Resultados tardíos de nuestra intervención en la trigésimo tercera Feria del Libro de Buenos Aires...
Ejemplares enviados: qué más da.
Ejemplares vendidos: cero.
Huelga decir que no tuvimos un stand propio, sino que nuestros libros fueron administrados (magníficamente) por la gente de Prometeo.
jueves, julio 05, 2007
Profetas en tierra propia
miércoles, julio 04, 2007
¿Qué se puede hacer, salvo ir al teatro?
lunes, julio 02, 2007
viernes, junio 29, 2007
Manuel Puig: Historias, divas y boleros
Trasgresor, devoto del cruce entre lo popular y lo culto, amante del cine y un apasionado de la literatura, Manuel Puig fue una de las figuras principales y más controvertidas de la narrativa nacional. Cuestionado en la Argentina, con sus primeras novelas –La traición de Rita Hayworth y Boquitas Pintadas– obtuvo un pronto reconocimiento en el exterior.
Esta biografía repasa la vida y la obra de este escritor que incorporó el habla de su pueblo y que dejó títulos claves para la historia de las letras.
Rodado en Buenos Aires y General Villegas, pueblo natal del escritor, el documental cuenta con entrevistas exclusivas a su hermano, Carlos Puig, a amigos del escritor, como Tununa Mercado y Marcela López Rey, a quienes llevaron las novelas de Puig al cine y al teatro –Raúl de la Torre y Osvaldo Tesser –, a vecinos de Villegas y a críticos literarios (Graciela Goldchluk, Alberto Giordano y Ariel Schettini) que analizan las particularidades de la literatura de Puig. Asimismo, a lo largo de la biografía se podrán ver fragmentos del escritor en 1973 y 1993 en los que repasa su vida y su obra.
"Manuel Puig. Historias, divas y boleros" se emitirá por Canal á los siguientes días y horarios:
Lunes 2 de julio a las 04.00, 10.00, 15.00 y 20.00 hs
Sábado 7 de julio 04.00 y 23.00 hs
Domingo 8 de julio 11 hs
Lunes 23 de julio a las 04.00, 10.00, 15.00 y 20.00 hs
Sábado 28 de julio 04.00 y 23.00 hs
Domingo 29 de julio 11 hs
jueves, junio 28, 2007
¡España en marcha!
Fuimos, expusimos y vencimos. ¿Quién dijo que la producción editorial argentina no triunfa en el mundo?
Aritmética para principiantes:
Cantidad de ejemplares enviados: 102
Cantidad de ejemplares vendidos: 10
a) Costo flete por DHL: U$S 150 (x $3,11) = $466,50
b) Gastos "administrativos" varios: U$S 66 x ($3,11) = $205,26
c) Total gastos: a + b = $671,76
d) Ingresos por ventas: Eu 77,80 x ($4,24) = $329, 87
e) Ganancia neta: d - c = -$341,89
miércoles, junio 27, 2007
Primer capítulo
martes, junio 26, 2007
Habrá que ver
Dicen que...
Hace algunos años, los poetas dominaron Buenos Aires. De la mano de sus no siempre entretenidas lecturas en bares, imprimieron sus plaquetas y sus revistas, editaron sus libros y construyeron un fuerte tramado de pertenencias. Si fundaron cofradías, fueron menos herméticas y endogámicas de lo que sus detractores comprendieron.
Hoy, sobre esa proliferación de lírica abrasiva, todavía vigente, un grupo de narradores, nacidos con una precisión increíble después de 1970, se abre paso... (Continuará.)
lunes, junio 25, 2007
viernes, junio 22, 2007
Miente, que algo queda
El inefable Agustín Prats (nom de guerre de un conocido operador cultural que no revelaremos aquí) lee Opendoor y desinforma a sus visitantes sugiriendo un oscuro vínculo financiero entre esta casa editorial y los camorristi napolitanos.
jueves, junio 21, 2007
miércoles, junio 20, 2007
martes, junio 19, 2007
Primera antología entrópica (encuesta gráfica total)
lunes, junio 18, 2007
Nos invitan
Mañana, martes 19 de junio, a las 19:30, en la Casa de la Poesía de Buenos Aires (Honduras 3784), las chicas superpoderosas presentan su nuevo libro, "El cielo tácito", de Ana Lafferranderie. Promenten alimento, música y cocteles. Participan: Carolina Esses, Florencia Walfisch y Silvia Dabul.
viernes, junio 15, 2007
Tomen nota
Asociación Estación Pringles convoca al Premio "Indio Rico" de nouvelle.
Jurado: César Aira, Daniel Link, Alan Pauls.
La obra premiada será publicada por Entropía.
Las bases, acá.
miércoles, junio 13, 2007
Si todos fossem iguais a você
[vía Cidade devolvida.]
Tuesday, May 22, 2007
Evidentemente, como o cinema, a literatura argentina está muito à frente da nossa.
"Mi historia termina del otro lado de la isla, donde los naranjales se encuentran con el río Luján, donde los camalotes se enganchan en el recodo de la orilla. Ahí me recogió Roberta y me arrastó por el yuyal y el colchón de naranjas caídas, me cargó por la escalera de troncos hasta la casilla y me dejó en su catre, como si hubiera pescado un hombre."
Trecho de Antuca, de Raúl Castro.
martes, junio 12, 2007
Un mundo nuevo
[Eduardo Antín lee "Opendoor", vía La lectora promisoria]
En las primeras páginas la narradora se presenta como ex estudiante y empleada de una veterinaria. Nunca dirá su nombre, nunca aportará otro dato sobre su familia, su educación ni su pasado. Ni siquiera sabremos qué edad tiene aunque del contexto podemos suponer que anda por los treinta. Del autor tampoco nos dice mucho la solapa, sólo que nació en 1974, que esta es su primera novela, mientras que la foto, aun en estos tiempos confusos, es inequívocamente la de un hombre. Cuando la novela comienza, la protagonista vive con otra mujer, Aída, que al poco tiempo desaparece de manera misteriosa. Con el correr de los capítulos, terminará viviendo con un hombre de campo, como ella lo llama, un hombre que se llama Jaime igual que su caballo, en un pueblo perdido, casi fantasma, a menos de 100 km de Buenos Aires. La mujer se revela bisexual, pero ninguna de las variantes parece entusiasmarla. Al principio lo practica con desgano, pero luego conoce a Eloísa, “esa pendeja que apareció en el momento justo, esta pendeja bruta, hermosa, elemental”. La pasión que le irá despertando la adolescente pautará la evolución del personaje.
In toto, aquí.
lunes, junio 11, 2007
Perdimos de nuevo
El Consejo Directivo de la Cámara Argentina de Publicaciones, se dirige a usted, con el fin de agradecer su participación en el 19º concurso “Los Libros Mejor Impresos y Editados en la Argentina”, correspondiente al Año 2006.
Asimismo, deja constancia de la calidad de los ejemplares presentados al concurso y de la dedicada y exhaustiva tarea del Jurado, que tuvo a su cargo la difícil tarea de seleccionar entre tantas y tan meritorias obras.
Esperamos contar con su participación en próximas convocatorias y le aguardamos para brindar en la entrega de premios, a la que desde ya está invitado, el día jueves 14 de junio a las 19 horas en el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, Suipacha 1422, ciudad de Buenos Aires. Se hace en coincidencia con el Día Nacional del Libro, instituido en 1924 por decreto del presidente Alvear y por sugerencia de la Biblioteca de Mujeres.
Como curiosidad, el decreto establece que los establecimientos educativos deberán dedicar este día a "conferencias, estudios analíticos e históricos y comentarios sobre los libros de mayor influencia en la humanidad y en la Patria, y a concursos de lecturas de libros selectos o de libros originales de estudiantes y profesores"
Reciba nuestro afectuoso saludo.
viernes, junio 08, 2007
Papeles encontrados
Fragmento de una entrevista a Manuel Puig (y parte de un posible apéndice a su "Teatro completo", magnífico y voluminoso título en preparación).
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[“Manuel Puig finaliza su primera obra teatral, titulada “Bajo un manto de estrellas”, por Francesc Arroyo, desde Barcelona, en El País, miércoles 23 de marzo de 1983; p. 27 (Suplemento La Cultura).]
Pregunta: Que escriba usted teatro tras siete novelas ¿está relacionado con el éxito de la adaptación teatral de su novela?
Respuesta: Nunca había pensado en escribir teatro, pero poco a poco fue abriéndose paso la idea. Cuando empecé a escribir novela y dejé el cine pensé que de ahí no me movería jamás, porque el tipo de trabajo que a mí me gustaba hacer con la novela era un intento de comprender una realidad muy compleja en la que estaba metido.
P.: El cambio de género, ¿repercute en un cambio de estilo?
R.: Sí. En novela siento la validez de un diálogo realista, que pretende ser una recreación del habla cotidiana de clases sociales reconocibles. Me interesaba llevar eso al teatro. Antes de pensar en escribir teatro había reflexionado mucho sobre la crisis del lenguaje actual. El realismo de un Arthur Miller en La muerte de un viajante, lo lleva a un diálogo realista que se presta al desarrollo del drama. Miller consigue una tragedia moderna y válida que se sigue reponiendo y siempre impresiona, pero se pensó en ese momento que aquello era un filón infinito, inagotable. Se pensaba que un autor de los quilates de él iba a producir una gran cantidad de obras de alto nivel. Otros intentos también revelaron lo mismo: que cierto tratamiento teatral realista limita íntimamente al autor. Yo había seguido esta crisis del realismo con asombro. Después está el caso de Tennessee Williams, donde la introducción de cierto elemento poético es más evidente, pretendiendo amalgamarlo en situaciones realistas. Williams no sé hasta qué punto está envejeciendo bien. Es decir que el teatro realista se me hace peligroso. Una vía poco rica en posibilidades. Y creo que la crisis actual del teatro tiene que ver con eso. Lo que ha impresionado después de esos logros realistas han sido obras como las de Ionesco, que son diametralmente opuestas. Yo veo el realismo mucho más adecuado al tratamiento novelístico. Cuando es posible un acercamiento analítico al tema, cuando se puede prescindir de la síntesis, hay una posibilidad de tratamiento realista rico. Veo una posibilidad de realismo expresivo. En cambio, no veo bien el maridaje de realismo con síntesis, por eso siento más, en cine o en teatro, un lenguaje alegórico, estilizado. El sueño nuestro de cada noche es un modelo de síntesis, en pocos segundos está contada toda una historia. Me parece que la fantasía, el sueño, se presta a la síntesis. (...)
jueves, junio 07, 2007
Fe de erratas
Lola Arias: del circuito off al mundo
[de "Clarín", por Laura Gentile]
A los 30 años, la directora, actriz y poeta cultiva el teatro experimental, con el que construye una carrera internacional.
Su nombre viene sonando con fuerza en el circuito del llamado teatro alternativo. A los 30 años, Lola Arias —directora de teatro, poeta y actriz— ya montó obras propias en Madrid, Londres, Nueva York y Varsovia.
(...)
Por estos días se puede ver en el Centro Cultural Rojas una trilogía formada por Striptease, Sueño con revólver y El amor es un francotirador. Trilogía que, en breve llevará a Austria, invitada al prestigioso festival Steiricher Herbst.
La entrevista completa, acá.
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Donde dice "Centro Cultural Rojas" debe leerse "Espacio Callejón".
Y donde dice "Striptease, Sueño con revólver y El amor es un francotirador" debe leerse "De próxima aparición por Entropía".
miércoles, junio 06, 2007
Pleamar
Maximiliano Tomas, de Perfil, entrevistó a Beatriz Sarlo:
(...) Buena parte de ese material está recopilado en su nuevo libro, Escritos sobre literatura argentina. Allí están reunidos los textos con los que pensó la literatura nacional entre 1981 y 2006. Porque, según ella misma explica en el prólogo, “nada de lo publicado antes de 1980 me parece aceptable”. Capítulo a capítulo aparecen los desvelos de Sarlo, los autores canónicos y sus fetiches: Borges, Arlt, Cortázar, Puig y, sobre todo, Juan José Saer. Más acá en el tiempo Chejfec, Gusmán, Pauls, Fogwill. Sobre la mesa hay un cenicero, un atado de cigarrillos, una boquilla negra y un solo libro: Opendoor, de Iosi Havilio. Los últimos dos artículos de Escritos sobre... no son precisamente benevolentes con la nueva producción literaria local. Allí destroza la segunda novela de Alejandro López, keres coger?=guan tu fak (“Si Puig era el pop, López es la televisión de estos años: programas donde todos son más estúpidos de lo necesario”), y no es mucho más amable con Washington Cucurto (“La gran invención de Cucurto es la del narrador sumergido, es decir, indistinguible de sus personajes, incluso porque declina el poder de organizar visiblemente la ilación del relato”). Pero Sarlo se muestra entusiasta con la novela de Havilio. ¿Las razones? Sarlo dice que, sobre todo, porque no se lo esperaba: “Esta novela es algo que me sorprendió. No obedece a ningún sistema de lectura, parece salida de la nada”.
Completo, acá.
martes, junio 05, 2007
Wonderland
Nuestros libros han viajado hacia la feria de Madrid, en alegre embalaje de editoriales independientes, custodiados por el gallardo poeta-editor rosarino Francisco Garamona.
jueves, mayo 31, 2007
martes, mayo 29, 2007
lunes, mayo 28, 2007
Tres de tres
Dice Patricia Kolesnicov que dice Beatriz Sarlo: (...) "Ahí está lo que va a ser la literatura en los próximos 10 años. Novelas que son el registro de la cotidianeidad. O novelas que están muy sensibilizadas hacia las formas textuales de las nuevas tecnologías, como el chat". La enumeración de jóvenes es larga. Sarlo habla de Romina Paula (1979), autora de ¿Vos me querés a mí?. De Gonzalo Castro (1972), autor de Hidrografía doméstica. Y de Iosi Havilio (1974), autor de Opendoor.
La entrevista completa, por acá.
jueves, mayo 24, 2007
jueves, mayo 17, 2007
miércoles, mayo 16, 2007
Estamos trabajando para usted
martes, mayo 15, 2007
Al combate corred, bayameses
Estimados editores,
Durante la última Feria del Libro de Buenos Aires, la gente del Comité Organizador de la Feria Internacional del Libro de La Habana nos hizo llegar las normas de participación para la próxima edición de esta actividad, en febrero de 2008.
Si bien la Subsecretaría de Industrias Culturales no estará presente en esta oportunidad, ponemos a su disposición esta información para que cada uno de ustedes evalúe las posibilidades de participar.
Como siempre, quedamos en contacto.
Un saludo cordial.
¿Vamos?
lunes, mayo 14, 2007
Havilio en Eñe
Reseña de "Opendoor" en la edición de este sábado del cultural de Clarín. (Y cliqueen en la imagen para leer, porque el Departamento de Tipistas sigue de huelga.)
viernes, mayo 11, 2007
Estamos trabajando para usted
jueves, mayo 10, 2007
Paint it black
Con la nueva Heidelberg betatest de nuestros imprenteros de Avellaneda (64 colores simultáneos, ciclotrones sincronizados de doce megaelectrovoltios y un revolucionario sistema de alimentación ozono-friendly en base a teluro empobrecido), logramos ayer, para la tapa del inminente "Mockba", de Diego Muzzio, un negro punzante más oscuro que el desengaño. Vayan reservando sus ejemplares.

miércoles, mayo 09, 2007
Colourful little mirrors
Queridos editores:
Se han abierto las líneas de subsidios de la Subsecretaría de Industrias Culturales. Para más información, pueden consultar la página del Centro Metropolitano de Diseño (http://www.cmd.gov.ar/home/) y, en unos días, la página de Opción Libros (www.opcionlibros.gov.ar). El llamado para Editoriales es del 3 de mayo hasta el 29 de junio. Cualquier consulta, no duden en contactarnos.
Saludos cordiales.
martes, mayo 08, 2007
Havilio en las rocas
Opendoor por Guido Herzovich, para Los Inrockuptibles de Mayo
[clickear y leer, pues los linotipistas están entumecidos]
lunes, mayo 07, 2007
Sinergy Wave
Dicen nuestros amigos de la Boutique del Libro:
¡Atención, lectores! Nuevos sellos editoriales independientes
Luego de algunos años de desconcierto editorial, surgen en la Argentina nuevos sellos independientes que se caracterizan por la calidad de su catálogo: Santiago Arcos (2002), Interzona (2003), Entropía (2005), Mansalva (2006).
Sus políticas de edición cifran el descubrimiento de nuevos autores (publican en su catálogo trabajos inéditos de jovencísimos autores nacionales), la reedición de clásicos agotados de la literatura argentina contemporánea (finalmente, textos como Los Ochoa, Los Pichiciegos y Literatura argentina y política en las librerías) y la formación de lectores (cuyas expectativas no coinciden con las del mercado latinoamericano diseñado desde España por los grandes grupos editoriales).
Aquí, algunos de nuestros títulos preferidos.
AUN SOLTERA - UMPI, DANI
AVENTURAS DE UN NOVELISTA ATONAL - LAISECA, ALBERTO
AVENTURAS DEL SEÑOR MAIZ, LAS - CUCURTO, WASHINGTON
HIDROGRAFIA DOMESTICA - CASTRO, GONZALO
LEMMINGS Y LOS OTROS, LOS - CASAS, FABIAN
LITERATURA Y OTROS CUENTOS - REJTMAN, MARTIN
MENDIGO CHUPAPIJAS, EL - PEREZ, PABLO
PEQUEÑO MONJE BUDISTA, EL - AIRA, CESAR
PICHICIEGOS, LOS - FOGWILL, R.E.
SEMANA - MARTINEZ DANIELL, SEBASTIAN
viernes, mayo 04, 2007
Charlas de quincho

Romina Paula tiene 27 años. Agustina Muñoz, apenas 21. La primera acaba de estrenar Algo de ruido hace, su segundo trabajo como dramaturga y directora. La segunda estrenó casi al mismo tiempo Las mujeres entre los hielos, su primer montaje como directora y dramaturga. Los dos trabajos son verdaderamente inquietantes, cuidados hasta el mínimo detalle y de un humor que les da aire.
¿Qué encontraron en el teatro?
Agustina: Un modo de expresión muy vivo y vital que no encuentro en otro lado. Eso de que algo ocurre en ese momento, ese puro presente que uno ha pensado largo tiempo pero que ahí, en escena, es absolutamente vital. Eso encontré.
Romina: Para mí el teatro es lo más parecido a jugar. A la vez, es un juego colectivo y eso es como increíble. Si solamente escribiera, me volvería loca.
¿Cuándo descubrieron como espectadoras que en el teatro podía haber algo bueno?
Agustina: No sé bien cómo pasan esas cosas. No soy como ese niño que en algún momento pide estudiar danza o piano porque algo "lo llama".
Romina: En mi caso, cuando de joven descubrí la convención del silencio en el público me pareció increíble.
Agustina: Eso es poderosísimo.
Romina: Me acuerdo también de emocionarme mucho con el aplauso, eso es muy fuerte. Porque cuando al espectador de teatro le gusta algo, es muy generoso. Eso es otro rito impresionante. Y más que el momento del aplauso, que es cuando te baja la energía, el tema es cuando hablás por primera vez y se produce ese silencio denso... En ese momento es como que estás manejando el tiempo de toda esa gente, tenés como a todos en tus manos. Uyyyy, eso es repoderoso. Da vértigo.
El texto completo ["Jóvenes que soñaron teatro", de Alejandro Cruz], acá.
jueves, mayo 03, 2007
No retornable
Otra reseña de "Los estantes vacíos", de Ignacio Molina.
por Sol Echevarría [para "No retornable"]
Los estantes vacíos es un libro compuesto por quince relatos que funcionan como quince piezas de un rompecabezas. Si bien la tapa anticipa que es una compilación de cuentos, lo cierto es que existe una marcada continuidad entre ellos. El cruce de personajes, de historias y de lugares es tal que hasta podría pensarse que se trata de una novela. Cada cuento está compuesto por diferentes fragmentos y, a la vez, cada cuento es un fragmento del libro, como si todo fuera una unidad funcional. Una unidad, por supuesto, despedazada e incompleta, que se puede leer de atrás para adelante o saltando en forma desordenada.
Todo el texto, acá.
miércoles, mayo 02, 2007
El amor es un francotirador
Concurran, masivamente, a ver la triología de Lola Arias, inminente autora de esta casa editorial.
jueves, abril 26, 2007
El juego de abalorios
La Cámara Argentina de Publicaciones (C.A.P.) lanza la 19ª edición de “Los Libros Mejor Impresos y Editados en la Argentina”, un concurso único en su tipo que se realiza desde 1974, con el fin premiar el mayor grado de belleza y perfección técnica en la impresión, ilustración, diagramación, diseño, tipo de papel y encuadernación. Están invitados a participar todos los editores e impresores con obras producidas en Argentina durante el año 2006.
Las categorías para participar del concurso son: Arte, Diseño, Arquitectura y Fotografía; Humor e Historieta; Libros Objeto y de Regalo; Literatura infantil y Juvenil; Literatura General: Cuento, Novela, Poesía y Teatro; Divulgación General: Autoayuda, Espiritualidad, Salud, Esoterismo y Manualidades; Obras de Estudio y Consult; Ensayo General: Biografía, Historia, Ciencias Sociales, Ensayo periodístico; Artesanales.
La recepción de las obras finalizará el 14 de mayo próximo. Los participantes deberán remitir dos ejemplares de cada título presentado a la sede de la Cámara Argentina de Publicaciones, Lavalle 437 6º D, C1047AAI, Ciudad de Buenos Aires, Argentina. El fallo del jurado se difundirá conjuntamente con la entrega de premios en un acto que se realizará en conmemoración del Día Nacional del Libro, el 14 de junio de 2007.
lunes, abril 23, 2007
¡Realmente fantástico!
Todo lo que se escribió en el país, de la A a la Z
Incluye 2.500 reseñas de escritores y cronistas y será subido a Internet.
Cuatro años, más de 1.100 páginas, 2.500 reseñas, un equipo de trabajo de 120 personas y un trabajo minucioso y titánico sirvieron para que vea luz el Diccionario de Autores Argentinos, que forma parte del programa de cultura de Petrobras, y que reúne a autores en distintos géneros de todo el país.
Sonrisas plenas de entusiasmo, los editores Alejandro Leibovich y Sandra Cotos y la coordinadora de narrativa y ensayo, Graciela Goldchluk contaron ayer cómo desarrollaron una tarea de investigación que demandó "trabajar en red con gente de todo el país y delimitar, el primer paso de toda indagación", señala Cotos. La presentación oficial, aunque no su venta, se realiza en el stand que la petrolera tiene en el pabellón azul, un espacio en el que se desarrollarán además, charlas con escritores y el Ciclo de Literatura Argentina.
Completo, por acá.
viernes, abril 20, 2007
Arrivederci, Roma
Hola Juan Manuel,
Queria comentarte que recibi la respuesta de la editorial italiana Besa en que me comunican que, aunque encontraron el libro de Romina muy interesante, el mismo no puede entrar en la programacion editorial de ellos.
De toda forma, si te parece, yo puedo seguir con otros contactos.
Bueno por ahora es todo, saludos
G.
miércoles, abril 18, 2007
Flash social


"Toyota (El origen de la tragedia)", texto leído por Iosi Havilio durante la presentación de su novela "Opendoor".
Tengo más o menos nueve años,
Muchos rulos y los cachetes inflados.
Soy un chico inquieto y preguntón.
Estoy en un toyota plateado
Con tapizado bordó,
Mitad cuero, mitad corderoy.
Voy en el asiento de atrás.
Salimos de Buenos Aires hace poco.
Vamos por la autopista, hacia el oeste.
Es un día de mucho sol.
Mi hermana debe ir al lado mío.
Hace ese calor de enero, tan pegajoso,
Que me hace transpirar adentro del calzoncillo.
Papá maneja y yo a veces lo abrazo por detrás,
Me agarro del cuello, o le pellizco las tetillas.
El texto completo, aquí.
martes, abril 17, 2007
Babelfish
Queridos editores,
Les envío una lista con editores que van a visitar el stand de la subsecretaría (Stand 300 del pabellón azul). Me parece importante que el miércoles 18 a las 12 horas estén en el stand para establecer contacto directo con ellos. La coordinadora de esta Semana de Editores es Gabriela Adamo, quien los acompañará en esta visita a nuestro stand.
Por la tarde, los editores estarán en la feria sin reuniones prefijadas.
Margit Knapp (Alemania), Anja Rudiger (Alemania), Bart Vonck (Bélgica), Ivana Jinkings (Brasil), Augusto Massi (Brasil), Barbara Epler (Estados Unidos), Aleksi Siltala (Finlandia), Ariane Fasquelle (Francia), Geoff Mulligan (Gran Bretaña), Mariarosa Bricchi (Italia).
lunes, abril 16, 2007
El nuevo Alan Moore
Benvolgut Sebastián Martínez Daniell,
Com ja saps, durant la celebració del 25è Saló Internacional del Còmic donarem a conèixer els/les guanyadors/es de la primera edició del Premi Josep Coll de Còmic que hem organitzat des de la nostra entitat.
Com a persona participant en aquesta primera edició et comuniquem que l'acte de lliurament del premi tindrà lloc el dia 20 d'abril, a les 16 hores, a la Sala d'Actes del Saló (Fira de Barcelona. Montjuïc. Palau 8).
Ens agradaria que hi vinguessis per saber qui, d'entre tots/totes vosaltres, ha estat el/la guanyador/a.
T'hi esperem!
Horacio Altuna
President
viernes, abril 13, 2007
Recordatorio

Así, en plácida actitud lectora, encontraremos esta tarde a Iosi Havilio en la galería de arte Appetite, durante la presentación pública de su magnífica novela “Opendoor”. También estarán Romina Paula (aprovechando la hora libre que le quedó en medio de las once películas que protagoniza en el Bafici 2007), y el DJ Rubén Zerrizuela, pinchando vinilos de músicas que desconocemos y olvidaremos casi antes de oír.
Además: se proyectarán cosas, se beberá vino tinto de primera marca, se circulará, se firmarán ejemplares, se cometerán excesos, se celebrará el triunfo del arte por sobre la vida, se hablará mal de los ausentes.
La entrada es libre y gratuita; la capacidad del establecimiento, ilimitada. El tabaco es alentado, o directamente obligatorio. Las puertas se abren a las siete de la tarde. Pero puede que nada comience hasta las ocho y media. Todo esto queda en Chacabuco 551, en San Telmo. No lo olviden. Gracias.
miércoles, abril 11, 2007
Molina en Bazar Americano
“Asimetrías del vacío”, por Matías Moscardi
Sobre: Ignacio Molina, Los estantes vacíos, Buenos Aires, entropía, 2006; 188 páginas.
[...] intentando imaginar una cara para la voz que acababa de oír. Una sensibilidad asimétrica abre Los estantes vacíos, el primer libro de cuentos de Ignacio Molina (Bahía Blanca, 1976), publicado por la editorial entropía, en 2006. Dos personas –el narrador y una chica recostada a su lado– comparten los auriculares de un walkman, en el micro. De un lado, conectado, el narrador escucha los graves de la música y se pregunta si por el otro audífono, simultáneamente, estarán entrando en la cabeza de Manuela los sonidos agudos. Como si el lenguaje de la mirada fuera siempre parcial, trazando por defecto una zona hipotética, un contrapeso narrativo que irradia de la suspensión, en equilibrio con lo explícito, con el alcance cómodo y efectivo de lo visible. Los personajes hacen de lo que miran y escuchan una insuficiencia que necesita ser decodificada o constatada. Por ejemplo: el narrador de “El sistema”, que en el medio de un recital de “cumbia romántica”, intenta descubrir los acordes que ejecuta un bajista sobre el diapasón; o la narradora de “Diapositivas”, que tira un papel plateado en un cantero con la promesa de comprobar su permanencia, al día siguiente. Pero los personajes no pueden traspasar, ni en sus percepciones ni en sus acciones, la línea que divide el saber de lo supuesto. Por eso, las notas quedan en un espacio de desciframiento y nadie vuelve a constatar la existencia del papel plateado.
[…] me gustaba pensar que, mientras yo estaba quieto, aún se movía el sistema de poleas activado por mí. Los cuentos proceden velados con una percepción concreta, con un registro límpido, dispuestos en la superficie para cubrir otra cosa, quizás el punto de tensión en donde lo cotidiano se fisura dejando entrever, como a través del desgarro de una tela, el destello posible de un relato. De ahí que lo inacabado sea lo común, lo compartido en el libro de Molina. Porque los cuentos se detienen antes, como si se quedaran sin fuerza, y hacen de un stand by narrativo, una suavidad intensa. La física dice que si un móvil acelera en la mitad de un recorrido, en lugar de aumentar, la velocidad disminuye. Digamos: la aceleración produce quietud. En cambio, Molina frena para acelerar, y sus cuentos generan un ritmo que hace del estatismo una dinámica, y extendiendo la metáfora: del corte una continuación. De ahí la serie que forman “Espirales”, “Los estantes vacíos” y “Brasil tiene esas cosas”. De ahí, también, sus puntos de ilación: escenas pausadas en el momento del tránsito, como el final de “Los estantes vacíos”, en donde Natalia, mientras paga una pizza, siente la temperatura de la muzarella tras el cartón. O como el final de “Seis novelas”, en donde Camila y Nahuel llegan a la conclusión de que los sueños siempre se cuentan en pretérito imperfecto.
Completo, acá.
martes, abril 10, 2007
Un pequeño paso para el hombre
Ahora sí, el cielo es el límite. Libreros del mundo, tomen nota:
distribucionentropia@gmail.com
lunes, abril 09, 2007
miércoles, abril 04, 2007
Del autor al lector
Estimados editores:
Me es muy grato informarles que han sido seleccionados para tener un espacio en el stand de la Subsecretaría de Industrias Culturales de la 33ª Feria del Libro de Buenos Aires.
Para organizar la acreditación de ustedes durante las jornadas profesionales, preciso que me envíen el nombre completo y el número de D.N.I. de la persona que estará en la feria durante esos cuatro días.
También necesito que me envíen los libros que expondrán en el stand a Lima 221 2º piso, auditorio.
Junto con los libros, les pedimos que adjunten no más de 30 catálogos de sus editoriales para distribuir entre los interesados.
martes, abril 03, 2007
A partir de Puig
Curso de literatura argentina. Aproximaciones a una de las obras fundamentales de la narrativa argentina contemporánea.
Tomando el mapa de la narrativa argentina que pone a Borges como faro, Manuel Puig (1932-1990) representa la última bisagra visible en la renovación del género novela. El autor de "Boquitas pintadas" innova de manera radical los modos de narrar la ficción. A casi cuarenta años de su primera novela, "La traición de Rita Hayworth" (1968), su obra se nos vuelve moderna, abierta, contemporánea. El curso intentará ser una presentación de Puig y un recorrido por sus textos más representativos. Lecturas atravesadas por el cine: de y en Puig. Sus directores predilectos, las actrices estelares. La mirada de Leopoldo Torre Nilsson.
Lecturas: "La traición de Rita Hayworth", "Boquitas pintadas", "The Buenos Aires Affair". Se recomienda la lectura de su correspondencia reunida en dos tomos, bajo el título "Querida familia" (Editorial Entropía).
Modalidad del curso: cuatrimestral
Encuentros quincenales de 2 horas
Jueves a las 19:30, a partir del 12 de abril.
Av. Corrientes Nº 6313 (e/ Leiva y C. Arenal)
Informes e inscripción:
Tel. 4553-8002 o por mail talleres.juanfgarcia@gmail.com
viernes, marzo 30, 2007
Estadísticas
LOS QUE COMPRARON OBRAS DE IOSI HAVILIO TAMBIEN COMPRARON:
"La Velocidad de la Luz", Javier Cercas
"La Boca del Testimonio", Tamara Kamenszain
"El Resto de su Vida", Paula Varsavsky
"Baron Biza", Christian Ferrer
"La Verdad de Agamenon", Javier Cercas
"China se Avecina", Sergio Cesarin
"Jefferson y / O Mussolini", Ezra Pound
jueves, marzo 29, 2007
miércoles, marzo 28, 2007
Weather report
No nos busquen acá.
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Estimados editores:
Lamento informarles que, debido a las condiciones climáticas que estamos atravesando, la Dirección de Juventud decidió postergar la realización del Festival Hemisferios Emergentes. Los pronósticos no son para nada favorables e, incluso si dejara de llover el viernes o el jueves a la noche, el parque no estaría en condiciones para llevar adelante el festival.
Nos comunicaron que la actividad quedará pendiente y será reprogramada para el mes de mayo, una vez finalizada la 33ª Feria del Libro.
Les pido que nos disculpen y desde ya, agradezco su comprensión. Y muy especialmente, les agradezco a todos su colaboración y sus ganas de apoyarnos en estas iniciativas.
Trabajaremos juntos para el mes de mayo, entonces. No duden en contactarme por cualquier consulta.
Un saludo cordial,
G.
martes, marzo 27, 2007
lunes, marzo 26, 2007
Bárbara
Relato breve de Iosi Havilio publicado en el último número de Ñ.
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Axel intentaba convencerme de que fuésemos al departamento de su hermana. Me había citado en uno de esos bares horribles, con mucho vidrio, sillas cromadas y fotos enormes de comidas medio monstruosas. Llegué diez minutos antes, no por ansiosa sino porque me aburría en casa. Y mamá empezaba a hincharme con sus preguntas y estupideces melancólicas. Axel ya estaba ahí, sentado en una mesa contra la ventana, al lado de la puerta, con el pelo mojado y su espalda chiquita.
La hermana había ido a pasar el fin de semana a una quinta y no iba a volver hasta el domingo a la noche. Axel insistía, sin mirarme, con los ojos medio tristes. Y no es que no quisiera acostarme con él, sino más bien que ya no tenía muchas ganas de estar con él. Pero de sólo pensar en explicárselo me complicaba. Voy al baño, dije y él hizo algo raro con los labios que no entendí del todo. Un reproche, un tic.
Al baño se llegaba por una escalera de metal, tipo caracol gigante, que daba a una especie de mirador desde donde podía verse todo el bar, como un aeropuerto en miniatura. Ahora Axel miraba por la ventana y aunque la distancia no me permitía escucharlo sabía que estaba sonándose los dedos.
Frente al espejo del baño, una chica de unos veinticuatro o veinticinco se maquillaba con un pie en el aire. De perfil me pareció muy linda. Tenía puesta una musculosa blanca y no usaba corpiño. Me puse al lado con la excusa de lavarme las manos. La chica terminó de pintarse, se acercó todavía un poco más al espejo, abrió la boca y se pasó un dedo por sus dientes blancos, perfectos. Después tomó distancia, sacudió la cabeza, se desordenó un poco el pelo y salió. Cerré la canilla y al girar la cabeza, vi una cartera, dorada, rectangular, como una cartuchera grande.
La agarré sin pensarlo y me encerré en un compartimento. Me arrodillé y vacié el contenido de la cartera sobre la tapa del inodoro: un paquete de chicles sin abrir, dos preservativos, un encendedor, un atado de cigarrillos por la mitad, un anotador espiralado, un lápiz de labios, un pequeño estuche de maquillaje con espejo incorporado, y el documento de identidad. Se llamaba Bárbara. Qué buen nombre, pensé. En la foto del documento tenía cara de recién levantada y estaba con el pelo mucho más largo. Las hojas del anotador estaban en blanco, apenas unas ralladuras en la primera página. En la parte de atrás decía Made in India, y ella, supuse que había sido ella, le había agregado a mano una n y una a después de India formando la palabra Indiana. Dentro de un bolsillo con cierre había un billete de cincuenta pesos y unas monedas sueltas. Antes de guardar las cosas, abrí el paquete de chicles y me puse uno en la boca. Estuve a punto de bajar y buscar a Bárbara para devolverle la cartera pero me dio vergüenza y la dejé en donde la encontré.
Más tarde, en el departamento de la hermana, Axel me pregunta si me quiero dar un baño de inmersión. Me río. Él se sonroja. Le acaricio el pelo, no quiero que se sienta mal. Nos acostamos en la cama y prendemos la tele. Axel cambia de canal y deja en uno en donde pasan videoclips. Me abraza, me besa. Después empieza a desnudarme pero ante la primera dificultad se interrumpe como pidiéndome que me desnude sola. Lo hago y él se me tira encima.
Hicimos el amor dos o tres veces, siempre muy rápido. Axel, con los ojos cerrados, acercaba mucho su cara a la mía. Pero yo no lo veía, tenías las cosas de Bárbara en la cabeza.
viernes, marzo 23, 2007
Coming soon
La muerte no es, en los doce cuentos que completan “Mockba”, una entelequia abstracta exhibida en el laboratorio simbólico de la especulación teórica. En estos relatos, la muerte es una presencia que demanda roce, ritual, una arquitectura y una palpable relación con el devenir de los personajes. Lo que interesa aquí ya ha dejado de ser la finitud de la existencia. Más bien, lo que se explora es el punto de intersección entre los discursos sobre lo mortuorio y el efecto de la palabra como pulsión viva.
Es cierto que, en estas páginas, Diego Muzzio introduce cementerios, enterradores, deudos y profanadores de tumbas, pero también un par de gemelas antiestalinistas, un elefante desbocado o adolescentes que interpretan piezas de Sófocles. De este modo, la referencia tanática queda desplazada con astucia: deja de ser monomanía de la obra, para transformarse en un marco fértil, un entorno para el surgimiento de las innumerables circunvoluciones alrededor del pathos humano.
El hallazgo de “Mockba”, lo que le otorga coherencia y brillantez, es doble. Por un lado, radica en contar doce historias absolutamente disímiles, que sin embargo conservan un hilo conductor corroborable desde lo temático. Por otra parte, Muzzio sabe reactualizar el código de la narrativa clásica, de modo tal que su apuesta formal redunde en una colección de relatos que son, a un tiempo, estilísticamente potentes y conceptualmente reveladores.
jueves, marzo 22, 2007
Infierno grande
Pueblo chico
El campo, la locura y los animales condimentan una primera y enigmática novela.
[Reseña de Opendoor, por Juan Pablo Bertazza, para Radarlibros]
En 1899, en un terreno fértil de 600 hectáreas de Luján, se colocó la piedra base de un proyecto dirigido por el médico Domingo Cabred, para mejorar la rehabilitación de enfermos mentales. El novedoso sistema –inspirado en el modelo escocés del open door– buscaba combatir lo que José Ingenieros, otro médico, denunciaba en La locura en la Argentina: el maltrato permanente de los pacientes, a quienes aglutinaban en el siglo XIX, junto a los inmigrantes más problemáticos. Los objetivos del doctor Cabred eran, al menos, dos: terminar con el hacinamiento de los hospicios porteños y crear un complejo psiquiátrico que suprimiera el sadoquismo de los chalecos de fuerza, los electroshocks y los sedantes no probados. Con el tiempo, el complejo fue evolucionando hasta volverse un verdadero orgullo de la zona que, no obstante, no tardaría en sufrir algunas consecuencias negativas.
Iosi Havilio condimenta su primera novela con un tema tabú de la psiquiatría, hoy resignificado en el concepto de desmanicomialización, para revisar –al mismo tiempo– un tópico pilar en la historia de la literatura argentina: la representación del espacio del campo, trabajado por una diversa gama estética e ideológica que va de Benito Lynch a Ricardo Güiraldes y resurge en autores recientes como María Martoccia. Havilio incorpora a esa tradición un punto de vista contemporáneo a partir de cuarenta y un capítulos cortos más un epílogo que podrían conformar tranquilamente escenas de una película o de una obra de teatro (Havilio es autor de El comeclavos, unipersonal basado en El entenado de Saer).
Opendoor, el libro, es una máquina permanente de generar intrigas que –no queda claro si deliberadamente o no– nunca son resueltas. El primer enigma tiene que ver con la voz del narrador: una mujer nunca nombrada y estudiante de veterinaria que, no obstante, se asquea con la pata amputada del perrito de su novia, Aída, y resulta, a la inversa de lo que solemos percibir en los veterinarios, muy indolente. Una tarde va a pasear con Aída hasta que ella desaparece y luego presencia un suicidio desde un puente de La Boca que, si bien coincide a priori con la desaparición de su novia, no va a inquietar demasiado a la veterinaria.
Lo que sí despierta su intriga es el pueblo de Opendoor, a donde llega para diagnosticar el tumor de un caballo que comparte nombre con su dueño: Jaime. En Opendoor va a encontrarse con varios personajes, a quienes identificará con los propios animales que examina; al mismo tiempo que da rienda suelta a su incontrolable ansiedad por conocer la historia del manicomio, “un pueblo dentro del pueblo”.
Durante su estadía en la estancia de Julián, la protagonista vivirá dionisíacamente, entre marihuana, ketamina (droga que se suministra, justamente, a los caballos), caos permanente, el mal sexo con su hombre de campo y la orgía perpetua junto a Eloísa, una verdadera Lolita menor de quince años, no muy servidora de Dios precisamente.
El erotismo le da al libro una impronta muy fuerte que, por momentos, justifica que todos los enigmas terminen como eunucos, custodiando la fortaleza de un misterio que nunca se resuelve. Pero hay un detalle no menor: muchas de las intrigas se relacionan entre sí a partir del léxico. Por ejemplo, un misterioso personaje de la estancia es apodado Boca, que es el barrio donde ocurre el suicidio de las primeras páginas.
Iosi Havilio, a partir de un lujurioso manejo del relato, logra hacer de Opendoor un debut promisorio.
miércoles, marzo 21, 2007
Los inrockuptibles / Tête-à-tête

En el último número de nuestra revista de rock favorita (¿RS sigue saliendo?), en la sección "Tête-à-tête", cruzaron a nuestra autora Romina Paula con la actriz Analía Couceyro.
Aquí, un fragmento de la nota:
Dijo Analía Couceyro sobre RP: "Conocí a Romina hace varios años, primero como alumna, y luego como actriz en una versión de "El padre" de Strindberg. Era muy interesante lo que hacía con ese personaje de la hija, que callaba, miraba intensamente y padecía a su padre torturado precisamente por lo imposible de asegurar que ésa era su hija. Y ahora me sorprendió, y muy gratamente, con su primera novela. "¿Vos me querés a mí?" tiene algo que me gusta mucho, algo que tiene que ver con el lenguaje y la construcción de un cotidiano extremo, coloquial y trivial, que, como Inesia, se va complicando, duda, piensa, analiza... Y cómo entonces el lenguaje, desde la protagonista, se transforma y seduce y se vuelve poético, encriptado, barroco. Y cuando se podría volver solemne, es atravesado de nuevo, y rescatado, por la "realidad" muy contundente de sus diálogos."
lunes, marzo 19, 2007
La narración-travesti
Alarmantes anatemas y cándidos consejos estéticos motivados por Opendoor, el más reciente opus de esta modesta y ambigua casa editora...
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[por Esteban Lozano para "El Arca Digital", fanzine de "La Caja de Ahorro y Seguros"]
[...]
La novela de Iosi Havillo, se desarrolla en gran parte en los alrededores del ejemplar establecimiento y está plagada de contradicciones. La casa editora omite decirnos si Iosi es mujer u hombre, detalle no importante salvo que se escriba en primera persona y el sexo desaforado sea descrito sin omitir detalles, con lo cual puedo estar de acuerdo, salvo, como en este caso, cuando los detalles son escabrosos y hasta repugnantes. Como si esto no bastara, la o el protagonista (travestido) acepta cuanta propuesta le llega. Mantiene relaciones escalofriantes con una adolescente, la cual entre otros desbordes practica fellatio a un anciano en un galpón mientras la o el protagonista se masturba con desenfreno. El desenfreno es el ritmo de este conjunto de escenas, relatadas sin compromiso y sin cuidado y en ese clima es difícil establecer alguna crítica o parámetro para relatarlo. Cuando el autor (yo tomo partido, una mujer no habla con tantos remilgues de partes íntimas de sus compañeros masculinos) intenta el misterio, le sale dulzón y sólo logra apicantar el estofado cuando aparece la adolescente. (me reafirmo en la idea de que es un hombre el autor, porque lo enardece la nena, especie de Lolita pampeana)
Esto, lo cual con mucha bondad llamamos novela, es aunque cuesta creerlo, comentada, criticada y elogiada en un suplemento literario de los más elogiables, de un matutino que supo ser dirigido por Lanata. Y aquí vienen más sorpresas.
El autor del comentario no leyó el libro, de lo contrario no afirmaría que la protagonista es veterinaria cuando en la novela es presentada como frustrada estudiante de veterinaria. No escribiría que la protagonista vive en una estancia de un tal Julio cerca de Opendoor, cuando a).En esta novela, al menos, no existe el tal Julio. b) Donde vive la estudiante es un rancho cochambroso de un gaucho raro, lleno de tic poco gauchescos, el cual embaraza a la estudiante, ya a esta altura perdida entre sexo, drogas y alcohol, y además es un ejemplar muy poco conocido de gaucho, el gaucho jubilado. Sí, está jubilado y preocupado con los papeles de la jubilación. Tenemos el gaucho perseguido; Martín Fierro, el gaucho buenazo, Don Segundo Sombra, el gaucho ladrón, Hormiga Negra; y el gaucho guardaespaldas político, Juan Moreira, pero jubilado es la primera vez.
El comentarista deja pasar estos detalles por superfluos y por ignorarlos.
Para terminar quiero afirmar rotundamente que el autor, encontrará el camino porque tiene dos cualidades fundamentales para ser literato. Imaginación, desparpajo. Yo le recomendaría leer sus borradores para no cambiar el lenguaje de los personajes, e insistir con la ficción desesperada, pero dirigida a objetivos o entendibles o liberadores. Y al comentarista le diría, lea los libros señor. Y no le adjudique a Eloísa (nombre de la adolescente) significados sagrados sólo por haber sido la enamorada del filósofo y monje Abelardo, en el siglo XII: Prudencia.
viernes, marzo 16, 2007
Algo de ruido hizo
Aquí, como corresponde, "La Nación" festeja la nueva obra de teatro de Romina Paula. Bueno, vayan todos. Agoten las localidades.
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Del camino que se bifurca [por Alejandro Cruz]
Algo de ruido hace, de Romina Paula. Con Pilar Gamboa, Esteban Bigliardi y Esteban Lamothe. Vestuario: Glenda Lloyd. Espacio: Juliana Iriart y Matías Sendón. Realización: Francisco Sacconi. Luz: Matías Sendón. Sonido: Ignacio Bouquet. Coreografía: Manuel Attwel. Dirección: Romina Paula. Espacio Callejón, Humahuaca 3759. Los miércoles, a las 21.
Nuestra opinión: muy bueno
En Algo de ruido hace, Nacho y el Colo viven en la casa de su madre, ubicada en la costa atlántica. Podría ser Miramar, pero no lo sabemos. A juzgar por la manera como estos dos hermanos se visten o por la decoración de la casa, podrían haber optado por una onda retro. Pero no. Todo en ellos –la casa misma, sus vestimentas, el empapelado de las paredes o los almohadones del sillón– quedó detenido en los ochenta, como en una pausa.
Estos dos hermanos que rondan los veinte años sostienen un extraño equilibrio, un sutil juego de fuerzas en medio de un lejano y constante ruido de viento. Pero de repente llega ella, la prima, a quien hace largo tiempo que no ven. Nacho y el Colo la esperaban antes, para cuando murió la madre de ellos. Pero ella no pudo, no quiso o no supo despedirse de la tía y acompañar a sus dos primos, con quienes había pasado buena parte su vida.
Así es como llega ahora, cuando nadie la esperaba, y se instala en esa casa detenida en el tiempo, sin avisar porque el teléfono no anda, porque ellos no lo atienden, porque no suena o porque –de andar– quebraría la supuesta quietud de los hermanos.
A partir de su llegada, es el recuerdo y la reconstrucción de un hecho lo que comienza a hacer ruido. Por ahí hubo un beso escondido; más allá hay una anécdota inconclusa, y en todo momento ronda la certeza de que algo ya fue, que terminó más allá de la voluntad y el amor que se sienten estos tres seres que supieron llevarse al mundo por delante.
Pero ya no, ya no será lo mismo. Algo hace ruido.
Ellos, los primos
En manos de Pilar Gamboa, Esteban Bigliardi y Esteban Lamothe cada uno de los personajes transitan una fina paleta compuesta por mínimos gestos y por palabras de una comicidad subyacente. Todo está contenido en ellos y todo está a punto de estallar. En medio de esas dos fuerzas, los tres intérpretes se mueven con una sutileza y fragilidad atrapante.
El mundo de Romina Paula, directora y dramaturga de este trabajo estrenado anteayer en Espacio Callejón, es sumamente atractivo y de una inteligente economía de recursos. Todo en él –los silencios; los gestos contenidos; la mínima coreografía; este tema pegajoso que canta Robin Williams; un doloroso recuerdo escrito en una libretita; un erotismo siempre latente y hasta el movimiento en el espacio– responde a un equilibrio interno que Romina Paula maneja con enorme talento.
La misma creatividad está puesta en el vestuario de Glenda Lloyd y en la escenografía de Juliana Iziart y Matías Sendón (quienes leyeron muy bien las posibilidades del espacio).
Ellos, los del grupo Primos
Hay que reconocer que estos chicos algo de ruido están haciendo. Pilar Gamboa es la misma que el año pasado actuó y escribió Remitente Lorena, montaje de una delicadeza entrañable. Esteban Lamothe fue uno de los actores de Foz, aquel trabajo de Alejandro Catalán que estuvo tanto tiempo en cartel; y fue uno de los intérpretes de Budín inglés, el espectáculo de Mariana Chaud, que se estrenó el año pasado. Y Esteban Bigliardi acaba de hacer varios montajes en el Centro Cultural Rojas.
Por su parte, Romina Paula trabajó como actriz con los directores Mariano Pensotti, Daniel Veronese y Gonzalo Martínez, y ya escribió y estrenó el espectáculo Si te sigo, muero. Los cuatro formaron el grupo Primos y se largaron al ruedo con Algo de ruido hace, un trabajo que merecería hacer un poco de ruido en medio de la monotonía de la escena alternativa actual.
viernes, marzo 09, 2007
Opendoor revisado
La narración-clip
por Carlos Gazzera (La Voz)
En la última década, la literatura argentina ha tenido un buen número de escritores que han buscado mostrar –experimentalmente, aunque mal no fuera– el impacto que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación tienen en la cotidianidad. Quizá, el mejor ejemplo que se puede evocar aquí sea el relato Delivery (2002), de Alejandro Parisí, en el la droga, el sexo, la TV, los celulares, el beeper y la velocidad conforman el cóctel de la vida misma.
Iosi Havilio (Buenos Aires, 1974) parece dar un paso más allá al intentar una novela-clip. Como su antecesor, el videoclip, la ficción aquí se articula sobre un eje temático (débil, enclenque) cuya estructura radiante le provee al lector la satisfacción de la fragmentariedad, la velocidad, el hipervínculo, la labilidad de toda identificación.
La historia se sostiene en capítulos breves, de historias breves, entrecortadas, que, como en los destellos de luz en la pantalla, emiten la sensación de una multiplicidad de realidades.
Opendoor es la historia de una joven que tras abandonar la carrera de veterinaria, vive la experiencia del extravío, el exceso y la des-subjetivación. Su deseo es el único instinto que parece vivo en su Yo. Deseo que le permite gozar tanto con el amor de una mujer que la arrastra, el sexo con un hombre cuya edad es la de su posible padre o bien con una adolescente que podría ser su hija. Solo la pulsión vital del sexo la mantiene viva. Eso es lo único que la conecta con la realidad exterior.
¿Por qué Opendoor? Es interesante el título porque a medida que se avanza en la lectura se establecen otras relaciones que le permitirán al lector aceptar el acierto del título. Como ocurre en los videoclips, el título sólo puede transparentarse cuando se ha escuchado la totalidad de la canción-eje. Opendoor, trascripción morfemática del inglés open door (puerta abierta) es el nombre de una localidad que se conformó alrededor de la colonia para enfermos mentales Domingo Cabred –quizá la más antigua de la psiquiatría moderna de "puertas abiertas"– de la zona del noroeste bonaerense (San Miguel-Pilar-Marcos Paz-Luján).
Iosi Havilio ha escrito una novela profunda, mucho más profunda de lo que a simple vista nos deja ver su estructura de relato-clip. Erótica y neurótica, la historia de la protagonista de Opendoor esconde la mirada de las nuevas generaciones, de los jóvenes de este nuevo siglo. En ellos debemos depositar la confianza de un futuro incierto, tan incierto como las narraciones que nos dan a leer. Porque como se sabe, de Homero a esta parte: sin relato no hay Nación, no hay (con)géneres.
lunes, marzo 05, 2007
Otra obra de Romina Paula
“Algo de ruido hace”, tal es el nombre de la bella obra por la cual nuestra autora lleva los créditos de dirección y dramaturgia, se estrena este miércoles, a las 21hs, en el Espacio Callejón.
Humahuaca 3759
Entrada: 15$
Reservas 4862-1167
lunes, febrero 26, 2007
Miedo a la oscuridad
[Cuento breve de Ignacio Molina, publicado en la revista Ñ el domingo]
Yo estoy último en la fila, soy el único que no lleva guardapolvo y espero mi turno para saludar a uno de los soldados que, inclinados en medio del patio, reciben las cartas y los chocolates que les entregan mis compañeros de jardín.
La escena, que parece sacada de un sueño o de una película argentina, es una de las que recuerdo de los meses de abril y mayo de 1982. En otra de esas escenas, que hoy se me aparecen como irreales, mi mamá y yo caminamos de la mano por la ciudad vacía y completamente a oscuras. Ella está vestida sólo con una bata y un camisón. Yo tengo un pijama grueso y un pulóver, y siento cómo el ruido de nuestras zapatillas retumba en la vereda.
Como los ingleses amenazaron con tirar una bomba sobre Bahía Blanca, la municipalidad ordenó encender la menor cantidad posible de luces interiores, dejar siempre apagadas las exteriores y, salvo algún caso de emergencia, no salir a la calle después del anochecer. Hay que cubrir todas las ventanas con cartones o papel madera, y tapar los focos de los autos con una tela oscura que reparten en los negocios. Hay que evitar que desde los aviones se den cuenta de que acá abajo hay una ciudad; cualquier mínimo reflejo de luz puede provocar que se cumpla la amenaza.
Desafiando al estado de sitio militar y sin cambiarnos, sin temor a cruzarnos con algún vecino, mi mamá y yo salimos a la calle. Alumbrados sólo por la luna caminamos media cuadra, y nos quedamos un rato en la esquina con las miradas en el cielo. Desde mis ojos de cinco años veo seguramente muchas más cosas que ella: veo, también ahora mientras escribo, aviones y helicópteros ingleses que vuelan muy bajo. Aunque cuesta distinguir las siluetas de los autos a cincuenta metros de distancia, veo y siento el eco de una tropa argentina que avanza hacia nosotros desde el fondo de la calle. Imagino el patio del jardín de infantes a esa hora de la noche, y los cuartos silenciosos de mis amigos que, si pudieron vencer el miedo a la oscuridad, ya deben estar durmiendo.
lunes, febrero 19, 2007
viernes, febrero 09, 2007
viernes, febrero 02, 2007
Opendoor
[fragmento de la novela de Iosi Havilio recién editada]
Regreso en tren. Jaime me deja en la terminal de ómnibus de Luján. Al rato me entero de que acaba de declararse un paro sorpresivo de transporte. Que el último bus salió a las seis treinta y que el servicio está suspendido hasta nuevo aviso. Un cartel improvisado, escrito a mano, se repite en varias boleterías: “Sin servicio”. Me dice un hombre que si fuera por él haría el viaje pero el tema es que en la autopista lo pueden reventar a cascotazos. O a tiros, agrega uno que está de espaldas, jugando al solitario en la computadora. El próximo tren sale dentro de veinte minutos, escucho por ahí. Llueve. Me acerco a la parada de taxis y tomo el primero de una larga fila que me lleva a la estación en menos de cinco minutos. El andén se va poblando de gente, mayoría de estudiantes, que calman la ansiedad con cigarrillos y charlas cada vez más bulliciosas. También hay trabajadores, jubilados, mujeres con bebés y un par de borrachos acodados en un puesto de hamburguesas. El tren llega finalmente, con diez minutos de demora. Está vacío, me siento contra una ventanilla que no cierra. Cambio de lugar, pero al rato, cuando el tren se pone en movimiento, la traba de la ventanilla cede y tengo que estar atenta y sujetarla con la mano durante todo el trayecto para no mojarme. En el compartimento de al lado, pasillo de por medio, se sientan cuatro seminaristas. Uno más joven que el otro. Sólo uno de ellos va vestido de cura. Pero no cabe duda, se nota a la legua, son una cofradía. Charlan, leen, se hacen bromas entre sí. El de la sotana guarda entre las piernas una guitarra enfundada. El vagón se llena, el ambiente se enrarece. Con el traqueteo, empiezo a quedarme dormida, hasta que un hecho inesperado atrae mi atención. No se sabe mucho cómo, ni cuándo empieza la pelea. Primero se produce un forcejeo que la oscuridad no me deja entender con claridad. Son tres o cuatro, chicos y chicas, que se tiran de los pelos sobre el andén de una estación muy vieja mientras las puertas del tren todavía están abiertas, hay una bicicleta en el medio, alguien resbala, otro se aferra a una rueda dando patadas en el aire. No pasa mucho, no es grave, y sin embargo suficiente para alterar el curso del viaje. El chico que estaba en el piso consigue entrar al tren arrastrándose con el manubrio de la bicicleta en la mano. Los seminaristas enmudecen, observan la situación, se interrogan con la mirada, un poco tensos, pero no intervienen. Se cierran las puertas de golpe y el chico que subió al tren se recompone de a poco. Los que quedaron sobre el andén patean el chasis del vagón y uno, o una, lanza un escupitajo que se estampa contra la ventanilla de los seminaristas.
En un principio no se sabe bien si el que subió es la víctima o el victimario. Tiene la cara enrojecida, tiembla un poco, y, a pesar de ser un chico robusto, da la impresión de estar dispuesto a soltar unas lágrimas en cualquier momento. No cabe duda, es la víctima. La mirada pegada al vidrio, avergonzado, se esconde como puede de las miradas que le apuntan alrededor, se frota las manos manchadas de barro, y se descubre una pequeña herida superficial en la palma derecha que se relame el resto del viaje. Por momentos también se muerde un poco el pulgar derecho, para contener el dolor, o porque siente bronca, no se sabe. Quiere que el tiempo pase rápido.
Con los minutos, las miradas que al comienzo lo midieron con aprensión, luego curiosas y finalmente compasivas, van sumiéndose en la indiferencia y el olvido. Tres o cuatro estaciones más adelante, para terminar de sepultar el incidente por completo, uno de los seminaristas se anima, desenfunda la guitarra y con unos arpegios muy rudimentarios se acompaña para cantar una canción en un español raro, medio antiguo, que de a poco entusiasma al resto de los curitas que se ponen a hacer los coros.
martes, enero 30, 2007
Gelatina
[Cuento breve de Romina Paula, publicado en la revista Ñ el otro domingo]
Cargo el brazo a un lado, como un peso muerto. Ya no me sigue, no me obedece. Lavo la zurda con la diestra, que empezó a responder. Eso aprendí. Pero no siempre puedo. A veces la muerta, la inconsciente, pesa más. Una mano dormida, un brazo dormido, un lado, una mitad, media yo que ya no soy. O estoy, todavía estoy, pero aletargada. Llevo, cargo mi mitad dormida, anegada. Me reeduco. Reaprendo todo. Primero vegeto, sólo respiro y apenas si hago eso, eso recuerdo. Después, dicen que abro los ojos y muevo un dedo, como respuesta, por toda respuesta: ese es el primer y casi único modo que descubro, que desarrollo, para salir de mí. Me atrapé, quedé atrapada en mi cuerpo: estoy intacta pero no puedo comunicar. Conservo la capacidad de reflexión, puedo hilar, asociar, recuerdo, entiendo. Creo que sigo siendo yo, pero no puedo salir. Como no comunico, no soy. Mi dedo, el meñique por sí o por no, me restituyó algo de credibilidad, de crédito. Dejo de ser una planta, evoluciono, porque puedo decidir, por sí o por no, con mi dedo, por más complejas que sigan siendo mis estructuras de pensamiento. No puedo hablar, pero pienso, puedo pensar en sintaxis, pienso gramaticalmente. Pero no puedo articular. Olvidé o no puedo recordar, no por ahora, qué sonido corresponde a qué idea, a qué concepto- no sé pronunciar, no sé cómo se hace. Ensayo sonidos, pero fracaso: son los órganos que no me responden. Emito graznidos informes, abstractos, atemorizo a mis visitas. Desisto. Ahora, por lo menos, puedo escribir, aunque no sea del todo exitoso, tampoco, éste medio. Quiero escribir, para que me entiendan, para que sepan que sé, que no perdí nada, que está todo adentro, todo ahí, aunque encerrado, anegado por ahora, por aquello, por aquél pequeño malentendido, ése desajuste en mi cerebro. Quiero poder escribir, que estoy encerrada, por ahora, pero que estoy bien, que no tomen medidas, que no teman por mí, que no se lamenten, que es sólo cuestión de tiempo. Pero mi mano, la que responde, me desautoriza. Quiero escribir Hola. No perdí la facultad del pensamiento. Articulo, asocio, y recuerdo. Sé quien soy, conozco mi historia, reconozco y recuerdo a cada uno de ustedes. Entiendo nuestros vínculos y sé que algo extraordinario sucedió en mi cabeza. Algo que me adormeció toda y ahora la mitad de mi cuerpo, algo que me encerró. Y mi mano escribe hamaca. Con pulso tembloroso. Eso es lo primero, y un pino, cuando me quiero referir a la gramática, a que todavía la poseo. Ni siquiera. Escribo pino un y mamá llora con el cuaderno en su mano. Llora y me acaricia la cabeza. Quiero morderla, por necia. Pero no puedo. Muevo el meñique y me dan gelatina.
sábado, enero 27, 2007
Continuidad de los parques
(...) Enseguida apareció la señora psicótica del viernes pasado y se sentó al lado mío. Juan Incardona me propuso ir a sentarnos lejos, al fondo pero yo quería filmar cerca del escenario.
Igual, llegó un hombre con un termo y un mate y se sentó al lado de ella y hablaban. Pensé que él era su acompañante terapéutico y que ella no se había olvidado de tomar los antipsicóticos esa tarde, asi que estaba bastante compensada. De hecho, cuando todo terminó se fue sin hacer ninguna manifestación psiquiátrica.
La lectura de Gonzalo Castro estuvo muy buena. Me pareció muy atractivo el tema del libro (Hidrografía Doméstica) que leía: una chica de 10 años que vive sola y que tiene una relación especial con el agua. Y después, el reportaje se centró en la editorial (Entropía) de Castro y eso también estuvo muy interesante. Pero había mucho viento, enseguida se hizo oscuro y yo tenía frío. A veces parecía que se iban a volar todas las cosas. Los eucaliptus largaban miles de hojitas agudas todo el tiempo y los pájaros esta vez volaban muy muy alto. Me puso muy triste. Cuando todo terminó era casi de noche. Eso me puso más triste. (...)
[vía "Viejos son los trapos"]
lunes, enero 22, 2007
El principio de la tragedia
Sobre Los estantes vacíos, de Ignacio Molina.
Por María Eugenia Rombolá
[Publicada en la revista Los asesinos tímidos]
Recuerdo que en algún momento el autor de Los estantes vacíos comentó que no puede pensar en una palabra sin pensar al mismo tiempo en cómo se escribe, es decir, en su materialidad gráfica, en su cuerpo más concreto. Pienso que esta obsesión por el cuerpo de las palabras es la condición necesaria para intentar rasgarlas y poder llegar a lo que está detrás (¿a la nada? No se sabe a ciencia cierta, pero sí puede observarse que en este acto radica la exploración del autor). Molina lo sabe, tal vez no sabe que lo sabe, pero lo sabe. Y para los que no lo saben, puede ser una tarea ardua comprender, por ejemplo, la necesidad de construir un personaje como Matías (”El camino del agua”) que escucha (y acá vale la pena recalcar que no oye, sino que escucha) palabras sueltas en una conversación telefónica de su hermana, “técnico, tenedor, enganche, comentarios, filamento, volantes, campeonato, forra, camisa, líneas, público, chau”. Las palabras no son las cosas, eso todo el mundo lo sabe, pero las palabras sí son cosas y hay quienes lo niegan en virtud de una fidelidad desmedida hacia las formas ya concebidas de los géneros (hay una anécdota que cuenta que una vez Gauguin se encontró con Mallarmé y le dijo algo así: “Tengo un montón de ideas para escribir una novela” y Mallarmé le respondió “Las novelas no se escriben con ideas. Se escriben con palabras”).
El cuento
Hay muchas teorías respecto a qué es un cuento, pero vaciemos nuestros estantes de teorías y volvamos a la idea más simple, la que teníamos seguramente cuando empezamos a leer, ¿qué es un cuento, entonces? ¿No es acaso un relato en el que transcurren cosas y muchas veces termina antes de lo que querríamos, pero al mismo tiempo, en su propia constitución está la imposibilidad de que continúe? Es verdad que lo mismo puede decirse de la novela, pero a diferencia del cuento, en ella hay líneas de fuga intermedias que permiten digresiones casi, casi, infinitas. Entonces, el cuento le muestra el final al cuentista. El novelista, en cambio, decide cuando dejar de fugarse y en esta detención aparece el final.
Los personajes
A la hora de relacionarse entre ellos, tienen miedo de incomodarse con preguntas, suponen, consideran que no vale la pena decir todo lo que están pensando. Por otra parte, registran todo: el tiempo, las calles, los carteles, cada detalle de la ciudad son su verdadera compañía. Es que estos detalles dejan de ser cosas para convertirse en palabras-cosa. Los barrios entonces no sólo tienen nombre, sino que además son de colores específicos (“El camino del agua”), tomar un colectivo no sólo implica trasladarse de un lado a otro, sino repetir el trayecto narrado en un libro que se encontró poco tiempo antes en una librería de saldos (“Kilómetro cero”), la puerta de la heladera exhibidora anuncia tormenta (“Polirrubro Ama-Faby”), las calles amanecen inundadas (“El sistema”) y en ocasiones se humaniza a los objetos agregándole la preposición “a” cuando son objeto directo: “Después de unos minutos me acerqué a la ventana y me puse a mirar, alternativamente, al paraguayo que vivía al fondo del pasillo (...) y al empapelado violeta de la pieza” (“Kilómetro cero”) o “Después de abarcar en un solo paneo a las golosinas, las estanterías despobladas, los envases vacíos (...) se queda mirando el plano de la ciudad que cuelga de una de las paredes” (“Polirrubro Ama-Faby”).
Los finales
Si bien cada uno de los quince cuentos de Los estantes... exige su final, éstos últimos, de alguna manera, retumban, delicadamente, como ecos, en los demás cuentos y, por qué no, en la vida misma. Es que en cada conclusión hay una puerta abierta, una invitación a asomarse a un abismo que no se muestra, apenas se anuncia en palabras-cosa, en cosas que hablan, que nos dicen la soledad, la sorpresa, las coincidencias y desencuentros, los malentendidos inevitables, los olvidos evitables, pero necesarios... Podría decirse, entonces, que los cuentos concluyen en el principio de la tragedia. Un modo arriesgado y lúcido de trazar el antagonismo que presenta la vida de los hombres y mujeres en la ciudad contemporánea.
miércoles, enero 17, 2007
Avisos parroquiales
Recordad: este viernes, a las mil novecientas, en el Jardín Botánico “Carlos Thays”, al reparo de ñangapiríes, euforbias y sicomoros, Damián Ríos entrevistará a Gonzalo Castro. Se admitirán, también, preguntas de la audiencia (sobre literatura, diseño gráfico, paisajismo y fitología). Que no falte nadie.
viernes, enero 12, 2007
miércoles, enero 10, 2007
Cine para leer
Maese Juan:
En tus manos, una primera reseña de las cartas de Manuel Puig, que saldrá publicada, si la resaca decembrina no afecta el orden de las cosas, el fin de semana del 31 de diciembre en El Espectador de Colombia. En todo caso, cuando salga publicada, reenvío el texto para que lo veas tal y como salió,
Hugo
P. D. Y cuando veas "Cine para leer", no te extrañes, así se llama la columna que tengo en el diario.
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La pasión según Puig [por Hugo Chaparro Valderrama]
El escritor argentino Manuel Puig hizo del cine su biblioteca. La pantalla fue para él semejante a lo que sería para Borges la Enciclopedia Británica. Allí descubrió sus mitos, sus aventuras y las historias que lo convirtieron en un autor al margen de cualquier tendencia, estética o política, en la década de los años 60.
Cuando su amigo Mario Fenelli leyó las primeras páginas de La traición de Rita Hayworth, descubrió la sublimación de lo cursi —algo que indigestó a Mario Vargas Llosa como jurado del Premio Seix Barral en 1966, argumentando que no se trataba de una novela “literaria” (¿?)—. El melodrama hecho cine formó entonces a Puig. No en vano idolatraba Imitation of life (Sirk, 1959), donde se magnifica la tristeza de manera delirante. Una pasión compartida con el gusto por las historias de amor sufridas hasta la muerte por Greta Garbo —¿la recuerdan lanzándose al tren, como última solución al despecho, en Ana Karenina?
Entre Europa y Estados Unidos, la biografía de Puig permanece en su literatura; en los guiones que escribió con la ilusión de que fueran producidos en Inglaterra o Italia; en la correspondencia que mantuvo con su familia durante un lapso que abarca desde 1956, cuando viaja a Roma para estudiar en el Centro Sperimentale di Cinematografia, hasta 1983, cuando se traslada a Río de Janeiro.
Manuel Puig. Querida familia, en dos tomos divididos por sus Cartas europeas (1956-1962) y sus Cartas americanas - New York - Río (1963-1983), gracias al esmero de Graciela Goldchluk, quien hizo la compilación, el prólogo y las notas de las cartas, y a la editorial Entropía, que publicó el primer tomo en abril de 2005 y el segundo en septiembre de 2006, descubre al escritor adentrándose en el laberinto de un camino todavía incierto, por el que avanza con una confianza creciente cuando se multiplican los lectores y se agiganta ese monstruo, la fama.
Tras la aventura del viaje —que Puig disfruta cuando recorre el mapa de un lado a otro— está la celebración del cine como punto de equilibrio ante la incertidumbre; el trabajo como traductor de películas italianas al español; la exploración minuciosa que le permite comprarles a sus padres y a su hermano las prendas que detalla en sus cartas; la nostalgia por Buenos Aires —al mismo tiempo que el rencor por una ciudad en la que no confía del todo cuando el mundo le ha enseñado otros panoramas—; las peticiones de su madre para que regrese —a las que responde Puig: “Mamá: yo no comprendo por qué ponés la vuelta a la Argentina como si fuera para mí el comienzo de todas las bendiciones”.
En otras palabras, la ansiedad por encontrarse en una geografía propicia a sus intereses, sin tener que preocuparse por el circo de las vanidades como expresión de nacionalismo asfixiante. El cine es suficiente. Sus imágenes le muestran a Puig que la mejor realidad está en la ficción. No importa de dónde provengan, las fronteras no existen. Sin embargo, con La traición… escribe una novela en la que evoca de forma visceral a los fantasmas de su infancia, extraviados en General Villegas, el pueblo donde nació.
Él mismo no esperaba dar el salto del cine a la literatura. Pero surgió la novela como una necesidad ineludible. Entre los reclamos de su madre por la presencia del hijo al que adora, la cinefilia sin pausa y los viajes, se lee la evolución de un autor que necesitó, como tantos, ausentarse de lo habitual para contrastarse a sí mismo con lo diferente y encontrar así su lugar. Las cartas nos hablan sobre ese proceso y sus hallazgos. El resultado, en sus novelas, en sus argumentos para cine y en sus obras de teatro, enseña cómo la ausencia se convirtió en presencia cuando regresamos a la pasión según Puig.
lunes, enero 08, 2007
El marketing y sus reveses
Aquí, Edmundo Paz Soldán sobre "Querida familia: 2"
(...) Los que han leído a este influyente escritor argentino descubrirán en varios pasajes un tono similar al de esa voz coloquial inconfundible de sus mejores novelas, en especial La traición de Rita Hayworth. Sin embargo, el efecto general es distinto: en las novelas de Puig, las cartas producen una sensación vivificante, incluso audaz: nos hallamos ante el escritor que se atrevió a prescindir de narrador y dejar que escucháramos directamente a sus personajes, y que incluso viéramos sus errores ortográficos a la hora de escribir. En cambio, como documento, las cartas a su familia son repetitivas, monocordes, planas. (...)
El texto completo, acá.
jueves, enero 04, 2007
Two thumbs up!
Espejismos [reseña de "Los estantes vacíos"]
por Ariel Bustos
El escritor “minimalista” viene a resultar algo así como “la gran esperanza blanca” en el boxeo, o como el eslabón perdido. Así autores despojados en el lenguaje y dueños de un mundo potente se han visto bajo el peso de ese rótulo ocioso, con Raymond Carver a la cabeza. Tal vez, en el caso de este libro en particular, podamos afirmar que la caza ha llegado a su fin.
Los estantes vacíos, de Ignacio Molina (Bahía Blanca, 1976), era un libro esperado en cierto circuito de blogs literarios, esas nuevas trincheras de la literatura argentina. De hecho, Molina es el autor del blog Unidad Funcional unidadfuncional.blogspot.com. Cada uno de sus cuentos podría leerse, en cierta manera, como una versión inversa de Carver. Así, todas las líneas que prometen un mundo rico que subyace bajo la superficie terminan confluyendo en la nada. En Molina se produce la muerte de las historias.
Se trata de un libro poco convencional. “Los quince relatos que conforman Los estantes vacíos construyen su propio campo de exploración narrativa”, reza la contratapa antes de diluirse en una jerga ilegible, y hay que reconocer que Molina establece una idea personal del cuento. Para ello suprime dos claves de la definición clásica del cuento: la unidad de efecto y el punto de no retorno. Eliminada la arquitectura de la narración sólo le queda al autor reciclar cuestiones formales, como los ciclos que forman distintos cuentos que comparten los mismos personajes, recurso que Liliana Heker escribió hace treinta años. Así pueden considerarse las series conformadas entre los cuentos Espirales, Los estantes vacíos y Ejército de Salvación por una parte, Arpegios y El opio de los pueblos por otra, y El sistema y Jornadas literarias en tercer lugar. Ya sea que apelen a diversos puntos de vista para contar los mismos hechos, o que de un cuento al otro haya un cambio de la primera a la tercera persona, pasa de todo pero no pasa nada. Las acciones se suceden sin tener peso en la realidad: una chica que se va a vivir sola encuentra una tortuga a la salida del trabajo, un hombre recién separado yendo a visitar a su hijita y a su ex mujer, personajes que van a la cancha a ver a Platense o a Nueva Chicago, la relación que traba un bibliotecario con una mucama, ambos inquilinos de una anciana: todo puede pasar y nada se define. Molina desplaza el centro de gravedad de los cuentos, deteniéndose a registrar pequeños detalles, y evitando mostrar los puntos de tensión, como los encuentros sexuales concretos o sugeridos en distintos cuentos, o los quiebres en las relaciones familiares. Al hacer este desplazamiento, la única resolución posible sucede en un sueño: el sueño de venganza de Matías en El camino del agua.
Las acciones de los personajes no producen un crescendo que apunte a caer con todo el peso hacia el final del cuento para culminar resolviendo o revelando algo; tampoco en el transcurrir de los cuentos se produce un quiebre en los personajes que termine modificándolos en sus personalidades. Su fragilidad no proviene de un desencuentro con el mundo donde anidan el fracaso, la desilusión o el deseo, sino de un profundo vacío interno por el cual pequeñas cuestiones, como la elección de una mesa para comer en una parrilla hacia el final de Ejército de Salvación, terminan por resultar conflictos enormes.
El ascetismo del lenguaje de Molina no levanta ninguna barrera hacia el lector. Pero finalmente este pacto básico se ve defraudado por sus personajes, autosuficientes en el mar de indiferencia en que viven, que terminan por no conmover al lector.
[publicado en Zonamoebius.com]










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