en que espera el colectivo junto a los demás madrugadores.
Con "El Sr. Ug..." -publicado por Editorial
Entropía-, Humberto Bas ha construido una novela apasionante, basada sólo en el
monólogo interno de su narrador. Eso le basta para desarrollar una trama que
por momentos se vuelve delirante, mientras que en otros el ritmo decrece, pero
sin perder el clima. La escritura de Bas se destaca por no apegarse a las
normas. Con esto, lo que quiero decir es que es evidente que el autor no se
deja limitar por los géneros; es imposible ubicar la novela en una estamento en
particular, ya que su literatura está hecha de deseo, proponiéndole al lector
un espacio no para la distracción, sino muy por el contrario para la
implicación. Hay que sumarse al relato y asumir que el insomnio también puede
ser un período para la creación...
martes, junio 14, 2016
Entrevista a Humberto Bas
Por Fernando Infante Lima para La Señal Medios
El escritor, paraguayo de nacimiento y neuquino por opción,
Humberto Bas, recibió a La Señal Medios para hablar de su última novela “El Sr
Ug…”, del panorama narrativo actual y sobre el atribulado clima político que
persiste ene Neuquén.
“El Señor Ug…”, transcurre en apenas un minuto, es un relato
en el que siempre faltan once minutos para las cuatro de la madrugada. Ese
minuto es un instante eterno, en el hay espacio para sumergirse en una cadena
interminables de pensamientos y reflexiones. Se detiene a evocar hechos de
marco histórico y a imaginar situaciones delirantes que aportan una dinámica
especial en la que todo es posible. Esa sucesión sin fin, se ve alterada por la
sombría presencia de su vecino, el enigmático Sr Ug, al cual nunca ha podido
ver y sobre el cual deposita las más graves sospechas.
FIL: Vivir en un minuto eterno ¿Es un sueño o una pesadilla?
HB: Se puede pensar como una transición, es como se logra
convertir una pesadilla en un sueño. El narrador, al despertarse, sabiendo que
son las 03:49 hs y teniendo la certeza de que nada de lo que haga le va a
permitir volver a dormir, transforma ese sueño en una pesadilla terrible. El
ser consciente de eso, hace que busque una estrategia, la estrategia empleada
no le permite volver al sueño pero lo lleva a una clase especial de sueño que
es el relato, a través del cual lograr enhebrar los distintos pasajes, los
episodios que narra con una voz enajenada, una voz esquizoide que le permite
enarbolar las distintas escenas de la novela. Sino fuera por esa voz, la novela
no tendría ningún sentido. Un discurso en la O.N.U., el Sr Ug viajando en
colectivo, el misterio que ocurre en la oficina de correo donde presuntamente
trabajaría, el asesinato del príncipe Francisco Fernando en Sarajevo, todo es
batifondo de escenas aparentemente inconexas confluyen en la voz de este
personaje insomne.
FIL: Cuando uno está solo, es natural que se salte de un
pensamiento a otro sin que haya una ilación que le de sustento. Sin embargo, es
sorprendente en su trabajo el despliegue de situaciones y temáticas aun cuando
el marco fantástico le de libertad para un desarrollo de estas características.
¿Cómo se dio ese desborde?
HB: En la composición, las formas que iban saltando,
apareciendo, creo que responden a una demanda interna que necesitaba la novela.
Mi intención fue la de no obturar ninguna de esas posibilidades. Los temas iban
apareciendo y el relato se iba abriendo. La sugerencia de una escena siguiente
por ahí era una palabra, algún hecho fortuito que surgía cuando estaba
investigando. Empezó como un cuento breve, pero me daba la sensación de que
podía continuar, iba explorando las posibilidades que se me abrían con pequeñas
sugerencias en torno a la palabra. Un ejemplo, cuando el narrador se preguntaba
¿Quién es el Sr Ug? El se imagina todo lo peculiar que es este vecino,
meticuloso, aséptico, ordenado hasta el infinito y la suma de todos estos
elementos lo lleva a sospechar que está escondiendo algo. Se pregunta: ¿Qué
está escondiendo? El piensa que puede ser un asesino serial y se pone a pensar
quienes son los grandes asesinos seriales. Hay un asesino serial húngaro que
mantenía a sus víctimas en tambores de alcohol y cuando piensa en el derrotero
de este hombre se entera que fue enrolado en el ejército austro-húngaro para
combatir en la primera guerra mundial y eso me sugirió explorar es episodio
mítico del asesinato del emperador Francisco Fernando. Así se fue creando una
dinámica que permitía, gracias al tono empleado, seguir la norma de un relato
desquiciado.
FIL: Usted se ha referido a un fenómeno particular que se
dio en narradores de su generación, que utilizan a vivencia como único motor de
escritura. Inclusive, subió la apuesta y hablo de una sobre dimensación
estética de lo urbano. Creo que los autores están condicionados por el lugar y
el momento que les ha tocado vivir, por la situación política, social, es muy
difícil abstraerse de la realidad que lo rodea. ¿Cómo hace usted para separar
la experiencia y los condicionamientos particulares de su vida a la hora de
sumergirse en un nuevo relato?
HB: Todos los escritores escribieron en contextos. En
distintas regiones y situaciones históricas y políticas que pueden influir en
su escritura. Me parece que hay que preguntarse porque hay literaturas
diferentes, variopintas, fantásticas. Hay que preguntarse como hicieron eso. Si
uno piensa en Cervantes, en Shakespeare, puede hacerse un tipo de lectura
elíptica acerca de su realidad, pero también hay un juego hacia lo fantástico.
Es decir que también pudieron hacer eso. Creo que por sobre todo hay
adscripciones a corrientes literarias, hay siempre una fuerza histórica en cada
momento, un corsé, una pregnancia. .Ahora por ejemplo, creo que hay mucha
literatura etnográfica, con lo cual se encuentra más en función de la percepción.
Y no solamente desde la percepción se puede escribir. Hay pensamientos,
razonamientos, intelecciones y muchas otras funciones con la cual se puede
escapar a los condicionamientos que imponen los contextos. En este momento hay
una suerte de prurito hacia las cuestiones intelectuales. Hay una primacía de
lo perceptivo. Aparece mucho la experiencia como motor. Es posible que sea un
fenómeno épocal. Hay una saturación de esa estética en particular. Yo creo que
toda novela supura algo, hay mucho grafismo. Sigo pensando en tu pregunta y yo
me encuentro releyendo “Paradiso” de José Lezama Lima. Escribir en Cuba, sea la
de Batista o la de Fidel Castro no era el contexto más propicia para la
fantasía y el sin embargo lo hizo. Celine también, Raymond Roussel. Ahora se
dialoga demasiado con el contexto y ahí hay interlocutores que te pueden poner
una limitación.
FIL: ¿Qué influencia tiene otras formas de arte a la hora de
escribir?
HB: Yo creo que influye, sí. No creo que se de una relación
mecánica o lógica. Todo lo que uno esta viviendo corporalmente influye. Hay un
estado de composición, se manifiesta en la predisposición a la hora de
trabajar. Es muy artificiosa la división por género de las artes. Los grandes
artistas eran sinestesicos, veían color en los sonidos. Eso tiene que ver más
con algunas cualidades primarias que con el tiempo se van diversificando. Para
mí la música es esencial en el momento de escribir. No sé qué se da primero, si
lo que quiero escribir me hace buscar determinada música o viceversa. Me doy
cuenta cuando leo si alguien escucha música. De hecho nos leemos mucho entre
colegas y amigos, hablamos en esos términos, decimos “a esto le falta música”.
Es imperceptible, pero cuando uno tiene el hábito de la lectura se da cuenta.
La entrevista completa, en este link
jueves, abril 07, 2016
Humberto Bas: “Vivo meditando sobre la estructura de las novelas”
Augusto Munaro entrevistó a Humberto Bas, autor de El Sr. Ug…,
para el sitio Indie Hoy
En 1983, en una carta a la escritora Liliana Heer, en torno
a su primera novela, Bloyd, César Aira le confesó refiriéndose al estilo con
que ella había escrito aquella mítica nouvelle gótica: “A veces pienso que toda
la literatura actual es una serie de variaciones sobre (y disgregaciones de)
los temas que inventó la literatura del siglo pasado”. Como casi todo lo que
normalmente dice el autor de Ema, la cautiva, la historia parece haberle dado
la razón. Los temas ya no abundan, sino las formas de narrar una historia. Por
eso El Sr. Ug… (Entropía), de Humberto Bas, es antes que nada un reto
estilístico. Su técnica narrativa es brillante. Se ajusta al fluir de la
conciencia del protagonista-narrador, cuyos recuerdos e imaginaciones, se van
relatando en círculos o espirales concéntricos; zarandeándonos entre piratas, a
la busca de un mapa napoleónico, con el Che Guevara ante la Asamblea de las
Naciones Unidas, pasando por el asesinato de Francisco Fernando de Austria y el
fantasma ominoso del caníbal y asesino en serie estadounidense Albert Fish;
todo ello, como producto de una noche en vela.
Bas indaga la esencia oculta de las historias -su realidad
contradictoria- aludiendo a una vocación filosófica que trasciende toda
convención literaria. Como resultado, El Sr. Ug…, da lugar a una prosa con
tintes líricos, como si se tratara de una novela escrita en versos blancos.
Plagada de comas (que, dicho sea de paso, no señalan el descanso calculado del
discurso sino –insisto- las vacilaciones propias de la conciencia), por
momentos pareciera estar más allá de la soledad y de los trastornos
psicológicos. Una suerte de novela tornado, que recoge a su paso lo que
encuentra: niñas desnudas, en cuatro patas; mamushkas paralelepípedas con
orificios de ventilación; garzas en un mar de mármol; el gritito de una rata;
una réplica en miniatura de la Capilla Sixtina; Clorinda, la devoradora de
hombres, y su extraño hijo Alipío; un osito de trapo con orejas alargadas, y
desde luego, el mismísimo y, mil veces evasivo, Sr. Ug.
A.M: Humberto, El Sr. Ug… es una novela que, desde su
inicio, rechaza cualquier intento de estilo consabido. Se erige en busca de un
lenguaje propio. ¿Cuáles fueron sus preocupaciones formales a la hora de
escribir una novela como esta?
H.B: Me cuesta pensar en que tengo preocupaciones mientras
escribo. Creo que solo puedo suponer lo que sucede conmigo y en mis alrededores
mientras lo hago. Es decir, supongo que mientras escribía El Sr Ug… no tenía
otra preocupación que la de escribir El Sr Ug… Eso no quita que haya plasmado
en la novela preocupaciones formales. Pero si están es porque esas
preocupaciones son parte de mi vida como lector, como ser que vive de
determinada manera los acontecimientos del mundo, fundamentalmente los
estéticos. No solo preocupaciones formales sino políticas, morales,
filosóficas, etc. Sin embargo, creo que las “preocupaciones” que ingresan en la
novela son las que lograron metabolizarse en una visión del mundo; es decir,
convertidas en material estético. Para mí existe una dicotomía esencial entre
el estar escribiendo y el ser consciente del acto de escribir. O se está en un
lado o en el otro, pero estar en la frontera es como no estar en ningún lado.
Eso en líneas generales. Más específicamente, en El Sr. Ug… están presentes las
preocupaciones formales, porque como lector vivo meditando sobre la estructura
de las novelas. Fundamentalmente, las estructuras que permiten los diferentes
discursos narrativos en una misma novela. Por decir de alguna manera, mi
preocupación estuvo y está en el Tono y en el Tema. Y hablo de Tono y Tema sin
ningún rigor académico, solo porque me sirven para orientarme en este asunto.
Tono y Tema forman para mí un todo simbiótico que se cualifica en un estado, un
estado en el que se vuelven a reconciliar estos dos aspectos, para mí
esenciales de lo que llamo, el acto de prosar. Francamente no creo que El Sr
Ug… tenga formalmente algo nuevo u original; tal vez recupera formas en desuso
o de alguna tradición postergada dentro de la narrativa estandarizada de
nuestros días. Solo en este contexto puede resultar “que rechaza cualquier
intento de estilo consabido”. A lo mejor sí, tiene originalidad y rechaza
estilos, pero por estar tan metido en el meollo de la producción, no puedo
tener esa perspectivita necesaria que corresponde más a lo histórico, y
resulta, por ende, prematuro juzgar. Creo que es un error pensar que el autor
tiene todo controlado. El arte en general, y la escritura en particular, tiene
ese lugar de fuga que escapa a todos los controles, y que posibilita las
múltiples sino infinitas lecturas. Hay un excedente incontrolable a las
intenciones y la voluntad autoral, y eso es lo que posibilita decir más de lo
que se quiere e imposibilita saber a priori su ubicación, alcance y su valor
social.
-¿En qué intentó focalizarse?
-Creo que puse toda la tensión en aprehender esa fugitiva
imagen del Sr Urdanpilleta y en captar y componer la voz esquizoide del
narrador insomne, en seguir el curso desenfrenado y liberador de su hablar que
a la vez permitía transitar por situaciones diferentes e inverosímiles, solo
creíble en la voz de un desquiciado. A eso me refería anteriormente por una
estructura que posibilitara diferentes discursos. Resultado de eso sean quizá,
los aspectos formales que rescatas de la novela.
-¿Tuvo un programa de escritura para la realización de este
texto?
-No hubo ningún programa, plan, proyecto… Si parece que sí
es porque en la escritura hay años, décadas de exploración y juego, de intentos
en los que se producen más fallidos que otras cosas. Hubo reflexión sobre la
marcha, planteos y replanteos, correcciones, idas, vueltas; un crecimiento
inductivo, de lo particular hacia lo general, es decir, una especie de
explosión interna que fue configurando la estructura de la novela, como si la
novela fuera demandando la dimensión estructural que necesitaba habitar. Con
esto no pretendo abonar por una escritura automática, menos aún espontaneista.
Es más, admiro la capacidad de escritores/as metódicos y meticulosos que
planifican y de alguna manera llevan a cabo la puesta en acto de una idea,
noción o imagen. Sucede simplemente que a mí esas actitudes siempre me
traicionan, y termino escribiendo al servicio de esas ideas y/o nociones y poniendo
como subsidiarios a los demás elementos de lo escrito, lo que me francamente me
repugna.
-¿Lo existencial vertebra la novela?
-Al menos en su acepción Sartriana, puede ser, no lo he
pensado en esos términos, pero creo que en El Sr Ug… se juega una especie de
puro presente, sin metafísica, sin una presuposición de existencia anterior de
alguna esencia que sustente el relato. En ese sentido me resultó muy
interesante la lectura de Carina Rita Medina, para quien El Sr Ug… es pura
frontera, exterioridad, donde los personajes o carecen de interioridad o no se
definen por sí mismo. Si tomamos eso en el sentido de no tener esencia o
sustancia, podríamos decir que es existencial-ista.
-Podríamos hablar de cierta trama, y subtramas, que se van
construyendo a medida que progresa la historia, esquirlas textuales que
conforman un mismo soliloquio. ¿Qué valía tiene para Ud. hoy, en un sistema
literario, la trama?
-No sé hasta qué punto en El Sr Ug… se puede hablar de una
trama o de sub tramas. Se supone que las subtramas tienen alguna subordinación,
causal o lógica, respecto a la trama principal. Tengo la impresión de que acá
todas conviven en igualdad de condiciones, como si no hubiera una jerarquía que
las ordenen sino una coexistencia horizontal. Eso no quita que alguien rescate
alguna trama en particular por sobre otra. Pero esa prelación ya pertenece al
orden subjetivo de quien lee. Es posible que esto sea posible (valga la
vulgata) porque lo que vertebra a las tramas no es un hecho o una tensión
conflictiva, sino una voz o un Tono. Una voz esquizoide, desenfrenada que une o
hila los acontecimientos en su febril verborrea. Pero esta explicación misma
adolece de un problema que es el de separar la trama de la voz que la convoca.
Para mí no existe separación. No hay una trama neta, por un lado, y una voz
vacía, por el otro, y que a la manera de los shopping de voces, uno/a va con su
trama a ver qué o cuál de todas ellas la viste mejor. Esto nos lleva al asunto
del valor de la trama en el sistema literario. Mi impresión es que está
sobrevalorada por la misma razón expresada. Se la piensa separada, se la aísla
como si en ella se buscara una lectura moral o política. La primacía de un
mensaje que por otro lado ya no es mensaje, pues, por lo general es el
reencuentro con lo que ya se sabe. Me da la impresión que en ese sentido hay
una necesidad contemporánea de refocilarse con la mismidad, y como
contrapartida, la renuncia a una alteridad desconocida o aventurada. Con la
trama diseccionada la literatura para mí se vuelve sucedánea del periodismo, de
la religión, de la educación; una alternativa para informar, predicar, enseñar,
etc. Y la literatura puede ser todo eso, pero no eso. Si es posible pensar en
una trama aislada de una voz, como existiendo por su cuenta fuera de todo
lenguaje, es porque ella, la trama está expresada en el lenguaje de la época,
aquel lenguaje que por formar parte de la voz estandarizada, pasa como
inexistente. Esa voz es el estilo, el tono o la voz epocal; una voz que se nos
aparece como transparente, como si su existencia solo fuera facilitar sin
perturbar el acceso a la trama. De ahí es que por lo general resultan
perturbadores y molestos los planteos estéticos que ponen en acto el hecho de
que la trama está concebida en un lenguaje, que es lenguaje.
La entrevista completa se puede leer acá
miércoles, febrero 24, 2016
No leer la contratapa
Disquisiciones sobre El Sr. Ug..., de Humberto Bas, por Marcelo Ventrice para el blog Mes Causeries
Lo que me pasa con El Sr. Ug... es como el problema de la
"h". Nunca recuerdo si [um'berto] se escribe "Humberto" o
"Umberto". Luego, descubro que ambas son aceptables (Humberto
Tortonese, Humberto Primo, Humberto Grondona; Umberto Eco, Umberto Illia,
Umberto Boccioni). Google, gracias por tanto. Queda claro. "Umberto",
aunque pierde algo de su origen germano (Hun-preht), le gana por goleada a
"Humberto". Caprichos del idioma. Quién sabe.
Pero Bas (vas a menos, vas a más, no vas más, vas adelante,
vas atrás, vas bien, vas mal, vas más allá, no vas...), apellido valenciano,
catalán, aragonés o francés... Bas es otra cosa, como la _novela. El Sr. Ug...
desafía el género y allí radica su virtud: la valentía. Atención, atención. A
guardar, a guardar, cada cosa en su lugar. Desafiar cuatro siglos (al menos) de
novela moderna puede resultar un gesto demasiado ambicioso. Bas domina el
lenguaje con una maestría única, es cierto. Peeeeeeero...
YO: Es como un cadáver exquisito, pura forma, pero ¿y el
contenido?
E.: No, porque no es rizomático.
DELEUZE: El mundo ha devenido caos, pero el libro continúa
siendo una imagen del mundo. Extraña mistificación la del libro, tanto más
total cuanto más fragmentado. De todas formas, qué idea más convencional la del
libro como imagen del mundo. Verdaderamente no basta con decir ¡Viva lo
múltiple!... Lo múltiple hay que hacerlo, pero no añadiendo constantemente una
dimensión superior, sino, al contrario, de la forma más simple, a fuerza de
sobriedad...
YO: Sí, está bien Gilles, decíselo a E. que utiliza el
término "rizomático". Igual, volvamos al contenido, ¿se puede
escribir eso que llamamos novela a una narración sin contenido?
E.: [Cricrí, cricrí]
(en el campo se escuchan grillos)
QUINTÍN: El Sr. Ug... [es un] perfecto ejemplo de literatura
en el margen de las ventas y en el centro de una renovación de la escritura.
[Es una novela] que se anima a jugar con el castellano con una alegría y una
potencia que yo no encontraba desde Cabrera Infante...
YO: Bueno bueno bueno... ¡Desde Cervantes si te parece
también!
GUATTARI: ¿Puedo opinar?
E., DELEUZE, QUINTÍN y YO: ¡Noooo!
BAS: Pero el Sr. Urdanpilleta es un hombre de oídos y no
tiene idea de lo que todo el mundo visual sabe: que los grafos son
significantes y las anéctodas, los significados; que en la fusión de ambos se
confabulan las armonías y desavenencias de los acontecimientos narrados. Si
supiera esto acomodaría sus pensamientos para pensar lo mismo; que las pobres
letras, o los pobres significantes, están a la espera de que unos ojos se les
posen encima. ¿No se cansan los significantes?, se preguntará. ¿No se cansan de
esperar y esperar para significar?
En fin. Esto no es una reseña. Esto no es una crítica. Esto
no es un análisis. Esto no es una reflexión. Esto no es. En fin. Quise ser
original, como Bas, que escribe novelas que no son novelas. (El tachado vino
después, claro).
miércoles, febrero 10, 2016
Todos son valientes cuando pueden dormir
El Sr. Ug, de Humberto Bas, por Cristian Maier para Solo Tempestad
Despertar en la madrugada, desorientado, con la amargura de
una pesadilla todavía en las cobijas y abandonar toda esperanza de volver a
dormir. Escuchar la propia voz en una cantinela incesante que une historias al
tiempo que las deforma y, en cierto modo, las inventa; que elucubra, sin
decirlo, la posibilidad de que todo sea una invención.
La manifestación de lo real es implacable: son las 03:49,
siempre. Entonces aparece el crac de la dislocación entre el tiempo real y el
subjetivo, el infierno menor del desvelo. Fragmentos de un minuto como una
eternidad y cada instante de esos trozos como infinitos de diferente magnitud,
unos más grandes que otros: irregulares. Esta idea que parece una locura no es
mía, es de Georg Cantor, héroe de las ciencias formales.
Entre la voz y la falta de sueño, el vecino Urdanpilleta.
Una carambola en las circunvoluciones del cerebro. Amado y odiado Urdanpilleta.
Cosificado, defragmentado, reificado, idealizado y ultrajado Urdanpilleta.
Repudiado en su exacerbada y pulcra bonhomía. Maldito Urdanpilleta.
De todo esto trata a grandes rasgos “El sr. Ug…”, la novela
de Humberto Bas (Entropía, 2015). Y deja una definición para enmarcar: “La
fortaleza del insomnio está en que lo provoquen. Sujétame, aplácame… Pandorita
desatada por la travesura de un intríngulis. ¡O Varios! Y uno va hacia él con
los artilugios de una guerra estúpida; té de valeriana, ábacos con ovejitas,
leche tibia, ducha fría, ducha caliente, relajación, meditación o paja, paja y
paja en los ojos ajenos, sin saber que justamente eso lo engorda. (…) No hay
regreso. El día empezó como continuidad del anterior y sin esperanzas de que
algo sea diferente. No más chorizos temporales, querido Heráclito”. Una joya.
La prosa de Bas es divertida. “Festiva”, dice la contratapa.
“Diestra”. Es, en definitiva, lo que mueve una historia difícil de llevar: la
habilidad para hacer que los párrafos se conviertan en algo sorprendente. Las
preguntas son obvias: ¿puede lo sorprendente mantenerse a lo largo de las
páginas? ¿Si lo sorprendente se transforma en regularidad, puede definirse como
tal? ¿Cómo juega, en ese caso, el acostumbramiento del lector al estilo? Con
respecto a lo primero, el intento está y se agradece. Para lo segundo y lo
tercero, no hay una respuesta unívoca.
Una novela que transcurre en un único minuto es una
propuesta arriesgada. Un ejercicio temerario. Es, en principio, una patada a
los dientes del concepto clásico de la novela, eso del
principio-nudo-desenlace, desde el “había una vez” hasta el “colorín colorado”.
Esta experimentación con la estructura narrativa, que de
ningún modo es radical, da como resultado una trama laxa en donde funcionan los
fuegos artificiales de la escritura: los relatos desopilantes bien logrados y
el efecto de continuidad, que da la sensación de correr siempre hacia adelante,
un adelante que tropieza con las 03:49, a toda velocidad.
Los personajes difusos acentúan el cantar frenético de la
voz insomne. Y especulamos que si la protagonista es esta última, aquellos
personajes con poca profundidad sirven, más que nada, para demarcarla como
centro, para demostrar la plasticidad enfática e imaginativa de su lenguaje.
Quizás esto suena un tanto retorcido, pero no estamos ante una novela
convencional.
¿Es una novela de vanguardia? No. ¿Es una novela
convencional? No. ¿Qué es? La etiqueta es riesgosa y algo injusta. Pero
diremos, porque hay que asumir el riesgo, que está en el medio: ni tan
rupturista ni tan complaciente. La mezcla es armoniosa y muy divertida.
miércoles, enero 27, 2016
Libros sí, más libros también
Quintín comenta El Sr. Ug, la novela de Humberto Bas para Perfil
Alguien me manda un libro desde el exterior, pero se
interponen la Aduana y un correo privado: para recibirlo me exigen entrar a la
página de la Afip, llenar un formulario y hacer no sé qué cosas más. Resuelvo
esperar hasta que la anunciada liberación de libros importados se concrete más
allá de la derogación del perverso requisito del plomo en la tinta. Me parece
valioso que, de ahora en más, los libros lleguen sin dificultades.
Descubro que algunos matizan las bondades de importar, como
Sebastián Martínez Daniell, editor de Entropía: “Tener acceso a cualquier libro
que esté circulando por el mundo es algo extraordinario, pero es también una
obviedad que la circulación de bienes culturales no es inocente, que tiene
canales privilegiados, que hay beneficiarios y perdedores”. Otros están
ferozmente en contra, como Damián Ríos, editor de Blatt & Ríos: “Como
primera medida respecto de la industria editorial me parece mala, peca de mala
fe y en sus considerandos es mentirosa y falaz. (...) Esto es una invitación a
imprimir afuera y de esa manera destruir empleo argentino. Y el que no pueda
imprimir en el exterior, como es nuestro caso, quedará afuera del mercado con
precios poco competitivos y tenderá a desaparecer”.
Entropía y Blatt & Ríos son dos de las editoriales
independientes cuya proliferación y crecimiento en estos años ha sido una buena
noticia para la literatura: con sus diferencias de orientación y tamaño,
publican lo mejor que ofrece el mercado, que en muchos casos es lo que a las
multinacionales no les interesa. A diferencia de ellas, tanto Entropía como
Blatt & Ríos leen manuscritos de escritores desconocidos. Desconocidos como
Humberto Bas o Martín Dubini, de quienes acabo de leer dos libros excelentes:El Sr. Ug... y Alrededor de Shannon, perfectos ejemplos de literatura en el
margen de las ventas y en el centro de una renovación de la escritura. Bas,
nacido en Paraguay en 1965, residente en Neuquén, aparece con una novela que se
anima a jugar con el castellano con una alegría y una potencia que yo no
encontraba desde Cabrera Infante y a un viaje entre los grandes conflictos de
la Historia y la íntima oscuridad de Asunción. Dubini (Buenos Aires, 1979)
escribe en una prosa poética de un ritmo demoledor y los dos textos del libro,
aparentemente tan distintos, son variantes de una misma estructura: la
interpelación a un segundo personaje muy querido pero que “hace años que su
ombligo coincide con el ombligo de la época”. Dubini es como Bob Dylan
hablándole a Mr. Jones desde la desesperación de no ver de qué modo pueden
cambiar los tiempos.
No logro entender cómo Ríos o Daniell creen que la
importación de libros puede perjudicarlos: el éxito de las editoriales
independientes no se debe a la prohibición de lo extranjero sino a una
combinación entre la calidad de sus catálogos, el profesionalismo de su
trabajo, la existencia de un medio de escritores y estudiantes que leen y a
modestas ayudas del Estado. La entrada al país de otros libros no puede ser
competencia para El Sr. Ug... o Alrededor de Shannon, porque, a diferencia de
los zapatos o los televisores, sólo se pueden hacer aquí. Por el contrario, la
compañía de otros libros independientes editados en España o en América Latina
no hará más que potenciar su visibilidad.
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