lunes, julio 14, 2008

Sobre Requena y sus discípulos

[por: Juan Terranova, para HiperCrítico]

Requena es la primera novela de Alejandro García Schnetzer. Breve, bien escrita, de trato educado con el lector y sus personajes, el libro, editado por Entropía, cuenta la relación de un filósofo de barrio y erudito reo con un grupo de jóvenes aspirantes a poetas. Aunque incomodan algunos deslices dolinescos, la historia está bien organizada, es ocurrente y se deja leer. Al mismo tiempo, también sirve como base de lanzamiento de algunas ideas menos candorosas.

Biografía apócrifa
¿El ambiente que se teje entre los párrafos de Requena recuerda ineludiblemente a Macedonio Fernández? Sin duda. Ayudado por el la historia de la literatura universal, el relato que construye García Schnetzer es simple. Después de una entrada llena de épica canyengue donde aparece leyendo el Martín Fierro en sánscrito, Requena se queda en el bar y los poetas del barrio le adjudican el lugar de tutor. Con guiños de todo tipo, él les enseña el valor de la arbitrariedad, el poder del error, la irreverencia y la desacralización del conocimiento. Así, entre metafísica de café y noctambulismos varios se desglosa la novela. Palermo es todavía arrabal. La bobería de la admiración va a y viene. Y es predecible que se cite a Kropotkin, a Büchner y a Brahma. Hasta acá todo bien.

No existir es más literario que existir
Una de las ideas fuertes del libro tienen que ver con el remanido tic tardo-borgeano que dicta que si uno quiere ser escritor, es mejor no escribir: la sustracción antes que el aplomo. Así, Requena escribe poco o nada, oculta lo que escribe, y su obra queda en los márgenes de los libros que subraya. Es, sin lugar a dudas, un maestro socrático. Y su prédica no es rara, si no más bien coherente, porque nadie se anima a cuestionar, a esta altura, la determinante influencia del silencio. Sin embargo, esta apología de lo liviano, de lo etéreo, de la sospecha antes que la confirmación, rápidamente empieza a encubrir, a veces la pereza, y más a menudo la imposibilidad. ¿Es acertado hacer de las limitaciones personales una ética? La operación tiene ribetes románticos pero también nefastos. El enunciado “podría haber sido un genio de las letras pero prefirió regar las plantas y pasar el tiempo con los muchachos en el café” cae simpático la primera vez. Pero no paga alquileres y puede esconder narcisismos de prédica purulenta. Requena entonces también es un recorrido por las manías, las taras y las afectaciones literarias que prevalecieron en el siglo XX argentino.

Anacronismo
¿Cómo leer el deliberado gesto anacrónico de Requena? Hay muchas formas de hacerlo. La principal tiene que ver con la defensa de una ideología estética que arma rápidamente parnaso y tradición. (Lo nombres y las filiaciones son evidentes: Borges, Florida, las vanguardias de los años 20, el futuro grupo Sur, pero también Caras y caretas, la bohemia, Shakespeare y Nietzsche.) Pese a esto, Requena se deja leer con placer por el lector que no comparte en absoluto esa ideología, mezcla de biblioteca y nostalgia. Por momentos, la prosa de García Schnetzer suena como esos discos de jazz en estilo que reproducen la música de los años treinta, cuarenta o cincuenta, pero fueron grabados en el 2000. La fritura del disco de pasta no se percibe, pero los timbres, las melodías y los fraseos son los mismos. ¿Por qué negar que algunos de estas remakes pueden producir un raro placer estético? Insisto, hay humor inteligente y buenas lecturas en Requena, y eso vale. Aunque me gustaría dejar sentado que el libro ganaría si sobre el final de la vida del maestro, los discípulos entendieran que la ética de la diletancia es una verdad juvenil, fácil y torpe. Más bien un estilo que una verdad. Arrimo un solo dato. El libro empieza en 1929 y se estira hasta la muerte de Requena en el mismo año 33 que murió Yrigoyen. El simpático recuerdo de Sarmiento dándole de comer a unos patos no alcanza. Los jóvenes filósofos de bar, que relativizan la realidad y el tiempo, van derecho a chocar contra la revolución política y cultural del peronismo.

lunes, julio 07, 2008

Requena's profile

[por Eugenia Zicavo, vía diario Perfil]

Como los jóvenes de aquella foto de principios del 30 en la que Julio Cortázar aparece al frente de un grupo del Mariano Acosta: así son los personajes de Requena. Muchachos atildados de peinados prolijos que ya en su primera juventud no parecían jóvenes (tan a contramano de las nuevas generaciones, juvenilizadas al límite). Ni ensayo, ni cuentos, ni novela, Requena es una suma de fragmentos que la editorial Entropía -que con paciencia y buen juicio viene ampliando un catálogo de lujo- optó por publicar como “apostillas”; menos de cien páginas en las que Alejandro García Schnetzer, argentino radicado en Barcelona, presenta a su protagonista, un erudito “santón de barrio” de principios del siglo XX que vaga por Buenos Aires junto a un grupo de jóvenes aspirantes a escritores que lo adoptan como maestro.

En su ópera prima, García Schnetzer va conformando el perfil de Requena a partir de anécdotas cotidianas, desde que los jóvenes lo encuentran leyendo una versión del Martín Fierro en sánscrito hasta que lo visitan en su lecho de enfermo y le preguntan “¿qué le duele?”, a lo que Requena responde: “El teatro de Alberdo. Las rimas de Gracián. Mi noche triste, de principio a fin”. Plagada de citas de autores del siglo XIX y principios del XX, Requena es un libro anacrónico que no parece haber sido escrito por un autor que apenas pasa la treintena, inspirado en las lecturas de Juan de Mairena de Antonio Machado, el responso de Borges sobre Macedonio, Fray Mocho o Silva Valdés.

A pesar de que muchos giros del lenguaje pertenecen a otros tiempos, cada fragmento de Requena bien podría funcionar como entrada de un blog extemporáneo, con ese estilo coloquial y segmentado de aquello que se escribe para compartir entre amigos, de lo que se pone en palabras para dejar registro, para salvar del olvido.

viernes, julio 04, 2008

eXistenZ

Aquí estaremos. Presentes y representados.

"¿Existen las editoriales independientes en Argentina?"
Una conversación abierta entre autores y editores

¿Qué es una "editorial independiente"? ¿Cuáles son las características que la definen como tal? ¿Existe la "edición independiente"? ¿Independiente de qué? El surgimiento de nuevas editoriales pequeñas -que rápidamente recibieron el nombre de "independientes"- marcó el formato hasta ahora inédito que adquirieron numerosos aspectos claves de la industria del libro: la relación de los editores con los autores, con la crítica literaria y con las editoriales poderosas. Una nueva batería de conceptos surgió para explicar la "independencia": bibliodiversidad, gestores culturales, etc.; también para explicar las nuevas formas transnacionalizadas de las editoriales automáticamente reconocidas como "grandes", referencia inevitable en la construcción identitaria de sus contrapartes "independientes".

Viernes 4 de julio
18:00 hs: Apertura
19:00 hs: Mesa debate con Juan Calcagno (El Andariego), Miguel Balaguer (Bajo la Luna) y Victor Redondo (Último Reino). Coordina: Juan Terranova

Sábado 5 de julio
17:00 hs: Mesa debate con Hernán Vanoli (Tamarisco), Damián Tabarovsky (Interzona) y Gonzalo Castro (Entropía). Coordina: Javier Alcácer

19:00 hs: Lectura The Power Trío Special. Julián Urman, Lucas "Funes" Oliveira y Joaquín Linne.

20:00 Vino de Cierre.

Organizan: Grupo Campichuelo y Sociedad de Escritores y Escritoras de Argentina.
Auditorio Francisco Madariaga de la Sociedad de Escritoras y Escritores Argentinos. Bartolomé Mitre 2815, 2º piso.

lunes, junio 23, 2008

Confesionario

Leen: Sonia Budassi, Manuel Esnoz.
Música: Rosario Bléfari.
Confesora: Cecilia Szperling.

Martes 24 | 20.30 hs.
sala Abuelas de Plaza de Mayo.
Entrada gratuita

miércoles, junio 18, 2008

Lectoescritura en Casa Brandon


















Nos invitan acá.

"Hombres, Hombres, Hombres"
Ernesto Mallo/ Juan Rearte/ Sebastián Martínez Daniell/ Pablo Keyes/ Alan Pauls/ Matías Pailos/ Ignacio Mastroleo.

Jueves 19 de junio
21 horas
Luis María Drago 236

martes, abril 29, 2008

Berazachussetts

[por Nicolás Pose, vía No Retornable]

Berazachussetts, ganadora del premio Indio Rico, con un jurado compuesto por César Aira, Daniel Link y Alan Pauls, es una novela original no por la historia en sí, sino por el tratamiento ficcional que el autor logra con la realidad. Ávalos Blacha distorsiona el universo real del conurbano para entregarnos una novela con matices cómicos y crítica social al mismo tiempo. Sin embargo, no falta lo bizarro y lo grotesco gracias a los personajes que aparecen en el relato, como Trash, la zombie obesa, o Periquita, la ídola de Berazachussetts, una paralítica que tiene un monumento en la plaza principal de esta localidad tan particular.

El relato comienza con un grupo de amigas solteras que viven juntas: Dora, Milka, Susana y Beatriz. Pero todo cambia cuando ellas conocen a Trash, una zombie que come carne humana. Desde la aparición de Trash la novela se mantiene en un movimiento constante, contando a la vez historias independientes y disparatadas a medida que sigue a sus protagonistas, como Trash, Dora, Francisco Saavedra-el ex intendente de Berazachussetts-, Milka y Periquita. Por esa característica, es una novela coral donde no existe un protagonista único, y lo que interesa es lo que está ocurriendo en el universo de Berazachussetts.

Los personajes son todos grotescos, porque siempre quieren ser lo que no son: así Dora, una mujer vulgar-por no decir “cabeza”-termina saliendo con Francisco y se cree fina, para luego redecorar su mansión elegante y transformarla de acuerdo a su gusto “grasa”. Posteriormente, ella armará una banda de cumbia. Así Arévalo, el hijo de Francisco, que critica a su padre por salir con una “negra”, termina haciéndole el amor a Periquita, la paralítica, en una escena del todo grotesca. Pero no sólo los personajes no son lo que quieren ser, porque en Berazachussetts existen recámaras frigoríficas que albergan pingüinos para que la ciudad luzca más “invernal”. Por otro lado, los nombres de lugares que aparecen en el relato delatan una geografía conocida por todos nosotros, como el Rin del Plata, Ezpeletámesis, Lomas de Zamibia, Cambollaneda, etc.

En sintonía con el tono bizarro de la novela -por sus personajes-, se suceden muertes que son contadas con una naturalidad que marca el tono desenfadado del narrador, al mismo tiempo que lo bizarro y lo grotesco nunca dejan de marcar a los episodios trágicos. El tono de lo que se narra nunca es realista, y tal vez esta sea una de las características de muchos de los relatos que nos brindan hoy en día los nuevos escritores argentinos, más cercanos a urdir la ficción de lo real con libertad y desenfado que con un tratamiento rigurosamente realista. Así el jurado que premió a la novela dice que el relato “conecta con las más desenfadadas tendencias de la literatura actual, reclama una reflexión sobre las complejas y muchas veces absurdas relaciones entre realidad y mundo social. (…) Tritura las convenciones del género, y hace coincidir los motivos más emblemáticos de la cultura chatarra de nuestros días con la geografía del conurbano bonaerense (…)”.

El final del relato, lejos de mantener la tónica de otras novelas, tiene ecos de lo que sucedió en aquel fatídico 2001. La ciudad asiste a su fin gracias a una invasión de zombies, hecho que le imprime un final apocalíptico al relato, al mismo tiempo que refuerza el constante tono bizarro de la novela como modo de ver, analizar y criticar la realidad argentina, plasmada a lo largo de todo el universo que configura Berazachussetts.

miércoles, abril 23, 2008

martes, abril 22, 2008

Palmarés Bafichi 2008

El premio de “Mejor película” fue para “Unidad 25”, de Alejo Hoijman, una co-producción argentino-española-francesa sobre un pabellón carcelario únicamente habitado por creyentes evangélicos, en la cárcel de Olmos. El jurado expresó que la eligió “por su buen desarrollo de una narrativa clásica sobre la condición social”.
La distinción como “Mejor director” le correspondió a Gonzalo Castro por “Resfriada”, que según el dictamen del jurado plasma allí “una sutil y sofisticada manera de traducir ideas cinematográficas en una primera película”.
Además hubo “Mención especial” para “süden”, de Gastón Solnicki, “por su afectivo y modesto retrato sobre el proceso y la creencia artística”; y Premio Especial del Jurado Kodak - Cinecolor Argentina para “Historias Extraordinarias”, de Mariano Llinás, “por lograr un tributo audaz al poder redentor de contar relatos”.

jueves, abril 17, 2008

Retrato de una ciudad extraña

[Reseña de Berazachussetts, por Guido Carelli Lynch, vía Eñe]

Así como García Márquez deformó la realidad de la caribeña Aracataca para esconderla y alumbrarla por la eternidad detrás del más increíble Macondo, Leandro Ávalos Blacha distorsiona en Berazachussetts la sordidez y la malaria del postergado conurbano bonaerense a través de un tono hilarante y cáustico.
A través de la historia de cuatro amigas y docentes retiradas, una zombie punk y la fauna de esta ciudad a la vez posible y fantástica, este joven narrador (28 años), discípulo de Alberto Laiseca, no abandona el ritmo ascendente de sus provocaciones, que sirven para rememorar la eclosión social de diciembre de 2001. Ávalos Blacha pone en juego y con éxito la coherencia íntegra del texto al retratar de manera independiente las historias siempre entrlazadas de los habitantes de Berazachussetts. Los pormenores del caudillo Saavedra acosado por el fantasma de su ex mujer y por los modales de su nueva amante, las estrategias manipuladoras de la lisiada heroína de la ciudad, Periquita, y el misticismo apocalíptico de Noé González son los engranajes de este genuino y deformado retrato de las complejas relaciones sociales que ofrece la frontera del sistema con el universo de los excluidos.
Sin embargo, los guiños autorreferenciales acaban, en ciertos momentos, por minar la efectividad del humor que se impone con semejantes personajes. La meca del cine de Pehuajollywood, la despreciable moneda –los patachussetts– y hasta Lía Crucet y Sandra Smith a la cabeza de un nuevo grupo de cumbia, son recursos más efectistas que efectivos.
La estructura de esta novela breve facilita una lectura ávida y particularmente lúdica. Esa conquista del flamante ganador del premio Indio Rico, del que fueron jurados Alan Pauls, Daniel Link y César Aira, no oscura la áspera y trillada verdad de una realidad cercana e inverosímil que supera a fin de cuentas la más imaginativa de las ficciones.

lunes, abril 14, 2008

Artificios de superficie

[Reseña de Berazachussetts, por Jorge Consiglio, vía ADN]

Ya en la primera escena de Berazachussetts , novela con la que Leandro Ávalos Blacha ganó el Premio Indio Rico 2007 cuyo jurado estuvo integrado por César Aira, Daniel Link y Alan Pauls, se evidencia la clave que será el punto de apoyo del resto del texto. Hay cuatro amigas que caminan por un bosque con la idea de tomar unos mates y que descubren a una gorda punk semidesnuda, inconsciente, apoyada contra un tronco. Formulan hipótesis sobre cómo pudo haber llegado a ese lugar. Una de las amigas le saca fotos. Finalmente deciden llevarla al departamento que comparten. Más que la voz del narrador son los hechos mismos los que sostienen la figura que impondrá el rumbo de lectura: el sarcasmo. Un sarcasmo que, para encontrar sus raíces, abrevará en un grotesco que se asienta en la inmediatez y en lo "bizarro", rasgo que será explorado con esmero en la trama.

Luego del hallazgo de Trash, la gorda punk, el foco de la acción se abre en cuatro líneas y se corresponde con el destino de cada una de las amigas. Estos diferentes rumbos se suceden como fragmentos que establecen un ritmo sincopado pero, como el hilvanado de la historia no reporta complejidad alguna, el resultado es una sustancia narrativa abierta, de lectura fluida y ligera. Este recurso favorece la tensión de la intriga. Aunque velado, el escenario de la novela es reconocible, sobre todo por los nombres distorsionados de las localidades en las que transcurren los hechos: Berazachussetts, las playas de Burzacapulco, Tolosaka, las aguas del Ezpeletámesis, Lomas de Zamibia, Longchamps ...lysée. La acción parece tener lugar en el sur del conurbano bonaerense; lo notable es que el germen de esta incerteza se vincula con el modo en que el relato desdibuja o retuerce toda referencia precisa para alejarla de su eventual modelo. El universo ficcional, entonces, adquiere una cotidianidad extrañada. Todos los personajes de la novela de Ávalos Blacha son planos y no logran escapar de la rigidez impuesta por una férrea tipología. La gorda punk, de la que en seguida nos enteramos de que se trata de una zombie antropófaga, funciona como disparadora de los destinos de los otros personajes. La elección de esta clase de personajes, cuya entidad remite al maniqueísmo propio de las historietas, no es casual ni arbitraria sino que aporta un ingrediente más a la estética que sostiene el texto y que se completa con dos aspectos: la relación del poder con el abuso y la crueldad, y la miseria como espectáculo.

Berazachussetts es, en suma, un ejercicio narrativo con más herencia cinematográfica que literaria. Un ejercicio que, más allá de los giros de su artificio, no logra encontrar el resorte indispensable para alejarse de la más absoluta superficie.

viernes, abril 11, 2008

Tres primeras novelas

[por Damián Tabarovsky para Perfil]

En los suplementos culturales es muy común encontrar la frase “la última novela de…”. Puestos a ser escrupulosos, habría que decir “la novela más reciente”: es prematuro como para saber si realmente será la última. Pero ese equívoco semanal tiene también consecuencias interesantes. Nada me es más afín que la idea de pensar que una novela (escrita por mí o por otro) puede llegar a ser la última. No por un sentimiento de muerte cercana (que además no resolvería el problema: de los escritores muertos casi siempre se termina publicando algún texto póstumo) sino por experimentar la sensación de que la literatura es una actividad de paso, siempre a punto de ser abandonada, de ser reemplazada por algún otro pasatiempo. Me gusta pensar que una novela puede ser la definitiva, la terminal, la última. Lo que equivale a decir la primera. Toda primera novela vale como última y viceversa; en ese par simétrico reside buena parte del encanto de la literatura: su carácter juvenil, inacabado, informe. Apuesto siempre por el principio y por el final del camino, hasta llegar al punto en que ya no hay camino. Como decía José Bergamín, el camino se hace huyendo del camino.
Ultimamente leí tres primeras novelas recientes. Extraordinarias las tres, como corresponde. La primera es Opendoor, de Iosi Havilio, publicada por la editorial Entropía. Ambientada en el borde, en una especie de tierra de nadie, en el instante en que la ciudad deja de ser cuidad pero que el campo no es todavía campo, un poco como esa idea de Gramsci sobre lo viejo que no terminó de morir y lo nuevo que no terminó de nacer, la prosa de Havilio expresa esa ambivalencia: la errancia de los personajes no da cuenta de ningún malestar metafísico, sino que esos desplazamientos funcionan como encarnaduras, como marcas en un texto que hace de la atmósfera abstracta su sentido principal. Es magistral cómo Havilio conduce los tiempos y los tonos de una operación tan compleja. Excepto en el último capítulo, donde el autor decide cambiar: un desenlace entre kitsch y alegórico, que rompe innecesariamente con la tensión perturbadora de las 185 páginas precedentes. Pero más allá de ese detalle, es muy difícil no leer Opendoor como una de las mejores novelas de nuestro tiempo.
A diferencia de Entropía, no es habitual que las editoriales grandes publiquen primeras novelas. Mondadori acaba de hacer una excepción con El tridente, de Diego Sasturain, y se entienden las razones: es una gran novela. Partiendo de un primer capítulo introspectivo hasta desembocar en una trama de peripecias levemente absurdas, la narración pone en cuestión la distancia entre el adentro y el afuera de la conciencia, entre la percepción y la acción, entre lo real y su representación. De manera velada, El tridente puede leerse como una ironía sobre el auge de las ciencias cognitivas y la filosofía de la mente, y de manera más explícita, como una novela auténticamente filosófica. Porque lo que vuelve filosófica a El tridente es el uso radical de la sintaxis, de la vacilación de la sintaxis: el idioma como una interrogación a tientas sobre las posibilidades de aprehender lo real.
Finalmente, El carácter Sea Monkey, de Daniel Riera, editada por Eloísa Cartonera. Un asalto a mano armada dispara una narración donde el miedo está siempre presente y donde la prosa se juega en un talentoso ejercicio a alta velocidad. En un momento el texto dice: “Medio de casualidad, descubrí hoy…”. Poco importa lo que haya descubierto. La clave está en “medio de casualidad”. El carácter Sea Monkey explora a fondo las potencialidades del azar, la asociación libre y la digresión, pero sin perder nunca el control del texto. La digresión sólo es interesante –como en este caso– cuando es un plan pensado, una decisión intelectual, una estrategia calculada, y no un laissez-faire que no apunta a nada.
Terminados estos tres libros, me dispongo a leer a otro escritor nuevo: Onetti.

jueves, abril 10, 2008

Terranova dixit

“Entropía tiene tendencia a publicar una literatura aburrida y ligeramente onanista.”
(Habría dicho el compilador de Buenos Aires/ Escala 1:1, aquí.)

martes, abril 08, 2008

Berazachussetts en Inrockuptibles

[por Mauro Libertella]

Hay una tentación a la hora de escribir acerca de Berazachussetts, de Leandro Ávalos Blacha, que consiste en mencionar el estupor que causa la proliferación de historias y lo abigarrado de las anécdotas que brotan de los pliegues de esta pequeña y extraña nouvelle. Y sin embargo, sería francamente reduccionista sentenciar aquello de que Berazachussetts es una novela cuyo nervio es la pura narración-quizás la palabra adecuada sea “inventiva”. Pero lo cierto es que la ganadora del premio Indio Rico es una especie de punto de confluencia en donde las más vertiginosas peripecias se imantan en amplios registros narrativos mediante los cuales se proyectan hacia la literatura. Si quisiéramos resumir la trama -un intento imposible-, nos veríamos obligados a erigir un listado de personajes, cuyos movimientos y combinaciones sólo la lectura del libro podría elucidar.

Sucede que en Berazachussetts el armado del personaje es sumamente preciso. No es fácil hacer convivir a un grupo de profesoras jubiladas, a una zombi punk caníbal, a un político corrupto y altamente perverso, a un grupo de chicos ricos con una curiosa idea de la diversión y algunos personajes más de ese nivel de excentricidad sin cruzar la línea en donde el verosímil se cae a pedazos. Y Berazachussetts lo logra con precisión quirúrgica.

Una de las claves a la hora de salvar el verosímil es, sin dudas, la decisión de situar la ficción en el pueblo suburbano de Berazachussetts, donde todo parecería ser posible o, mejor, donde todo es potencialmente literario. O el uso de la lengua: la escritura de Ávalos Blacha es un arco tensado en cuyos destellos convive el habla de la clase media y la juventud punk, la charla de café y la narración más elegante y clásica.

viernes, marzo 28, 2008

miércoles, marzo 19, 2008

lunes, marzo 17, 2008

Interviú a Ávalos Blacha

En el sur están pasando cosas raras

Por Facundo García

[Página/12]

En los suburbios están sucediendo cosas raras. A la aparición de una obesa zombie punk se suma una patota de “chicos bien” que disfrutan corriendo en sus autazos y obligando a pobres diablos a salir a violar mujeres bajo la amenaza de matarles la familia. Con éste y otros sopapos al lector arranca Berazachussetts, la novela que acaba de editar Editorial Entropía después de que César Aira, Daniel Link y Alan Pauls decidieran otorgarle el premio Indio Rico. Desde el principio, el texto de Leandro Avalos Blacha pone a andar una centrifugadora en la que cierta mirada cínica sobre Argentina da vueltas junto a fantasías dignas del pulp desbocado. En una pausa del frenesí y con los pasillos de un cementerio como catalizador de la palabra, el autor nacido en Quilmes en 1980 revela cómo fue insuflando vida a las criaturas literarias que corren de un extremo al otro de su relato.

Completo aquí.

jueves, marzo 06, 2008

Lecturas + Música

Leen: Romina Paula
Pedro Mairal
Música : Sergio Pángaro y Baccarat

Presenta: Cecilia Szperling

Jueves 6 de marzo. 20:30 hs.
Casa del Escritor. Lavalleja 924

lunes, marzo 03, 2008

Opendór

Opendoor tiene el atractivo de develar la naturalidad del estilo Iosi Havilio.“Otra vez a la ruta, campo a la derecha, campo a la izquierda, una rotonda y otros cuarenta minutos hasta la entrada de Open Door”, dice la narradora, que llega a un campo cercano a la colonia psiquiatrica Open Door, lugar que elige para refugiarse luego de la desaparicion de su novia y donde conoce a Jaime y Eloisa, una simil lolita que se las trae. El punto de vista de una estudiante de veterinaria le permite a Havilio una escritura de aparente sencillez pero que refleja las voces de todos los personajes; la representacion del paisaje pueblerino y la ciudad que empieza a desdibujarse como en un sueño. A lo largo de la lectura sobrevuela una atmosfera de dormitar fatigoso que le da al relato un tono y un ritmo cansino como esos dias agotadores de 39 grados a la sombra. Sin embargo, las tonalidades se transforman capitulo tras capitulo, rapido e imperceptiblemente, tal vez como “Open Door (que) no se dice siempre igual. Algunos dicen ópendor, y otros opendór. Todavia yo no me decido.”

Por EB, vía Pix

viernes, febrero 29, 2008

Brandon Lee 2

El Quinteto - La fiesta de la narrativa

Funes
Molina
Levín
Romero
Oyola

Viernes 29, 21 hs.
Casa Brandon L. M. Drago 236

lunes, febrero 25, 2008

Brandon Lee

Memorias de la vida cotidiana

Letras y música:
Lola Arias/ Florencia Minici/ Gato Cabezón/ Romina Paula/ Juan Ravioli/ Cecilia Szperling///
Curadora: Soledad Fernandez Moujan//

Jueves 28, 21 hs.
Casa Brandon L. M. Drago 236

martes, febrero 12, 2008

Noticias del correo del zar

Por Graciela Goldchluk

[Punto de vista/ BazarAmericano.com]

Voy a hablar de Mockba, un libro de cuentos publicado en 2007 por editorial Entropía, cuyo autor es Diego Muzzio, un poeta que tiene obra publicada, pero que presenta narrativa por primera vez. Creo que Muzzio es un narrador excepcional, alguien a quien es necesario leer, y es entonces que reparo en que ya son muchos los escritores excepcionales que encuentran su lugar en editoriales independientes, pequeñas. La noticia parece haberse desplazado de los autores a las editoriales, es el fenómeno que trajo la devaluación y la buena noticia de la crisis: frente a la dificultad de leer libros impresos en España (que de todos modos comienzan a leerse nuevamente) surgieron emprendimientos que porque saben que no apuntan a las grandes masas se dan el gusto de publicar lo que les gusta, y ahí está su fuerte, se sostienen publicando lo que un pequeño grupo de lectores persigue en las librerías: buena literatura. Otra buena noticia de la crisis es un rasgo tal vez sorprendente que caracteriza las nuevas editoriales: no se desean el exterminio mutuo. Hay tanto escritor, hay tanto por publicar, y es tan costoso en todos los sentidos hacer un libro, que cada una se pone contenta cuando la otra saca algo bueno y lo comenta en su blog. Entre todas están desterrando el cliché de que una editorial independiente debe corresponderse con un objeto desprolijo, mal distribuido y poco visible. Algunos libros, muchos, son preciosos, por lo tanto los libreros los ponen en sus estantes, en particular los libreros que leen. La distribución en la ciudad de Buenos Aires se basa en el contacto personal, en contar qué es lo que están llevando, y es así como las cadenas terminan comprando, porque también quieren tener eso que hay en las librerías.

[Completo aquí.]

viernes, febrero 01, 2008

En el país de las maravillas

Por Pablo Plotkin

[Rolling Stone]

La ciudad de Berazachussetts es un bardo. Los hijos del poder secuestran perejiles, se los llevan al bosque y los intiman a que violen y maten a mujeres desprevenidas. Los filman y suben el material a Internet. La pasan bomba. En ese decorado abyecto irrumpe Trash, una zombi metalero que tiene pinta de haber sobrevivido al ultraje y se topa con un inefable cuarteto de docentes jubiladas –unas trillizas de Belleville versión SUTEBA– que le dan cobijo en su depto. Trash rompe el hielo comiéndose el cadáver de un volantero y bajándoselo con una cervecita en el living de las maestras. “¿Tienen freezer?”, les pregunta con voz dulce antes de repartir los restos del cuerpo en diversos tuppers para la vianda de la noche. A esta altura de los acontecimientos, página 21, la pregunta que se impone es: ¿quién te baja de un comienzo semejante? Ganador del premio Indio Rico 2007 a la mejor nouvelle bonaerense, veredicto unánime de César Aira, Alan Pauls y Daniel Link (a ver quién se les planta a esos tres juntos), este relato desbordante de Leandro Ávalos Blacha (nacido en Quilmes en 1980, discípulo de Alberto Laiseca, autor de Serialismo) monta un GBA paralelo en cuyos márgenes se cocina una revolución caníbal. Con una escritura precisa y una inventiva voraz, el autor descerraja personajes y situaciones a un ritmo disparatado: héroes cumbieros, políticos sin piedad, cuadrillas de lisiados, viejas chotas, fantasmas y profetas rancheros de un Apocalipsis pop. Ávalos parece haber cirujeado en los contenedores de Alicia en el país de las maravillas, Los siete locos y La conjura de los necios para hacerse un banquete personal con los residuos de esas obras maestras.
Acá las acciones caen en torrente, los géneros se baten a duelo y la fauna de Berazachussetts se revuelca en los restos de civilización de un Conurbano reloaded. Hay estrellas de Pehuajóllywood, hay un Muro de Bernal, hay monoblocs de Ciudadelhi y hay un escritor que acumula visiones distópicas y postales decadentes con un ingenio zarpado. El humor narrativo de Berazachussetts es negro y tierno, contemporáneo y a la vez anticuado, y combina lo cáustico y lo festivo con una naturalidad admirable.

lunes, enero 28, 2008

Think tank

Edinar (Editores Independientes de Argentina) ahora tiene página.
El cielo es el límite.

miércoles, enero 23, 2008

miércoles, enero 16, 2008

Qué premias cuando premias

Por Hernan Arias

[Suplemento Cultura de Perfil]

[...]
Y para el final, una admirable rareza: Berazachussetts, de Leandro Ávalos Blacha, que obtuvo el Premio Indio Rico 2007, organizado por Estación Pringles y la editorial Entropía para escritores residentes en la provincia de Buenos Aires. Berazachussetts es, ante todo, una novela de aventuras, extremadamente audaz y divertida, que empieza cuando cuatro viudas que pasean por un bosque encuentran a una zombi obesa que parece haber sido violada. Con una frescura que nos remite a Alicia en el país de las maravillas, durante la primera parte de la novela las anécdotas se suceden de manera vertiginosa y descolocan al lector, abriendo nuevas expectativas y clausurando otras con una destreza narrativa poco frecuente. Como en la novela de Magnus, Un chino en bicicleta, en Berazachussetts el humor también es un elemento central. Y en este sentido no es un detalle menor señalar que en ambos concursos participó César Aira de los jurados.

[Completo aquí.]

martes, enero 15, 2008

Romina Paula reimpresa


En lo que constituye la primera reimpresión de esta pequeña casa editora, el best-seller Vos me querés a mí vuelve a materializarse y reverdecer, para hacerle frente a recientes tanques como Opendoor y Berazachussetts.

lunes, enero 14, 2008

Recomendable Iosi

Yo recomiendo

Mariano Pensotti
Dramaturgo, director

[Revista Ñ]

Opendoor, de Iosi Havilio, es una gran novela que pendula entre una Buenos Aires alucinada, enrarecida pero reconocible, y el campo, por el que la protagonista es absorbida hasta encontrar una vida que quizás no es la que pensaba vivir pero por la que se deja llevar como quien se entrega a un sueño. Comienza con una chica, estudiante de veterinaria, que va con su novia a tomar algo a La Boca. La novia va al baño y ella sale a fumarse un porro con unos chicos. Cuando vuelve, su novia ya no está y a partir de ahí, la vida de la protagonista se desliza hacia lo desconocido.

miércoles, enero 09, 2008

Ávalos Blacha por Tomas

Una cuestión de perspectiva

por Maximiliano Tomas

[Suplemento Cultura de Perfil]

[...]
Berazachussetts, la novela de Avalos Blacha –donde se advierten las influencias del delirio narrativo de Alberto Laiseca, uno de los nombres mencionados por el autor en la dedicatoria del libro– es, tal vez, una de las más gratas sorpresas editoriales de los últimos tiempos. Extremadamente divertida e inteligente, cuenta los devenires de una zombie punk, de un grupo de docentes desquiciado, de la cruel lisiada Periquita y del corruptísimo Franciso Saavedra, ex intendente de Berazachussets, terreno imaginario del Conurbano donde se compra y vende con “patachussetts”, se organiza una revuelta socialista a manos de un grupo revolucionario de zombies liderado por un cantante de cumbia, y se desata una hecatombe con claras reminiscencias a la crisis social y política de 2001.

[Completo aquí.]

lunes, enero 07, 2008

Entropía vídeo

Siempre atentos a las nuevas tecnologías, ahora descubrimos el vídeo, que es muy similar a la fotografía, pero con la gracia adicional del movimiento y el sonido. Aquí, por ejemplo, vemos el momento en que Aira, Link, Carrera y Pauls le hacen entrega del trofeo Indio Rico a Leandro Ávalos Blacha, por su novela Berazachussetts, en el Rojas, hace un mes.




[Vía Orejas de conejo.]

miércoles, enero 02, 2008

Sorpresivo cambio de año y más reseñas by Q

El mundo alucinante

Sobre Hidrografía doméstica, de Gonzalo Castro

por Quintín

[...]
Esos seis libros quedaron sin leer y, desde entonces, conviví con su mirada acusadora desde la biblioteca, donde parecen un escuadrón de desheredados. Unos meses más tarde, Entropía publicó Opendoor de Iosi Havilio, una gran novela que leí y reseñé para LLP. Pero esa la compré individualmente, no formaba parte del conjunto indiscriminado inicial. De todos modos, como tenía esa reunión con Castro, me pareció una descortesía presentarme sin haber leído su libro (del 2004, demasiado tiempo para excusas) que formaba parte del sexteto postergado. Así fue como descubrí Hidrografía doméstica, la mejor novela de la nueva generación y un libro formidable. Mientras leía (una parte a la mañana en San Clemente, el final en el ómnibus), me iba dando cuenta de que había dado con un objeto literario inusual, cuyo tono está bastante bien representado por esta frase que pronuncia un personaje con un leve matiz de ironía:

Si yo pudiera asomarme siquiera a lo que es el sufrimiento, pero no, siempre estoy con esta alegría inclasificable.

Una alegría inclasificable. Y un humor en sordina que se desliza entre las palabras, con las palabras. Eso es lo que recorre Hidrografía doméstica, una novela contada por una nínfula de once años que tiene algo de Lolita, pero es más bien una criatura de Lewis Carroll que ha cobrado vida. Alguien entre Alicia y las nenas que el reverendo Dodgson fotografiaba desnudas con un discreto erotismo. La protagonista se llama Chloé —nombre tomado por sus padres de Boris Vian—, vive en un anexo de la casa familiar, tiene una amiga del alma llamada Daphne, va a la escuela, sale de vacaciones. Y se baña, se baña mucho y mira cómo se baña Daphne. A veces llora, a veces se enferma y siempre es una nena pero no es nunca infantil. Hay dos cosas que Chloé no es. No es Mafalda, aunque a veces piense cosas de adulto: de ningún modo es un vehículo para que su autor comente el mundo desde el sentido común. Hidrografía es lo contrario de una historieta, es una obra que pertenece a la alta literatura, ese universo que se identifica inmediatamente en un párrafo de Nabokov, a partir de ese lenguaje burbujeante, de esa convicción de estar tocando con la punta de los dedos la secreta y delicada trama de la conciencia, la maravilla de la humanidad civilizada. Hidrografía doméstica es un antídoto contra la rusticidad literaria imperante, contra la sordidez obligatoria de la mayor parte de la narrativa contemporánea, en especial la argentina.

[Completo aquí.]

jueves, diciembre 27, 2007

Quintín en Buenos Aires

La penúltima antología

Sobre Buenos Aires/ Escala 1:1

por Quintín

No termino de reseñar una antología de jóvenes escritores argentinos, que ya hay otras en las librerías. De hecho, esta apareció hace varios meses y ahora ya hay un segundo tomo de la colección que se inició con En celo. Algún escritor terminará publicando una antología de sus cuentos aparecidos en otras antologías. O, siguiendo la sucesión lógica de los acontecimientos, otro escritor publicará un libro de cuentos con el título: “¡Joya. Nunca antologado!”.
Lo primero que hay que decir de la edición de Entropía es que es linda, de un formato chico y elegante, con una tapa atractiva. Después del carnaval de La joven guardia y de la grosería de En celo, es reconfortante que la antología sea sobria, tenga aspecto de buen libro y no de alguna otra cosa con connotaciones juvenilistas. Lo segundo que hay que decir es que el prólogo de Juan Terranova es bueno y no sólo por lo breve. Con cierta distancia y cierto humor, nos advierte que esta gente ha llegado con el serio propósito de quedarse. Y, por último, como para marcar un contraste con los viejos (y jóvenes) carcamanes de la literatura, nos recuerda que la mayoría de los antologados tiene un blog (aunque con adecuada prudencia agrega que no sabe muy bien qué puede significar eso).
[Sigue en la Lectora.]

miércoles, diciembre 26, 2007

miércoles, diciembre 19, 2007

Ojos nuevos para la literatura

[sobre Buenos Aires/ Escala 1:1, por Nicolás Raúl Correa, vía No Retornable]

Primero: Una antología que da cuenta de la mayor parte de los barrios de Buenos Aires es, efectivamente, un mapa que construye un recorrido y una multiplicidad de experiencias. Eso es la presente obra. Un compilado homogéneo que realiza el trabajo unánime de revitalizar la literatura. Y desde allí hacemos pie sobre la nueva escritura emergente que viene levantando polvo. Pero no es sólo eso. Es más.

Si avanzamos, parcialmente, desde la construcción de los personajes que plantea La calle de los maniquíes de Federico Levín, veremos que, casi como un calco, las experiencias se repetirán hasta el final de la antología, aunque con las sorpresas necesarias que puede darnos Oliverio Coelho en “Diario de Boedo”, o “Animetal” de Leonardo Oyola y hacia el final “Walter y el perro dos narices” de Juan Incardona. El resto de las obras cumplen y trazan la misma línea: Personajes que describen puntos y referencias a lugares ejemplares de Buenos Aires como Palermo, o Parque Patricios o Retiro, que en sí mismos son bastante meritorios por su tradición, para elevar al creador. Por eso he dicho que revitaliza la literatura, ese es el trabajo de estos jóvenes escritores, darle un nuevo sentido a lo cotidiano y a su vez, fuerza a nuevas generaciones. Lavarle la cara al entramado de historias que golpean lo cotidiano y habitual, despejar el campo para volver a barajar las posiciones de la realidad de los escritores.

Segundo: “First the First” diría Animetal. Lógicamente, es inevitable pensar que una antología supone riesgos inevitables. Riesgos económicos, seguramente. Riesgos de que muchos lectores huyan despavoridos, aunque no es el caso por dos motivos: El primero simplemente, por que no todos los escritores que participan de la obra son desconocidos y segundo, porque la lectura de uno de los cuentos, supone la necesidad de la lectura del próximo (y esto se observa en la calidad de los trabajos) por naturalidad, por sorpresa, por sentido ilativo, por mera curiosidad. Considerando el riesgo que supone realizar una antología, destacamos que esta viene a reivindicar el pensamiento que supone dicha recopilación y es en la unidad temática que propone, donde gana crédito. No se pierden los nombres porque sin ir más lejos, la temática misma, los ata a un recuerdo, a un barrio. Buenos Aires/ Escala 1:1, gana en todo el sentido de la palabra, porque aprovecha el total de sus páginas para resemantizar el recorrido de las maquinas, de los colectivos, ese recorrido que todos hacemos a diario o hicimos: Los barrios. No hay perdida.

Entrando en la cueva donde moran los textos que pronto añadiremos a nuestro inconsciente, cuando al pasar por Jean Jaures y Corrientes o por el Bajo Flores recordemos ese nombre que va a titilar y nos traiga a cuento una historia joven, de un joven escritor. Entrando en esa cueva, donde Leonardo Oyola nos recibe con “Animetal”, nos recibe y no deja que confundamos un Japonés con un koreano, porque es bien Koreano, allí el sentido de pertenencia es tan grande como la antología misma. El saber y la experiencia de los personajes llevan de la mano entre la realidad del barrio, entre las verdades que encierran los paraguayos y las otras vicisitudes de una noche cualquiera. Pero la pertenencia es insalvable. “Híbrida” dirán, porque el personaje es un Koreano, “No” podemos responder, porque lo que se renueva y resuelve es toda una imagen y una geografía.

Y una geografía es la que dará Oliverio Coelho en las andanzas por Boedo y la construcción que realizará en cada bar donde deposite su presencia. Porque en cada lugar donde se detiene esparce las entrañas de su ser y allí queda el creador. Es el autor que merodea las calles y con cierta nostalgia revive, a modo de diario personal, las hazañas de un andar lleno de vida. Es la nueva ciudad la que se descubre, la mítica que va a dar cuenta de sus rarezas y novedades.

Entonces, como una ráfaga, “La traición de Calubio” de Maximiliano Tomas, recordará las traiciones más añejas, más esperanzadoras, más redentoras. Es la traición de un hombre y de un problema que parece no tener solución pero encuentra su salida, indefectiblemente, en el áspero cruce con la memoria. Es la fuerza de lo impensable ante la humanidad de la inocencia, del joven que confía y muchas veces no premedita.

Tercero: Eso es nuestra antología Buenos Aires/ Escala 1:1. Los barrios por sus escritores, un acerbo de jóvenes promesas (y presentes realidades) que avanzan sobre un campo ya construido, ya prestablecido y quizá algo añejo, que pide a gritos se devuelva su inocente mirada. La lectura de la obra nos presta sus ojos nuevos y nos recuerda las sensaciones que se pueden tener, las nuevas miradas de nuestra geografía y de nuestra literatura.

Entonces, cuando lleguemos al final de las líneas, cada personaje tiene una historia real que quedará inmortalizada en los anales de un barrio, de unos nombres que se mezclarán para dar cuenta de una época y de que algo naciente se venía dando, algo que hoy, es presente. El escritor que es personaje y que es un barrio.

Cuarto: Una antología. Un barrio único. Ojos nuevos para la literatura.

martes, diciembre 18, 2007

Social & familiar

Hoy martes, a las 19:30 hs, en Appetite, Diasdorados (de Valentina Liernur): performance/suceso con Ariel Farace, Esteban Bigliardi, María Villar, Julián Tello, Julián Larquier y Romina Paula, entre otros.
Chacabuco 551, San Telmo.

Que no falte nadie.
Salvo, bueno, Sebastián Martínez Daniell, que para evitar el amontonamiento de gente y poder excusarse elegantemente tuvo la precaución de tener un hijo esta misma mañana.

viernes, diciembre 14, 2007

miércoles, diciembre 12, 2007

Get in the ring

Esta tarde, a las 19:00, en el Malba (auditorio "Kite Surf"), la señorita Sonia Budassi dialogará amenamente con Rodolfo Fogwill. Es gratis.

lunes, diciembre 10, 2007

Indio Rico x 2

El vino del indio rico [vía revista Enie]
Cinco botellas de Vasco Viejo y vasitos de café de plástico esperan desde temprano a que termine el acto y empiece el brindis, y que se brinde por el ganador del premio de nouvelle Indio Rico, entregado por Estación Pringles, "una sociedad flexible y móvil destinada a revelar situaciones culturales mínimas", presidida por Arturo Carrera.
El premio consiste en un afiche, que es en realidad un símbolo porque lo que ofrece Indio Rico es la atención de tres escritores -en este caso, César Aira, Daniel Link, Alan Pauls-, en un libro y su publicación a través de la editorial Entropía.
El texto elegido se llama Berazachussetts y en su gran noche su autor, Leandro Avalos Blacha, se sienta tembloroso frente a su público para leer, de unas hojas sueltas, partes de su obra. Nervios de ganador, los papeles se le desordenan y una sutil sonrisa surge de la mesa, donde está acomodado el jurado. Después, abrazos de familia y vino en vasitos.

EL DISCÍPULO [vía Paparazzi]
En el Centro Cultural Ricardo Rojas se entregó el premio literario Indio Rico al joven escritor Leandro Ávalos Blacha por su novela Berazachussetts, que será publicada por la editorial Entropía. Impulsado por el proyecto cultural Estación Pringles, el certamen contó con un jurado exquisito: César Aira, Alan Pauls y Daniel Link, quienes eligieron a la novela premiada por unanimidad. Cuando recibió el premio, Ávalos Blacha agradeció a su maestro literario, Alberto Laiseca, que observaba el acto mezclado entre el público. Entusiasmado, el escritor galardonado leyó varios capítulos de su libro -mientras Laiseca sonreía y jugaba con sus bigotes- hasta que los aplausos lo interrumpieron para dar paso al vino de honor. Se anunció que el jurado de la próxima edición estará integrado por Ricardo Piglia, María Moreno y Edgardo Cozarinsky.

jueves, diciembre 06, 2007

I used to love her...

Este sábado, 20 hs., penúltima función de Cien pedacitos de mi arenero, de Laura Fernández (en breve por Entropía).

En Apacheta, Pasco 623.

Vayan y desborden las instalaciones.

miércoles, diciembre 05, 2007

El que tuvo sed

["Besos", texto leído por Iosi Havilio en el ciclo Confesionario]

A los trece años me agarró la costumbre de darle besos a una botella de Criadores antes de ir a la cama. Besos al pico enroscado, besos de lengua, profundos, y ahora que lo pienso, más cerca del sexo oral que de los besos de boca. En la oscuridad de mi cuarto, con los ruidos de la avenida corriendo cuatro pisos abajo, se había convertido en un rito íntimo, casi una cábala. Incluso a veces, que ya me había acostado, la garganta me ponía en alerta negándome el sueño porque no había corrido ese trago de whisky caliente que la dejaba ardiendo por un rato. Entonces me levantaba, daba los tres pasos que me separaban del baúl verde, corría las frazadas, descartaba la enorme caja del tren eléctrico brasilero, y a ciegas, reptando con la mano por la pared del baúl, atrapaba por el cuello la botella de criadores que me esperaba siempre fiel. Le daba unos chupones, de pie, y quedaba entonado para esas primeras pajas torpes.

En casa no se tomaba alcohol, mamá tomaba otras cosas, más contundentes, por eso, cuando alguien venía a comer o algo, se traía una botella, casi siempre de vino blanco. La que no se despegaba nunca de su vaso de whisky era María Ester, una pintora amiga de mamá que se traía su propia botella y al irse la dejaba en la vitrina de un aparador del comedor, para la próxima. No sé mucho cómo, pero de tanto pasar, de tanto ver ese envase retacón con su líquido dorado, cada vez que entraba o salía de mi cuarto, un día me la apropié. Eso fue lo primero que hice, apropiármela, y esconderla en la baúl verde, que ya funcionaba como mi cofre vicioso, porque ahí también guardaba, en un pequeño bolso azul acolchado, de club, mi modestísima colección de revistas quasi porno, revistas con mucho relato y pocas fotos, revistas de bolsillo que por eso mismo, por su tamaño, por su sobriedad, me había animado a comprar.

(Sigue en nuestro patio trasero)

martes, diciembre 04, 2007

Mañana

Repártanse equitativamente entre estas dos presentaciones:




lunes, diciembre 03, 2007

Estudio del amor

[por Celia Dosio, para Perfil]

El amor. Entropía acaba de publicar la trilogía de Lola Arias que incluye fotos, fichas técnicas de cada estreno y un bonus track donde se recuerda la génesis de esos textos. Las obras tienen un personaje en común pero la unidad también se logra por un sutil entramado de citas y referencias. Dice Lola: “esta trilogía podía pensarse como un estudio del amor en tres partes: el inicio del amor (Sueño con revólver), el final del amor (Striptease) y el duelo (El amor es un francotirador). Y como telón de fondo, una ciudad oscura, amenazante, post-todo: Buenos Aires del futuro, idea recurrente, sugerida, apenas vislumbrada pero también muy eficaz".

Lo real. La experiencia de lectura hace que estos textos se escapen de la realidad escénica y se acerquen a la poesía. Lo más interesante de lo que sucedía en escena adquiere en el papel la forma de acotaciones tan irrepresentables como literarias. Por ejemplo, al describir los movimientos de un bebé como los de un “robot melancólico” o decir que “su corazón es la banda sonora del mundo”.

En toda la trilogía está esa exploración con los límites de la representación. Ya sea por la presencia del bebé (¿puede actuar un bebé si todavía no está en el lenguaje?). O en Sueño… que transcurre en una penumbra casi total, intuyéndose los cuerpos semidesnudos apenas por sus movimientos. O en El amor… cuando se cuenta la historia de cada uno de los tatuajes que el actor (no el personaje) tiene en su cuerpo.

Al mismo tiempo, ciertos textos que resultan especialmente literarios en la puesta, se vuelven más explícitos y menos poéticos a los ojos del lector. Por ejemplo, cuando en Sueño… la voz masculina pregunta:

“¿Dónde vivís?

En el Norte.

¿En los barrios alambrados que tienen guardias con rifle?

No, en la periferia, donde están los trenes de los pobres.”

Esas tensiones con lo que excede la representación dan cuenta de una profundidad y sensibilidad poética tan singulares que hacen de la lectura de la trilogía una experiencia a disfrutar.

viernes, noviembre 30, 2007

De la saga trágica

Esta noche, después de la entrega del Premio Indio Rico, no dejen de acudir masivamente a la última función de Ifigenia en, de Agustina Gatto. Es a las 22:30, en El Excéntrico de la 18, Lerma 420.

viernes, noviembre 23, 2007

Drim tim

Laura Fernández
Mariana Chaud
Romina Paula
Julieta De Simone
Lola Arias
Agustina Gatto
Agustina Muñoz

(Muy pronto, en Entropía.)

martes, noviembre 20, 2007

Herzog para principiantes

San Francisco, 16/6/1979
Casa de Coppola sobre Broadway. Afuera un viento muy fuerte sacude con violencia los arbustos de laureles. Los veleros en la bahía se inclinan por completo; las olas están afiladas, inquietas. Desde Alcatraz el faro manda señales, en pleno día. Todos mis amigos "no" están ahí. Cuesta acometer este trabajo, esta enorme carga de los sueños. Sólo los libros dan algún consuelo.
La torrecita, arriba en la esquina de la casa, designada ingenuamente para la meditación, está repleta de una claridad tan chillona que me atrevo a asomarme sólo de a un minuto por vez, luego vuelve a hacerme retroceder. Puse la pequeña mesa contra la única porción de pared, el resto son ventanas llenas de luz enloquecida, y en la pared dibujé con regla y lápiz puntiagudo una retícula de precisión matemática. Eso es todo lo que veo: el punto donde las líneas se cruzan. Trabajo en el guión con mucha furia y urgencia. Será apenas poco más de una semana, mirando fija y desquiciadamente ese punto.

San Francisco, 17/6/79
El padre de Coppola me hizo escuchar una grabación de su ópera. Al oírla adquiere un rostro notoriamente enjundioso, severo, inteligente, muy en contra de su aspecto.

San Francisco, 18/6/79
Télex de Walter Saxer desde Iquitos. El asunto se ve bastante bien, sólo que es probable que en poco tiempo todo se venga abajo. Somos como trabajadores con rostros serios, confiados, que construyen un puente sobre un abismo, pero sin pilares. Hoy tuve una prolongada conversación casual con el productor de Coppola, que entre un milkshake y una hamburguesa me quiso hacer creer de pasada que él se haría cargo del destino del proyecto. Le di las gracias. Me preguntó: sí, gracias, o no, gracias. Le dije no, gracias. Después de la operación de hernia, Coppola no se siente aún del todo bien. En él se mezclan de forma singular el lamento quejumbroso, la necesidad de protección, el trabajo profesional y el sentimentalismo. La oficina del séptimo piso se afanaba febrilmente por tener una cama de enfermo en la sala de montaje y otra para transportar y armar donde fuera. A Coppola no le gustaban las almohadas, estuvo la tarde entera refunfuñando sobre los ejemplares que le traían con esmero, y rechazó todos.

Los Ángeles, 19/6-20/6/79
Piso de los ejecutivos de la 20th. Century Fox. Resulta que todavía no hubo contactos sustanciales entre Gaumont, los franceses y Fox. Además, acá es una obviedad no discutida que se subirá un barquito de plástico por encima de una colina dentro de un estudio, tal vez incluso en un jardín botánico que no esté muy lejos, por qué no San Diego, ahí hay invernaderos con buenas plantas tropicales, dije qué son entonces las malas plantas tropicales, y dije que la obviedad que no se discute es que tiene que tratarse de un verdadero barco de vapor sobre una montaña de verdad, pero no por una cuestión de realismo sino por estilizar un gran evento operístico. A partir de ahí, las amabilidades que intercambiamos se cubrieron de una ligera capa de escarcha glacial.

[Conquista de lo inútil, próximamente en Entropía]

viernes, noviembre 16, 2007

El hombre del lobo

[microrrelato de Augusto Bianco publicado en Perfil]

El niño yace tumbado en sollozos cuando el animal se aproxima. La tibieza de la lengua en la mejillas le abre los brazos, frenéticos. Logra aferrarse, embocar un pezón, mamar a la desesperada. Por sobre su cabeza, rastrillando el cielo, el viento acarrea nubes de una cumbre a otra.

Diez meses antes, cuando nació, era la guerra. El padre había partido para el frente y la madre, huérfana de sí misma en medio de la barbarie, a poco de parirlo eligió la paz por sobredosis de barbitúricos. El recién nacido quedó en manos de la doméstica que lo crió en silencio y devoción. Cuando una bomba entró por la chimenea y sin explotar quedó latiendo en el living, la mujer recogió al pequeño, se lo cruzó sobre el pecho para darse ánimos y caracoleando entre cráteres y escombros se dirigió hacia su casa natal en las montañas. Anduvo en la noche y se ocultó durante el día, cuesta arriba hacia el sol, hasta reconocer finalmente el sendero, la higuera, la cerca de piedra. Con sus últimas fuerzas y con el niño pataleándole sobre el vientre, volvió a recorrer la doble hilera de álamos hacia el único lugar donde alguna vez había sido feliz. La vivienda estaba en ruinas pero ella no pareció advertirlo. Deshizo el hatillo, depositó a la criatura allí donde su madre se sentaba a hilar todas las tardes, lo cubrió con su chal, levantó la vista... Y comprendió. Comprendió que había pasado demasiado tiempo desde que ella a los nueve años había bajado a la ciudad de la mano de su primera patrona como para que sus padres vivieran y la casa conservara su integridad. Ella misma apenas podía sostenerse sobre sus fémures cansados. ¿Cuánto hacía que no se buscaba la mirada en el espejo? Sintió como de pronto y sin ruido entre las vértebras y las costillas los años se le desmoronaban todos juntos uno sobre otro. No estaba triste. Se sentía liviana, transparente. Comprendió que su misión estaba cumplida, que se había agotado su tiempo y estaba lista. Puso junto al niño dormido los últimos mendrugos y se alejó con la intención de dejarse morir allí donde la tierra quisiera recibirla. La encontró la loba, la misma que más tarde se encargaría del niño y la devoró mansamente junto a sus cachorros, limpiando los huesos.

Pasó un tiempo. El niño era casi un muchacho, un muchacho-lobo cuando apareció por allí un hombre, el primero en años, arrastrando consigo la historia de su especie. El niño lobo lo observó a escondidas durante días. Una noche lo vio caer vencido por el sueño junto al fuego y llevado por un impulso irrefrenable se acercó. Mientras lo devoraba con los ojos el hombre que duerme sueña que no está solo y despierta. Trae la mirada desorbitada de quien viene del otro lado del mundo. El lobo humano extiende las patas, su dentellada convertida en lengüetazo. Vencido por el espanto el hombre extrae un cuchillo y se lo estrella en el pecho. La sangre salta y retoma su curso natural. La devoción de la criada, la leche de la loba, la furiosa algarabía de la manada vuelven a la tierra. La última llama se extingue. El hombre con el arma en la mano queda solo temblando bajo la cúpula del universo. Sobre su cabeza giran imperturbables los astros.

miércoles, noviembre 14, 2007

Ciudad oculta

[vía "Caras y Caretas", por Raúl Arcomano]

Una excusa para reconfigurar y reinterpretar la ciudad. Generar nuevas miradas a partir de un deambular flaneur. Literatura con el territorio urbano de telón: cuentos, apuntes, diarios personales. Todo eso es Buenos Aires/ Escala 1:1, una antología de jóvenes escritores, nacidos entre 1968 y 1982 con un reto: escribir y describir 25 de los 48 barrios porteños. Plasmar "breves ficciones que dan cuenta –de forma explícita, oblicua o abstracta– de ciertas particularidades urbanas, demográficas e idiosincráticas", apunta el libro. Que es, en su trazado, "una suerte de catastro de la narrativa argentina actual".
El libro fue editado por Entropía y compilado por el escritor Juan Terranova. El resultado no es una guía turística, pero sí dibuja un mapa "amable y cotidiano" de la diversidad porteña, dice Terranova. ¿Desde qué lugar se narra a Buenos Aires en el libro? "Supongo –responde– que se escribió más cerca de la pulsión arlteana, esa pulsión de caminar la ciudad y vivirla entre sus miserias y sus grandezas, que del espacio mítico borgeano. Hoy la ciudad de Buenos Aires es, al mismo tiempo, un monstruo tentacular y una madre permisiva, que te deja ir y te deja hacer y te recibe cuando volvés lastimado o triunfante."

Continúa por acá, en un escaneo de incómoda lectura (el departamento de tipeo sigue de huelga).

martes, noviembre 13, 2007

Powerpuff chick

[vía Paparazzi]

(...) También se presentó Buenos Aires Escala 1:1, la antología de jóvenes narradores compilada por Juan Terranova. Cuando le tocó el turno de leer su cuento a Marina Mariasch, Sebastián Martínez Daniell se ofreció a sostenerle el micrófono. Mariash fue terminante: "De ninguna manera. Soy autosuficiente", le dijo. Leyó -con el micrófono en una mano y el libro en la otra- una historia protagonizada por una narradora en primera persona, repleta de escenas eróticas de subido tono. "Los que quieran saber si es o no autobiográfico pregunten después de la lectura", desafió Mariasch. Muñeca brava.

lunes, noviembre 12, 2007

Recuerde el alma dormida...

[Una entrevista a Diego Muzzio, firmada por Augusto Munaro]

(...) Con Mockba (Editorial Entropía), puede afirmarse lo que Lovecraft alguna vez expresó al recordar los relatos de Ambrose Bierce, cuando justificó que tratan "horrores físicos y psicológicos dentro del orden natural". Para el presente autor, lo tenebroso reside en la realidad cotidiana. Lo siniestro existe entonces, en las acciones que sus personajes protagonizan ante el polimórfico rostro de la muerte.
En esta entrevista, Muzzio habla con inteligencia sobre su estilo pudoroso, y de "Mockba", que incluye cuentos como "El desplazamiento", "Shankar" y "El cementerio central", escritos que enriquecen a la literatura nacional.

-¿Por qué la muerte como epicentro en su primer libro de relatos, Mockba?
- La muerte siempre fue, para mí, un tema muy presente. Mi padre murió joven, yo tenía apenas diez años. De manera que, a partir de entonces, la muerte fue para mí una obsesión.

-¿Cuánto tiempo le demandó la redacción de los doce cuentos? ¿Recuerda las circunstancias que lo llevaron a escribir alguno en particular? ¿Cuál le resultó más desafiante y por qué?
- El libro lo escribí muy rápido, alrededor de cuatro meses, aunque después lo corregí durante años. Cuando estudiaba Letras en Puán, volvía todas las noches en el colectivo 44, que bordea la Chacarita; en esos viajes se me ocurrió "El correo del Zar", ese cuento en el cual un chico atraviesa el cementerio trotando, todos los días, yendo de un puesto de flores al otro. Creo que los cuentos que resultaron más complejos son aquellos donde el diálogo tiene un papel preponderante, ya que hay que escuchar la voz y la entonación de los personajes y, al mismo tiempo, ser muy preciso y medido. (...)

Toda la entrevista, acá.

viernes, noviembre 09, 2007

Californication

La otra tarde, en la Funceb, y recién llegado de Santiago de Chile (hacia donde peregrina anualmente para visitar a Pedro Lemebel), Iosi Havilio leyó el siguiente texto, que bien podría haber formado parte de “Buenos Aires. Escala 1:1”. Y lo hizo sin amplificación, aun a riesgo de que el tintineo de las petaquitas de pisco que escondía en el bolsillo de su perramus tapara su sonora voz de barítono.
El relato se llama “California”.


Salgo a eso de las doce. Ordeno un poco, apago la luz y cruzo el patio. Casi siempre los perros se me vienen encima. Los atajo como puedo, con los brazos extendidos, nunca supe perderles el miedo. Se calman lamiéndome la punta de los dedos. En la escalera, los olores de adentro, a corazón hervido, kilos y kilos de corazón hirviendo que se van a comer los perros, se confunden con los de afuera, y esa mezcla, esa síntesis, siempre distinta, me cambia el ánimo, engordándolo, o pinchándolo, según. Porque ese olor a útero cansado que sale del fondo del río, ese olor que a veces me diseca y otras me vuelve el más valiente, que es el olor de las deformidades, de las tres orejas y de las mandíbulas rectas, ese olor a pólvora con azufre, y a semen con limón, picante, agrio, devastador, que cambia de color con el viento, la marea, los astros, ese olor mágico hoy está de mi lado. Y en esta esquina de California y el río, con la luna enorme, oblonga, y amarilla trabada entre los puentes empieza mi aventura. Tengo un chicle rojo enloquecido en la boca y un cigarrillo doblado en la punta de los labios, voy rumbo a la civilización, no es muy lejos, serán unos quinientos metros, dos curvas y una recta. El movimiento es inusual, las chicas, los chicos, los anteojos, las botas arremangadas, ese estado único, crónico, que me llena de satisfacción ajena. Me meto, acertando en las miradas, una mano en el vermú, y un pie en la terraza, hago un esfuerzo, quiero participar, pero algo funciona mal, algo trastabilla, las palabras me salen torcidas, no entiendo el código, me arrepiento, me angustio, retrocedo, y con la noche encima, cargándose de espuma rancia, camino por la costanera tarareando canciones que no voy a tocar nunca más en el piano. Entre los puentes, antes de la autopista, las canoas, las balsas, y las cintas de clausura donde encontraron al chino decapitado la semana pasada. Más allá está la villa, tan cerca. Me excito pero no avanzo, vuelvo sobre mis pasos, agarro por Brown, y se me van los ojos admirando las marquesinas de los piringundines, resisto, cierro el puño, frunzo las piernas. Me dije que no, que no iba a volver a entrar, pero mi fuerza motriz habla sola, cuál mejor, cuál más delicioso, quisiera abarcar a todos a la vez, repartir mis miembros, multiplicarme, cierro los ojos, y apunto al azar. Ahí voy pasar la noche, cruzo la calle, respiro profundo y entro, respetuoso, sin mirar a los costados. En la barra pido una cerveza rubia, la mujer me mira como nunca, aceptándome, o amenazándome. En este antro perfecto, sin ventanas ni tragaluces, la mesa de pool divide el universo en dos, de un lado la pista, del otro la platea, una pareja de tres baila en el medio, dos chicas con cueros juegan al pool, me quedo tímido, esperando, con sonrisa de muñeca articulada. La primera media hora pasa sin novedades, soy feliz igual. Al rato entran tres hombres robustos, las caras de piedra, hermosas, mitad rusos, mitad paraguayos, entran y todo cambia, vienen hacia mí, me encandilan, brutos, tatuados, vanidosos, en la barra piden sus cosas, sin hablar, parpadeando, y les llegan vasos de distintos tamaños, con líquidos blancos, negros, transparentes, y entre trago y trago, se palmean, miran, me miran, me encierran. Voy a olerlos, tengo que olerlos, saborearlos, y alguno de los tres, no sé cuál, me va pasando por debajo del asiento, vasos, muchos vasos llenos que tomo hasta el final, uno con leche, otro con vodka, otro con café, uno blanco, otro negro, otro transparente. Con la garganta de fuego, oigo sus palabras mordidas, gruñidas, trato de entender, el por qué de los rosarios que corren por sus manos, los granos de café que se pasan por los orificios de la nariz, el origen de los besos que se dan muy cerca de la boca. Me doy cuenta de que no soy nada, me entrego, me dejo caer.

Salgo en cuatro patas, el pantalón desgarrado, la piel brillante, regurgitando leche y la oscuridad del cielo empieza a ceder. Salgo temblando, las piernas hacen menos de la mitad de lo que les pido, pero igual llego, medio rastrero a la vera del río, y me recuesto boca arriba en un banco de hormigón, con la panza llena. Va ser un día raro. Acurrucado, dormitando, con las patas en el aire, fumo el primer cigarrillo de la mañana, y ahora que asoma la punta del sol allá en el horizonte, no puedo entender como se hizo tan temprano, pero ya no tengo apuro, estoy cerca. Desde acá mismo, si quisiera, levantándome un poco, o sólo cabeceando, podría ver mi altillo de California y el río, y también, con un poco de ganas, las colas de esos perros podridos. Voy a ir más tarde, en un rato, y voy a dormir hasta las cinco, voy a juntar el sueño con la siesta, pero por ahora quiero quedarme mirando, un poco más.

jueves, noviembre 08, 2007

Pinta tu aldea

[por Carolina Sborovsky, vía WickedBA]

Desde hace un tiempo, la nueva generación de narradores denominados por la primera antología que los reunió como “la Joven Guardia” viene demostrando que la ficción porteña se renueva con auspiciosa vitalidad. A partir del suceso de esa primera selección, siguieron varias otras como la femenina Una terraza propia (Norma), la picante En Celo, sobre sexo, editada por Mondadori que acaba de sacar In Fraganti, a partir de resonados casos policiales argentinos. La consigna de Escala 1:1 (Entropía), esta vez, fue contar los barrios de Buenos Aires. Aquí la “Joven Guardia”, ya ampliada, dibuja un mapa literario, una travesía de veinticinco relatos alejados de cualquier guía turística. Fijados con la precisión del cronista atento, cada uno es una muestra de fidelidad a las calles tantas veces recorridas donde conviven la capacidad de observación, la sensibilidad para el ritmo y el desenfado para contar.

Entre toda la paleta, algunos textos son verdaderos hallazgos, como “Eleven”, de Natalia Moret, quien elude tics de chica sexualmente liberada y da una ingeniosa vuelta de tuerca a ese clisé; “Animetal”, el genial cuento en el que Leo Oyola crea un potente voz lumpen (e incluso la parodia) en una helada noche en el Bajo Flores; “Capacidad de adaptación”, un agudísimo micro- memoir de Sonia Budassi; “Autocine” del también actor Mariano Pensotti y “En la santería”, la filosa excursión a la sordidez barrial de Hernán Vanoli. La primera persona y las anécdotas casi mínimas en la mayoría de los relatos da a esta antología un tono bastante íntimo, en algunos casos nostálgico o de reflexión en voz alta que, junto con el estilo llano, directo y el leve cinismo para tratar ciertos temas caracterizan a esta nueva generación. Quizás otros relatos, menos afortunados, vuelvan algo despareja la calidad total de la colección, o de a momentos algunos (pocos) la vuelvan monocorde; sin embargo esa heterogeneidad, creemos, puede ser tomada como parte de la consigna y el riesgo de la antología.

La Buenos Aires que se dibuja es contradictoria, festiva, cruel y bestial. Heterogénea y fascinante, cada relato arma figuras caprichosas en el vertiginoso calidoscopio de nuestra urbe. Como advierte el escritor y compilador Juan Terranova: “Buenos Aires incluye tanques de agua teñidos de óxido, terrazas llenas de macetas, calles bien y mal iluminadas, parques reciclados, avenidas y edificios, personajes excéntricos y para cada uno de sus habitantes, la poética del recorrido privado. Además, sus aldeas, a las que llamamos barrios, generan sus historias y sus formas de desprecio y seducción”.

Completa, acá.

miércoles, noviembre 07, 2007

martes, noviembre 06, 2007

RRHH

Por favor, no insistan. No contratamos traductores que hayan ganado menos de dos certámenes internacionales de narrativa. Gracias.

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Premio Iberoamericano de Novela Breve “Juan de Castellanos”

El día 30 de octubre de 2007 se reunió en Madrid el jurado del Premio Iberoamericano de Novela Breve Juan de Castellanos con el propósito de emitir su veredicto sobre la obra ganadora del certamen. Presidido por Carmen Posadas y con participación de los otros dos miembros, Juan Cruz y Daniel Samper Pizano, el jurado debatió las novelas breves finalistas y llegó por unanimidad al siguiente veredicto:

Ganadora, “Muñecas”, que lleva la firma de Osvaldo Caracol y el número 290 entre los participantes.

El jurado quiso destacar de “Muñecas” que se trata de “una obra interesante y que sorprende tanto al propio lector como a sus protagonistas. Llaman la atención los monólogos interiores y algunas escenas surrealistas que llegan a la comicidad. Entre los manuscritos leídos por el jurado, es este el que demuestra un mejor conocimiento y mayor dominio del género de relato o novela breve por parte del autor”.

Abiertos los sobres que contenían los nombres correspondientes a los seudónimos de las obras señaladas por el jurado, pudo saberse que el ganador es Ariel Magnus, de Argentina, quien obtendrá un premio de US$ 15.000.

miércoles, octubre 31, 2007

Fumata bianca
























En Buenos Aires, a los 30 días del mes de octubre de 2007, los Jurados del Premio Indio Rico que firman el presente dictamen se reúnen para emitir fallo de acuerdo con las Bases del Premio elaboradas por Estación Pringles para la edición 2007 en el género nouvelle, objeto de la convocatoria.
Luego de haber leído con atención los treinta y siete (37) originales recibidos oportunamente, los jurados deciden declarar finalistas a las siguientes obras, presentadas con los seudónimos que se aclaran entre paréntesis:

Berazachussetts (Jorge Romero)
Desgrabaciones ordinarias (Clifford)
La ira del Curupí (Juan Baini)

Discutidas las obras de referencia, el Jurado decide por unanimidad otorgar el Primer Premio a la nouvelle

Berazachussetts (Jorge Romero)

de la que se destacan el estilo desenvuelto y corrosivo con el que el autor tritura las convenciones de género y el modo en que hace coincidir los motivos más emblematicos de la cultura chatarra de nuestros días con la geografía del conurbano bonaerense, para construir un universo ficcional particularísimo cuya mayor virtud es la felicidad con la que se impone al lector.
Berazachussetts es un relato original y cautivante que, al mismo tiempo que conecta con las más desenfadadas tendencias de la literatura actual, reclama una reflexión sobre las complejas y muchas veces absurdas relaciones entre literatura y mundo social.

Una vez abiertos los sobres y verficados los datos, se declaran finalistas a

Mariana Terrón por Desgrabaciones ordinarias
Leandro Ávalos Blacha por Berazachussetts
y Diego Fernando Meret por La ira del Curupí

Se otorgan menciones especiales y recomendación de publicación. a Mariana Terrón, en primer término, y a Diego Fernando Meret, en segundo término. El ganador del certámen, Leandro Ávalos Blacha, fue notificado en el acto de la decisión del jurado.

César Aira, Daniel Link, Alan Pauls

martes, octubre 23, 2007

Esto no es una presentación

Editorial Entropía y la Fundación Centro de Estudos Brasileiros invitan a

Buenos Aires/ Escala 1:1
en la FUNCEB

Leen Marina Mariasch, Iosi Havilio y Félix Bruzzone
(Entonces: es una lectura, la presentación “oficial” es el mes que viene.)

Jueves 25 de octubre, 19hs.
Esmeralda 969

martes, octubre 16, 2007

“Mapa de fantasía para narrar a Buenos Aires”

Por Julián Gorodischer [para el suplemento Cultura de Página/12]

La visita a la ciudad literaria, que se desprende de la ficción reciente, empieza en Palermo, narrado con una furia digna del colombiano Fernando Vallejo (La virgen de los sicarios), en la antología recién publicada Buenos Aires. Escala 1:1 (Entropía), allí donde se escribe que “como Cambridge, como Padova, como la Sorbonne, el barrio de Palermo cuenta, también, con su propia universidad. La Universidad de Palermo, privativo palacio de la memoria. Aunque su proyecto académico más verosímil a la fecha sea la loable tarea de auspiciar, con representativa gentileza, a Los Simpson. Por Fox”. El mérito del paseo de Nicolás y Adrián en el relato Palermorama en seis vuelos rasantes, de Nicolás Mavrakis, es incorporar la palermidad a la forma, empapar la mirada de los que andan de una liviandad menos ligada a lo etéreo que a lo intrascendente. El “territorio” ingresó con fuerza a la ficción de este año, tomando partido por el Contarás tu aldea en El Once (Alfaguara) de Marcelo Birmajer y en Filcar, ese híbrido agudísimo entre el ensayo y la crónica que Alan Pauls les dedicó a ciertos emblemas del ex Palermo rojo en el libro Diagonal Sur (Edhasa).

Completo, aquí

miércoles, octubre 10, 2007

¿Qué escriben los que nacieron después de 1960?

MARTÍN KOHAN
IGNACIO MOLINA
PATRICIA RATTO
PAULA VARSAVSKY

Y el bonus track intergeneracional:
MARÍA ROSA LOJO

Coordina ELSA DRUCAROFF


Domingo 14 de octubre, 18 hs

CasaBrandon
Luis Maria Drago 236 (a dos cuadras de Canning y Corrientes).
Parque Centenario, Buenos Aires

jueves, octubre 04, 2007

Paula 2.0

Anticipándonos a la inminente segunda edición de ¿Vos me querés a mí?, de Romina Paula...

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[El placer no es una variable, por Alejandro Soifer para "Alrededores"]

La época de la abulia existencial tiene diversos epígonos y ha encontrado en cierta literatura de nuestros días, una encarnación proliferante.
Puede pensarse una trama que entrelaza la estética del Nuevo Cine Argentino con la de algunos de los escritores nóveles que empiezan a ver la luz de la existencia por mano de algunas editoriales que están apostando a esta literatura fresca.
En ese sentido, la Editorial Entropía lleva la delantera en cuanto a preciosas publicaciones de interesantes nuevas promesas del campo literario y de la estética de existencias abúlicas.
La editorial pareciera estar encarando la edición de sus libros siguiendo la regla del “secreto del éxito” de toda pequeña editorial: publicar para determinada pequeña porción de mercado que las grandes editoriales descuidan. Lo que se llama “el nicho editorial”.
Entropía por su parte, pareciera haber encontrado su nicho en lo que podría llamarse “la efervescencia de Puán”: la construcción de lo cool y lo integrado que es ser de Letras en este momento o ser del palo de Letras (basta recorrer los centenares de blogs e intervenciones en blogs de satélites de la carrera, los encuentros de estudiantes de letras, los ciclos de lecturas de narrativa y poesía que se expanden por cuanto antro haya en la ciudad, la importancia de las nuevas revistas literarias de Letras y las intervenciones mediáticas de gente de letras que adquirió, con el Caso DiNucci del verano 2007 su momento de mayor exposición).
“El mundo como supermercado” es el inteligente título (no así tanto el libro) que le puso Michel Houellebecq a una colección suya de artículos de revistas. En momentos en que es clara la forma en que los ciudadanos somos tratados como consumidores a los que se nos intenta vender cualquier cosa como se intentaría vender jabón en polvo, también hay una literatura que puede ser de consumo masivo pero que al mismo tiempo, está contaminada de guiños formales, estructurales y de contenido que harían sonreír de satisfacción a cualquier estudiante que haya aprobado Teoría y Análisis Literario I.
“¿Vos me querés a mí?”, primera novela de Romina Paula se inserta en ese preciso espacio.
La novela toca varios tópicos de la insatisfacción juvenil y en su apuesta por una retórica ampulosa y vacía, desarrolla su problemática: la duda.
Enunciada desde el título, la duda es duda de todo: los valores familiares, el amor, la verdad, la sexualidad, las fantasías, la normalidad, la muerte y el psicoanálisis.

Para leer el resto del texto, pulse aquí.

martes, octubre 02, 2007

lunes, octubre 01, 2007

Micronesia

[Microrrelato publicado en Perfil por nuestro escritor en boga, SMD]


Estoicismo para lactantes

Por supuesto que yo también tuve padres, niño. Y que mis padres tuvieron padres. ¿Qué más quieres saber? Ya te lo he dicho. Éramos multitud. Estábamos aquí desde siempre; teníamos un linaje más antiguo que la hierba. Vestíamos pieles de bestias rastreras. Desollábamos serpientes y cubríamos nuestras vergüenzas con angostas escamas. Y pasábamos frío. No creas, niño, que no pasábamos frío. Sufríamos los inviernos y nuestra gente era diezmada por el viento del Norte. ¿Qué me puedes decir tú? ¿Te gustan tus estufas, tus bufanditas? Nosotros moríamos en los brazos de cualquiera, sobre la nieve. Metíamos los pies entre las vísceras de los cadáveres tibios. Encendíamos fogones con los bosques y asesinábamos por dormir junto a las brasas.

¿Te preguntas, niño, por qué Dios nos daba la espalda? Pues no había un Dios magnánimo. Más bien, criaturas caprichosas que hacían sus cosas sin meditar. Una lloraba y hacía llover, otra eructaba desde el Sur y traía la primavera. Ahora le llaman animismo, niño. Pero, qué podrías saber tú de animismo, si te despiertas cada mañana y te acercan calostro caliente a la cuna.

¿Quieres saber si teníamos un rey? Claro que sí, muchos. Nerón, se llamaba el mejor. Era imponente. Entraba a palacio entonando la lira y todos callaban. Nos dejó tan joven... Dicen que incendió Roma. ¡Falso! El hombre estaba en Anzio, ajeno de todo, concupiscente con las Camenas. Dicen que mató a su madre. Puede ser. Que mató a su hermanastro. Pareciera que sí. Que instigó la muerte de su tutor. Seguro, cualquiera hubiese hecho lo mismo.

Es que tú no conociste a Séneca. Intrigante, jactancioso, indolente. Todavía lo recuerdo, niño. Llega el centurión y le anuncia: Nerón quiere que te mates. Séneca como si nada. Se mete en la tina y se corta las venas. Pero la sangre apenas mana; es un hilito viscoso y morado que ensucia su brazo izquierdo. Pasa el tiempo y el militar se impacienta: Señor, ¿podría hendirse el puñal detrás de los tobillos? Sí, claro, y se tajea de nuevo. Percibe, con decepción, que cada diástole apenas impulsa la sangre. Con dos cortes más podremos sortear esta demora, ministro. No hay problema, responde el viejo y se hiere detrás de las rodillas. Pero no hay caso: la hemorragia no mata.

Al centurión se le hace tarde. Se le ocurre decapitar al anciano; lo sugiere. Pero Séneca quiere cumplir con precisión las órdenes de su entenado. Exige a su médico que prepare un poco de cicuta. Toma un primer trago y espera. Tráiganme otro, pide al rato. Apura una segunda dosis. Nada. Sigue divagando: “Lo importante es no oponer resistencia cuando se aproxima lo inevitable”, dice a sus hijas. También adoctrina a su mujer: “Has nacido mortal. Has parido mortales. Debes pensar en todo. Esperarlo todo”.

Finalmente, propone una solución. Llévenme a los baños, reclama. Y que me cubra el vapor. El vapor lo cubre y, entonces sí, niño, Séneca se desvanece en el aire.

Ahí están. Nerón y Séneca: mis hermanos. ¿Qué más quieres? ¿Te intriga saber si teníamos contacto con los muertos? ¿Ansías saber de dónde vinimos? Pues a mí no se me antoja contártelo ahora. Quédate con esto. Y cada vez que te compren guantes de lana, cada vez que te pongan la camperita impermeable, acuérdate de Séneca, niño felón. De Séneca y de su máxima: “Nadie nace impunemente”.