martes, octubre 07, 2014
¡Pobres guillotinados!
lunes, octubre 06, 2014
LA SOPORTABLE LEVEDAD
Por Maximiliano Crespi para Radar Libros
Entre la parodia y el grotesco, Scalabritney aborda la frivolidad demostrando con hidalguía que se lo puede hacer sin ser, precisamente, frívolo.
Hay algo en el discurso de la frivolidad que resulta fascinante. No es, claro, su insolente disposición a hablar con desparpajo a la vez sobre asuntos complejos y banales, salvando con clichés todo nudo problemático. Lo fascinante es el vértigo con que se suceden, indiferentes, sus cambios de tema, en una arrolladora y tibia huida hacia adelante. La ficción de la frivolidad (que no tiene que ser obligatoriamente frívola) sigue un cauce de pensamiento leve (pero no por ello débil), serpentea frente a los obstáculos y cambia de curso de manera dúctil ante los accidentes de superficie. No elige los cambios; se deja llevar más bien por un impulso de apariencia neutra que la excede. Se abandona a esa “fuerza poética natural” que le permite evadir contradicciones, fantasmas, detalles y lapsus: lo ínfimo, tras lo cual asoma el rostro insoportable de lo real. En ese paso de baile aprensivo y etéreo –sobre el cual César Aira fue capaz de elaborar una obra de mérito incuestionable– se despliega la nouvelle de Martín Zícari.
La consistencia del semblante poético de Scalabritney no se apoya en la desidia de su adjetivación, radica ante todo en la sintaxis con que reproduce el flujo metonímico por el cual la narración avanza sobre una trama intrascendente, arrancando nuevas frases a frases que parecían agotadas en su monotonía y su banalidad. Partiendo tan sólo de un puñado de escenas, que no llegan más que a ser superficialmente hostiles, el relato se articula así sobre digresiones de evasión que rozan lo delirante (un sueño, una alucinación, una película de terror, un recuerdo, todo es distorsionado y transformado por la imaginación). La distinción no es siempre tangible. No porque todo se plantee bajo un mismo punto de vista, sino porque entre la percepción de lo “real” y lo imaginario no median diferencias en el orden de la ficción. Y es por eso que, más que el relato, lo que gradualmente se convierte en el centro neurálgico del texto es la imaginación sobreactuada de un personaje cuya existencia oscila entre la ingenuidad espontánea y la ridiculez. Más que lo que se dice, lo que importa es quién habla. En la recreación de esa voz y ese imaginario particular, el flujo discursivo adquiere en efecto –como ocurre a veces en Puig– un carácter casi performativo.
Sin embargo, el relato vacila a veces indeciso entre la parodia y el grotesco. Lo que ratifica el ademán paródico es el índice de un subtitulado donde el narrador cambia (o al menos se desdobla). Lo que remite al grotesco es la vitalidad de una ficción que pone en escena un narcisismo impúdico, tan exhibicionista en su frivolidad y su medianía que por momentos flirtea con lo transgresivo, ya fuere en el pavoneo de la incorrección política o en la impostura que recicla sus lugares comunes. Todo parece bastante claro: el personaje ama las fiestas privadas, los erotizantes paseos en bicicleta por Palermo Queer, las escapadas con amigos al Tigre y desprecia abiertamente a “la chusma” y a ese aburrido o amenazante “mundo hostil” del cual huye en sus dulces visiones. Pero se revela siempre demasiado satisfecho de su propio imaginario (y de su propia frivolidad) como para rozar siquiera la experiencia transformadora de lo íntimo. Scalabritney es “un espacio multisensorial, multidimensional, multimediático, múltiple” donde la infelicidad se conjura; un lugar secreto, lujoso e ilusorio –a la vez oscuro y placentero– donde la fiesta se prolonga “infinita” y donde nadie se acuerda de la bolsa de ropa sucia de su jefe.
Radar Libros, Página 12, 05/10/2014
jueves, octubre 02, 2014
Literatura continua
sobre Scalabritney, de Martín Zícari
por Quintín
lunes, septiembre 29, 2014
Entrevista a Roque Larraquy en BLISSTOPIC.com
miércoles, agosto 27, 2014
Requena: esbozo para una desaparición
Reseña de Requena, de Alejandro García Schnezter, en
Milenio.com
martes, agosto 12, 2014
Protagónico absoluto
miércoles, agosto 06, 2014
Un agosto en la Patagonia
Agosto, de Romina Paula en La Repubblica
martes, agosto 05, 2014
Baby One More Time
lunes, agosto 04, 2014
Presentación de La Serenidad de Iosi Havilio en CC Matienzo
Aquí el texto que Damián Ríos leyó en la presentación de La Serenidad, el 30/07/2014:
viernes, agosto 01, 2014
La trabajosa y cristalina prosa de Ignacio Molina
Cámara Gesell
Por Miguel Zeballos.
jueves, julio 31, 2014
Iosi Havilio: "La palabra acá es una excusa, un síntoma de la neurosis"
En su última nouvelle, que se presenta el 30 de julio, encontramos una estela de lo indescifrable que genera lecturas de buceo. Hablamos con el autor de este texto que rompe con las tramas convencionales.
Iosi Havilio nos trae una nouvelle que juega con nuestra paciencia. Comenzar e internarse en "La Serenidad" es un desafío. No es para cualquiera. Hay tramas y cabos que se atan de manera sutil, un Protagonista que se llama de manera impersonal "El Protagonista", mafia rusa, una mujer que representa todos los deseos contenidos en el nombre Bárbara, una "misión salvadora", el lenguaje de las ratas, una madre descalza, filosofía, psicología e historia, entre otras cosas.
"La Serenidad" no brinda una lectura fácil, es de esos textos que no se centran tanto en las continuidades de una trama clásica sino en la forma en que se narran aconteceres. Una forma que puede generar disfrute en esta "fábula del yo" pero que también puede perdernos en una intertextualidad que está en la cabeza del autor pero no siempre en la del lector.
Dialogamos con Havilio e intentamos un acercamiento a ese universo tan particular que supo construir en "La Serenidad".
¿Cómo describirías al Protagonista de esta nouvelle? Por que si bien uno puede ir descubriendo pequeñas cosas de su persona, hay mucho misterio e impersonalidad, ya desde el hecho de llamarlo Protagonista a secas.
Ioisi Havilio (IH)- El Protagonista de La Serenidad es un maniático de todas las manías. Empezando por la palabra. El tipo va y viene de la exaltación al derrumbe, de nombrarse héroe de la nada a regodearse con sus decadencias. Yo creo que se sabe mucho sobre él, demasiado, el narrador, que es él mismo, encuentra en el exceso la estrategia para que la disección no sea tan cruda. Sus circunstancias son de lo más ordinarias, se pelea con la novia, escribe poemas malos, vagabundea por la noche, se enfrenta al duelo paterno, el pasado se le viene encima a cada rato y él se escapa, lo exorciza con palabras, alucinándolo. Llamarlo "El Protagonista", es una ironía, claro, pero también la posibilidad de armar tu propia aventura. -
Hay un uso de mayúsculas muy particular a lo largo de todo el relato ¿Por qué?
IH- ¿Qué nombramos con mayúsculas? Los nombres propios, los lugares, las divinidades, el título de una obra. En el mundo fabulesco y fabulero de La Serenidad, el juego se abre y se entroniza con mayúsculas al pretencioso pero también al que se arrastra, que muchas veces es el mismo. El Protagonista no podría sostenerse en pie si no fuera por esas muletas que son las mayúsculas, igual que el padre muerto, la madre baqueteada, el filósofo pusilánime, El Gran Otro o El Zar de La Milonga. La mayúsculas es un pedido de auxilio, un Aquí estoy, ¡rescátenme de este pantano!
Cuando uno escribe y cuenta una historia también propone una lectura y "La Serenidad" resulta por momentos un tanto encriptada ¿sentís que es así?
H- Entiendo que es un texto que desde el vamos propone tomar distancia de la letra, desde el momento que anuncia las peripecias de El Protagonista antes de cada capítulo y ensaya una narración atiborrada y engañosa. Justamente, porque la palabra acá es una excusa, un síntoma de la neurosis. Al pie de la letra, la serenidad es imposible. La comprensión cede su terreno en favor de la experiencia, de todo lo que constituye lo real.
La novela ofrece una prosa que juega con lo poético, lo ensayístico y también se acerca a lo político y la militancia ¿cómo te surgieron todos esos cabos en la trama? Lo pienso en términos que incluso decís que el Protagonista "está dado a la intertextualidad".
IH- La trama está atravesada por esa manía oral del narrador/protagonista. Y en cada aventura, a cada paso, lo interpelan fantasmas, situaciones, que traen consigo discursos de todos sus tiempos, canciones de cuna, textos filosóficos, cuadros lacanianos, cánticos políticos, lecturas de todo tipo, noticias, grafitis… todas esos símbolos que lo agobian. Se tira la cultura por la cabeza con la vana esperanza de que en el desboque aparezca la calma.
La Madre descalza es una figura que se repite de manera constante y que va ganando profundidades ¿cómo surgió?
IH- Al comienzo de la noche, El Protagonista está en una fiesta y recibe un mensaje: La Madre se escapó descalza. La imagen genera una pulsión, el hijo sale al rescate, la madre huye, de un hospital, de la casa, de la oscuridad, de la muerte, como una mártir. Se la imagina en camisón con los pies desnudos caminando por el medio de una avenida porteña en la mitad de la noche, es su modo de redimirla, su manera de verla resurgir. El Protagonista corre en su auxilio, pero sobre todo corre tras esa imagen, repitiendo en su presente la historia de la madre para volver a ocupar el lugar de la niñez. La madre que encuentra en casa está en paz, tiene algo de monje. Un monje que lo arropa, le lee, le da de comer queso y unos pesos para seguir adelante.
Hay una épica que se destaca a partir de las enunciaciones clásicas, casi como en el cine mudo, de aquello que va a acontecer ¿presentarlo de esa manera te ayudó a organizar las ideas, los textos? ¿O hay otro tipo de intencionalidad?
IH- Hubo un momento en que pude ver el derrotero del protagonista en esta noche/día como una película de aventuras tan palpables como alucinadas y las bajé al papel; estas indicaciones fueron tomando esta forma de didascalias que cumplen la doble función de organizar el relato y declarar el género. Exaltan situaciones de lo más banales, que el narrador se encarga de enmascarar.
Damián Ríos presenta "La Serenidad" como una discusión tuya con los modos de novelar el presente ¿coincidís?
I H- La escritura de La Serenidad irrumpió entre otras escrituras, digamos más conscientes, planificadas. Una expresión más orgánica que literaria, de algún modo molesta, difícil de aprehender, caótica y deforme. Más tarde, a medida que fui tomando distancia, entendí que en efecto venía a problematizar con cierto modo de concebir la novela que había cultivado en los otros libros. Ahora, no se trata de una discusión exclusivamente estética, te diría que en buena medida se trata de una discusión muy personal, en relación a qué es esto de escribir, en la actualidad, en nuestras circunstancias, pero también política: ¿qué lugar tiene esto que llamamos literatura?
***
La Serenidad nos ofrece una lectura particular que puede generar el disfrute entre reflexiones y diálogos muchas veces ontológicos o puede perdernos entre aconteceres y prosa. Iosi Havilio sirvió la mesa de La Serenidad, quedará en usted- estimado lector- decidir si disfruta o se abstiene de ese festín.
Iosi Havilio: Nació en Buenos Aires en 1974. Publicó las novelas Opendoor (2006), Estocolmo (2010), Paraísos (2012). Sus obras han sido editadas en España, Inglaterra, Estados Unidos y Croacia
Diario Registrado, 29/07/2014
viernes, julio 25, 2014
Transmitir una experiencia
Reseña de Como sólo la muerte es pasajera de Alberto Szpunberg para ADN Cultura.
Por Sandro Barrella.
miércoles, julio 23, 2014
“El verdadero protagonista de esta novela es el lenguaje”
La cuarta novela del escritor porteño es un extraño artefacto, tan teatral en sus excesos como barroco en su torrente lingüístico. En esta aventura narrativa, el autor pone en tela de juicio los modos de representación.
martes, julio 22, 2014
La Serenidad de Iosi Havilio en Inrockuptibles
jueves, julio 17, 2014
Palabras inesperadas
Entrevista a Iosi Havilio sobre su última novela, La Serenidad, en La Voz del Interior
Por Javier Mattio.
martes, julio 15, 2014
martes, junio 03, 2014
La Serenidad, de Iosi Havilio
Manuel Quaranta reseña La Serenidad, de Iosi Havilio, para la revista Vísperas.
Eco, la más famosa de las ninfas que habitaban en el bosque –Oréades– era capaz de proferir frases de una belleza inconmensurable, esta facultad perturbaba a Hera, esposa celosa de Zeus, e instigadora –debido a sus temores– de un terrible castigo: Eco fue condenada a repetir indefinidamente la última palabra que expresaba cada persona, de este modo, quedaba para siempre trunca la posibilidad de establecer un diálogo con otro ser humano.
La serenidad, título emblemático de la nouvelle de Iosi Havilio, parecería abrir una grieta profunda en la esperanza de construir una comunión lingüística entre las personas. El diálogo se encuentra, definitivamente, obturado: “El hermano mayor es incapaz de advertirle sobre el descontrol del lenguaje y traslada las fisuras del discurso por todos los lados de la cara”. Pero no sólo eso.
La serenidad es un quiebre –¿es verdaderamente un quiebre o las problemáticas del escritor de Opendoor y Paraísos se repiten aunque de forma diferente?– con respecto a la producción anterior de Havilio, un lenguaje exuberante atraviesa casi todas las páginas hasta llegar a un paroxismo descomunal plasmado en frases tales como “…hierve la palabra en las cavidades textuales del protagonista y la ilación es un placer inevitable” o “…llorar, llorar, llorar, por los pobres, los muertos, los violentos, los degollados, los consumidores, los poetas, los locos, los militantes, llorar juntos por los benefactores, por los críticos y los mormones, llorar por las plantas que se van muriendo, llorar por nosotros, mucho, por nuestros parientes…y contemplarnos en el lago espejo desde el sillón roto, los pies mojados, chorreantes de pellejos, con el partido de ajedrez abandonado en lo mejor, para estirar el goce”; en este contexto cobra sentido la pintura expuesta en la tapa del libro, Les Oréades de William-Adolphe Bouguereau, en tanto cifra de lo que uno encontrará apenas comience a leer: proliferación incansable de palabras expuestas al sin sentido o a volver todo un engaño.
Cada capítulo de la nouvelle de Havilio se presenta de idéntico modo que El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, por ejemplo, Segunda parte del libro de Cervantes: Capítulo LXXII. De cómo don Quijote y Sancho llegaron a su aldea; Capítulo LIX. Donde se cuenta del extraordinario suceso, que se puede tener por aventura, que le sucedió a don Quijote; Capítulo XXXII. Que trata de lo que sucedió en la venta a toda la cuadrilla de don Quijote.
La serenidad: De cómo El Protagonista desembarcó en un suburbio, comió entre gitanos, subió una montaña, se perdió en el bosque y dio milagrosamente con el camino a casa; Donde se cuenta el escape en tren del Protagonista, las extrañas escenas que vivió durante el viaje y la manera en que recuperó un par de zapatillas tres décadas después.
¿Por qué la filiación? Havilio vuelve a leer El Quijote. Lo da vuelta: promesas de aventuras o historias que se deshacen, una intertextualidad presente en cada resquicio que carcome la posibilidad de un conflicto principal, la magdalena de Proust en “Queso Fresco”: “La cara de La madre se vuelve nítida de a poco. Es una reconstrucción por capas finas…Esa mujer infinita que lo conoce desde la semilla […] El Protagonista hizo lo que tenía que hacer. El sabor de ese queso consagrado por el recuerdo”.
La serenidad es también, como indica Damián Ríos, “el resultado de una feliz discusión de Havilio con los modos de novelar en el presente”, poniendo en cuestión todas las figuras representativas de la novela moderna: “El Protagonista deja correr lo que queda de tinta…el último soplo de un hábito decadente…Desmenuza Una Biografía que nunca existió en el sentido estricto. Y sin embargo, en el fondo del relato hay Tensión, Trama y Personajes que al igual que los Extras y los Decorados, cayeron en el atiborre. Todas las decisiones estéticas le resultan impracticables. Se le ocurre una genialidad: resignar el papel principal y ver si así…”.
Si cabe alguna duda de que La serenidad es una novela sobre la novela, basta citar un pasaje, “El Protagonista se siente tentado a hablar de la pelambre que evita su propio suicidio, la anécdota dentro de la anécdota”, como esas muñecas rusas que guardan el secreto de una historia dentro de otra historia, pero ¿qué es lo que en realidad guardan si nada pasa dos veces de la misma manera?; en este sentido La serenidad es “el sueño de la reconstrucción” de una historia, de una vida, de una infancia, pero con plena conciencia de que “La reconstrucción es un anhelo imposible”.
Por último, envalentonado en esta exuberancia verbal propongo un exceso interpretativo final: La serenidad es una novela sobre el lenguaje en la que se multiplican las referencias filosóficas, por ejemplo en el parágrafo “Discurso inaugural”, que cierra la nouvelle, habría una clara alusión a las famosas y polémicas palabras pronunciadas por Martin Heidegger al asumir el rectorado de la Universidad de Friburgo en 1933. Y aquí viene el exceso: Eco, en tanto prefijo significa ‘casa’, ‘morada’ o ‘ámbito vital’; Heidegger, a su vez, en Cartas sobre el Humanismo, escribió: “El lenguaje es la casa del ser. En su morada habita el hombre. Los pensadores y poetas son los guardianes de esa morada”.
*Nota: Iosi Havilio corrige mi exceso, “Discurso inaugural” remite a un discurso que Heidegger pronunció en su pueblo natal en el año 1955 titulado Serenidad: “La Serenidad para con las cosas y la apertura al misterio se pertenecen la una a la otra. Nos hacen posible residir en el mundo de un modo muy distinto. Nos prometen un nuevo suelo y fundamento sobre los que mantenernos y subsistir, estando en el mundo técnico pero al abrigo de su amenaza”.





