lunes, enero 16, 2006

"Leyenda" - Adelanto

[fragmento del artículo "Control de calidad", por Daniel Link]

(...)
Lo que Andahazi se propone –piénsese en Andy Warhol, pero sobre todo en Pierre Menard– es el objetivo más legítimo de todo gran artista: liquidar toda la historia del arte y empezarla nuevamente. El problema es que lo hace en un territorio por completo hostil al arte: la maquinaria cultural. Y ésa es la razón por la cual sus novelas no pueden leerse de acuerdo con criterios tradicionales de lo que es literatura, por ejemplo: un arte hecho –entre otras cosas– con palabras. A Andahazi las palabras le importan poco. Y mucho menos la sintaxis o la cohesión narrativa. Lo suyo es otra cosa –aunque no se sepa bien qué cosa. Pero eso no es grave, salvo que Andahazi quiera volver al territorio del estilo –y no parece ser el caso– recuperando la idea flaubertiana de la palabra exacta. Lo grave es que a las editoriales argentinas –a las sucursales argentinas de las grandes editoriales– también les importen poco las palabras y la sintaxis.
Abramos al azar la edición decimoquinta de agosto de 1998 de su primera novela, "El anatomista", que vendió noventa mil ejemplares: “Hijo pródigo de aquel mundo en la que todo (...) era de una factura prodigiosa” (pág. 34): debería decir "en el que"; “Tal como lo hiciera una mujer adulta, Ninna cerró los ojos y pasó sus labios alrededor del glande” (pág. 78): debería decir "tal como lo haría" o "tal como lo habría hecho"; “Conminaba a Filipa a omitir las partes superfluas del relato y que le dijera de una vez cuál había sido de la suerte del héroe” (pág. 88): debería decir "y a que le dijera" (y de todos modos, la construcción sería forzada). En "Las piadosas", ésos y otros errores se multiplican: el uso del giro notarial o contable “habida cuenta”, el subjuntivo como un latigazo de incertidumbre que la narración no necesita, la desdichada frase “ya no era aquél, sino su propio reverso” (pág. 65).
Esto no es una impugnación ni a "Las piadosas" ni a "El anatomista". Andahazi parece saber bien lo que hace (“Dr. Polidori, quien escriba con ánimo de trascender se interna por mal camino”, pág. 104 de "Las piadosas"), y lo que hace parece gustarle a la masa de público y beneficiar a las editoriales. Nadie podría decir que ha sentido disgusto leyendo una novela de Andahazi. Pero cualquier cliente tiene el derecho a reclamar control de calidad para su televisor o su lavarropas o su libro: ¿cómo es posible que Planeta no haya corregido la decimoquinta reimpresión de El anatomista, cómo es posible que Sudamericana, que pagó un anticipo de ciento cincuenta mil dólares por este libro, no pueda contratar a una profesora de lengua para que elimine los anacolutos y los usos indebidos del subjuntivo en Las piadosas? O es un desprecio cínico (y por lo tanto excecrable) por el público o es una deliberada manera que los editores encuentran para señalar que las novelas de Andahazi ni remotamente tienen que ver con el lenguaje y la literatura.
En "El anatomista" leemos: “Escuchad, nada más, las vulgaridades que se hablan en las plazas y las ferias y decidme en qué se diferencian esos chismes de la prosa de los nuevos «literatos» que hasta ignoran el latín y el griego: indolencia, liviandad de conciencia, anécdotas vulgares, chistes y toda clase de obscenidades, es a lo que llaman hoy literatura. ¡Alerta!” (pág. 180).
Alerta, alerta. Más allá de la precaución que significa enarbolar las palabras que cualquiera podría pronunciar sobre "Las piadosas" –indolencia, liviandad de conciencia, anécdotas vulgares, chistes–, conviene no ignorar la honesta llamada de atención de Andahazi: no tanto por el futuro de la literatura, que se resuelve en otra parte, sino por el futuro de la cultura del libro en la Argentina.

2 comentarios:

El Alberto dijo...

Injustas palabras para este adalid de la mixtura, capaz de combinar en una sola obra lo más refinado de la alta literatura con las formas más pregnantes y populares de la cultura industrial. Recapaciten.

El Alberto dijo...

Al fin alguien reconoce mis méritos como rapsoda. Les daría ya mismo un subsidio gubernamental.