jueves, julio 31, 2008

Paddle: ¿juego o deporte?

[por Quintín, vía LLP]

Paddle de Sebastián Martínez Daniell (cuento de 1:1, de mondadori)

Este cuento marca una ruptura con el resto de la antología. En el transcurso de estas reseñas hablamos —el 92% en broma, abro el paraguas en vista de la inminente presentación del lunes— de sociología y de sociólogos. Pero este es el primer caso en que el autor se separa de la intención más o menos explícita de sus colegas de retratar la sociedad argentina de los noventa en términos no muy lejanos a los del periodismo. Creo que Martínez Daniell logra introducir aquí una concepción y un uso distintos de la literatura.

Y eso ocurre a pesar de que el tema del relato es una de las modas más reconocibles e irrelevantes de los noventa (más bien de los ochenta): el juego del paddle. Pero Martínez practica con ese juego (llamarlo deporte sería claramente un exceso) un doble distanciamiento. Por un lado, ensaya una reflexión filosófica de tono paródico, un lamento por la adicción del protagonista a perder en esa actividad innoble.

El tenis como representación inofensiva de la matanza bélica. Y el paddle como mueca plagiaria del tenis. Que yo no sea capaz de pelear una guerra parece atendible. Que no pueda ganar en la contienda mínimamente auténtica de un digno deporte fundacional ya comienza a revelar visos de debilidad en mi carácter. Pero que ni siquiera sea capaz de ganar al paddle es vergonzoso. Que no pueda demostrar una mínima pericia en el terreno más deprimido de la topografía del quehacer humano… Ignominia.


Es cómico el párrafo y hay otros en el mismo tono. Incluso más falsamente pretenciosos, con citas y referencias de índole histórica y literaria:

Para entonces, la Real Academia Española ya había cedido a los encantos de la bestia. El paddle figuraba en las páginas sacrosantas del departamento monárquico de la lengua como “pádel” y los guardianes del léxico imperial, al menos, hacían propio el destino. Sin embargo, lejos de allí, la admonición de John William Cooke se hacían carne en los letreros sudamericanos. “En un país colonial las oligarquías son las dueñas de los diccionarios”. Nadie escribiría “pádel” en esta orilla del océano. El deporte permanecería eternizado en el redil de la anglofilia argentina. Junto a las estaciones del ferrocarril y los carteles de los frigoríficos.


Pero estos monólogos, que de a ratos parecen una caricatura de los de Persio, el esotérico personaje de Los premios, no es la única innovación que aporta Martínez Daniell, ni es su única vía de salida del costumbrismo ambiente. Si en sus divagues existenciales sobre el paddle le escapa por arriba, hay otra dimensión del cuento que intenta una fuga más intimista y subterránea. Los monólogos se intercalan con fragmentos de un relato que se inicia cuando el protagonista, Dardo, vuelve fatigado de sufrir otra derrota al paddle y se dobla un tobillo. De allí va a parar al hospital de donde lo rescata su madre para llevarlo a misa. Hay algo raro en el personaje que, por un lado, ronda la treintena pero, por el otro, tiene comportamientos propios de un chico, incluyendo esa curiosa relación con la madre.

También disfruta mucho la parte (de la misa) en que el Padre Carlos pide que la gente se dé fraternalmente la paz y todos se saludan. Primero le da un beso a mamá y después busca a todos los que están alrededor y les da besos sonoros, porque cree que es de buen cristiano hacerle notar al prójimo todo su entusiasmo.


Hay un acento muy personal en esa parte de la historia. El contraste entre pensamientos que revelan lecturas sofisticadas y el esbozo de una relación familiar tortuosa e intrincada le da al cuento un tono verdaderamente original, una marca joyceana tan ajena a las influencias del resto de la antología. La superposición entre excesos discursivos y carencias afectivas hace pensar incluso que el cuento se ocupa de dos etapas distintas en la vida de Dardo, como si al sufrir el golpe en el tobillo volviera de algún modo a la infancia.

Pero hay más. Hay algo raro con la identidad del narrador. El cuento está escrito en primera persona por un supuesto testigo de las peripecias de Dardo. Ese narrador nunca usa la palabra “yo” y solo interviene para marcar su presencia, siempre mediante la misma frase:

Dardo me mira y me dice:

El personaje, que en un principio parece un amigo de Dardo, se va perfilando como un fantasma, ya que no demuestra tener identidad material en la ambulancia, el hospital o la iglesia y no se relaciona con los otros personajes que van apareciendo. Pensaba en esta curiosidad cuando di con Semana, la novela de Martínez Daniell que hace tiempo intento leer pero nunca encuentro la oportunidad (y que ahora habré de leer sin duda alguna). El libro se compone de fragmentos disjuntos y en uno de ellos leo al azar:

Afortunadamente nunca tuve un hermano. De haberlo tenido, él hubiera sido el favorito. No sólo el favorito de mis padres, sino también mi favorito. ¡Qué entrañable, qué simpático, y qué lúcido es ese hermano que nunca tuve!


Es posible que la narración de Paddle esté a cargo del hermano invisible de Martínez Daniell.

lunes, julio 28, 2008

El peor

[vía Lalaurette]

"Paddle", por Sebastián Martínez Daniell (cuento de 1:1, de mondadori)

El peor cuento de la antología por varias cabezas. Un incidente trivial (la torcedura de un tobillo) le sirve a Martínez Daniell para encajarnos a un personaje que habla en cursiva y que parece tener dos variantes principales de discurso: decir "Me torcí el tobillo" y explicarle a un oyente anónimo, que desde bastante temprano adivinamos que es Dios (!!!), el origen del paddle, su apropiación por Europa y su regreso a América transformado en otra cosa, las implicancias filosóficas de esto, la relación entre guerra y deporte... todo en un tono didáctico insoportable, tedioso, que los profesores pedantes suelen emplear en sus clases pero que sólo a un mal personaje de ficción se le ocurriría emplear en un diálogo íntimo con el Creador, suponiendo que exista. Infumable.

lunes, julio 14, 2008

Sobre Requena y sus discípulos

[por: Juan Terranova, para HiperCrítico]

Requena es la primera novela de Alejandro García Schnetzer. Breve, bien escrita, de trato educado con el lector y sus personajes, el libro, editado por Entropía, cuenta la relación de un filósofo de barrio y erudito reo con un grupo de jóvenes aspirantes a poetas. Aunque incomodan algunos deslices dolinescos, la historia está bien organizada, es ocurrente y se deja leer. Al mismo tiempo, también sirve como base de lanzamiento de algunas ideas menos candorosas.

Biografía apócrifa
¿El ambiente que se teje entre los párrafos de Requena recuerda ineludiblemente a Macedonio Fernández? Sin duda. Ayudado por el la historia de la literatura universal, el relato que construye García Schnetzer es simple. Después de una entrada llena de épica canyengue donde aparece leyendo el Martín Fierro en sánscrito, Requena se queda en el bar y los poetas del barrio le adjudican el lugar de tutor. Con guiños de todo tipo, él les enseña el valor de la arbitrariedad, el poder del error, la irreverencia y la desacralización del conocimiento. Así, entre metafísica de café y noctambulismos varios se desglosa la novela. Palermo es todavía arrabal. La bobería de la admiración va a y viene. Y es predecible que se cite a Kropotkin, a Büchner y a Brahma. Hasta acá todo bien.

No existir es más literario que existir
Una de las ideas fuertes del libro tienen que ver con el remanido tic tardo-borgeano que dicta que si uno quiere ser escritor, es mejor no escribir: la sustracción antes que el aplomo. Así, Requena escribe poco o nada, oculta lo que escribe, y su obra queda en los márgenes de los libros que subraya. Es, sin lugar a dudas, un maestro socrático. Y su prédica no es rara, si no más bien coherente, porque nadie se anima a cuestionar, a esta altura, la determinante influencia del silencio. Sin embargo, esta apología de lo liviano, de lo etéreo, de la sospecha antes que la confirmación, rápidamente empieza a encubrir, a veces la pereza, y más a menudo la imposibilidad. ¿Es acertado hacer de las limitaciones personales una ética? La operación tiene ribetes románticos pero también nefastos. El enunciado “podría haber sido un genio de las letras pero prefirió regar las plantas y pasar el tiempo con los muchachos en el café” cae simpático la primera vez. Pero no paga alquileres y puede esconder narcisismos de prédica purulenta. Requena entonces también es un recorrido por las manías, las taras y las afectaciones literarias que prevalecieron en el siglo XX argentino.

Anacronismo
¿Cómo leer el deliberado gesto anacrónico de Requena? Hay muchas formas de hacerlo. La principal tiene que ver con la defensa de una ideología estética que arma rápidamente parnaso y tradición. (Lo nombres y las filiaciones son evidentes: Borges, Florida, las vanguardias de los años 20, el futuro grupo Sur, pero también Caras y caretas, la bohemia, Shakespeare y Nietzsche.) Pese a esto, Requena se deja leer con placer por el lector que no comparte en absoluto esa ideología, mezcla de biblioteca y nostalgia. Por momentos, la prosa de García Schnetzer suena como esos discos de jazz en estilo que reproducen la música de los años treinta, cuarenta o cincuenta, pero fueron grabados en el 2000. La fritura del disco de pasta no se percibe, pero los timbres, las melodías y los fraseos son los mismos. ¿Por qué negar que algunos de estas remakes pueden producir un raro placer estético? Insisto, hay humor inteligente y buenas lecturas en Requena, y eso vale. Aunque me gustaría dejar sentado que el libro ganaría si sobre el final de la vida del maestro, los discípulos entendieran que la ética de la diletancia es una verdad juvenil, fácil y torpe. Más bien un estilo que una verdad. Arrimo un solo dato. El libro empieza en 1929 y se estira hasta la muerte de Requena en el mismo año 33 que murió Yrigoyen. El simpático recuerdo de Sarmiento dándole de comer a unos patos no alcanza. Los jóvenes filósofos de bar, que relativizan la realidad y el tiempo, van derecho a chocar contra la revolución política y cultural del peronismo.

lunes, julio 07, 2008

Requena's profile

[por Eugenia Zicavo, vía diario Perfil]

Como los jóvenes de aquella foto de principios del 30 en la que Julio Cortázar aparece al frente de un grupo del Mariano Acosta: así son los personajes de Requena. Muchachos atildados de peinados prolijos que ya en su primera juventud no parecían jóvenes (tan a contramano de las nuevas generaciones, juvenilizadas al límite). Ni ensayo, ni cuentos, ni novela, Requena es una suma de fragmentos que la editorial Entropía -que con paciencia y buen juicio viene ampliando un catálogo de lujo- optó por publicar como “apostillas”; menos de cien páginas en las que Alejandro García Schnetzer, argentino radicado en Barcelona, presenta a su protagonista, un erudito “santón de barrio” de principios del siglo XX que vaga por Buenos Aires junto a un grupo de jóvenes aspirantes a escritores que lo adoptan como maestro.

En su ópera prima, García Schnetzer va conformando el perfil de Requena a partir de anécdotas cotidianas, desde que los jóvenes lo encuentran leyendo una versión del Martín Fierro en sánscrito hasta que lo visitan en su lecho de enfermo y le preguntan “¿qué le duele?”, a lo que Requena responde: “El teatro de Alberdo. Las rimas de Gracián. Mi noche triste, de principio a fin”. Plagada de citas de autores del siglo XIX y principios del XX, Requena es un libro anacrónico que no parece haber sido escrito por un autor que apenas pasa la treintena, inspirado en las lecturas de Juan de Mairena de Antonio Machado, el responso de Borges sobre Macedonio, Fray Mocho o Silva Valdés.

A pesar de que muchos giros del lenguaje pertenecen a otros tiempos, cada fragmento de Requena bien podría funcionar como entrada de un blog extemporáneo, con ese estilo coloquial y segmentado de aquello que se escribe para compartir entre amigos, de lo que se pone en palabras para dejar registro, para salvar del olvido.

viernes, julio 04, 2008

eXistenZ

Aquí estaremos. Presentes y representados.

"¿Existen las editoriales independientes en Argentina?"
Una conversación abierta entre autores y editores

¿Qué es una "editorial independiente"? ¿Cuáles son las características que la definen como tal? ¿Existe la "edición independiente"? ¿Independiente de qué? El surgimiento de nuevas editoriales pequeñas -que rápidamente recibieron el nombre de "independientes"- marcó el formato hasta ahora inédito que adquirieron numerosos aspectos claves de la industria del libro: la relación de los editores con los autores, con la crítica literaria y con las editoriales poderosas. Una nueva batería de conceptos surgió para explicar la "independencia": bibliodiversidad, gestores culturales, etc.; también para explicar las nuevas formas transnacionalizadas de las editoriales automáticamente reconocidas como "grandes", referencia inevitable en la construcción identitaria de sus contrapartes "independientes".

Viernes 4 de julio
18:00 hs: Apertura
19:00 hs: Mesa debate con Juan Calcagno (El Andariego), Miguel Balaguer (Bajo la Luna) y Victor Redondo (Último Reino). Coordina: Juan Terranova

Sábado 5 de julio
17:00 hs: Mesa debate con Hernán Vanoli (Tamarisco), Damián Tabarovsky (Interzona) y Gonzalo Castro (Entropía). Coordina: Javier Alcácer

19:00 hs: Lectura The Power Trío Special. Julián Urman, Lucas "Funes" Oliveira y Joaquín Linne.

20:00 Vino de Cierre.

Organizan: Grupo Campichuelo y Sociedad de Escritores y Escritoras de Argentina.
Auditorio Francisco Madariaga de la Sociedad de Escritoras y Escritores Argentinos. Bartolomé Mitre 2815, 2º piso.

lunes, junio 23, 2008

Confesionario

Leen: Sonia Budassi, Manuel Esnoz.
Música: Rosario Bléfari.
Confesora: Cecilia Szperling.

Martes 24 | 20.30 hs.
sala Abuelas de Plaza de Mayo.
Entrada gratuita

miércoles, junio 18, 2008

Lectoescritura en Casa Brandon


















Nos invitan acá.

"Hombres, Hombres, Hombres"
Ernesto Mallo/ Juan Rearte/ Sebastián Martínez Daniell/ Pablo Keyes/ Alan Pauls/ Matías Pailos/ Ignacio Mastroleo.

Jueves 19 de junio
21 horas
Luis María Drago 236

martes, abril 29, 2008

Berazachussetts

[por Nicolás Pose, vía No Retornable]

Berazachussetts, ganadora del premio Indio Rico, con un jurado compuesto por César Aira, Daniel Link y Alan Pauls, es una novela original no por la historia en sí, sino por el tratamiento ficcional que el autor logra con la realidad. Ávalos Blacha distorsiona el universo real del conurbano para entregarnos una novela con matices cómicos y crítica social al mismo tiempo. Sin embargo, no falta lo bizarro y lo grotesco gracias a los personajes que aparecen en el relato, como Trash, la zombie obesa, o Periquita, la ídola de Berazachussetts, una paralítica que tiene un monumento en la plaza principal de esta localidad tan particular.

El relato comienza con un grupo de amigas solteras que viven juntas: Dora, Milka, Susana y Beatriz. Pero todo cambia cuando ellas conocen a Trash, una zombie que come carne humana. Desde la aparición de Trash la novela se mantiene en un movimiento constante, contando a la vez historias independientes y disparatadas a medida que sigue a sus protagonistas, como Trash, Dora, Francisco Saavedra-el ex intendente de Berazachussetts-, Milka y Periquita. Por esa característica, es una novela coral donde no existe un protagonista único, y lo que interesa es lo que está ocurriendo en el universo de Berazachussetts.

Los personajes son todos grotescos, porque siempre quieren ser lo que no son: así Dora, una mujer vulgar-por no decir “cabeza”-termina saliendo con Francisco y se cree fina, para luego redecorar su mansión elegante y transformarla de acuerdo a su gusto “grasa”. Posteriormente, ella armará una banda de cumbia. Así Arévalo, el hijo de Francisco, que critica a su padre por salir con una “negra”, termina haciéndole el amor a Periquita, la paralítica, en una escena del todo grotesca. Pero no sólo los personajes no son lo que quieren ser, porque en Berazachussetts existen recámaras frigoríficas que albergan pingüinos para que la ciudad luzca más “invernal”. Por otro lado, los nombres de lugares que aparecen en el relato delatan una geografía conocida por todos nosotros, como el Rin del Plata, Ezpeletámesis, Lomas de Zamibia, Cambollaneda, etc.

En sintonía con el tono bizarro de la novela -por sus personajes-, se suceden muertes que son contadas con una naturalidad que marca el tono desenfadado del narrador, al mismo tiempo que lo bizarro y lo grotesco nunca dejan de marcar a los episodios trágicos. El tono de lo que se narra nunca es realista, y tal vez esta sea una de las características de muchos de los relatos que nos brindan hoy en día los nuevos escritores argentinos, más cercanos a urdir la ficción de lo real con libertad y desenfado que con un tratamiento rigurosamente realista. Así el jurado que premió a la novela dice que el relato “conecta con las más desenfadadas tendencias de la literatura actual, reclama una reflexión sobre las complejas y muchas veces absurdas relaciones entre realidad y mundo social. (…) Tritura las convenciones del género, y hace coincidir los motivos más emblemáticos de la cultura chatarra de nuestros días con la geografía del conurbano bonaerense (…)”.

El final del relato, lejos de mantener la tónica de otras novelas, tiene ecos de lo que sucedió en aquel fatídico 2001. La ciudad asiste a su fin gracias a una invasión de zombies, hecho que le imprime un final apocalíptico al relato, al mismo tiempo que refuerza el constante tono bizarro de la novela como modo de ver, analizar y criticar la realidad argentina, plasmada a lo largo de todo el universo que configura Berazachussetts.

miércoles, abril 23, 2008

martes, abril 22, 2008

Palmarés Bafichi 2008

El premio de “Mejor película” fue para “Unidad 25”, de Alejo Hoijman, una co-producción argentino-española-francesa sobre un pabellón carcelario únicamente habitado por creyentes evangélicos, en la cárcel de Olmos. El jurado expresó que la eligió “por su buen desarrollo de una narrativa clásica sobre la condición social”.
La distinción como “Mejor director” le correspondió a Gonzalo Castro por “Resfriada”, que según el dictamen del jurado plasma allí “una sutil y sofisticada manera de traducir ideas cinematográficas en una primera película”.
Además hubo “Mención especial” para “süden”, de Gastón Solnicki, “por su afectivo y modesto retrato sobre el proceso y la creencia artística”; y Premio Especial del Jurado Kodak - Cinecolor Argentina para “Historias Extraordinarias”, de Mariano Llinás, “por lograr un tributo audaz al poder redentor de contar relatos”.

jueves, abril 17, 2008

Retrato de una ciudad extraña

[Reseña de Berazachussetts, por Guido Carelli Lynch, vía Eñe]

Así como García Márquez deformó la realidad de la caribeña Aracataca para esconderla y alumbrarla por la eternidad detrás del más increíble Macondo, Leandro Ávalos Blacha distorsiona en Berazachussetts la sordidez y la malaria del postergado conurbano bonaerense a través de un tono hilarante y cáustico.
A través de la historia de cuatro amigas y docentes retiradas, una zombie punk y la fauna de esta ciudad a la vez posible y fantástica, este joven narrador (28 años), discípulo de Alberto Laiseca, no abandona el ritmo ascendente de sus provocaciones, que sirven para rememorar la eclosión social de diciembre de 2001. Ávalos Blacha pone en juego y con éxito la coherencia íntegra del texto al retratar de manera independiente las historias siempre entrlazadas de los habitantes de Berazachussetts. Los pormenores del caudillo Saavedra acosado por el fantasma de su ex mujer y por los modales de su nueva amante, las estrategias manipuladoras de la lisiada heroína de la ciudad, Periquita, y el misticismo apocalíptico de Noé González son los engranajes de este genuino y deformado retrato de las complejas relaciones sociales que ofrece la frontera del sistema con el universo de los excluidos.
Sin embargo, los guiños autorreferenciales acaban, en ciertos momentos, por minar la efectividad del humor que se impone con semejantes personajes. La meca del cine de Pehuajollywood, la despreciable moneda –los patachussetts– y hasta Lía Crucet y Sandra Smith a la cabeza de un nuevo grupo de cumbia, son recursos más efectistas que efectivos.
La estructura de esta novela breve facilita una lectura ávida y particularmente lúdica. Esa conquista del flamante ganador del premio Indio Rico, del que fueron jurados Alan Pauls, Daniel Link y César Aira, no oscura la áspera y trillada verdad de una realidad cercana e inverosímil que supera a fin de cuentas la más imaginativa de las ficciones.

lunes, abril 14, 2008

Artificios de superficie

[Reseña de Berazachussetts, por Jorge Consiglio, vía ADN]

Ya en la primera escena de Berazachussetts , novela con la que Leandro Ávalos Blacha ganó el Premio Indio Rico 2007 cuyo jurado estuvo integrado por César Aira, Daniel Link y Alan Pauls, se evidencia la clave que será el punto de apoyo del resto del texto. Hay cuatro amigas que caminan por un bosque con la idea de tomar unos mates y que descubren a una gorda punk semidesnuda, inconsciente, apoyada contra un tronco. Formulan hipótesis sobre cómo pudo haber llegado a ese lugar. Una de las amigas le saca fotos. Finalmente deciden llevarla al departamento que comparten. Más que la voz del narrador son los hechos mismos los que sostienen la figura que impondrá el rumbo de lectura: el sarcasmo. Un sarcasmo que, para encontrar sus raíces, abrevará en un grotesco que se asienta en la inmediatez y en lo "bizarro", rasgo que será explorado con esmero en la trama.

Luego del hallazgo de Trash, la gorda punk, el foco de la acción se abre en cuatro líneas y se corresponde con el destino de cada una de las amigas. Estos diferentes rumbos se suceden como fragmentos que establecen un ritmo sincopado pero, como el hilvanado de la historia no reporta complejidad alguna, el resultado es una sustancia narrativa abierta, de lectura fluida y ligera. Este recurso favorece la tensión de la intriga. Aunque velado, el escenario de la novela es reconocible, sobre todo por los nombres distorsionados de las localidades en las que transcurren los hechos: Berazachussetts, las playas de Burzacapulco, Tolosaka, las aguas del Ezpeletámesis, Lomas de Zamibia, Longchamps ...lysée. La acción parece tener lugar en el sur del conurbano bonaerense; lo notable es que el germen de esta incerteza se vincula con el modo en que el relato desdibuja o retuerce toda referencia precisa para alejarla de su eventual modelo. El universo ficcional, entonces, adquiere una cotidianidad extrañada. Todos los personajes de la novela de Ávalos Blacha son planos y no logran escapar de la rigidez impuesta por una férrea tipología. La gorda punk, de la que en seguida nos enteramos de que se trata de una zombie antropófaga, funciona como disparadora de los destinos de los otros personajes. La elección de esta clase de personajes, cuya entidad remite al maniqueísmo propio de las historietas, no es casual ni arbitraria sino que aporta un ingrediente más a la estética que sostiene el texto y que se completa con dos aspectos: la relación del poder con el abuso y la crueldad, y la miseria como espectáculo.

Berazachussetts es, en suma, un ejercicio narrativo con más herencia cinematográfica que literaria. Un ejercicio que, más allá de los giros de su artificio, no logra encontrar el resorte indispensable para alejarse de la más absoluta superficie.

viernes, abril 11, 2008

Tres primeras novelas

[por Damián Tabarovsky para Perfil]

En los suplementos culturales es muy común encontrar la frase “la última novela de…”. Puestos a ser escrupulosos, habría que decir “la novela más reciente”: es prematuro como para saber si realmente será la última. Pero ese equívoco semanal tiene también consecuencias interesantes. Nada me es más afín que la idea de pensar que una novela (escrita por mí o por otro) puede llegar a ser la última. No por un sentimiento de muerte cercana (que además no resolvería el problema: de los escritores muertos casi siempre se termina publicando algún texto póstumo) sino por experimentar la sensación de que la literatura es una actividad de paso, siempre a punto de ser abandonada, de ser reemplazada por algún otro pasatiempo. Me gusta pensar que una novela puede ser la definitiva, la terminal, la última. Lo que equivale a decir la primera. Toda primera novela vale como última y viceversa; en ese par simétrico reside buena parte del encanto de la literatura: su carácter juvenil, inacabado, informe. Apuesto siempre por el principio y por el final del camino, hasta llegar al punto en que ya no hay camino. Como decía José Bergamín, el camino se hace huyendo del camino.
Ultimamente leí tres primeras novelas recientes. Extraordinarias las tres, como corresponde. La primera es Opendoor, de Iosi Havilio, publicada por la editorial Entropía. Ambientada en el borde, en una especie de tierra de nadie, en el instante en que la ciudad deja de ser cuidad pero que el campo no es todavía campo, un poco como esa idea de Gramsci sobre lo viejo que no terminó de morir y lo nuevo que no terminó de nacer, la prosa de Havilio expresa esa ambivalencia: la errancia de los personajes no da cuenta de ningún malestar metafísico, sino que esos desplazamientos funcionan como encarnaduras, como marcas en un texto que hace de la atmósfera abstracta su sentido principal. Es magistral cómo Havilio conduce los tiempos y los tonos de una operación tan compleja. Excepto en el último capítulo, donde el autor decide cambiar: un desenlace entre kitsch y alegórico, que rompe innecesariamente con la tensión perturbadora de las 185 páginas precedentes. Pero más allá de ese detalle, es muy difícil no leer Opendoor como una de las mejores novelas de nuestro tiempo.
A diferencia de Entropía, no es habitual que las editoriales grandes publiquen primeras novelas. Mondadori acaba de hacer una excepción con El tridente, de Diego Sasturain, y se entienden las razones: es una gran novela. Partiendo de un primer capítulo introspectivo hasta desembocar en una trama de peripecias levemente absurdas, la narración pone en cuestión la distancia entre el adentro y el afuera de la conciencia, entre la percepción y la acción, entre lo real y su representación. De manera velada, El tridente puede leerse como una ironía sobre el auge de las ciencias cognitivas y la filosofía de la mente, y de manera más explícita, como una novela auténticamente filosófica. Porque lo que vuelve filosófica a El tridente es el uso radical de la sintaxis, de la vacilación de la sintaxis: el idioma como una interrogación a tientas sobre las posibilidades de aprehender lo real.
Finalmente, El carácter Sea Monkey, de Daniel Riera, editada por Eloísa Cartonera. Un asalto a mano armada dispara una narración donde el miedo está siempre presente y donde la prosa se juega en un talentoso ejercicio a alta velocidad. En un momento el texto dice: “Medio de casualidad, descubrí hoy…”. Poco importa lo que haya descubierto. La clave está en “medio de casualidad”. El carácter Sea Monkey explora a fondo las potencialidades del azar, la asociación libre y la digresión, pero sin perder nunca el control del texto. La digresión sólo es interesante –como en este caso– cuando es un plan pensado, una decisión intelectual, una estrategia calculada, y no un laissez-faire que no apunta a nada.
Terminados estos tres libros, me dispongo a leer a otro escritor nuevo: Onetti.

jueves, abril 10, 2008

Terranova dixit

“Entropía tiene tendencia a publicar una literatura aburrida y ligeramente onanista.”
(Habría dicho el compilador de Buenos Aires/ Escala 1:1, aquí.)

martes, abril 08, 2008

Berazachussetts en Inrockuptibles

[por Mauro Libertella]

Hay una tentación a la hora de escribir acerca de Berazachussetts, de Leandro Ávalos Blacha, que consiste en mencionar el estupor que causa la proliferación de historias y lo abigarrado de las anécdotas que brotan de los pliegues de esta pequeña y extraña nouvelle. Y sin embargo, sería francamente reduccionista sentenciar aquello de que Berazachussetts es una novela cuyo nervio es la pura narración-quizás la palabra adecuada sea “inventiva”. Pero lo cierto es que la ganadora del premio Indio Rico es una especie de punto de confluencia en donde las más vertiginosas peripecias se imantan en amplios registros narrativos mediante los cuales se proyectan hacia la literatura. Si quisiéramos resumir la trama -un intento imposible-, nos veríamos obligados a erigir un listado de personajes, cuyos movimientos y combinaciones sólo la lectura del libro podría elucidar.

Sucede que en Berazachussetts el armado del personaje es sumamente preciso. No es fácil hacer convivir a un grupo de profesoras jubiladas, a una zombi punk caníbal, a un político corrupto y altamente perverso, a un grupo de chicos ricos con una curiosa idea de la diversión y algunos personajes más de ese nivel de excentricidad sin cruzar la línea en donde el verosímil se cae a pedazos. Y Berazachussetts lo logra con precisión quirúrgica.

Una de las claves a la hora de salvar el verosímil es, sin dudas, la decisión de situar la ficción en el pueblo suburbano de Berazachussetts, donde todo parecería ser posible o, mejor, donde todo es potencialmente literario. O el uso de la lengua: la escritura de Ávalos Blacha es un arco tensado en cuyos destellos convive el habla de la clase media y la juventud punk, la charla de café y la narración más elegante y clásica.