Idealmente, se necesitan: un mantel geométrico, un mate de nácar, una cartuchera austro-húngara, una tijera, repasador, un almohadoncito a rayas, un patio primaveral, un gato cualquiera, una llave, y otra silla. Inténtenlo ustedes también.
miércoles, agosto 30, 2006
Así se lee Leyenda
martes, agosto 29, 2006
viernes, agosto 25, 2006
Mondo Paula
Es inminente el contrato (millonario en liras) con Einaudi, la gira de lecturas por el Piemonte, la Lombardía, el Friuli (inútil sería tratar de mercadear libros en el sur de la península, ¿verdad?, tan incivilizada), las odiosas comparaciones con Melissa P., el éxito masivo, el millón de ejemplares vendidos, el inevitable salto hacia la pantalla caliente de la RAI, la conducción del Festival de San Remo, en fin...
¿Vos me querés a mí?
Una delle novità editoriali più interessanti degli ultimi mesi in Argentina, il romanzo della esordiente Romina Paula ¿Vos me querés a mí? (Editorial Entropia, pp. 128, € 4,43) consiste in una serie di dialoghi serrati, a cui si alternano monologhi e riflessioni introspettive, espresse con un linguaggio fresco e diretto.
La protagonista è Inesia, giovane di classe media urbana, che in queste forme esprime i dilemmi che la tormentano. Ne viene fuori quasi un manifesto generazionale: l’isteria di fronte al sesso, la sfiducia nelle utopie dei padri, paura di non farcela, paura della vecchiaia, l’angoscia di fronte al futuro, il suicidio come possibile soluzione di tutto, la relazione controversa col cinema e con la tv. Ma soprattutto ne viene fuori la fragilità, un profondo vuoto esistenziale, un senso profondo di noia e di fastidio condensato in una domanda, che è quasi una richiesta, impersonale, ampia, che non ha un destinatario preciso: “tu mi vuoi bene?”.
La reseña salió acá.
jueves, agosto 24, 2006
Pantone 363N
Hoy, a la imprenta, para la puesta en máquina de la tapa de Querida Familia: Tomo 2, como referencia de color llevamos este muñequito Jack de Apu Nahasapeemapeti, por su chaquetita verde.
A Manolo, el imprentero, le pareció que esta vez habíamos ido demasiado lejos.
miércoles, agosto 23, 2006
martes, agosto 22, 2006
Molina por Mairal (Llegás a Buenos Aires)
Gente que duerme de día
Por Pedro Mairal
Este primer libro de cuentos de Ignacio Molina tiene algo de novela. Las distintas historias están interconectadas, los personajes reaparecen en otros cuentos, vistos desde la mirada de otro. El autor sabe mostrar las relaciones mínimas que hay entre la gente: el que va al kiosco y pide algo, el que le pregunta la hora a un desconocido, el que comenta algo en la calle. El libro está hecho de todos estos cruces entre gente que pareciera que está comunicada pero que en realidad no lo está, gente que se conoce apenas de vista o de oídas, gente que habla con otra pero que está en su propio mundo, distante. Y lo interesante es que esta interconexión entre los cuentos y los personajes no es explícita, el lector tiene que armar su propio rompecabezas.
Los personajes, a pesar de su mutismo emocional, caen bien, quizá porque están respetados en su actitud de "bajo perfil"; no hacen grandes cosas, ni encarnan grandes dramas. Es gente que duerme de día, gente que se despierta y no sabe dónde está, gente que se ducha en casas ajenas, gente que se pone a pensar en otra cosa mientras alguien le habla, gente que pide delivery, gente que va al kiosco a las tres de la mañana.
En uno de los cuentos hay una chica que ve en un cartel una publicidad de unas clases de yoga. Al otro día, cuando decide volver a fijarse el teléfono, ve que sobre ese cartel pegaron un anuncio de un taller literario. Entonces anota el número igual y termina yendo al taller literario. No elige su destino, se entrega a esa especie de azar: si hubiera visto un anuncio de clases de reiki o de tarot, habría ido a reiki o tarot. Así, los personajes de Molina no pueden planear nada ni pueden ver el futuro. Intentan hacerlo pero la vida los lleva para otro lado. Los rodean asuntos domésticos, cosas a corto plazo. Viven en un presente poblado de recuerdos recientes, cositas que pasaron ayer, hace una semana, y sus vidas giran en espiral.
Esta forma de la soledad se vuelve manifiesta, casi material, cuando se trata el tema de la ruptura de una pareja, tema que está en el título mismo: "los estantes vacíos", que se refiere a ese momento cuando el que se va se lleva sus libros y deja los estantes desnudos. El autor muestra las consecuencias grandes y las consecuencias mínimas de las separaciones. Los personajes que las sufren están como catatónicos, anestesiados por el dolor de la separación. Pero lo interesante es que ese dolor no está explicado, sino que de alguna manera debe ser intuido por el lector. Lo efectivo es justamente que quien se hace cargo de las emociones es el lector. Los personajes están en piloto automático, flotando en esa vida doméstica. Y pareciera que, a pesar del dolor, la vida sigue: hay que comprar comida, hay que bañarse, hay que hablar con los demás, hay que contestarle a la gente que pregunta la hora por la calle.
Con un estilo donde predomina el "show, not tell" ("mostrar, no explicar"), un estilo que viene de los cuentistas norteamericanos, Molina deja libre nuestra silla de lectores; simplemente no la ocupa, no nos subestima, nos muestra sin explicar, para que nosotros mismos ocupemos ese lugar y nos demos cuenta de las cosas. Su apuesta es que la profundidad no debe mostrarla el autor, sino que debe sugerirla para que el lector la encuentre. La poética de Molina parece decir que lo profundo son los hechos que suceden en la superficie.
No hay palabras que suenen extrañas o demasiado literarias o culturosas. El tono natural, a veces incluso informativo, atraviesa todo el libro. Los cuentos son hiper detallistas: hay una gran suma de detalles y de observaciones de gestos, como pliegues del pensamiento. Por ejemplo, hay un chico que pasa a buscar a una chica por primera vez, caminando, y le toca el portero eléctrico. Mientras espera en la vereda, se apoya contra una camioneta, y en un momento piensa: "Ah, pero ahora va a bajar y me va a ver a apoyado en la camioneta y se va a pensar que es mía, y después se va a desilusionar", entonces se aleja de la camioneta. La suma de esas pequeñas actitudes humanas le dan relieve a cada relato, esas observaciones acertadas que hacen que estos cuentos estén vivos y resulten tan creíbles.
viernes, agosto 18, 2006
SMD 360º
El monstruo informe constituido por Mavrakis/ Galmarini/ Gostanián queda ahíto con la ingesta de Semana, de SMD. Aquí los pormenores de la faena.
Cuestiones de estado
Habría que ver – pero el análisis de las voluntades requiere un diván y no un blog – hasta qué punto S. M. Daniell entiende que la literatura consiste en dominar todos los elementos materiales de la palabra (la sonoridad, la sintaxis, el vocabulario, el ritmo de la prosa, todo ese lenguaje poético elaborado hasta no dejar ningún intersticio vacío) antes que una labor inevitablemente ligada a esa otra ficción que se llama realidad, contorno político, quehacer histórico y hasta deber cívico o intelectual.
Opto (con impune arbitrariedad) por llamarle literatura a todo lo primero y ensayo a todo lo demás. Con todavía mayor arbitrariedad, Mavrakis, coloco para lo uno y lo otro el imperativo ficcional. Entonces la literatura y el ensayo son ficción: lo que se escribe ante una carencia que, a lo sumo, para ser revelada, requiere de la inclinación rigurosa de un diván. Así que no interesa.
Pero sí interesa en Semana – suerte de Ulises donde las 24 horas se multiplican por 7 – la cuestión del tejido (que no más bien de manera “tensa” sino “complementaria”) que disponen durante tantas páginas literatura y ensayo.
{sigue aquí}
martes, agosto 15, 2006
Confesionario
Hoy a las 20:00 horas, en el Rojas, Romina Paula va a leer “Natalia [se] muere”, texto catártico escrito a medida del ciclo organizado por Cecilia Szperling. En un inevitable segundo plano, como adláteres, quedarán Guillermo Martínez y Marina Kogan.
(Todos saben donde queda el Centro Cultural Ricardo Rojas, claro, es Corrientes 2038.)
viernes, agosto 11, 2006
Contesto

Lugar: el Trocadero.
Al fondo: el engendro del ingeniero Eiffel, con los obligatorios campos marcianos.
Sonriente: Coco Puig. ¿Y a la derecha del cuadro, con gafas ahumadas, saco sport abierto y regio perfil de galán latino...? ¿Quién es? Pistas: ganó un Oscar.
(Hay un "Querida familia: 2" de premio.)
jueves, agosto 10, 2006
miércoles, agosto 09, 2006
Control de calidad
Debemos aceptarlo: nuestros lomos son muy irregulares. La saludable combinación de un guillotinado irresponsable, un layout inconsistente, y distintas enemistades sembradas entre nuestros proveedores hacen de nuestro horizonte vertical una verdadera farsa. A aquellos de nuestros lectores que tengan más de un volumen de Entropía (muchos de nuestros lectores no tienen siquiera uno), recuerden ubicarlos espaciadamente en sus anaqueles.
Mil gracias.
martes, agosto 08, 2006
Actividades para el día de hoy
Es oficial: Entropía se materializará en la presentación de los primeros libros de narrativa de Editorial Tamarisco, en una maniobra de claro espionaje industrial. De seguro propondremos trocar algunos de nuestros libros de mayor gramaje literario, de mayor pedigree (el de SMD, o el de Gzal), por la flamante y prometedora producción tamarisca.
Hojas de Tamarisco
(Hernán Vanoli, Félix Bruzzone, Sonia Budassi, Violeta Gorodischer)
Toronto no
(Leonel Livchits)
Hoy a las 20.30 hs. Bar Bartolomeo, Bartolomé Mitre 1525.
lunes, agosto 07, 2006
Hay un estante vacío
[Por Juan Pablo Bertazza, para RadarLibros]
Alguien dijo que lo más importante de una biblioteca son los espacios vacíos. Ignacio Molina, un joven bahiense blogger que ha realizado reseñas para algunos medios como la revista de crítica Los asesinos tímidos, tomó la idea para hacerla carne en lo que es su carta de presentación: un sobrio libro de cuentos. Y los quince relatos que vienen a llenar Los estantes vacíos se afilian muy claramente en esa tradición que inició Hemingway y que llevaron hasta su máxima expresión Cheever y Raymond Carver. En efecto, se podría jugar un poco y pensar que estas historias, que encuentran en el fútbol (ver el cuento “El opio de las masas”) una curiosa unidad, constituyen algo así como las variaciones argentas de dos cuentos de Carver que resumen, a su vez, los dos grandes procedimientos del autor norteamericano: “Veía hasta las cosas más minúsculas”, en el cual, por ejemplo, si pasa un avión los personajes levantan la cabeza para imaginar aquella situación a bordo, y “El visor”, con un fotógrafo que les saca el trabajo a las tarotistas al decirle a un hombre abandonado, a partir de las fotos tomadas con su Laica, por qué pasó lo que pasó y cómo van a seguir las cosas. Imaginación obsesiva y sujeta al azar y minuciosidad arbitraria y fotográfica. El resultado: las decisiones que van tomando los personajes de Los estantes vacíos, y que siguen una ilógica relación de causa y efecto. Por ejemplo, el hecho de que se gasten las pilas de un reloj es causa directa, en el mundo narrativo de este libro, de que la persiana permanezca levantada; o el ingreso de una chica a un taller literario responde, de la misma manera, a que en el lugar donde había un volante de un curso de yoga al que deseaba asistir, apareciera imprevistamente el de un profesor de literatura. En todos los casos, ese vuelco del destino, consecuencia de las singulares relaciones de causa y efecto, tiene en común la desidia. Pero la desidia de estos personajes, cuyo desgano es una lograda estrategia literaria de Molina, quien, por ejemplo, no inventa suficientes personajes para llenar todos sus cuentos, sino que deja que sus personajes (que, claro, son descriptos muy vagamente) vayan reapareciendo en distintas historias, pero no para acabar una trama inconclusa sino como un efecto del azar. Gustavo, Alejandra y Juliana aparecen en varios de los cuentos, aunque sin que se los nombre siempre, como quien infringe a medias una norma, o como quien no se muestra totalmente. Es que con Los estantes vacíos Ignacio Molina no sólo hizo uso de la famosa teoría literaria de la punta del iceberg, sino que se apropió de ese iceberg para fundirlo con sus propios personajes. El lector de Los estantes vacíos no sólo responderá con un entusiasmo activo a tanta desidia narrativa, sino que además de llenar con su interpretación las historias y las descripciones de los personajes, terminará de definir, cada cual como más le plazca, el mismo género del libro: cuento o novela, realismo o fantasía; cuando hay lugares vacíos todo está por verse. Y eso para el lector es, al menos, estimulante.
viernes, agosto 04, 2006
jueves, agosto 03, 2006
miércoles, agosto 02, 2006
Palimpsestos
Ahora, atención: ustedes pueden ganarse un libro de cuentos escrito por, digamos, Molina (un libro verde inglés bastante bonito). Sólo deben acertar a que obra de Puig pertenece esta página a máquina, transida de correcciones y tachonada de tachaduras.
martes, agosto 01, 2006
Predicciones
Ya lo decía Manuel Puig: (...) Traje un saldo muy bueno de Barcelona, ante todo la Carmen Balcells me impresionó regio, es de unos cuarenta años, muy simpática, muy clara, me expuso sus planes, está siempre tomando aviones a París, Milán, Londres y Frankfurt por sus affari, se mueve mucho, aunque le tiene poca simpatía al avión, resulta que una vez la agarró un pozo de aire y cayó con una pierna mal y se le quebró, peor que lo nuestro de Puerto Rico. Yo voy con el cinturón colocado todo el viaje. [Abril ´66, tomo dos de "Querida familia:"]
Ahora la Ñ le pregunta:
—¿Qué siente cuando mira a su alrededor, al mundo de la edición?
—La impresión es muy buena. La compraventa de editoriales es constante y seguirá, con los grandes grupos abriendo un amplísimo espectro o, para ser más gráficos, abarcando la totalidad de la cultura. Casi todos ganan dinero. Veo a las editoriales pequeñas esperando crecer, y a las minúsculas, creando un modelo o una línea lo más definida posible para que los lectores se identifiquen con ellos. La complicación es la librería, que se vuelve más grande, y las editoriales pequeñas acabarán vendiendo sus libros los domingos a la salida de misa de 11, por internet, en pequeños clubs de suscriptores..., pero siempre de manera difícil. No se olvide de que vivimos plenamente en la era digital. El cambio es y será brutal.
lunes, julio 31, 2006
El autor como lector
[Por Ana Ojeda, para La Nación, Suplemento Cultura]
Una fotografía muestra, apenas abierto el libro, a su autor leyendo un libro de rigurosa encuadernación negra, un libro genérico. Ese será el enfoque elegido y desarrollado a lo largo de Leyenda. Literatura argentina: cuatro cortes , el autor -primero y antes que nada- como lector.
"Llamo Leyenda a un conjunto de textos sobre literatura argentina escritos por alguien que no se imagina como un experto en el campo de los estudios sobre literatura argentina pero que, sin embargo, ha sido convocado una y otra vez a intervenir en ese campo", asegura Daniel Link en la Introducción.
Cuatro son los cortes postulados en el título y dos los tipos de intervención que Link, autor de Los años noventa y Clases , nos propone en esta oportunidad. "Peronismo y misterio (1942-1953)", "Crítica y política (1955-1966)" y "Crisis de la literatura (1968-1983)", por un lado, son artículos críticos aparecidos o inéditos, escritos en diferentes momentos. El primero, por ejemplo, originalmente pensado para la Historia crítica de la literatura argentina dirigida por Noé Jitrik, no llegó a publicarse debido a diferencias irreconciliables entre el autor y el director de aquella colección; el segundo, también escrito para integrar un volumen colectivo -la Historia social de la literatura argentina dirigida por David Viñas-, no logró ver la letra de molde (al menos en esa oportunidad), debido a que el proyecto se interrumpió luego de la salida del primer tomo, dirigido por Graciela Montaldo.
Estos tres primeros cortes ofrecen al lector una progresión cronológica ordenada, que abarca gran parte de la literatura del siglo XX. De esta forma, partiendo de un análisis del género policial y las particulares declinaciones que éste adoptó en la Argentina, se pasa a una reflexión acerca de la importancia que tuvo Contorno para "la fundación de la crítica contemporánea en Argentina", y se termina analizando la literatura de los años setenta, que coloca en el centro de la escena de escritura a la violencia. Además del panorama cronológico, estos tres primeros cortes ofrecen al lector otro beneficio: un enfoque similar, obsesionado por los discursos de los medios masivos, la cultura industrial y la lógica del mercado.
En la década del cuarenta, sostiene Link, "los escritores educados al calor de la máquina cultural y sus valores (el entretenimiento, el relato bien fait, el wonder , el suspense , el internacionalismo y la traducción de formas y contenidos ya probados en otras latitudes) se vuelcan masivamente a la experimentación del género policial". En la década siguiente, en cambio, la crítica empieza "a ser pensada ella misma como una mercancía". Esto le permite plantearse como una intervención declarada (y no solapadamente) política en el campo de la cultura: "Escribir -en palabras de Oscar Masotta- es cuidarse de lo que se escribe porque lo que se escribe puede ser utilizado". En esta línea, "los setenta muestran por lo general una confianza permanente (heredada de los sesenta) respecto del ´control que la cultura alta (letrada) podía ejercer sobre los medios, la certeza ciega de que la cultura industrial no desplazaría a los productos de esa cultura de la posición central que ocupaban".
El cuarto y último corte, "Milenio (1995-2010)", es, a diferencia de los anteriores, una miscelánea de textos aparecidos en su mayor parte en el suplemento Radarlibros . Reseñas en su mayoría, pero también contribuciones escritas originalmente para presentaciones de libros, entrevistas y notas. Mientras que en los tres primeros cortes se intentaban abordajes de conjunto (de un género, de una disciplina, de una década), aquí el trabajo es más puntual. Se avanza sobre textos de autores por lo general contemporáneos (Piglia, Fogwill, Andahazi, Sábato, Molloy, Aira, entre otros), con la vista puesta en el futuro: "lo importante es el punto de llegada, el milenio, es decir: la literatura producida, agónicamente, hacia finales del siglo XX y comienzos del XXI (aproximadamente entre 1995 y 2010)".
Leyenda. Literatura argentina: cuatro cortes es de lectura ágil, amena y entretenida. Su interés por el análisis del peso político que tiene la literatura, por otra parte, le permite salir airoso del desafío principal que entrañan las recopilaciones de artículos: la falta de organicidad.
viernes, julio 28, 2006
Al margen de los clásicos
Recluido en su chateaux esteño, el Gordo Gostanián (nuestro alucinado y empeñoso Azorín del mundito blóguer) desmenuza la novela de Romina Paula.
Spinning on an axis
Existen las voces que articulan su deseo y en ese orden de las cosas establecen una (su) linealidad. Las que no pueden articularlo, giran, casi siempre, sobre su propio eje. Orbitan – o mejor: están encarceladas por la órbita – alrededor de un eje inevitablemente enlazado a sí mismas (spinning on an axis, en la metáfora de Sir Paul McCartney).
La quintaesencia de cierta literatura de género – opto por llamarla así, Mavrakis: literatura minita, ¿te parece? – es intentar bordear con la literatura esta voz – que es, por supuesto, una figura retórica - incapaz de articular su deseo, y que suele ser, siempre, la voz femenina.
Claro: es una torpeza misógina asignarle el carácter minoritario a la voz femenina por su sola condición cromosómica. Las minoridades no se constituyen a razón de lo numerario. Se constituyen a razón de la designación, siempre arbitraria (siempre necesariamente arbitraria), de las mayorías. Es decir: en un mundo de hombres heterosexuales, la voz femenina (la mujer) es la minoría. Aunque, demográficamente - ¿pero qué importa esto a la mayoría real? - las mujeres sean la verdadera mayoría.
Y la literatura, queriendo mojar su galleta en la cuestión, se acercó a esa minoridad con la intención de elaborar una voz. Y, paulatinamente, esa voz se fue multiplicando y diseminando (por ejemplo: La romana es una voz fémina rotundamente disímil, por mil y un razones, desde Flaubert, que no vienen al caso, a la de ¿Vos me querés a mí? )
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Luego sigue, y sigue. Aparecen: Jaime Bayly, McLuhan, Woody Allen, Madame Bovary, Freud y el Gato Chatrán. La quincallería completa, acá.


