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miércoles, diciembre 21, 2011

Máquina ficcional

Eduardo Febres lee Biografía ilustrada de Mishima, de Mario Bellatin, y escribe su reseña para El interpretador:

«UN maestro japonés fue el inventor de la “máquina didáctica” que muestra lo que vemos de la vida y obra de Yukio Mishima. Incluso el recinto educativo donde se imparte la conferencia sobre Mishima es proyectado por esta máquina, que el narrador (quien se encuentra entre el público) describe como “una suerte de aparato a través del cual, una vez instalado, se comienza a mostrar una especie de película de la realidad”.

DOS preguntas movilizan la trama en la Biografía ilustrada de Mishima: “¿de qué se nos habla en ese extraño exilio que es la escritura?” y “¿qué clase de espanto fue capaz de provocar una escritura semejante?”. La proyección, la conferencia y la vida de Mishima (que hacia el final de la conferencia el maestro japonés califica de inexistente) son el vehículo con que se transita la indagación de esas interrogantes.

TRES títulos de la obra de Mishima se mencionan en la conferencia: El jardín de la señora Murakami, Salón de Belleza y Damas chinas. Y en este momento de la conferencia (acerca del que no miente el narrador cuando dice que fue “la sorpresa mayor que ofreció Mishima a los presentes”) es cuando se esclarece, llevándolo al extremo, el artificio con que el autor ha estado hablando, hasta entonces de un modo más críptico, de sí mismo y de su obra.

CUATRO o cinco datos biográficos del autor (que probablemente el lector conoce por la vida pública de este) y el título de esas obras acercan la figura de Mishima y la figura de Bellatin, a un punto que a ratos parece metonímico: ambos son talídomes, ambos se someten a “sesiones de fotos en las que buscaba emular cierta iconografía donde se mezclaba el dolor y el placer”, y a ambos le falta un miembro del cuerpo: a Bellatin, un brazo, y a Mishima, la cabeza.

CINCO o seis datos de la vida de Mishima alejan su figura, ya no de la de Bellatin, sino de lo meramente humano. Mishima sigue viviendo después de un suicidio asistido, que consistió en que su mejor amigo lo decapitara; Mishima devora corazones hervidos de pollos sacrificados que su tío le envía; Mishima va a almorzar en un cementerio. La vida de Mishima, puesta en escena en un show de recinto educativo, opera como metáfora del distanciamiento que el autor establece entre él y su obra para reflexionar en torno a ella. Un episodio de la proyección, en el que Mishima asiste a una puesta en escena de su libro Salón de belleza, condensa esa metáfora: “En aquel teatro fue la primera vez que pudo leerse a sí mismo”, dice el narrador. Entonces lo toma “un trance casi hipnótico” y surge la pregunta: “¿qué clase de espanto ha sido capaz de generar una escritura semejante?”.

CINCUENTA Y CINCO páginas de texto le lleva a la vida de Mishima agotar la escritura. Y todo parece dispuesto para que, cuando el lector llegue a la secuencia de fotografías que le sigue a estas páginas, haya alcanzado el “cierto estado de éxtasis” que el narrador ha advertido al inicio de la conferencia, en algunos asistentes. La biografía recomienza, ahora en fotografías de distintos grados de definición y texturas. Todas van acompañadas de leyendas irónicas, de un desenfado que roza a veces el ludismo infantil, pero que, cargadas del relato que les precede, adquieren una densidad que parece destinada a generar en el lector el “incontrolable estado de exaltación” del que fue presa Mishima cuando asistió a la puesta de Salón de belleza.

LA ANTEPENÚLTIMA fotografía muestra a Bellatin junto a una mujer mayor, con la leyenda “pareja de analistas que trabajó el caso Mishima”. Y en este punto, podemos pensar en este libro como una máquina ficcional (“una suerte de aparato”) con el que el autor jugó a estar entre el público leyéndose a sí mismo.»

viernes, marzo 18, 2011

Bellatin + Castro @ MALBA




Invernadero + charla con Mario Bellatin
domingo 20 de marzo | 18.30 hs | Auditorio de Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415)

Este domingo 20 de marzo, Mario Bellatin conversará con el público después de la proyección de Invernadero, de Gonzalo Castro.

viernes, enero 28, 2011

Conjuro homeopático

Laura Juliana Torres lee Biografía ilustrada de Mishima, de Mario Bellatin, y lo reseña para el blog El Roommate:

«¿Qué clasde de escritura instituye una biografía post-mortem? ¿Es que acaso sólo después de muertos “los escritores se encuentran ya preparados para entender los símbolos a partir de los cuales construyeron su trabajo”? (51). En Biografía ilustrada de Mishima, a diferencia de otros libros biográficos sobre el escritor japonés que sirven de posibles subtextos a la novela (como Confesiones de una máscara del autor nipón o Mishima y la visión del vacío de Yourcenar), Mario Bellatin propone como protocolo experimental la idea de una biografía que se inaugura con la muerte: “¿Qué clase de espanto ha sido capaz de generar una escritura semejante?”(49). La novela cuenta las peripecias de un Mishima descabezado después de cometer seppuku. Es precisamente los detalles de las circunstancias que rodearon la muerte del novelista japonés la única referencia rigurosamente biográfica que toma Bellatin de su vida. El suicidio ritual de Mishima en 1970 fue televisado por los medios, por lo que pudo ser observado en el mismo instante en que se llevaba a cabo. La fascinación de Bellatin por un tipo de lógica de producción que impone una forma específica de recepción –la impresión de que un determinado acto es experimentado de la misma forma en la cual fue ejecutado– parece inspirar la trama del libro.

Mishima, uniformado y desmochado, asiste con una solemnidad más bien cómica a una conferencia sobre su vida. Por motivos al parecer pedagógicos, un académico experto proyecta escenas de la vida de Mishima con un misterioso aparato. La narración dura el tiempo virtual de la proyección. A su vez, la escritura se construye a partir de bloques de texto cercenados por oraciones cortas, escuetas y de una desgarbada distinción. Cada párrafo desarrolla un transe de escritura en la vida de Mishima, inducido por experiencias paralelas a la realidad: la toma de fotografías con una cámara para niños, la zambullida en un estanque con monjes sintoístas, la contemplación de un polluelo despedazado por sus pares, el consumo de la droga sildenafil citrati … Estas visiones se entrelazan con el recuento de las infructuosas gestiones hechas por un Mishima empobrecido para remediar su ausencia de cabeza. La administración de esta “oquedad” genera una reflexión sobre una forma de obra particular dedicada a la reparación del vacío con “la esencia de una artificialidad extrema”: una máscara kabuki, un set de piezas-cabezas (prótesis que recuerdan al lector el garfio de cierto escritor). Se aspira a la conversión del hueco – la impronta del accidente- en un experimento controlado, en el espacio vaciado de una instalación. El libro concluye con cincuenta fotografías a color. Cada pie de foto comenta y amplía escandalosamente los detalles más azarosos de la narración. Las imágenes crean la ilusión de que la narración de la novela es el producto, el material excedente, del orden contingente de las fotografías. Sin embargo, la sobreposición de ambos órdenes parece corresponder a una lógica de desacreditación mutua.

Si en Shiki Nagaoka: una nariz de ficción las fotografías falsifican la supuesta existencia del escritor japonés, en esta ocasión Bellatin ficcionaliza a Mishima al ilustrar desfachatadamente su biografía con el archivo de sus fotos personales. Biografía pertenece a una serie de intervenciones donde el novelista contamina o “inocula” el espacio de la ficción con la autobiografía, pero una autobiografía “desfigurada” por la faz de un autor japonés. (Ya en su artículo “Kawabata: el abrazo del abismo,” Bellatin plagia artículos críticos de otros autores sobre su propia obra, y los hace pasar como sus ideas sobre el Nobel japonés). En , Mishima narra la experiencia de asistir a la representación teatral de Salón de belleza y cómo de esta manera logró “leerse a sí mismo,” alcanzar una inusitada exterioridad. Tal vez sea ésta la función de la autobiografía en Bellatin: un conjuro homeopático para la despersonalización, la conversión ciega de la vida en escritura, como un texto que se recita a sí mismo, un autómata, un cuerpo que se mueve sin cabeza, una biografía post-mortem…»

martes, octubre 26, 2010

La decapitación

Javier Martínez lee Mishima o la visión del vacío, de Marguerite Yourcenar, y Biografía ilustrada de Mishima, de Mario Bellatin, y escribe para Esto no es una revista, cosas como éstas:

«En el modo ficcional elegido por Bellatin, el vacío es, también, uno de los puntos en los que se anuda el relato. Y ya no tiene que ver con el suicido ritual sino con su consecuencia: el vacío que la decapitación ha dejado sobre sus hombros, falta que es marca y que el espectro tratará de poblar con sucedáneos de la cabeza perdida; siempre fallados, siempre fallidos.»

«Ese sentido del honor, del compromiso, es el que, en la vida real de Mishima, llevó a Morita a ser el ejecutor de su decapitación, fallando tantas veces que cedió su lugar a otro de los adláteres del escritor devenido general de un ejército paralelo. Parecen ser esas fallas, ese contínuo errar y sus consecuencias lo que construye la pregunta recurrente del espectro: pregunta que insiste en hacerse presente: “¿Qué clase de espanto ha sido capaz de generar una escritura semejante?”.»

La nota completa, acá.

viernes, mayo 28, 2010

Homicidas pudorosos

Ariel Gamarra toma entre sus manos Biografía ilustrada de Mishima, de Mario Bellatin, y escribe esta reseña para Los asesinos tímidos:

«Mario Bellatin, o mejor dicho: su narrativa, se ha venido independizando cada vez más de lo que se puede denominar “la realidad”. El universo donde sus ficciones suceden no es el de lo maravilloso, lo real-maravilloso ni lo fantástico, ya que esta tipología de ficción literaria está ligada a la verosimilitud y se apoya en una poética orientada a que el lector crea, al menos mientras lee, lo que se le cuenta, pues el efecto estético del relato depende de un poder de persuasión considerado fundamental. La ruptura de Bellatin con la tradición, su acercamiento a la literatura del absurdo, consiste en hacer claramente perceptible lo ficcional de sus textos, contra toda pretensión de que el lector viva sus relatos.

Así, sus personajes habitan lugares descontextualizados y lo que acontece se da en contradicción con los principios lógicos, sicológicos, naturales y sociales en función de los que actuamos. Estas características, que para nada perturban la nitidez de su prosa, están muy presentess en este libro, Biografía ilustrada de Mishima, publicada por Editorial Entropía. Y lo están a tal punto que en algunos pasajes de esta breve novela el interés puede menguar, pero en ningún caso caerse del todo, dada la maestría con que Bellatin mantiene siempre seducido al lector.

Biografía ilustrada de Mishima, narra lo que le ocurre al escritor Yukio Mishima, después de que le cortan la cabeza. Mishima, quien se suicidó en 1970 siguiendo el ritual japonés tradicional (primero comete seppuku, o sea, se destripa con una daga, y luego se hace decapitar por otra persona), relata sus viajes y experiencias. Para él, la acefalía funciona como motor del quehacer literario mientras busca llenar aquello que lo hace sentir incompleto.

Esta edición incluye un dossier fotográfico que ilustra las escenas del libro. Las imágenes, tomadas por el autor, cuentan nuevamente la historia de Mishima, abriendo perspectivas inesperadas para entender la novela.»

jueves, abril 15, 2010

Autonomía, histeria y continuidad

Sonia Budassi se sumerge en los abismos de la obra de Mario Bellatin a raíz de la publicación de Biografía ilustrada de Mishima y se despacha con un artículo para Bazar Americano, que dice, entre muchas otras cosas, lo siguiente:

«A esta altura, en que han circulado algunas reseñas contundentes es probable que el lector conozca la historia de Biografía ilustrada de Mishima. (Digresión: hay novelas en las que Bellatin juega deliberadamente a la estructura errática; otras, como ésta, en que avanza en una dirección). Resumamos: Mishima, un personaje con puntos de contacto con el escritor japonés, y con Mario Bellatin (desde las alusiones al síndrome talidomínico, a los títulos de sus novelas, la poesía sufí, etc) muere decapitado. Que “muere” es una forma de decir: “En esos momentos no existía la tensión nerviosa que solía experimentar, la que se instauró en su vida especialmente después de su muerte”, se lee. En Biografía... el autor vuelve a recrear un clima onírico; el poder premonitorio del sueño –y la escritura, para Bellatin, comparte la misma cualidad– y un universo ubicuo, herencia de misticismo católico –la figura del limbo–, de la filosofía espiritista, y del surrealismo, que hace posible la convivencia de espectros con seres “vivos”. Mishima decapitado concurre a una conferencia que un profesor da sobre él y, como los asistentes, somos testigos del racconto de su vida.»

«Ya se ha señalado, a veces con claridad, otras de modo implícito, que éste también es un libro sobre “el vacío” como condición de posibilidad de la literatura. La cuestión se reafirma en el texto con imágenes pesadas que van desde la carencia de cabeza del personaje a la contemplación de unos zapatos al borde de un precipicio o la mención a un bungalow en lo alto de una montaña que permite tener una mirada inaudita de la ciudad. Si el exquisito Los fantasmas del masajista empezaba –una y otra vez– recapitulando información, Biografía ilustrada de Mishima vuelve de una nueva manera –una y otra vez– sobre los mismos problemas, al punto de alcanzar la densidad esquiva y potente de la que es capaz la pregunta más honda; el relato más extremo, la retórica filosófica más áspera.»

«La lectura podría volverse un tedio si el texto se entregara a la especulación lógica y a las disquisiciones filosóficas. Por suerte, Mishima tiene dimensiones atrayentes que el narrador cuenta con pericia, diversificando anécdotas y escenas, como la que refiere a la felicidad que le pudo provocar una circunstancia doméstica, con un pájaro enjaulado. O cuando intenta y fracasa ante condiciones materiales –quiere cobrar un subsidio mintiendo– u otras formas de enfrentarse al otro. En este sentido, Bellatin da un paso más, no sólo conjurando el estigma y la discriminación social ante quien no tiene lo que el resto, sino trasladando ese problema a los demás. Ya resignado a no insistir en ocultar su falta de cabeza (como exigen las cirugías reparadoras y las prácticas ortopédicas), el personaje convocará a un artista plástico para que cree sobre ese espacio vacío un ornamento mediante el cual no sólo él, sino todos, pudieran hacerse cargo de la monstruosidad. Así llega un momento en que el espectro se suspende, por un rato, por la alteridad. Y cierta desviación trasciende el culto a la conciencia individual y queda inscripta, también, cuando se expone el problema de las convenciones sociales.»

La reseña completa, acá.

miércoles, marzo 24, 2010

Raro limbo

Pedro B. Rey lee Biografía ilustrada de Mishima y escribe esta microcrítica para ADN:


La concisión y la escasez de adjetivos es una de las marcas de Bellatin. Esta breve novela sigue los pasos de Yukio Mishima, el autor de El pabellón de oro. Lo curioso es que lo hace después de que éste hubiera cometido aquel famoso seppuku en el que, literalmente, perdió la cabeza. Acéfalo, el escritor japonés asiste a una conferencia sobre su obra, viaja a París para un estreno teatral, recuerda, escribe cartas. Biografía ilustrada... no aspira a la literatura fantástica, tampoco al absurdo, aunque fantásticos y absurdos sean sus efectos. El raro limbo en el que se encuentra el protagonista, todo un dispositivo narrativo, permite en realidad atisbar por fragmentos una vida que se va volviendo para siempre ajena. El apéndice fotográfico no funciona tan bien como en el previo Shiki Nagaoka.

martes, marzo 02, 2010

¿Dónde estará la cabeza de Mishima?

Roka Valbuena entrevista a Mario Bellatin a propósito de la edición de Biografía ilustrada de Mishima, y publica en Crítica de la Argentina las siguientes líneas:

«Mario Bellatin, al ser consultado por Mishima, se vio francamente sorprendido: “Sabe Dios quién es ese sujeto. Ni el profesor que lo presentó en la conferencia lo sabe. Es uno de los tantos fantasmas que recorren el mundo y que de vez en cuando se le suben a la gente cuando duerme”. Bellatin confesó, además, ignorar el destino de la cabeza de su personaje. “¿Qué habrá sido de la cabeza de Mishima?, suelo preguntarme. Su vida o su muerte me interesan más que el destino de aquella cabeza cercenada”, acotó y luego reconoció que Mishima, en su calidad de espectro, lo pasa muy bien. No tiene las manos atadas, dijo. Organiza proyectos de muy diversa índole y parece, señaló de forma críptica, que suele gustarle la construcción de agujeros.

–¿Y usted cree que hay, en el planeta, un lugar en que se juntan los espectros?
–Sí, claro. En mi casa, por ejemplo. Está llena de espectros. También en los congresos.

–¿Siente que es uno de sus libros con más humor?
–No –dijo con precisión y Crítica de la Argentina sintió la arremetida de un complejo de inferioridad: quizás, leyendo las peripecias de un protagonista sin cabeza, percibió sensaciones humorísticas justo donde un espectro iba sufriendo. Y Bellatin explicó entonces que el humor es algo difícil de definir. Él piensa que no lo ha logrado: “Se habla mucho del humor y, generalmente, quien cree saber de qué va es el más serio de todos”.

–¿Qué significado le da a Biografía Ilustrada de Mishima dentro de su obra total? –preguntamos, recordando a un crítico peruano, Iván Thays, quien señaló que el libro es esencial para comprender las creaciones de Bellatin.
–Ninguno en especial. Es un libro desprendido, como una rama de algo más grande que todavía no tengo claro qué es.

–¿Y por qué escribe tanto de japoneses?
–Porque casi no los conozco. Y espero, además, no ir nunca a ese país.

–Perdone, pero, ¿su cabeza, la suya, Mario, está en su sitio?
–La última vez que se lo pregunté a mi acupunturista me dijo que estaba un poco de lado. Por eso la energía de las agujas no la abarca de la forma como debería hacerlo. Siempre me he preguntado en la extraña capacidad que tenemos los seres humanos de saber que la cabeza se encuentra donde está. Veo a mis perros con detenimiento y no estoy seguro de que cuenten con esa certeza.»

La nota completa, acá.

martes, enero 26, 2010

El agujero de la escritura

Iván Thays escribe para su blog una excelente reseña de Biografía ilustrada de Mishima, que no nos atrevimos a cercenar, ni a abreviar, ni a linkear tan siquiera. Aquí va completa:

La nueva novela de Mario Bellatin es una ralentización que empieza y concluye con unos zapatos abandonados al borde un mirador. En el intermedio, un impecable profesor japonés da una conferencia, acompañada con slides, sobre el gran escritor japonés Yukio Mishima. Lo acompaña en la mesa, en silencio, un escritor que es el espectro del propio Mishima. La novela dura lo que durará la conferencia. El narrador es un asistente silencioso. Y mientras el profesor diserta sabiamente sobre la obra del autor japonés, el espectro de Mishima ve en aquellos slides una biografía ilustrada de su vida póstuma o paralela. Y es que, lo cierto es que la biografía ilustrada a la que asistimos apenas tiene que ver con la “verdadera” vida del narrador Yukio Mishima. Y más bien, se parece muchísimo (en la coincidencia de los títulos y los temas de las novelas, en la obsesión por los perros y las víctimas talídomes, y en algunos datos autobiográficos que pueden rastrearse) a la de Mario Bellatin.

Biografía ilustrada de Mishima es una de las novelas más complejas de Mario Bellatin pero, al mismo tiempo, es una de las pocas que ofrece al lector todas las claves para su comprensión en la propia obra. El espectro de Mishima aparece sin cabeza porque, como se recordará, el autor fue víctima de harakiri y el sepuku ritual. Aquel vacío que representa la cabeza ausente se va convirtiendo en un hecho cada vez más significativo. Al principio, el espectro Mishima intenta pasar la amputación como un efecto secundario del uso de la talidomida. Pretendía así ganarse un pasaje a París y, además, un efectivo. El fin utilitario de su minusvalía es de inmediato rechazado, sin consideraciones, por una enfermera que certifica “amputación”. Luego, el espectro de Mishima busca trascender ese fin utilitario y reemplazar la cabeza con una serie de artefactos que deben dar la apariencia de que ese “vacío” no existe. Del mismo modo como un soldado del ejército reemplaza su pierna amputada por una pierna de plástico, o Mario Bellatin reemplazó en su juventud el brazo faltante por un garfio metálico, el espectro Mishima quiere pasar inadvertida su deformidad sin éxito. Intenta cumplir así con su rol social, aceptar lo que los demás dicen (las deformidades deben cubrirse, esconderse, ignorarse) del mismo modo en que, en una escena memorable, él y su amigo Morita están obligados a comprar un Dodge del vecino que no quieren comprar, y cuyo vecino no quiere vender. El tercer paso es una epifanía. Descubre súbitamente que aquel vacío es el fin mismo de la escritura, de la vida misma. “Un hueco que para Mishima es lo único que parece cierto en la vida” es la información de uno de los slides. Entonces, el espectro Mishima decide convocar a un artista plástico de renombre para que haga una “intervención” sobre su cabeza faltante, que la reemplace por un objeto artístico sin mayor utilidad, de manera tal que “el vacío dejara de pertenecerle solo a él y se convirtiese en un atributo que involucrase a los demás”. Por su parte, hacia el final de la conferencia, el profesor japonés afirma que Mishima “nunca ha existido realmente. Tampoco el aparato didáctico de su intervención, por medio del cual habíamos estado observando una especie de reflejo de la realidad”.

Mario Bellatin creó en El Gran Vidrio una suerte de tríptico que funcionaba como “autobiografía mentirosa” o “autobiografía ficticia”. Uno podría estar tentado a pensar que lo mismo ha intentado en Biografía ilustrada de Mishima. Sin embargo, eso no es precisamente cierto. Dos preguntas atraviesan, de manera lacerante, toda la novela: “¿De qué río se nos habla en ese extraño exilio que es la escritura?” y “¿Qué clase de espanto ha sido capaz de generar una escritura semejante?” (esto último lo dice el espectro Mishima luego de asistir como espectador a una función teatral de su novela Salón de belleza). Ambas preguntas están engranadas con distintas escenas de la novela, en las cuales el espectro Mishima reconoce que no sabe de dónde nacen las ideas ni los libros que escribe. Se ve a sí mismo encerrado en un cubículo rodeado de escritores muertos, espectros como él. El proceso narrativo es un proceso místico, religioso, involuntario, que lo remite tanto a los místicos cristianos como a la poesía sufí.

Si logramos articular la idea de la escritura como un proceso interior donde la consciencia no tiene nada que ver (un vacío simbolizado por la falta de cabeza del espectro Mishima) con la iluminación del espectro Mishima según la cual su vacío debe ser un proceso comunitario, compartido por todos, y no un defecto propio que lo individualiza, podemos entender mejor la conclusión del profesor japonés: Yukio Mishima, como ningún escritor, existen realmente. Todos son espectros, agujeros que se crean cuando la vida no encaja perfectamente, y desde los cuales brota la escritura de manera espontánea, necesaria, como una herida que supura o un océanos que se desborda. Ciertamente, la biografía ilustrada del espectro Mishima nos muestra –esta vez- la biografía y obra de Mario Bellatin. Pero eso es aleatorio. También podría haber mostrado la de cualquier escritor, cualquiera, y todas encajarían. El espectro de Mishima es el espectro mismo de la escritura. Las preguntas latentes (“¿De qué río se nos habla en ese extraño exilio que es la escritura?” y “¿Qué clase de espanto ha sido capaz de generar una escritura semejante?”) son las preguntas que nos hacemos todos los escritores del mundo. Y la falta de respuestas, aquel vacío que es lo único que existe, es lo que permite que la literatura siga existiendo no como un proceso utilitario o rutinario sino revelador y purificador.

Que Mario Bellatin es un “escritor raro” es un lugar común difícil de rechazar. Que escribe siempre la misma novela es otro lugar común, pero ése sí es absolutamente negligente. Las novelas de Bellatin son ciclos que se cierran. 24 horas, 365 días, 7 años, el tiempo es una buena medida para asumir que aunque las cosas se repitan, al pertenecer a ciclos distintos no pueden ser iguales. Cada hecho es incontrastable. Comprarse una bicicleta a los siete años no es igual que comprársela a los 41 años. Enamorarse a los 15 no es igual que a los 60. Las novelas de Bellatin insisten en los mismos temas, cierto, pero aquello en vez de darnos la sensación de rutina o de monotonía debería darnos la idea de lo único e irrepetible que es cada situación una vez que se ha cerrado y comenzado un ciclo. La capacidad para reinventarse en cada novela convierte a Mario Bellatin no solo en un escritor extraordinario sino en una especie de "artefacto" literario o artístico, un proyector de slides donde todas las escenas, incluso las repetidas, cambian constantemente de rol, de lugar y de significado. Las novelas de Bellatin deben leerse como procesos de transformación espiritual pero también matemática. Cada factor nuevo incide sobre el significado de las escenas y muta constantemente su signo.

Bellatin, desde el hueco de la escritura, se convierte no en transgresor literario –como podría serlo César Aira- ni en un escritor de culto –como lo sería Mario Levrero- sino en una suerte de “combinador” de escenas, de mezclador o sampler, un originalísimo artista integral que usa la escritura como un objeto material y cuya trascendencia no está en el futuro sino en el presente, el momento mismo de la ejecución (es decir, de la lectura o la escritura). En ese sentido, Biografía ilustrada de Mishima, como algunas otras novelas del autor, es una obra imprescindible para entender hasta dónde pueden llegar los límites del proceso literario del siglo XXI. Aunque tratándose de Bellatin siempre pueden llegar aún más lejos.

miércoles, diciembre 09, 2009

Chiche nuevo: Biografía ilustrada de Mishima

De Mario Bellatin. Novela + fotos. 100 páginas. Lanzamiento maravilla.


miércoles, septiembre 23, 2009

lunes, septiembre 14, 2009

martes, julio 14, 2009

El "antes" es nuestro

Federico Rodríguez festeja en Los asesinos tímidos los lanzamientos de Condición de las flores y Los fantasmas del masajista, de Mario Bellatin. Entre otras cosas, dice esto:

- "El propio Mario Bellatín declaró no haber leído el resultado final de esta recopilación, así como tampoco recordar exactamente todos los textos que la componen. Todo un gesto moderno. Por eso la propuesta de esta reseña es que usted, lector, se acerque al libro sin tener la menor idea de con qué clase de textos se va a encontrar... y al leerlos, se sienta en el lugar del propio autor."

- "Con estos dos libros, el lector asiduo de Mario Bellatín encontrará guiños donde los hay –voluntaria o involuntariamente-, y podrá comprobar algo fundamental: la eficacia narrativa de Bellatín no fallaba antes de ser reconocido, y sigue sin tener pasos en falsos en lo nuevo que está publicando. Quien nunca haya leído a Bellatín tendrá el privilegio de leer el “antes” y el “después” de sus textos más clásicos, y notará, con seguridad, que está ante un escritor sobre todas las cosas original y eficaz. Dos excelentes noticias."

La reseña completa, acá.

jueves, mayo 21, 2009

La misión de la literatura

[A propósito de Condición de las flores, de Mario Bellatin. Por Osvaldo Tangir, para El arca digital.]

Crear distintas realidades en medio de tanta realidad: es lo que logra generar esta obra en sus poco más de cien páginas. Y es que ésa y no otra es la misión de la literatura –"del sinsentido que es toda literatura"- para su autor, un mexicano nacido en 1960, criado en Perú, con más de quince títulos en su haber, y que hoy gracias a su originalidad, en la que resuena con fuerza el latido del sufismo que practica, es analizado en universidades de todo el mundo. También de la Argentina, claro.

Con la intención de explicar el sistema compositivo de Bellatin, basado en la reformulación y reubicación de escritos pretéritos, se reúnen cuatro textos: Condición de las flores, colección de apostillas en la que, desde su mirada de lector seducido por el libro como inspiración, revela algunos mecanismos del proceso creativo; un fantasmagórico relato inspirado en la fotógrafa Graciela Iturbide; apuntes inéditos escritos en una antigua Underwood –prototextos, según las anotaciones de la estudiosa Graciela Goldchuk, de novelas como Efecto invernadero o Canon perpetuo- y un post scriptum a cargo de Daniel Link, intérprete de su escritura.

La profundidad del autor, su trato amistoso con la ensoñación, su intimidad con lo inaprensible brillan aquí con todo esplendor. Una verdadera invitación para expertos e iniciados y también para aquellos que aun no han incurrido en su inquietante prosa, creada bajo el influjo de esa misteriosa necesidad que es el ejercicio mismo de la escritura.

miércoles, febrero 25, 2009

Bellatin y el relieve pampino

[Texto escrito y leído por Ariel Schettini durante la presentación de Condición de las flores, de Mario Bellatin.]

Para negar la sentencia que diagnostica que los argentinos somos pedantes y altaneros, contamos con una serie (estoy tentado de decir: un ramillete) de visitantes ilustres que han apostrofado a los argentinos de modos diversos. No me refiero a los ya célebres “viajeros del siglo XIX” –aunque podría incluir en esta lista a los “naturalistas” (porque algo de naturalista hay en la obra que nos convoca), sino a aquellos que durante el siglo XX no han cesado de hacer de esta pobre patria un hogar que demandó de ellos epítetos y exhortaciones, títulos y advertencias.

En el año 1932, Borges adjudicó la autoría de la definición del efecto geográfico astronómico de la pampa (la vastedad del horizonte) a uno de los tantos “visitantes ilustres” de Victoria Ocampo, Pierre Drieu La Rochelle. En su paso por Argentina, antes de su “conversión” al nazismo, dijo la frase que es relatada por Borges así: “(...) recuerdo que salimos a caminar por los arrabales de Buenos Aires. No sé si era por Chacarita, por el puente de Alsina, por Barracas, no recuerdo bien dónde, pero de pronto sentimos la gravitación de la llanura. Habíamos dejado las casas y estábamos entrando en el campo, entonces Drieu dijo una cosa que no recogió en ningún libro, pero que es la definición de la llanura, que todos los escritores argentinos hemos buscado, con la cual no hemos dado. Fue necesario que aquel normando viniera y nos la dijera. Dijo: ‘Vertige horizontal’, es la expresión magnífica (...)” (Revista Sur, Nro. 349.)

No muchos años después, en una de sus conferencias en la Universidad de La Plata, Ortega y Gasset, otro visitante ilustre, nos calificó de modos varios (en todas sus versiones uno podría decir que eran formas educadas y finas de decir que los argentinos eran haraganes…). Pero lo hizo con un argumento de la “Geografía Humana”: Ortega miró la vasta llanura pampera y percibió que en esa inmensidad que se hundía había algo de la idiosincrasia argentina: la idea de un país cuyo valor consistía en ser una pura promesa que jamás se habría de realizar. Como Ortega y Gasset era filósofo, creyó que una palabra suya era suficiente para cambiar ese destino ya trazado en la orografía y decidió poner manos a la obra y hacer del relieve pampeano un desafío que su sola voz habría de transformar como un terremoto: “Argentinos, a las cosas”, rezó, para la sabiduría o el misterio nacional.

Seguramente hubo otros, pero hoy me preocupa agregar uno más a la lista: la semana pasada, invitados por la Fundación que dirige Arturo Carrera, un grupo de artistas e intelectuales fuimos a conocer el proyecto de Estación Pringles. Conocimos la Estación de Quiñihual, donde pronto habrá una residencia de artistas, que en el medio de la pampa podrán ver florecer su obra, protegidos por la hospitalidad de otros artistas. Allí, Arturo Carrera confrontó a Mario Bellatin con el Paisaje chato, uniforme e indudablemente rico, y el Autor de Condición de las flores dijo su frase para el bronce.

Ajeno a la historia de extranjeros que lo precedían, dijo aquello que los argentinos esperan que se diga cuando se coteja a un foráneo con esa rareza del relieve pampeano.

Como en todos los casos en los que habla, casi sin intención o fingiendo espontaneidad, Bellatin inauguró la lista ilustre del siglo XXI.

El hombre miró la llanura, y luego de una meditación corta y bajo el rayo del sol que nos doblegada, pronunció las palabras. Dijo (y aquí la entrego para la meditación colectiva): “¡Qué verde es casi todo!”.

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jueves, febrero 12, 2009

Un espectáculo de realidad

Por Virginia Cosin [para revista Ñ]



La materialidad física de Condición de las Flores, el último libro publicado por el escritor mexicano Mario Bellatín, no es diferente de la de cualquier libro clásico: sus páginas están encuadernadas entre una tapa y una contratapa, en la solapa se consignan los datos biográficos del autor, en su interior no hay fotos, ni dibujos.
Sin embargo se trata de un libro-objeto. Una “caja negra” dentro de la que se encuentra una combinatoria de elementos que más tarde serán revelados. Un artefacto por medio del cual es posible asistir al proceso de apareamiento y germinación de algunos de los textos que ya forman parte del canon de la nueva literatura latinoamericana.
Efecto invernadero, Lecciones para una liebre muerta, Canon perpetuo, Salón de belleza, El gran vidrio son, entre otros, algunos de los títulos que Bellatín publicó a través de importantes editoriales una vez que su nombre comenzó a circular. Actualmente considerado uno de los exponentes principales de un tipo de literatura radical y novedosa, lejos de la tradición y cerca –mucho más cerca- del nuevo boom que rompió (si hace crack es boom) con los parámetros previamente establecidos, dueño de un estilo que escapa a las convenciones: fragmentario, escueto, sincrónico, atonal; Mario Bellatín fue, en algún momento, un escritor anónimo. Durante ese tiempo, debido a una suerte de temor patológico, carente de recursos económicos (no podía siquiera sacar fotocopias), les entregaba a sus amigos en consignación una serie de textos -borradores, apuntes- mecanografiados en una máquina portátil Underwood del año 1915, para que los resguardaran de posibles catástrofes. Buena parte de esos mismos textos fueron, también, ofrecidos como forma de pago a su psicoanalista de orientación lacaniana. “Me pagas con palabras”, fue la propuesta de ella, en aquel momento. El valor de esos textos, adquiridos en pleno ejercicio de la transferencia analista-paciente, creció con el correr del tiempo a medida que crecía la figura del escritor. Años más tarde, abocada a la tarea de recopilar esos escritos dispersos, la crítica Graciela Goldchluk contactó a la psicoanalista Laura Benetti quien, en un acto auténticamente “derrideano” los donó para que fueran publicados.
Condición de las flores es, entonces, un libro de pre - textos que se funden con el contexto (la historia que rodea su publicación), de modo que sus bordes se desdibujan, se derraman unos sobre otros como una pieza de alfarería en pleno proceso de elaboración, en el que las manos untadas de material no se distinguen del objeto. Allí, adentro y afuera son uno: el libro se hace y se deshace en sus intersticios. Las anotaciones de Goldchluk bordan los márgenes del libro, reponiendo a partir de una meticulosa descripción las condiciones performáticas del escrito original: desde el tipo de papel utilizado hasta el color de la birome con la cual el autor realizaba las correcciones del texto mecanografiado en la vieja máquina de escribir.
Mario Bellatín ha confesado que este es un libro que, habiéndolo escrito, no fue leído por él jamás. De modo que el interés que despierta, más allá de la curiosidad que pueda suscitar su lectura, reside en su particular construcción de alguna forma ejecutada a cuatro manos y a la manera de un ready made. Gracias a su particular carácter híbrido, se instala en el panorama actual más como una obra de arte contemporáneo, un “espectáculo de realidad” como lo definiría el crítico rosarino Reinaldo Laddaga, que como un tradicional objeto literario.

martes, enero 06, 2009

Flores bicentenarias

Acerca de Condición de las flores

por Joaquín Linne, para Hacia el Bicentenario

Lo interesante de Condición de las flores, el libro de Bellatín que Entropía acaba de editar en los últimos días del 2008, es en especial su primer texto, donde el escritor analiza su proceso de escritura y sus ideas respecto al arte y la literatura. Es decir, de alguna manera, la explicación de su programa. Quizás el libro valga sólo por ese primer texto homónimo. Este texto de veinticinco páginas está dividido en pequeños capítulos de un párrafo con títulos de nombres de flores.

Completo, acá.

martes, diciembre 16, 2008

[Ohne Warum]

Entrevista a Mario Bellatin, por Silvina Friera para Página/12.

“Soy escritor porque escribo, pero no sé por qué escribo”

Fue el encargado de cerrar el Filba con una lectura performática, aunque sostiene que en esta era de alta exposición de los escritores busca “estratagemas para poner el cuerpo sin ponerlo”: Bellatin reflexiona sobre su propio estilo a través del tiempo.

Escribir para seguir escribiendo resume el impulso vital de Mario Bellatin. Quizás uno de sus mayores logros es existir solamente dentro de lo literario, aunque esas fronteras hayan perforado hace tiempo el margen de los libros, expandiendo sus límites hacia arenas mucho más movedizas. Ahora que a los escritores se les exige “poner el cuerpo” en festivales literarios y congresos –el escritor mexicano fue el encargado de cerrar el Filba con una lectura performática titulada El fantasma del masajista–, Mario está empeñado en una empresa compleja: buscar el modo de “superar” el dilema hamletiano contemporáneo de estar “sin estar”, como si sólo a través de ese gesto huidizo –el manotazo de quien escribe para no hablar a pesar de que le “exigen” todo el tiempo que hable– pudiera sortear las múltiples estandarizaciones y etiquetas que le adosaron desde que empezó a publicar. El sofisticado garfio que tiene en el brazo derecho se sobresalta al recordar que parte del embrión de Condición de las flores (lanzado recientemente por Entropía), una selección de textos rescatados en Perú, donde el autor vivió y publicó sus primeras cinco novelas, fue producto de un trueque con su psicóloga. Cada sesión la pagaba con una cuartilla. “Al comienzo no escribía como escribo ahora”, se justifica y pone distancia de esa zona de su obra. Y confiesa que no ha podido leer aún ese libro y que no sabe qué encontrará en esos textos porque un proceso recurrentemente bellatinesco es olvidar todo el tiempo lo que ha escrito.

Sigue acá.

miércoles, noviembre 26, 2008

Bellatin en Debate

Mario Bellatin es, indiscutiblemente, un escritor continental consagrado. Al igual que su compatriota Juan Villoro, elige publicar en nuestro país por medio de editoriales independientes. Primero Interzona, luego Mansalva y, ahora, Entropía lanzó Condición de las flores, que, además del texto homónimo, incluye una selección de más de quince años atrás rescatados en Perú, donde este escritor, quien tiene en lugar de brazo derecho un garfio, vivió de joven y publicó sus primeras novelas. Actualmente, dirige en México DF la Escuela Dinámica de Escritores.
La conversación con Debate empezó cuando recordó un incidente que protagonizó con el diario La Nación: “Fue un episodio divertido. Me habían pedido un artículo sobre el escritor japonés Yasunari Kawabata. Tomé textos de críticos argentinos sobre mi obra, mezclé fragmentos y en los sitios donde decía Bellatin puse Kawabata. Quería ver si funcionaba, no por compararme con Kawabata ni mucho menos, pero sí para cuestionar si se puede realmente escribir sobre un autor o no, si hay lógicas que se repiten. Era un guiño más que nada, y pasó rápido, pero ahora La Nación no me hace más entrevistas. Yo había puesto debajo que el texto había sido ‘hecho con técnica de copy paste’, lo cual era una aclaración leve, porque nadie sabía en qué consistía la técnica, pero avisaba que había alguna impostura. La Nación no incluyó esa aclaración. Y en cualquier caso, el artículo seguía impulsando a leer a Kawabata. Pero varios me reclamaron que no saliera aclarada la técnica”.

Sigue aquí

lunes, noviembre 17, 2008

Boutique Bellatin

La primera imagen muestra a Ariel Schettini, Mario Bellatin y Graciela Goldchluk durante sus formidables alocuciones e interlocuciones (pronto subiremos el texto de Ariel) en la presentación de Condición de las flores en la Boutique del Libro de Thames.
Más abajo, tres eminentes autores de la casa, canon juvenil emblemático, nos observan: Iosi Havilio, Ignacio Molina y Romina Paula. A la derecha asoma Ana Porrúa, próxima a ser editada por el sistema entrópico en 09.
La tercera foto es en las últimas instancias de la misma noche, en una fiesta de la editorial amiga Mansalva, con Bellatin y la inminente Pola Oloixarac reaccionando ante los paparazzis.