Edinar (Editores Independientes de Argentina) ahora tiene página.
El cielo es el límite.
lunes, enero 28, 2008
miércoles, enero 23, 2008
miércoles, enero 16, 2008
Qué premias cuando premias
Por Hernan Arias
[Suplemento Cultura de Perfil]
[...]
Y para el final, una admirable rareza: Berazachussetts, de Leandro Ávalos Blacha, que obtuvo el Premio Indio Rico 2007, organizado por Estación Pringles y la editorial Entropía para escritores residentes en la provincia de Buenos Aires. Berazachussetts es, ante todo, una novela de aventuras, extremadamente audaz y divertida, que empieza cuando cuatro viudas que pasean por un bosque encuentran a una zombi obesa que parece haber sido violada. Con una frescura que nos remite a Alicia en el país de las maravillas, durante la primera parte de la novela las anécdotas se suceden de manera vertiginosa y descolocan al lector, abriendo nuevas expectativas y clausurando otras con una destreza narrativa poco frecuente. Como en la novela de Magnus, Un chino en bicicleta, en Berazachussetts el humor también es un elemento central. Y en este sentido no es un detalle menor señalar que en ambos concursos participó César Aira de los jurados.
[Completo aquí.]
martes, enero 15, 2008
Romina Paula reimpresa

En lo que constituye la primera reimpresión de esta pequeña casa editora, el best-seller Vos me querés a mí vuelve a materializarse y reverdecer, para hacerle frente a recientes tanques como Opendoor y Berazachussetts.
lunes, enero 14, 2008
Recomendable Iosi
Yo recomiendo
Mariano Pensotti
Dramaturgo, director
[Revista Ñ]
Opendoor, de Iosi Havilio, es una gran novela que pendula entre una Buenos Aires alucinada, enrarecida pero reconocible, y el campo, por el que la protagonista es absorbida hasta encontrar una vida que quizás no es la que pensaba vivir pero por la que se deja llevar como quien se entrega a un sueño. Comienza con una chica, estudiante de veterinaria, que va con su novia a tomar algo a La Boca. La novia va al baño y ella sale a fumarse un porro con unos chicos. Cuando vuelve, su novia ya no está y a partir de ahí, la vida de la protagonista se desliza hacia lo desconocido.
miércoles, enero 09, 2008
Ávalos Blacha por Tomas
Una cuestión de perspectiva
por Maximiliano Tomas
[Suplemento Cultura de Perfil]
[...]
Berazachussetts, la novela de Avalos Blacha –donde se advierten las influencias del delirio narrativo de Alberto Laiseca, uno de los nombres mencionados por el autor en la dedicatoria del libro– es, tal vez, una de las más gratas sorpresas editoriales de los últimos tiempos. Extremadamente divertida e inteligente, cuenta los devenires de una zombie punk, de un grupo de docentes desquiciado, de la cruel lisiada Periquita y del corruptísimo Franciso Saavedra, ex intendente de Berazachussets, terreno imaginario del Conurbano donde se compra y vende con “patachussetts”, se organiza una revuelta socialista a manos de un grupo revolucionario de zombies liderado por un cantante de cumbia, y se desata una hecatombe con claras reminiscencias a la crisis social y política de 2001.
[Completo aquí.]
lunes, enero 07, 2008
Entropía vídeo
Siempre atentos a las nuevas tecnologías, ahora descubrimos el vídeo, que es muy similar a la fotografía, pero con la gracia adicional del movimiento y el sonido. Aquí, por ejemplo, vemos el momento en que Aira, Link, Carrera y Pauls le hacen entrega del trofeo Indio Rico a Leandro Ávalos Blacha, por su novela Berazachussetts, en el Rojas, hace un mes.
[Vía Orejas de conejo.]
miércoles, enero 02, 2008
Sorpresivo cambio de año y más reseñas by Q
El mundo alucinante
Sobre Hidrografía doméstica, de Gonzalo Castro
por Quintín
[...]
Esos seis libros quedaron sin leer y, desde entonces, conviví con su mirada acusadora desde la biblioteca, donde parecen un escuadrón de desheredados. Unos meses más tarde, Entropía publicó Opendoor de Iosi Havilio, una gran novela que leí y reseñé para LLP. Pero esa la compré individualmente, no formaba parte del conjunto indiscriminado inicial. De todos modos, como tenía esa reunión con Castro, me pareció una descortesía presentarme sin haber leído su libro (del 2004, demasiado tiempo para excusas) que formaba parte del sexteto postergado. Así fue como descubrí Hidrografía doméstica, la mejor novela de la nueva generación y un libro formidable. Mientras leía (una parte a la mañana en San Clemente, el final en el ómnibus), me iba dando cuenta de que había dado con un objeto literario inusual, cuyo tono está bastante bien representado por esta frase que pronuncia un personaje con un leve matiz de ironía:
Si yo pudiera asomarme siquiera a lo que es el sufrimiento, pero no, siempre estoy con esta alegría inclasificable.
Una alegría inclasificable. Y un humor en sordina que se desliza entre las palabras, con las palabras. Eso es lo que recorre Hidrografía doméstica, una novela contada por una nínfula de once años que tiene algo de Lolita, pero es más bien una criatura de Lewis Carroll que ha cobrado vida. Alguien entre Alicia y las nenas que el reverendo Dodgson fotografiaba desnudas con un discreto erotismo. La protagonista se llama Chloé —nombre tomado por sus padres de Boris Vian—, vive en un anexo de la casa familiar, tiene una amiga del alma llamada Daphne, va a la escuela, sale de vacaciones. Y se baña, se baña mucho y mira cómo se baña Daphne. A veces llora, a veces se enferma y siempre es una nena pero no es nunca infantil. Hay dos cosas que Chloé no es. No es Mafalda, aunque a veces piense cosas de adulto: de ningún modo es un vehículo para que su autor comente el mundo desde el sentido común. Hidrografía es lo contrario de una historieta, es una obra que pertenece a la alta literatura, ese universo que se identifica inmediatamente en un párrafo de Nabokov, a partir de ese lenguaje burbujeante, de esa convicción de estar tocando con la punta de los dedos la secreta y delicada trama de la conciencia, la maravilla de la humanidad civilizada. Hidrografía doméstica es un antídoto contra la rusticidad literaria imperante, contra la sordidez obligatoria de la mayor parte de la narrativa contemporánea, en especial la argentina.
[Completo aquí.]
jueves, diciembre 27, 2007
Quintín en Buenos Aires
La penúltima antología
Sobre Buenos Aires/ Escala 1:1
por Quintín
No termino de reseñar una antología de jóvenes escritores argentinos, que ya hay otras en las librerías. De hecho, esta apareció hace varios meses y ahora ya hay un segundo tomo de la colección que se inició con En celo. Algún escritor terminará publicando una antología de sus cuentos aparecidos en otras antologías. O, siguiendo la sucesión lógica de los acontecimientos, otro escritor publicará un libro de cuentos con el título: “¡Joya. Nunca antologado!”.
Lo primero que hay que decir de la edición de Entropía es que es linda, de un formato chico y elegante, con una tapa atractiva. Después del carnaval de La joven guardia y de la grosería de En celo, es reconfortante que la antología sea sobria, tenga aspecto de buen libro y no de alguna otra cosa con connotaciones juvenilistas. Lo segundo que hay que decir es que el prólogo de Juan Terranova es bueno y no sólo por lo breve. Con cierta distancia y cierto humor, nos advierte que esta gente ha llegado con el serio propósito de quedarse. Y, por último, como para marcar un contraste con los viejos (y jóvenes) carcamanes de la literatura, nos recuerda que la mayoría de los antologados tiene un blog (aunque con adecuada prudencia agrega que no sabe muy bien qué puede significar eso).
[Sigue en la Lectora.]
miércoles, diciembre 26, 2007
lunes, diciembre 24, 2007
miércoles, diciembre 19, 2007
Ojos nuevos para la literatura
[sobre Buenos Aires/ Escala 1:1, por Nicolás Raúl Correa, vía No Retornable]
Primero: Una antología que da cuenta de la mayor parte de los barrios de Buenos Aires es, efectivamente, un mapa que construye un recorrido y una multiplicidad de experiencias. Eso es la presente obra. Un compilado homogéneo que realiza el trabajo unánime de revitalizar la literatura. Y desde allí hacemos pie sobre la nueva escritura emergente que viene levantando polvo. Pero no es sólo eso. Es más.
Si avanzamos, parcialmente, desde la construcción de los personajes que plantea La calle de los maniquíes de Federico Levín, veremos que, casi como un calco, las experiencias se repetirán hasta el final de la antología, aunque con las sorpresas necesarias que puede darnos Oliverio Coelho en “Diario de Boedo”, o “Animetal” de Leonardo Oyola y hacia el final “Walter y el perro dos narices” de Juan Incardona. El resto de las obras cumplen y trazan la misma línea: Personajes que describen puntos y referencias a lugares ejemplares de Buenos Aires como Palermo, o Parque Patricios o Retiro, que en sí mismos son bastante meritorios por su tradición, para elevar al creador. Por eso he dicho que revitaliza la literatura, ese es el trabajo de estos jóvenes escritores, darle un nuevo sentido a lo cotidiano y a su vez, fuerza a nuevas generaciones. Lavarle la cara al entramado de historias que golpean lo cotidiano y habitual, despejar el campo para volver a barajar las posiciones de la realidad de los escritores.
Segundo: “First the First” diría Animetal. Lógicamente, es inevitable pensar que una antología supone riesgos inevitables. Riesgos económicos, seguramente. Riesgos de que muchos lectores huyan despavoridos, aunque no es el caso por dos motivos: El primero simplemente, por que no todos los escritores que participan de la obra son desconocidos y segundo, porque la lectura de uno de los cuentos, supone la necesidad de la lectura del próximo (y esto se observa en la calidad de los trabajos) por naturalidad, por sorpresa, por sentido ilativo, por mera curiosidad. Considerando el riesgo que supone realizar una antología, destacamos que esta viene a reivindicar el pensamiento que supone dicha recopilación y es en la unidad temática que propone, donde gana crédito. No se pierden los nombres porque sin ir más lejos, la temática misma, los ata a un recuerdo, a un barrio. Buenos Aires/ Escala 1:1, gana en todo el sentido de la palabra, porque aprovecha el total de sus páginas para resemantizar el recorrido de las maquinas, de los colectivos, ese recorrido que todos hacemos a diario o hicimos: Los barrios. No hay perdida.
Entrando en la cueva donde moran los textos que pronto añadiremos a nuestro inconsciente, cuando al pasar por Jean Jaures y Corrientes o por el Bajo Flores recordemos ese nombre que va a titilar y nos traiga a cuento una historia joven, de un joven escritor. Entrando en esa cueva, donde Leonardo Oyola nos recibe con “Animetal”, nos recibe y no deja que confundamos un Japonés con un koreano, porque es bien Koreano, allí el sentido de pertenencia es tan grande como la antología misma. El saber y la experiencia de los personajes llevan de la mano entre la realidad del barrio, entre las verdades que encierran los paraguayos y las otras vicisitudes de una noche cualquiera. Pero la pertenencia es insalvable. “Híbrida” dirán, porque el personaje es un Koreano, “No” podemos responder, porque lo que se renueva y resuelve es toda una imagen y una geografía.
Y una geografía es la que dará Oliverio Coelho en las andanzas por Boedo y la construcción que realizará en cada bar donde deposite su presencia. Porque en cada lugar donde se detiene esparce las entrañas de su ser y allí queda el creador. Es el autor que merodea las calles y con cierta nostalgia revive, a modo de diario personal, las hazañas de un andar lleno de vida. Es la nueva ciudad la que se descubre, la mítica que va a dar cuenta de sus rarezas y novedades.
Entonces, como una ráfaga, “La traición de Calubio” de Maximiliano Tomas, recordará las traiciones más añejas, más esperanzadoras, más redentoras. Es la traición de un hombre y de un problema que parece no tener solución pero encuentra su salida, indefectiblemente, en el áspero cruce con la memoria. Es la fuerza de lo impensable ante la humanidad de la inocencia, del joven que confía y muchas veces no premedita.
Tercero: Eso es nuestra antología Buenos Aires/ Escala 1:1. Los barrios por sus escritores, un acerbo de jóvenes promesas (y presentes realidades) que avanzan sobre un campo ya construido, ya prestablecido y quizá algo añejo, que pide a gritos se devuelva su inocente mirada. La lectura de la obra nos presta sus ojos nuevos y nos recuerda las sensaciones que se pueden tener, las nuevas miradas de nuestra geografía y de nuestra literatura.
Entonces, cuando lleguemos al final de las líneas, cada personaje tiene una historia real que quedará inmortalizada en los anales de un barrio, de unos nombres que se mezclarán para dar cuenta de una época y de que algo naciente se venía dando, algo que hoy, es presente. El escritor que es personaje y que es un barrio.
Cuarto: Una antología. Un barrio único. Ojos nuevos para la literatura.
martes, diciembre 18, 2007
Social & familiar
Hoy martes, a las 19:30 hs, en Appetite, Diasdorados (de Valentina Liernur): performance/suceso con Ariel Farace, Esteban Bigliardi, María Villar, Julián Tello, Julián Larquier y Romina Paula, entre otros.
Chacabuco 551, San Telmo.
Que no falte nadie.
Salvo, bueno, Sebastián Martínez Daniell, que para evitar el amontonamiento de gente y poder excusarse elegantemente tuvo la precaución de tener un hijo esta misma mañana.
lunes, diciembre 17, 2007
viernes, diciembre 14, 2007
miércoles, diciembre 12, 2007
Get in the ring
Esta tarde, a las 19:00, en el Malba (auditorio "Kite Surf"), la señorita Sonia Budassi dialogará amenamente con Rodolfo Fogwill. Es gratis.
martes, diciembre 11, 2007
lunes, diciembre 10, 2007
Indio Rico x 2
El vino del indio rico [vía revista Enie]
Cinco botellas de Vasco Viejo y vasitos de café de plástico esperan desde temprano a que termine el acto y empiece el brindis, y que se brinde por el ganador del premio de nouvelle Indio Rico, entregado por Estación Pringles, "una sociedad flexible y móvil destinada a revelar situaciones culturales mínimas", presidida por Arturo Carrera.
El premio consiste en un afiche, que es en realidad un símbolo porque lo que ofrece Indio Rico es la atención de tres escritores -en este caso, César Aira, Daniel Link, Alan Pauls-, en un libro y su publicación a través de la editorial Entropía.
El texto elegido se llama Berazachussetts y en su gran noche su autor, Leandro Avalos Blacha, se sienta tembloroso frente a su público para leer, de unas hojas sueltas, partes de su obra. Nervios de ganador, los papeles se le desordenan y una sutil sonrisa surge de la mesa, donde está acomodado el jurado. Después, abrazos de familia y vino en vasitos.
EL DISCÍPULO [vía Paparazzi]
En el Centro Cultural Ricardo Rojas se entregó el premio literario Indio Rico al joven escritor Leandro Ávalos Blacha por su novela Berazachussetts, que será publicada por la editorial Entropía. Impulsado por el proyecto cultural Estación Pringles, el certamen contó con un jurado exquisito: César Aira, Alan Pauls y Daniel Link, quienes eligieron a la novela premiada por unanimidad. Cuando recibió el premio, Ávalos Blacha agradeció a su maestro literario, Alberto Laiseca, que observaba el acto mezclado entre el público. Entusiasmado, el escritor galardonado leyó varios capítulos de su libro -mientras Laiseca sonreía y jugaba con sus bigotes- hasta que los aplausos lo interrumpieron para dar paso al vino de honor. Se anunció que el jurado de la próxima edición estará integrado por Ricardo Piglia, María Moreno y Edgardo Cozarinsky.
jueves, diciembre 06, 2007
I used to love her...
Este sábado, 20 hs., penúltima función de Cien pedacitos de mi arenero, de Laura Fernández (en breve por Entropía).
En Apacheta, Pasco 623.
Vayan y desborden las instalaciones.
miércoles, diciembre 05, 2007
El que tuvo sed
["Besos", texto leído por Iosi Havilio en el ciclo Confesionario]
A los trece años me agarró la costumbre de darle besos a una botella de Criadores antes de ir a la cama. Besos al pico enroscado, besos de lengua, profundos, y ahora que lo pienso, más cerca del sexo oral que de los besos de boca. En la oscuridad de mi cuarto, con los ruidos de la avenida corriendo cuatro pisos abajo, se había convertido en un rito íntimo, casi una cábala. Incluso a veces, que ya me había acostado, la garganta me ponía en alerta negándome el sueño porque no había corrido ese trago de whisky caliente que la dejaba ardiendo por un rato. Entonces me levantaba, daba los tres pasos que me separaban del baúl verde, corría las frazadas, descartaba la enorme caja del tren eléctrico brasilero, y a ciegas, reptando con la mano por la pared del baúl, atrapaba por el cuello la botella de criadores que me esperaba siempre fiel. Le daba unos chupones, de pie, y quedaba entonado para esas primeras pajas torpes.
En casa no se tomaba alcohol, mamá tomaba otras cosas, más contundentes, por eso, cuando alguien venía a comer o algo, se traía una botella, casi siempre de vino blanco. La que no se despegaba nunca de su vaso de whisky era María Ester, una pintora amiga de mamá que se traía su propia botella y al irse la dejaba en la vitrina de un aparador del comedor, para la próxima. No sé mucho cómo, pero de tanto pasar, de tanto ver ese envase retacón con su líquido dorado, cada vez que entraba o salía de mi cuarto, un día me la apropié. Eso fue lo primero que hice, apropiármela, y esconderla en la baúl verde, que ya funcionaba como mi cofre vicioso, porque ahí también guardaba, en un pequeño bolso azul acolchado, de club, mi modestísima colección de revistas quasi porno, revistas con mucho relato y pocas fotos, revistas de bolsillo que por eso mismo, por su tamaño, por su sobriedad, me había animado a comprar.
(Sigue en nuestro patio trasero)




