martes, octubre 13, 2009

Un oído privilegiado

[por Valeria Meiller, para Ñ, a propósito de Agosto, de Romina Paula]

¿Vos me querés a mí? (Entropía, 2005) es el título del debut novelístico de Romina Paula. Allí, la joven escritora -que también es dramaturga, directora teatral y actriz- apostaba a lo que Beatriz Sarlo llamó "un ejemplo casi experimental de estilo". La novela se acercaba a los personajes a partir de la transcripción directa de sus diálogos y lo hacía con tanta destreza que por momentos el lector quedaba atrapado en el oleaje de las conversaciones como si verdaderamente estuviera ahí.

En este sentido, Agosto, su nueva novela, funciona al mismo tiempo como la confirmación de ese oído privilegiado y la posibilidad de extremar la escucha en el interior de una única voz. La novela entera se construye como un diálogo trunco o como un diario de viaje dirigido, escrito especialmente para ser leído por alguien. Pero todo está relatado en un registro mucho más próximo al oral que al escrito por lo que, en un afán conciliador, a lo sumo podría decirse que la novela entera está construida como un largo monólogo en el interior de una conversación telefónica. El único problema para decir esto es que ya desde la primera página sabemos que uno de los interlocutores está muerto.

Emilia viaja a Trelew invitada por la familia de su mejor amiga para asistir a una ceremonia: a cinco años de su muerte, Andrea está a punto de ser desenterrada de una fosa común y sus padres planean hacer cremar su cuerpo y arrojar las cenizas al río. Emilia también es de Trelew pero hace algunos años que vive en Buenos Aires con su hermano y, como ella misma dice, ha ido construyendo su vida allá. Sin embargo, como se irá demostrando en el decurso de la novela, el sur todavía tiene mucho más de su vida de lo que a ella misma le gustaría. El motivo de su regreso en sí mismo tiene una carga emocional muy fuerte, que se irá reforzando a partir de ciertas circunstancias, más o menos fortuitas, arrastrándola a revisitar zonas peligrosas de la memoria. Un disco de los Counting Crows, una campera, una sillita de bebé: todos los objetos que Emilia va encontrando a su paso se parecen a descargas eléctricas que golpean sobre el presente con la furia del pasado poniendo en jaque sus certezas.

Por momentos, el relato vuelve a lo que está sucediendo en Buenos Aires y es aquí donde Romina Paula demuestra una enorme capacidad de objetivar las sensaciones de su personaje: en su departamento hay un ratón, una rata, una laucha, algo. Un roedor que viene a cumplir las de su ley enrareciendo el espacio habitable, volviéndolo abyecto y expulsando a la protagonista en relación a su regreso. Las conversaciones telefónicas con Ramiro, su hermano, están todas tomadas por ese asunto. Pero este es apenas uno de los eslabones en la cadena de pequeños elementos perturbadores que, en su conjunto, le imprimen a la historia un halo misterioso. Otro, por dar un ejemplo, es la serie de capítulos breves donde, sin ningún motivo aparente, Emilia se dedica a la descripción de crímenes familiares leídos o escuchados, siempre de lo más escandalosos.

La relación entre lo que se dice y lo que se calla funciona para el lector como un disparador de infinidad de conjeturas y posibles desenlaces. Y es en ese margen donde la novela adquiere gran parte de su fuerza: la voz que cuenta, en Agosto, se repite, se desdice, por momentos incluso se vuelve huidiza. Pero igual avanza, dueña de una genialidad vertiginosa, hiperconsciente de que la única manera de que esta especie de no-diario exista es seguir monologando hasta la última página.

jueves, octubre 01, 2009

La manigua

Matías Moscardi tomó la palabra en la presentación marplatense de Manigua, de Carlos Ríos, y dijo cosas como éstas:

- Manigua significa, y con esta definición de la RAE comienza la novela, "abundancia desordenada de algo, confusión, cuestión intrincada". Lo que quiero decir, para empezar, es que la manigua se presenta ante todo como un efecto de lectura que generan los textos de Carlos Ríos. Otra de sus acepciones semánticas es la de "bosque espeso e impenetrable". Pero no se trata de una cuestión de hermetismo literario sino de una operatoria precisa que, me parece, tiene que ver con la idea de extrañamiento, en el sentido que le daban a esta palabra los formalistas rusos. La manigua: así podríamos llamar al efecto de extrañamiento en el caso de los textos de Carlos Ríos.

- Pero la manigua, y ya dejando de lado la generalización para entrar en la novela, tampoco es una complejidad sintáctica o formal. De hecho la novela está escrita con un ritmo de fraseos cortos, vertiginosos, acelerados, que personalmente relaciono con el apuro del personaje principal ante la muerte inminente de su hermano. La manigua, para mí, es el efecto que Ríos genera con los materiales que elije para escribir. Parece –porque no sé si es así– que el texto está siempre precedido de una investigación que lo vuelve extraño, ya que su esencia, lo que queda cuando la lectura finalmente logra socavar el corazón de la manigua, es una especie de hallazgo íntimo.

- El desplazamiento es una de las técnicas narrativas: hay un narrador en tercera y un narrador en primera, pero los dos dicen lo mismo, como cediéndose mutuamente la palabra, en un gesto compartido de comunión verbal; como si la historia se contara a sí misma por medio de ellos y no al revés. Es el carácter nómade de la voz narrativa: no importa quién narra, lo fundamental es que la narración efectivamente suceda. Por eso, las voces no son puntos de vista, son simplemente vectores ventrilocuados por las palabras del relato. Esto implica, a la vez, remontar cierta concepción mágica del lenguaje.

La disertación completa puede leerse acá.

martes, septiembre 29, 2009

Fogwill by Oloixarac

Miercoles 30, presentación de Cuentos completos, de Fogwill
En La boutique del libro, Chacabuco 459, San Isidro, 19hs
Participan: Pola Oloixarac y el autor.

viernes, septiembre 25, 2009

Poemas para usar

[Por Silvia Hopenhayn, para La Nación, a propósito de El tesoro de la lengua, de Ariel Schettini]

No siempre lo que se dice se escucha, ni lo que se escribe es leído. Pero ¿qué pasa cuando los registros se cruzan, el lenguaje comulga con el cuerpo, y entonces lo que se escribe, se escucha? ¿Qué ocurre en ese momento casi neblinoso, cuando las palabras se trasladan en busca de alguien que las pronuncie, que se las ponga, vistiéndose de signo? Es casi un momento de coincidencia, o sea, de felicidad.

Ariel Schettini, domador de dogmas y finísimo testigo del susurro del lenguaje, revolvió los tesoros de la lengua hasta encontrar esos poemas más escuchados; los que forman parte de la vida cotidiana, poemas que se recitan en distintos ámbitos, ya sea escolares, callejeros o amorosos.

Su libro, recién publicado en Entropía, se titula, precisamente, El tesoro de la lengua - Una historia latinoamericana del yo, con el subtítulo: "Una antología razonada de los poemas más escuchados en América latina". ¿Qué significa esta propuesta? En realidad, es una invitación al viaje más rebelde, menos asible: el viaje de la literatura.

Schettini eligió quince poemas, y cada uno viene acompañado por una peripecia crítica, un abordaje exquisito y punzante del autor (a la manera de lo que en Francia se llama commentaire composé). Comienza con "Redondillas", de sor Juana Inés de la Cruz, y sigue con Andrés Bello, Rubén Darío, Amado Nervo, César Vallejo y Octavio Paz, entre otros.

El recorrido parece azaroso, pero es el azar de la memoria. De lo que aparece sin que se lo llame. Como señala el autor, son poemas que van hacia la memoria, poemas a los que la lengua necesita y usa. De allí que el método confeso en este libro es el de la captación y el aprendizaje. "El método exigía aprenderlos de memoria, es decir, hacerlos partes del cuerpo, aceptarlos como lo extraño que vive en nosotros".

Se trata pues de la "colisión entre poesía y sentido común". Hay algo de verdad en lo que estos poemas anuncian: quizá de allí provenga la persistencia para hacerse escuchar. Verdades que parecen provenir de una violenta expulsión.

Se procura "liberar al poema de su historia". Schettini abre las puertas de todas las celdas y sale a pasear con los poemas a cuestas. Los lleva al gimnasio, al bosque, de vacaciones; los ata a la pata de la silla para compartirlos con amigos en el bar de alguna esquina amigable. Y cada yo (del poema, del autor) se vuelve varios. Schettini lo anuncia: "el primer lugar indiscutible del yo es el diálogo, es decir, la incertidumbre". De allí que "el concierto barroco de Lezama Lima, en su poema "Llamado del deseoso", presente al yo deseoso de extralimitarse, de hacer de América latina una identidad en primera persona del plural. En cuanto al famoso verso "Puedo escribir los versos más tristes esta noche" (Neruda), el autor distingue el poder de serpenteo del alejandrino, esa pincelada de la voz que "permite el detalle y la demora en la minucia". La rima es a veces vista como "cárcel, placer o forma de dominio". También la rima es azar, o lo que el cálculo realiza como ocurrencia.

El libro termina con un "Hasta mañana" (final de "Títere de la moneda", de Arturo Carrera), quizá una forma del autor de despedirse para cambiarse de ropa y hacerse de un poema nuevo.

miércoles, septiembre 23, 2009

viernes, septiembre 18, 2009

Tandem

Agosto, de Romina Paula, y El tesoro de la lengua, de Ariel Schettini, en librerías.


lunes, septiembre 14, 2009

viernes, septiembre 11, 2009

Manigua feliz

Editorial Entropía y Grupo Cultural Independiente Dársena 3 invitan a la presentación de Manigua, de Carlos Ríos.

El encuentro se realizará el viernes 11 de septiembre a las 20 hs. en la librería ¿Quién es Chesterton? (Corrientes 1731, Mar del Plata).

Matías Moscardi charlará con el autor, que luego leerá fragmentos de la novela.

Marplatenses, a las cosas.

miércoles, septiembre 09, 2009

La Tribu

Ezequiel Acuña escribe para Radar sobre Manigua, de Carlos Ríos. Y dice cosas importantes. Como éstas:

-"Manigua es una muy buena demostración de lo que la poesía puede hacer por la narración en prosa. O mejor aún: revela lo inútil de establecer en ciertos casos una separación entre una y otra cuando todo se trata, en definitiva, de métodos y formas de modelar el lenguaje para hacer aparecer mundos exteriores e interiores. La novela de Carlos Ríos es sumamente corta, un libro fragmentado –y fragmentario, como la memoria–, dispuesto para releer por secciones y quedarse atrapado tal vez en un solo capítulo. Porque es un libro corto pero bastante espeso, como si estuviera compuesto por varias capas sedimentadas en donde distintos lenguajes se van apilando y mezclando, formando un barro común, marrón como la tapa del libro. En la historia que se cuenta no parece haber un único estilo, Manigua se define más bien por lo caótico. Y si hay una forma de caracterizarlo es como un libro raro, de una belleza concentrada e inusual."

-"El mundo que construye Carlos Ríos en su novela es cambiante, movedizo –la palabra “manigua” se refiere, precisamente, a algo confuso, pantanoso, de difícil acceso–. Nunca queda claro dónde hay civilización y dónde no. Los espacios y los personajes mutan, y las ciudades se vuelven casas de cartón o simplemente desaparecen sin una regla que marque las progresiones."

-"Manigua es, como su historia, de una belleza inestable, un pequeño caos finamente controlado que casi a punto de desbordarse nos amenaza con su tono arcaico: 'Cuando se apagaron los gritos de los que quedaron atrapados, todavía se escuchaban bajo el barro los timbres de sus celulares'."

La reseña completa, acá.

jueves, septiembre 03, 2009

miércoles, septiembre 02, 2009

Manuel Puig o el gran dramaturgo olvidado

[Por Patricia Suárez, para Crítica de la Argentina]

Manuel Puig es un personaje singular en la literatura argentina. Dueño de un genio como pocos, manejaba una prosa admirable, en la que recurría a cuanto medio se le antojaba para contar una historia (insertaba diarios íntimos, cartas, noticias de los diarios, conversaciones grabadas en magnetófonos, diálogos de películas de Hollywood, críticas de arte), su pluma no temblaba y salía airoso de la prueba. Estos recursos más los diferentes registros de lenguaje a los que solía apelar: desde un español culto, a uno atravesado de modismos brasileños, o barriobajero, hicieron de él el gran renovador de la novela argentina.

Había nacido en General Villegas, provincia de Buenos Aires en 1932, adonde lo llamaban Coco, de muy pequeñito, apodo que él cambió por Toto, cuando se convirtió en personaje de su primera novela en 1968 La traición de Rita Hayworth. Cuando publicó la segunda, un año después, Boquitas pintadas, dejó de ser un miembro querido en el pueblo. Puig construyó toda su obra sobre los recuerdos: especialmente los dos primeros libros del autor estaban basados en dichos y vivencias de su infancia en Villegas y la publicación de los mismos fue en el pueblo un escándalo –hasta hoy muchos niegan haberlo leído–.

La edición del Teatro reunido de Manuel Puig, anotada por el crítico Jorge Dubatti, pone en primer plano el trabajo de un autor teatral que solía estar en sombras. Aunque el total de obras asciende a siete, entre teatro y comedia musical, probablemente su producción fue eclipsada por su brillante novelística.

La nota completa se puede leer acá.

domingo, agosto 30, 2009

Me mandaron una carta por el correo temprano

Editorial Entropía y Casa de la Lectura invitan a participar del ciclo "El género epistolar", que se desarrollará este martes 1º de septiembre a las 20 hs en la Casa de la Lectura (Lavalleja 924).

Estarán presente Graciela Goldchluk, Eric Schierlon, Diego Bentivegna, Claudia López y Horacio Tarcus quienes reflexionarán sobre la correspondencia de Manuel Puig, Herman Melville, Pier Paolo Pasolini, Victoria Ocampo, Gabriela Mistral, Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Ezequiel Martínez Estrada, Luis Franco y Samuel Glusberg.

viernes, agosto 28, 2009

jueves, agosto 27, 2009

Budassi, la docta

Budassi parte hacia Córdoba para enfrentar desafíos que se nos ocurren impensables desde nuestra centralidad unitaria.

Por lo pronto, este viernes será presentada por David Voloj en El Baúl (Ayacucho 319, Córdoba Capital), hasta donde llegará munida de sus ejemplares de Los domingos son para dormir.

No conforme con ello, durante el sábado compartirá el estrado con el escritor Pablo Natale, en un encuentro pactado en Galileo (Gauss 5700, Córdoba Capital), donde la tertulia versará sobre ese Golem prolífico llamado Nueva Narrativa.

Extenuada, suponemos, regresará luego a la capital de nuestra bienamada república para retomar sus labores periodísticas, o quizás se refugie en su Bahía Blanca natal para presenciar entre eruditos lo que reste del Premundial de Básquet Puerto Rico 2009.

martes, agosto 25, 2009

viernes, agosto 21, 2009

miércoles, agosto 19, 2009

En una playa junto al mar

Se presenta por vez primera Manigua, la novela de Carlos Ríos, nuestro escritor oriundo del indómito Partido de la Costa.

La cita es, tras la caída del sol, en un bajel anclado sobre las arenas de Santa Teresita. Acudid los temerarios. Aquí está la invitación:

Las bases de un teatro cosmopolita

Jorge Dubatti, prologuista de nuestro Teatro reunido, se explaya sobre la obra de Manuel Puig como dramaturgo, en una nota para la revista Ñ, que comienza así:

"Tras ser perseguido por la Triple A, e incluso antes de que fuera censurada su novela The Buenos Aires Affair, Manuel Puig se fue de la Argentina en setiembre de 1973. Frente a las amenazas y el peligro que corría su vida, decidió no regresar. Durante su exilio se radicó, sucesivamente, en México, Estados Unidos y Brasil. A pesar del retorno de la democracia a la Argentina, optó por no regresar. Continuó viviendo en Río de Janeiro hasta comienzos de 1990, cuando se instaló otra vez en México (Cuernavaca), donde murió pocos meses después. Hay huellas de que su alejamiento del país se hace sentir hasta hoy, trauma y continuidad de la dictadura en la posdictadura. Una de esas huellas se reconoce en el teatro argentino: no se ha recuperado aún al Puig dramaturgo como éste lo merece. Para los teatristas locales, Puig sigue siendo un novelista rutilante, pero, en el mejor de los casos, un dramaturgo secreto.

Basta confrontar su rica recepción en los escenarios extranjeros con la escasez de los montajes de su teatro en la escena local (donde, sin embargo, cada temporada se estrenan centenares de otros autores). También es sintomática la casi ausencia de su nombre en los principales libros de historia teatral del período o la escasez de conocimientos sobre su teatro en obras enciclopédicas y diccionarios especializados en teatro. Sin duda, ha habido importantes esfuerzos por revertir esta situación y contribuir al regreso de la dramaturgia de Puig a la Argentina: la edición de tres tomos con sus dramas realizada por el sello Beatriz Viterbo en Rosario; algunas puestas en escena, como las dos versiones porteñas contabilizadas hasta hoy de Misterio del ramo de rosas o los dos montajes de la versión teatral (no el musical) de El beso de la mujer araña (uno de ellos actualmente en cartel, en el teatro El Cubo); la consideración de su teatro en los trabajos de investigación de especialistas.

A esos esfuerzos se suma el flamante volumen Teatro reunido (Entropía), que recoge cinco obras. No consideramos parte de ese regreso la versión de El beso de la mujer araña-El Musical, dirigida por Harold Prince en Buenos Aires en 1995. Paradójicamente, en la escena nacional abundan las adaptaciones teatrales de sus novelas (como Boquitas pintadas, versionada por Oscar Araiz y Renata Schussheim). Pero sus textos teatrales, salvo excepciones, siguen ignorados. La producción teatral de Puig incluye ocho títulos, entre dramas y comedias musicales. Puig inicia su escritura teatral en los años de su exilio, como ha escrito Julia Romero: "El comienzo del exilio significó también, para Manuel Puig, el comienzo de una nueva línea en su escritura, una línea que aparece en esbozo en las novelas y que tiene su desarrollo en los textos marginales que comienza a escribir de manera profesional: los guiones cinematográficos y las obras de teatro". Sus dramas son El beso de la mujer araña (1980), Bajo un manto de estrellas (1981), Misterio del ramo de rosas (1987) y Triste golondrina macho (1988). Sus comedias musicales: Amor del bueno (1974), Muy señor mío (1975), Tango de la medianoche (Gardel, uma lembrança) (1987) y Un espía en mi corazón (1988)."

La nota completa se puede leer acá.

sábado, agosto 15, 2009

La naturaleza (o la ausencia de artificio)

[A propósito de Manigua, de Carlos Ríos. Por Oliverio Coelho para Los Inrockuptibles.]

Cada tanto aparecen novelas que rompen silenciosamente con algunas convenciones narrativas, sin subrayar su propio experimentalismo ni escenificarlo en un ámbito que no sea el esctrictamente literario. Manigua tiene la cualidad extraña de ciertos relatos cuya singularidad radica en la naturaleza -o en la ausencia de artificio- con la que presentan el acto de narrar. En las primeras páginas el relato remeda una ficción antropológica. Pasada esa apertura, anécdotas que bordean mitologías tribales -la swahili y la kikuyu- en una atmósfera posapocalíptica se imbrican en las voces del narrador y del personaje. El cruce de voces, la disputa coral, agrega profundidad a un relato que parte de un plano -ese plano helado de las novelas de Bellatin- y se desplaza hacia anécdotas laterales. No son desviaciones del sentido ni digresiones, sino visiones paganas de alguien que ve, recuerda, y conjura la muerte lenta de un hermano. Ese alguien es Apolon, que pone o puso -según el momento de la narración- en riesgo su vida para buscar una vaca y honrar el nacimiento de su hermano en un ritual pensado para su padre. La voz encarnada y atemporal de Apolon refiere, entonces, una odisea terrestre por un suelo calcinado y a la vez mágico: un África traspapelada milagrosamente en la pluma de un argentino que vivió en México y está de vuelta. El narrador -y aquí reside la naturaleza espontánea del experimento, en el paso continuo de la primera a la tercera persona- lleva al extremo esa aventura que remite, de un modo cíclico, a la escena donde el hermano agoniza. En todo caso, en Manigua hay un oído y una voz, y tantos paisajes apocalípticos como sucesos irracionales. Además de poner en abismo el hecho mismo de narrar y dejar que la elipsis apuntale las diferentes capas de la novela, Ríos aborda poéticamente un asunto delicado e imposible: la relación con ese par semidivino que puede llegar a ser un hermano.

jueves, agosto 13, 2009

La torre de Opendoor

La novela de Iosi Havilio sigue despertando adhesiones allende el océano. En este caso, se trata de María José Obiol, quien reseña la edición española de Opendoor para Babelia, la separata cultural española por antonomasia.

Obiol nos dice esto:

"Ya sea en el puente desde donde alguien se lanza al río o en el establo donde un caballo agoniza o en ese instante en el que una adolescente descarada se ofrece, donde sea, la rutina no cesa de conspirar contra la mujer que habita la novela: una joven empleada de una clínica veterinaria que mira al techo mientras a su lado duermen tanto el amante viejo como la memoria de una mujer que en la oscuridad era de una manera y en la luz de otra. No hay duda de que Iosi Havilio (Buenos Aires, 1974) ha logrado que su primera novela expanda una sensación de agobio proveniente tanto de una parte del escenario, ese sitio llamado “Opendoor” donde se puso en práctica la medicina psiquiátrica de puertas abiertas, como del espacio cerrado de la propia mente, esa habitación sin vistas donde se desenvuelven los personajes muy logrados de esta novela. En Opendoor, la luz está en sus imágenes sombrías, en su desnudez tremenda. La historia está hecha de voces que apenas dialogan y cuyo entendimiento es de gestos casi primitivos. Lo terrible no es lo que sucede sino ese perverso cotidiano de los días que se repiten, esa retaguardia desoladora de la rutina. Aquí, en esta novela, el autor documenta el vacío y lo narra con eficiencia, pues a quien lee, le llegan tanto la desesperanza de los días como la mirada observadora de la protagonista, la mujer de la que no sabremos su nombre. Acompañándola está el sexo resuelto y desvergonzado de casi una niña, el cansado amante, el salto al vacío, un enamorado funcionario y un labriego asalariado. Pero Opendoor no es una novela coral sino de cantos solitarios, de claves íntimas, y encierra una historia que se rumia y no se olvida."

La reseña, es prístino como las aguas del Tajo, mola mogollón.

martes, agosto 11, 2009

Conquista del margen oriental

Nuestra política expansionista sigue rindiendo frutos.

En este caso, enviamos una avanzada hacia el margen oriental del río Uruguay encabezada por el eximio traductor de lenguas germánicas Ariel Magnus. Una vez sobre el terreno, este jueves, presentará en el Goethe-Institut de Montevideo Conquista de lo inútil, de Werner Herzog. Junto a él, aportarán sus saberes Ana Inés Larre Borges (crítica literaria y periodista) y Ronald Melzer (crítico de cine).

Aquí se puede leer el anuncio formal de nuestro desembarco en las tierras de Felisberto Hernández.

lunes, agosto 10, 2009

El martes, orquídeas

Tal como se informa acá, este martes, desde las 19 y hasta el amanecer, nuestra Sonia Budassi estará departiendo sobre literatura con Samanta Schweblin y Mariana Enriquez, en Eterna Cadencia (Honduras 5582).

De más está decir, recomendamos enfáticamente la asistencia.

jueves, julio 30, 2009

Roger that

Roger Koza lee Conquista de lo inútil, de Werner Herzog, y desgrana para La voz del interior algunas conclusiones como éstas:

- "Los diarios de filmación no siempre suelen ser interesantes, y hasta cierto punto pueden ser insignificantes en términos literarios. Pero Conquista de lo inútil (Diario de filmación de Fitzcarraldo) es, más que un diario de filmación, la expresión subjetiva de Werner Herzog."

- "No es cualquier película. Es Fitzcarraldo, una de las grandes películas de Herzog, en la que un hombre enamorado de la ópera atraviesa la selva peruana transportando un barco. Una empresa delirante, una proeza hiperbólica y ridículamente sublime. Leyendo las 272 páginas de Conquista de lo inútil, más que aprender sobre los secretos de un rodaje se entrevé una mirada filosófica."

- "Este diario abandonado, crónicas que Herzog describe como "paisajes interiores, nacidos del delirio de la jungla" y que revisita recién en 2004, momento en el que se publica, incluye transcripciones de un discurso filosófico desordenado, aunque coherente, en el que se destila una suerte de naturalismo darwinista poético cifrado en una curiosidad extrema, matizado por un pesimismo discreto."

La nota completa, acá.

miércoles, julio 29, 2009

La escritora salvaje

[A propósito de Las teorías salvajes, por Fernando García, para la revista La Mano]

Al que dijo “Fogwill con polleras” le digo naaaaahhh, naaaahhhh y requetenaaaahhh, la veo mucho más Carly Simon con ojos de “tears in my coffee” y todo en la penumbra del “Café de los Incas” (la mejor carta de maltas all around the city) con Bryan Ferry colándose en mi grabador digital cortesía de, ya saben, la radio-de-clásicos.

“Será que los dos no nos comemos la mitología de la izquierda, pero lo que cada uno hace con eso es totalmente distinto”.

Va a decirme la escritora revelación (¿revolución?) del último año de la primera década del nuevo siglo de un país más bien tirando a sin novedad en el frente en la vida narrativa.

Pero llegó Pola (1977): la del apellido difícil, como de ansiolítico (que no quiere revelar el origen geográfico por cuestiones de política de género. “Las mujeres siempre terminamos llevando el nombre de un hombre, no es relevante que te diga eso. Es una decisión y punto”); la que algunos (Quintín) pensaron que era un tipo (¿Fogwill con pollera?); la que, antes de empezar a hablar, pide poder escuchar la entrevista.

-Y no Pola Oloixarac, eso no se hace...

Se nota que la chica está feliz (“mi idea era que la novela se expandiera como un virus”) y al mismo tiempo seca (y un poco paranoica se ve) con la repercusión de Las teorías salvajes que agotó una edición de mil libros desde enero (los solemnes agitadores del runrún columnístico matarían por colocar esa cantidad en ese tiempo) y va por la segunda vía Entropía -a donde la chica llegó apuntalada por... ¡Fogwill! (sin pollera)-.

Les voy a contar cual es el éxito verdadero de LTS (así lo pone ella en los mails que cruzamos pre y pos “Café de los Incas”). Cuando entro en el bar y tengo que esperarla diez minutos siento que es una trampa y que el que viene a sentarse a la mesa conmigo no es otro que “Collazo”, el sádico ayudante de cátedra que yo digo que viene a ser Galimberti. Estoy tratando de decir que la novela crea un mundo tan poderoso que puede plugearse como USB a nuestro rígido cotidiano.

Y, ¡bum!, tras una devaneo acerca del oximoron “teorías salvajes” y la delgada línea entre la racionalidad extrema y el desprecio por la humanidad, a la Oloixarac (¿griego?, ¿checo?) le sale una frase de aquellas:

“Galimberti es mucho más interesante que Voltaire”.

Y para seguir en la senda digamos que LTS explica paso a paso como hackear el programa Google Maps tal como un panfleto de la tendencia podría pasar la receta de una molotov. Y que consigue integrar la herrumbe del mundo académico (Puán) con una crítica a la izquierda acrítica (y no, no es reaccionaria por eso. Houllebecq tampoco) y un friso generacional que entrelaza a la Buenos Aires geek-cosmo de la pos crisis como nunca hemos leído aquí.

“Mi plan era hacer un artefacto sobre el estado actual de la cultura. Quería hacer una comedia con eso”.

Yo también creía que Pola Oloixarac era un invento. Cuando me escribió que el lunes no podía porque “tenía que comandar un grupo terrorista” o cuando escuché en su contestador “marque 1 si es hombre, 2 si es mujer, deje un mensaje si no es ninguna de las dos cosas”. …

Si este texto huele a booklet es porque sí: salí a comprar LTS como si fuera un disco.

martes, julio 28, 2009

Puig encontra sua língua perfeita

Ariel Schettini revisita los tomos de Querida familia, de Manuel Puig para Zero Hora, de Porto Alegre, y dice cosas extraordinarias como éstas:

- "Puig não é o escritor dândi, que envia suas cartas como exercício de estilo, imitando um gesto romântico do artista full time. Prefere antes ocupar o lugar do correspondente estrangeiro e do cronista moderno. Todo traço de estilo é submetido à narração de uma série de fatos e de notícias do mundo que atuam sobre a família, do mesmo modo que suas novelas atuam sobre a literatura argentina: abrem uma janela e permitem que entre um pouco de ar."

- "Puig não para de tomar distância frente a si mesmo, frente à nacionalidade e frente ao cinema. Procedimento incessante em sua obra, que observada desde essas cartas se poderia definir como “tomada radical de distância” ou de “escritura dos extremos”."

- "Nesse ato de etnografia experimental, Puig encontra sua língua perfeita e sua forma de incluir-se à força na literatura argentina. Nunca ocupando o mundo do semelhante e sempre associando opostos irreconciliáveis."

La nota completa, acá.

miércoles, julio 22, 2009

Puro teatro

[A propósito de la publicación de Teatro reunido, de Manuel Puig. Por Mercedes Halfon, para Radar Libros]

























En el prólogo de dos de sus guiones cinematográficos, Manuel Puig escribió un punteo de lo que consideraba las diferencias entre escribir novelas y escribir guiones. El texto es de 1978, pero vería la luz recién en 1985 con la publicación de ese material por Seix Barral. Entre las cruciales distinciones que marcaba, escribió: “En términos de recompensas: un libro, incluso un manuscrito, se llega a leer, pero si una obra de teatro o una película no es producida, es como si no hubiera pasado nada”.

Esa profecía se volcó de lleno a su producción teatral. Porque Manuel Puig, además de ser un novelista fascinado por el cine y un guionista ocasional pero perseverante, fue un dramaturgo singular y prácticamente desconocido en su país. A pesar de las puestas de sus obras realizadas en el extranjero (en particular de El beso de la mujer araña), su trabajo para el teatro es tan marginal que casi no se menciona en las investigaciones realizadas sobre él. En la extensa biografía del autor que realizó Suzanne Jill-Levine, por citar un ejemplo, se describe exhaustivamente el nacimiento y recepción de cada una de sus novelas, un poco más escuetamente de sus guiones, pero lo que se dice sobre teatro es posible de contabilizar en líneas. Casi nada.

La misma indiferencia se practicó desde los estudios teatrales argentinos. Puig es apenas mencionado en algún diccionario de dramaturgos, pero su obra no ha sido estudiada en profundidad, en cuanto al lugar que ocupó, o a los autores teatrales con quienes dialogó. De ahí la rareza de la publicación de sus cuatro dramas y su comedia musical inédita por parte de Entropía. Algunas de estas obras habían sido editadas por Beatriz Viterbo en Rosario, pero ahora finalmente están reunidas en un solo volumen de teatro cerrado en sí mismo, con un prólogo a cargo del crítico Jorge Dubatti. Como si finalmente llegara la tan escamoteada legitimidad para Puig dramaturgo, y finalizara el malentendido que él mismo anunció y que pretendía que ahí no había pasado nada.

Y eso que, justamente, lo que siempre se resalta de Puig, ese ausentismo como narrador y la contundente presencia de sus personajes como conciencias que se muestran crudamente a sí mismas, a través de monólogos, podría ser descripto como teatral. Siempre estuvo eso ahí. Toda la obra de Puig podría pensarse de ese modo: a través de ese manejo dramatúrgico de la palabra, como una clave oculta de su filigrana de oralidad.

Es conocida la anécdota del origen de La traición de Rita Hayworth, su primera novela: la voz de una tía que empezó a hablar dentro de su cabeza y luego ya no pudo detener. Pero aquella primera novela tiene también otro origen, llamémoslo teatral, y data de cuando Puig aún insistía en hacer carrera en cine a través de sus guiones. En 1958, recién llegado a Londres, lee una novela que lo impresionará mucho. La lee motivado por la filmación de una obra que había visto (escribió, fascinado sobre la actuación de Julie Harris, la misma que después hará Al este del paraíso). Se trataba de Frankie y la boda, de Carson McCullers. El tratamiento autobiográfico que McCullers hacía del pasaje a la mayoría de edad de una muchacha sureña y su uso vívido del habla regional lo impactaron tanto o más que la voz de su tía. O mejor dicho: lo impactó antes. El sur literario de los Estados Unidos había dado vida a esta obra, como General Villegas lo haría con La traición de Rita Hayworth. Pronto iba a comenzar el guión “fallido” que terminaría formando parte de la propia autobiografía de su infancia.

La nota completa, acá.

jueves, julio 16, 2009

La brevedad de Manigua

Matías Fernández se le anima a las 64 páginas de Manigua, de Carlos Ríos. Superada la experiencia, emerge en su blog Hablando del asunto, para ofrecernos algunas consideraciones como éstas:

-"A menudo nos quejamos de los libros que leemos porque significan algo demasiado evidente para nosotros, y trato de ser inclusivo con ese pronombre. Decimos: esto es comercial, esto es intelectual, esto es erudito, de izquierda o de derecha. Tenemos la casilla a mano. Pero a veces llega algo raro, inclasificable y por qué no decirlo, problemático. Estoy hablando de Manigua, la novela breve de Carlos Ríos."

-"La lectura de un libro como Manigua es antes que otra cosa una experiencia personal, de intimidad con lo narrado y no tanto como sucede habitualmente con la prosa donde lo que predomina a la hora de “elaborar” es la analogía, la comparación y la extrapolación."

La reseña completa, acá.

martes, julio 14, 2009

El "antes" es nuestro

Federico Rodríguez festeja en Los asesinos tímidos los lanzamientos de Condición de las flores y Los fantasmas del masajista, de Mario Bellatin. Entre otras cosas, dice esto:

- "El propio Mario Bellatín declaró no haber leído el resultado final de esta recopilación, así como tampoco recordar exactamente todos los textos que la componen. Todo un gesto moderno. Por eso la propuesta de esta reseña es que usted, lector, se acerque al libro sin tener la menor idea de con qué clase de textos se va a encontrar... y al leerlos, se sienta en el lugar del propio autor."

- "Con estos dos libros, el lector asiduo de Mario Bellatín encontrará guiños donde los hay –voluntaria o involuntariamente-, y podrá comprobar algo fundamental: la eficacia narrativa de Bellatín no fallaba antes de ser reconocido, y sigue sin tener pasos en falsos en lo nuevo que está publicando. Quien nunca haya leído a Bellatín tendrá el privilegio de leer el “antes” y el “después” de sus textos más clásicos, y notará, con seguridad, que está ante un escritor sobre todas las cosas original y eficaz. Dos excelentes noticias."

La reseña completa, acá.

viernes, julio 10, 2009

Lo arcaico y lo moderno

Microcrítica de Manigua, por Soledad Quereilhac (para ADN Cultura)

Tema:
Los fragmentos de una prosa poética bien lograda van armando esquivamente dos relatos: el del viaje del joven Muthahi, rebautizado Apolon por su padre, el jefe de la tribu, en busca de una vaca para ser sacrificada el día del nacimiento de su enésimo hermano; y el relato que, años más tarde, el mismo Apolon reconstruye para su hermano menor, ya fatalmente enfermo y a la espera de la muerte en un hospital.

Opinión:
La labor poética de Ríos, de la que son testigos sus libros anteriores, reaparece en Manigua notablemente articulada con las formas de la novela, acaso como una manera de expandirse en la página y aprovechar la rica temporalidad de los relatos. Un mundo donde conviven lo arcaico y lo moderno surge de una prosa que indaga sin respiro, línea a línea, un amplio abanico de registros y metáforas.

martes, julio 07, 2009

Las teorías salvajes reloaded

El arrollador opus rosáceo de Pola Oloixarac no se detiene ante el avance de la pandemia final y ya se manifiesta en su segunda advocación, recién salida de la imprenta. Ahora mismo, mientras anotamos estas líneas, parten raudos hacia las demandantes librerías los cuerpos de logística, especializados en abastecer las bocas de expendio.

Las teorías salvajes (segunda edición)

jueves, julio 02, 2009

Precisión y virtuosismo

[A propósito de Los domingos son para dormir, de Sonia Budassi. Por Joaquín Linne, para Hacia el Bicentenario]

Con los cuentos de Budassi aprendí más sobre el mundo femenino, ese eterno misterio de la otredad. ¿Cómo piensan, qué sienten? ¿Cómo narran y ven las relaciones afectivas contemporáneas?

En Los domingos para dormir (Entropía, 2008,164 páginas), los diez cuentos del libro sorprenden por su contundencia, por la potente prosa que nos envuelve, entre la musicalidad y las máximas de una narradora mezcla de femme fatale y chica de provincia tercermundista.


En el primer cuento, "Acto de fe", la narradora, una latina más que estudia en Estados Unidos y busca sobrevivir, despliega todo un mundo de referencias culturales, mezclando por momentos el castellano y el inglés en una suerte de posmoderno spanglish, que ironiza, entre otras cosas, sobre la crisis de adaptación de una latina en Estados unidos, donde está en muchos casos traduciendo al español todo lo que escucha en inglés. “Para ellos soy la latin girl, repito mi nombre una vez más aunque ya lo hice varias veces para que ellos insistan (dear latin girl) con que la reunión continuará sólo si llega la ucraniana (¿cuándo mierda llega la ucraniana?)” (p. 16).

A partir de un pop minimalista y lúdico, Budassi parece renombrar el mundo a través de su prosa poética con ecos de Lispector y Puig. Por ejemplo, el inicio de Sucede más allá de mí: “El juego de la oferta y la demanda no tiene nada de lúdico, el color azul es un invento del mar del Caribe, de los vikingos y de una canción pop que ya no está de moda, en todo caso hay cuestiones que no se negocian (los Palitos de la Selva y la precisa categorización de los animales es una muestra de que la perfección sólo existe en planos inútiles).”


El interesante libro de Budassi –tal vez el mejor primer libro del año: una especie de Biblia narrativa-poética para jóvenes que sufren de agnosticismo e incertidumbre afectiva- es un viaje interior por los pensamientos y sentimientos de diversas chicas que dudan entre distintos mandatos, ser Carrie Bradshaw o ser Susanita. Esa ambivalencia que nunca entendiste en las chicas (¿le gusto o no le gusto? ¿qué quiere de mí? ¿qué objetivos tiene para nuestra relación?), el libro de Budassi te la muestra por dentro, con una precisión, una fuerza y una cadencia que, como los buenos libros, destila un sensual efecto hipnótico.

martes, junio 30, 2009

La balada del explorador megalómano

Juan Terranova se interna en Conquista de lo inútil (Diario de filmación de Fizcarraldo) y nos regala estas notas en Hipercrítico:

A mediados de los 90, como parte de una educación sentimental que se pretendía cosmopolita y universal, formé parte de un grupo irregular de estudiantes que iba todos los fines de semana a la Sala Lugones del Teatro San Martín. A los dos años de empezar con la rutina ya habíamos descubierto qué películas pertenecían a la cinemateca y cuáles eran prestadas por otras instituciones. Las que pertenecían a la sala se reprogramaba una y otra vez, metiéndolas a veces con astucia, a veces con fórceps, en ciclos temáticos. Muchas de ellas eran simplemente excelentes. De ese repertorio de fijas había una que se llamaba Enemigo íntimo y contaba la historia de dos artistas histéricos y extremadamente talentosos que se odiaban pero se amaban y que trabajando juntos eran insuperables. Uno de los artistas era el taciturno cineasta Werner Herzog. El otro, un Klaus Kinski imparable, demoledor, el mejor actor alemán de todos los tiempos.

Neurosis

Enemigo íntimo cuenta la relación de Herzog con Kinski desde el punto de vista de Herzog, pero también es la mitificación de ambos. Hay una escena central. Después de mostrar hasta qué punto la neurosis y la frivolidad de Kinski se enciende cuando hay una cámara registrando lo que sucede, el director encuentra al actor en Los Alpes por un festival y se besan y se abrazan. Es una escena de una ternura fingida y real al mismo tiempo. De hecho más allá de los viajes y la violencia, toda la filmografía de Herzog parece trabajar así, hacerse la misma pregunta: ¿Qué es real? ¿Qué no lo es?

Entrevista

En una de las escenas del documental, Herzog entrevista a Claudia Cardinale, coprotagonista de Fitzcarraldo con Kisnki, y le muestra un cuaderno del tamaño de la palma de una mano donde llevó un diario mientras la película se rodaba en las irregulares condiciones que presentaba la selva. Es el diario de un hombre que quiere subir un barco por arriba de una montaña para filmar la historia de un tipo que sube un barco por arriba de una montaña para llevar la ópera al Amazonas. Gracias a Editorial Entropía, y a una pulcra y eficiente traducción de Ariel Magnus, ahora podemos leer esos apuntes con el título de Conquista de lo inútil (diario de filmación de Fitzcarraldo).

El libro de la selva

¿Cómo se hace para filmar Fitzcarraldo? ¿Cuáles son los entretelones, la trastienda del hecho creativo? Para empezar, todo es manual y el escenario es esperable. Poblados llenos de indios ladinos, hidroaviones oxidados, humedad, precariedad, alimañas de todo tipo y un actor alocado corriendo entre las monstruosas plantas peruanas. (Kinski le respondió a Herzog, en ese juego de amor-odio-necesidad con su excelente y muy recomendable autobiografía Yo necesito amor, editada por Tusquets en castellano.) Así, se podría citar a Defoe, a Hemingway, a Brecht, incluso a Humboldt. Ya que el libro nos dice, con su escritura espiralada y vertiginosa, que todavía hoy es posible una épica de la creación. Y la trama del libro avanza de una forma tan lenta, repitiéndose tanto a sí misma en descripciones y situaciones, que la sensación de agobio y angustia que trasmite es muy acabada, sin que por eso la prosa deje nunca de ser clara y a veces hasta luminosa. Conquista de lo inútil es un largo solo de batería improvisado arriba de una lancha que cruza un caudaloso rio amazónico. Su lectura, piadosa y vital, resulta placentera, cuando no directamente adictiva.

miércoles, junio 24, 2009

Paradigma swahili

En La lectora provisoria, Quintín se refiere a la publicación de Manigua, de Carlos Ríos, y dice como éstas:

- "Acaso el único libro surgido del Partido de la Costa, Manigua (que hace pensar en una versión compacta, radicalizada y virtuosamente frágil de Cohen y de Oliverio Coelho) transcurre en un desierto africano atravesado por guerras, pestes y calamidades pero también por una narración inestable que alterna entre la primera y la tercera persona y por una anécdota que viaja tan sin rumbo como los trenes de Pron, que recomienza, se multiplica y se pone en cuestión a sí misma."

- "Hay poco en común entre Pron y Ríos como escritores. Pero coinciden en la soledad, en el desapego por una lengua que se les va haciendo extranjera y en la necesidad de apartarse de los contemporáneos que han elegido el costumbrismo, la autocelebración provinciana y los juegos de sociedad que confunden con la tarea literaria."

La nota, originalmente publicada en Perfil, puede leerse completa acá.

viernes, junio 19, 2009

La vida contemporánea

A raíz de la publicación española de Opendoor (vía Caballo de Troya), el crítico Jorge Carrión analiza para el diario madrileño ABC la obra de nuestro Iosi Havilio y, vaya, descubre que es un gran escritor. Dice Carrión en su nota La vida contemporánea:

«No es extraño que la antología de nueva narrativa argentina más influyente de esta década, La joven guardia (2005) -que acaba de publicarse en España-, no registrara la existencia de Iosi Havilio (Buenos Aires, 1974). Antes de esa fecha había firmado la dramaturgia y la puesta en escena de El comeclavos (2003), obra inspirada en Kafka y en Saer. Pero fue en 2006, tras la publicación de Opendoor por parte de la entonces diminuta editorial Entropía, cuando el escritor empezó a ser considerado como tal.

El debut tuvo una recepción que aquí sería impensable: dos de los críticos locales más respetados, Beatriz Sarlo y Quintín, analizaron y saludaron por escrito la ópera prima. Y al año siguiente, en la antología Buenos Aires / Escala 1:1, de la misma editorial, sí encontramos a Havilio como uno de los jóvenes autores imprescindibles de la escena porteña. El barrio escogido para ambientar su cuento es La Boca, el patio trasero de la capital; se titula «Quinquela» y relata, en primera persona, cómo el encargado de un edificio le confiesa al narrador que en 1989 robó dos cuadros de Quinquela Martín y cómo, en el almacén donde todavía los guarda, se folla a adolescentes de trece o catorce años.

En el depósito de cadáveres. El relato miniaturiza el mundo y los mecanismos que se exponen en Opendoor. El momento más importante de la novela tiene lugar en La Boca: alguien, que podría ser la amiga de la narradora, se lanza desde el viejo Puente. Después de ese incidente casi onírico, la vida de ella alternará entre Open Door, un pueblo a las afueras de la megalópolis, y el depósito de cadáveres adonde debe acudir cada vez que encuentran a una chica muerta.

La tradicional tensión entre campo y ciudad se resuelve de forma novedosa: la urbe es la muerte, el olvido de la biografía, sentimental y profesional, porque la narradora no desea regresar a su vida urbana ni a sus tareas veterinarias; pero el campo no es ni mucho menos la vida, sino la muerte en vida, la locura. Porque el pueblo donde se refugia, amancebada con un hombre mucho mayor que ella, debe su topónimo a un sistema decimonónico de hospitalización psiquiátrica de «puertas abiertas», lo que contagia a toda la zona un sesgo de extrañamiento, kafkiano, enloquecedor.

Miseria moral. La historiografía entra en la novela de mano del relato de un viajero francés que describió el hospital y sus habitantes. Si en «Quinquela» la cultura se volvía texto a través del hurto, en Opendoor lo hace mediante la traducción de una aficionada; en ambas narraciones queda en un discreto último plano, porque los primeros los ocupan por completo la descripción del tedio, de la miseria moral y de promiscuidad sexual.

El tono es post-existencialista. La sobriedad estilística no está reñida con el golpe de efecto e incluso con la poesía. Los cuerpos se relacionan en una zona intermedia entre la brutalidad de las nouvelles de Colautti y la ambigüedad del mundo de Lucía Puenzo. El éxito del proyecto se cifra en la verosimilitud de la voz narrativa, una mujer que ronda los treinta años, que no revela datos vitales y que se sitúa, equidistante, entre la vida adulta (el embarazo, el matrimonio, la autonomía económica) y la adolescencia (el sexo maratoniano, la ausencia de compromiso, la dependencia).

En el subtexto encontramos una latente y conflictiva relación con la religión: la narradora parece incapaz de religar los cabos trascendentales que va dejando sueltos, como si fuera puro presente, pasado triturado, imposible de transcribir. Recuerda por momentos a la narradora de Me encantaría que gustes de mí (2002), de la performer Fernanda Laguna, a quien César Aira reescribió en Yo era una chica moderna (2004).

Esa podría ser la línea del travestismo de Havilio. Pero su intención parece la opuesta a la de Laguna/Aira: su chica no quiere ser moderna, se queda preñada de un granjero, duerme bajo un crucifijo, es mantenida. «Católica o moderna. No está claro», leemos. Sólo su actividad gay sintoniza con su época; pero la reprime o la desvía, la vuelve tradicional. En esas contradicciones estriba su fascinación como sujeto de lectura. Absolutamente contemporáneo.»

miércoles, junio 17, 2009

Ellos recomiendan

Daniel Sada (vía Evaristo Cultural)

(…) Hay un escritor argentino que vivió en México y conozco muy bien: Carlos Ríos. Él ahora regresa a radicar en Argentina y próximamente publicará allá su primera novela. Estoy seguro que dará mucho de qué hablar. Con respecto a otras latitudes, conozco muy poco de la literatura joven, pero si hay talento y paisaje interior acendrado, ya en unos cuantos años se verá a todas luces.
-.

Oliverio Coelho (vía Revista Ñ)

Manigua, de Carlos Ríos, es una novela-leyenda recientemente editada por Entropía. Se trata de un relato mítico contemporáneo, donde la realidad es una construcción alucinante y tribal, y la ficción antropológica en verdad está al servicio de una radicalidad poética expresada en frases mínimas y ajustadas. Apolon, el protagonista, viaja en busca de una vaca para sacrificar cuando nazca su hermano. El relato de este viaje regresa cíclicamente mucho después, en elipsis admirables y una escritura afinada y reducida a una perfección que no tiene nada de simplificación ni de conformismo.
-.

Gabriela Cabezón Cámara (vía Revista Ñ)

Manigua, la novela de Carlos Ríos que acaba de editar Entropía. La recomiendo porque con su concentrado lirismo y su brevedad -tiene apenas 64 páginas- se anima a mucho: desarrolla una hipótesis poética del apocalipsis, de los últimos desastres, de la desintegración de la cultura en un mundo posatómico, analfabeto, que ha vuelto a la oralidad y a los mitos propios de la prehistoria, como si la cultura se cerrara volviendo a los orígenes. Y genera imágenes de desoladora belleza, en las que conviven basurales con mandatos tribales y tecnología de punta con guerra de clanes.

lunes, junio 15, 2009

jueves, junio 11, 2009

La voz interior de Pola Oloixarac

Entrevista a Pola Oloixarac, autora de Las teorías salvajes.
[Por Adrián Moujan para Télam, vía La Voz del Interior]

La escritora Pola Oloixarac irrumpió en el mundo literario con Las teorías salvajes, una novela que describe con una visión afilada y divertida el mundo académico, con la que intentó probar que la clase media progresista porteña "no se pone a repensar sus posiciones" y que la izquierda universitaria "no tiene ganas de hacer una autocrítica".

Con apenas 32 años, Pola navega con placer por las aguas de una polémica que surgió en torno a su novela (editada por Entropía), en la que le toma el pelo a ciertos aspectos de la vida interna de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en medio de referencias filosóficas, históricas y antropológicas, a través de un viaje entre delirante y cómico por la noche under porteña.

Con mucha personalidad, que se trasluce en su blog (melpomenemag.blogspot.com), Pola sacudió a muchos con definiciones como que la facultad de Filosofía y Letras es "un ecosistema gagá donde se permite al académico gagá convivir a gusto con el deterioro institucional".

Sus ironías, que lanza desde la vereda de quien busca la polémica y la agitación, le valieron que una agrupación de izquierda le pidiera un desagravio moral a la facultad y otros la amenazaran, así como elogios por parte de Horacio González o Guillermo Martínez, entre otros.

Esta bella morocha charló sobre su libro y las repercusiones que tuvo.

–¿Cómo nace la novela? ¿Cuál es su génesis?
–Las novelas son uno, no hay manera de no pensarlo así, y a mí me divertía la idea de armar un yo que funcionara como una estrategia de guerra y ver si en mi vida no pensaba también en términos de una estrategia de guerra. Me interesa mucho la guerra, me parece algo re impregnante sobre lo que quiero escribir y sobre lo que quiero dar cuenta. Hay algo del desprecio que atraviesa a todas las personas; que las vuelve inhumanos y que me parece medio fascinante. La manera en que lo siniestro está en nuestras vidas y cómo no hay manera de dejar de verlo así en el momento en que lo ves. El arte de la guerra de Sun Tzu está citado en varias partes de la novela y también leí tratados de estrategia militar. Me interesaba recuperar ciertos textos y leerlos en términos de estrategia militar, porque es otro discurso que es interesante verlo como literario.

–¿Qué querías contar con la novela?
–Quería escribir para poder pensar los valores de una sociedad contemporánea y quería atacar la hipocresía de las clases bienpensantes, la clase media me interesaba en particular. Quería atacar la novela de educación de esa clase media y también el confort en el que vive, que no necesita repensar posiciones y piensa que ya está todo medio bien.

–¿Desde qué lugar lo criticás? ¿Desde una posición de derecha?
–Eso es algo que prefiero que lo responda el lector. No me parece que sea necesario que yo defina un punto de vista, donde la clase media puede ser vapuleada de una manera u otra. El libro es fuerte y está hecho para generar una controversia. Si te gusta, genial, y si querés discutir, también.

–Te metiste con el mundo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA ¿Tuviste repercusiones de eso?
–Hacía tiempo que veía como excelentes personajes a las agrupaciones, a los profesores, a algunas alumnas, a un montón de gente. Venía observando un grupo humano que me parecía un buen material de comedia, que me gustaba y me gusta. No es que yo le quiero pasar una factura a la facultad, en sí me parece divertidísima.

–¿Las agrupaciones te molestan, te parece que son parte de la vida interna de la facultad?
–Cuando cursaba me parecían irrisorios ciertos planteos y situaciones. Era todo muy "trosko". Además, la violencia con la que se manejan, es gente medio heavy a veces. Es muy de la izquierda argentina tomar posiciones reaccionarias. Creo que hubo algo dentro de la recepción de la novela que también ilustra eso. Hubo reacciones reaccionarias frente al libro, que tienen que ver con una manera de leer a Marx un poco rancia. Pero también está bueno, porque hace a la ilustración de la novela misma. Como que la novela se ilustra a sí misma con la repercusión que tiene.

–¿Y te excita esa repercusión?
–Sí, me parece genial. Fue raro, terminaba un quilombo y aparecía otro más grande.

–¿Algún intelectual de izquierda te insultó?
–No, la gente de izquierda-izquierda, como Horacio González, que es un intelectual comprometido, flashea con la novela. Me parece reinteresante que a gente como ellos, que también son destinatarios de la novela, les haya interesado y hayan sentido que se criticaba desde un lugar interesante, para mí fue un triunfo total, moral. Igual hubo situaciones que me sorprendieron más que otras. Hubo chicos de la facultad que dijeron cosas con mala leche y una agrupación me pidió una retractación pública y me pareció loquísimo. Pibes de una agrupación estalinista me exigieron que le haga un desagravio moral a la Facultad de Filosofía. Y justamente, esa situación funcionaba acorde al mundo que describía en la novela. Por todas esas cosas, incluso las que me sorprendieron más por su violencia, seguían ilustrando mi libro y probaron su efectividad; que el virus había funcionado y había infectado gente. La novela los había enfermado y por eso reaccionaban así, no se explica si no, por qué tanta violencia. Y eso me parece reloco, experimental, copado.

–Hubo un comentario que generó debate: cuando a un personaje le roban y vos decís que son "los desclasados del sistema".
–Si vos lees esa escena, ¿no te parece que es obvia la ironía total sobre la cuestión? Por eso yo prefiero que el libro hable y no aclarar que no soy de derecha. Es obvio que no soy de derecha, soy una persona que se pone en un lugar, que no tiene miedo a criticarle a la izquierda cosas que la izquierda no tiene ganas de criticarse a sí misma. Yo no me como ni media en ese sentido, hago un libro y es mi apuesta.

–¿Buscabas lo que provocó el libro, que se dijera que es un libro de derecha?
–Escribí mi libro y doy batalla. Yo escribo y me parece muy interesante que el libro haya generado una situación de discusión que hace tiempo no ocurre. Es un lujo y está bueno. Lo que me puso muy contenta de la novela, con todo el quilombo y los insultos, es que aparezcan esas cosas, que las produzca. Habla de que la novela es efectiva.

lunes, junio 08, 2009

Drama

Imagen tomada con un teléfono público durante la presentación de Dramaturgias en la Casa de la Lectura, el otro jueves. A la derecha la autora Romina Paula, a la izquierda Graciela Goldchluk, cooptada minutos antes para una formidable perfomance. También se exhibieron fragmentos semimontados de las obras de Mariana Chaud, Laura Fernández, Agustina Muñoz y Julieta De Simone.
No debieron perdérselo.


sábado, junio 06, 2009

Primeras páginas (V)

Antuca (novela)
de Raúl Castro

1

Miro los destellos de agua, el temblor de los reflejos, las ondas que se cruzan y bailotean, y es una red tan intrincada como mi memoria, tan impenetrable y misteriosa.

El muelle de madera podrida cruje siempre, con una queja monótona y vacía.

Así paso las horas y los días mirando el agua marrón, con olor a barro fermentado, a junco y a pescado.

Paso las horas y los días esperando mi nombre. Esperando que se abra ese telón pesado que me separa de mis recuerdos, y sepa quién soy. Que me diga quién carajo es este tipo que está sentado en este muelle crujiente de madera podrida, mirando el agua.

Mi historia termina del otro lado de la isla, donde los naranjales se encuentran con el río Luján, donde los camalotes se enganchan en el recodo de la orilla.

Allí me recogió Roberta y me arrastró por el yuyal y el colchón de naranjas caídas, me cargó por la escalera de troncos hasta la casilla y me dejó en su catre, como si hubiera pescado un hombre.

Roberta dice que hervía y que hablé mucho pero que no entendió lo que decía, que más bien era un lamento o un llanto, y que a veces me retorcía como un animal maniatado que estuvieran marcando.

Eso decía Roberta, y es toda mi prehistoria. A los tres días desperté violentamente, me sorprendí sentado sobre un catre, en una casilla precaria, con una mujer maciza, de cara aindiada, pómulos fuertes, pelo lacio y tez muy oscura, que me miraba desde un rincón, sentada en una silla de mimbre.

Dice que me sacó del río enredado en las ramas de un camalote, con las manos atadas con alambre de enfardar. Todavía tengo marcas rojas en las muñecas y heridas en el cuerpo que parecen quemaduras, y un horror impreciso y lejano que se mueve atrás de la niebla, más allá del naranjal.

Sigue acá.

jueves, junio 04, 2009

Las 10 preguntas / Martínez Daniell

[Por Sonia Budassi, para Perfil]

"La potencia es una categoría ajena a las letras", diría El Mierda, entrañable –por llamarlo de alguna manera amistosa– personaje de esta historia. Una hipótesis que la propia novela se encarga, rotunda, de desmentir. Potente, divertida, inteligente. Semana es la novela de un autor que deja con ella la incierta categoría de promisorio para dedicarse a cumplir", escribió Mauricio Kartun sobre Semana, primera novela de Sebastián Martínez Daniell, publicada en 2004. El autor nació en Buenos Aires, en 1971, y junto Valeria Castro, Juan Manuel Nadalini y Gonzalo Castro es uno de los cuatro fundadores y responsables de Entropía, una de las más dinámicas editoriales independientes. En 2007 y 2008, Martínez Daniell participó en las antologías de narrativa Buenos Aires / Escala 1:1 (con un relato titulado "Núñez: Claves para turistas con impedimentos ópticos") y Uno a uno (con un cuento titulado "Paddle"). El escritor trabaja como periodista, docente y crítico de cine; este año publicará su segunda novela.

–¿Cuál es el primer libro que recuerda haber leído?
–Todo es un poco nebuloso. Pero sí puedo recordar que en mi biblioteca de la primera infancia convivían gran cantidad de cómics europeos (Asterix, Lucky Luke, Tintin, El Corto Maltés); Dailan Kifki, de María Elena Walsh; El libro gordo de Petete primorosamente encuadernado por mi abuelo en una decena de tomos; algo de la Colección Robin Hood, y (posiblemente mis favoritos) tres gruesos volúmenes de una exhaustiva enciclopedia zoológica italiana llamada originalmente Il mondo degli animali y publicada en Argentina por la editorial Abril.

–¿Cuál es su autor favorito vivo?
–Soy más devoto de los libros que de los autores. Y si tuviese que erigir un panteón autoral, me inclinaría generacionalmente hacia una docena de escritores que murieron entre 1941 y 1999. Pero eso no respondería a la pregunta. Así que, por decir algo, menciono a algunos de aquellos que aún viven y cuyos libros, en el momento de su lectura, me conmovieron de alguna manera: Jerome David Salinger por El guardián entre el centeno, Thomas Pynchon por V., Mario Vargas Llosa por Conversación en La Catedral, Martin Amis por Experiencia, Kazuo Ishiguro por Los inconsolables, Claudio Magris por El Danubio. Hay más, por supuesto.

–¿Qué libro se llevaría a una isla desierta?
–Siempre temí que me preguntaran esto y siempre temí responder algo fuera de lugar o caer en la elusión del "Manual de instrucciones para dejar atrás una isla desierta". En fin. Diría que llevar narrativa sería pedirle demasiado a un solo libro. Quizá empacaría la Enciclopedia Británica o algún sucedáneo. Un libro con potencial de hidrógeno (pH) neutro. Algo así como el grado cero de la ensayística, algo que permita ser recreado ad nauseam.

–¿Cuál es el último libro que leyó o qué está leyendo en este momento?
–Estoy tratando de avanzar con Fear and Loathing: On the Campaign Trail '72, de Hunter S. Thompson. No me está resultando sencillo: primero porque me lo prestaron en inglés (lengua que desconozco puntillosamente); segundo, porque mi competencia sobre las internas demócrata y republicana de comienzos de los '70 es más bien escasa. De todos modos, el periodismo gonzo tiene su gracia.

–¿Qué libro reciente no pudo terminar de leer?
–Todo el tiempo dejo libros por la mitad. Por lo general, los retomo luego. A veces, terminan gustándome. Los últimos dos que quedaron en barbecho fueron Orlando, de Virginia Woolf (que, por cierto, estaba disfrutando mucho), y La biblioteca de noche, de Alberto Manguel.

–¿Qué libro quisiera releer pronto?
–Borges daba a entender que la relectura es una pasión propia de la ancianidad. Aún falta para eso.

–¿Cuándo escribe?
–De noche, cuando el resto de la casa duerme cerca.

–¿Quién debería ser el próximo Nobel?
–¿El próximo Alfred Nobel? La dinamita se inventa sólo una vez.

–¿Cuáles son sus rituales o supersticiones a la hora de escribir?
–Al margen de la nocturnidad, no mucho más. Café suele haber. Tabaco también.

–¿Cuál es su comienzo favorito de la literatura universal?
–No padezco en exceso el fetichismo de las primeras líneas. No creo que sea justo pedirle a la primera oración más que a la quincuagésima. De todos modos, pienso que aquellos comienzos que han perdurado por obra y gracia de la mnemopraxis canónica se lo han ganado por mérito propio. Digo: el de La divina comedia, el de La metamorfosis, el de Don Quijote de la Mancha, el de La Biblia, etc. Pero para salirse un poco de los tópicos extenuados, me inclino por el de Habla, memoria, de Vladimir Nabokov: "La cuna se mece sobre un abismo y el sentido común nos dice que nuestra existencia no es más que una breve grieta de luz entre dos eternidades de tinieblas".

martes, junio 02, 2009

Paisaje semidesértico con escritor argentino

[Entrevista a Carlos Ríos. Por Ezequiel Alemian, para Perfil.]

Editorial Entropía distribuye en estos días Manigua, primera novela de Carlos Ríos, escritor argentino que vivió siete años en México y acaba de regresar al país. Subtitulada novela swahili, Manigua narra el viaje de Apolon en busca de una vaca para sacrificar el día del nacimiento de su hermano, por un territorio donde el estado y la propiedad se encuentran casi por completo descompuestos. Clanes tribales luchan entre sí para afirmar su identidad, también agonizante. Ríos tiene publicados tres libros de poesía, y en el 2004 obtuvo el Primer Premio del Concurso Universitario de Poesía de Puebla. En esa ciudad, donde trabajó como evaluador de proyectos de creación literaria para fondos estatales, asistió al taller de Daniel Sada.

–Hay en Manigua una construcción muy específica de un mundo en un espacio y un tiempo complejos para identificar. ¿Cómo concebiste ese espacio, y qué es lo que quisiste transmitir a su través de su funcionamiento?
–Manigua se me apareció como un escenario semidesértico muy propicio para indagar lo que había en él. Eso fue lo primero. Después empecé a ver que en ese escenario se movían algunos personajes. Podría decir que la acción transcurre en Africa. Y es cierto, hay marcas que lo dicen. Pero también es un espacio puramente literario, en el que que yo me voy moviendo y poniendo en juego lecturas, reflexiones, voces. En esa zona inestable, siento que se empieza a jugar algo entre esa topografía, ese lugar, esas voces, esos personajes, algo como una especie de tensión, y ahí es donde se arma el relato.

–¿No sabías a dónde ibas cuando empezaste Manigua?
–En uno de los últimos capítulos del libro aparece un africano que dice que es el último de su clan. Es una imagen que vi en la tele; un aborigen australiano, que decía que estaba solo, pero que sentía en el aire que sus hermanos lo acompañaban. Y me di cuenta de que quería escribir algo para llegar a eso. Cada capítulo, de todas formas, se va armando a medida que se cuenta.

–Por momentos el lugar parece Africa, pero por momentos podría ser un suburbio trash de cualquier ciudad grande de occidente.
–Sí. Pero lo importante es cómo funciona ese sistema, qué está pasando con esa gente que todo el tiempo tiene que ir negociando su vida en un mundo de restos. Es algo que siento muy atado a mi forma de escribir. Voy buscando algunos hilos, viendo hasta dónde llegan, sin preocuparme de que después esté todo perfectamente atado. Los capítulos son cortos, escribía uno por día. Siento que a la vez que novela, Manigua es un diario. Me gusta que lo que estoy contando se contamine con lo que escucho o lo que leo ese día.

–De hecho, hay referencias a mundos muy divergentes en el libro...
–El montaje de referencias lo entiendo un poco como un trabajo de composición poética. Siempre pienso en esa idea de un texto como un imán que atrae elementos diferentes. A ver, me digo, esto que estoy escribiendo, qué puede atraer. Cuanto más salvaje sea esa intrusión, en el sentido de que lo que llegue mine, genere inestabilidad, incertidumbre, incertezas, mejor. Todo lo que venga para contrarrestar esa idea de “estoy escribiendo una novela y sé para dónde va”, dejo que vaya hacia el texto. Todas las referencias que aparecen contribuyen a armar un Africa, pero muchas de ellas no son africanas.

–Esa idea de inestabilidad se da en varios niveles del texto.
–Quería trabajar sobre ese hilo donde todo no empieza a cuajar o a solidificarse. Estaba más cerca de la idea de un boceto de novela que de una novela perfectamente edificada. Quería meter la escritura ahí, en esa frontera. Manigua arranca, después parece que arranca otra vez; es una novela muy cortita pero tiene como tres finales.

–¿Y por qué esa mutación en la figura del narrador, ese cambio de persona?
–Surgió sobre la marcha y lo dejé, que estuviera. Empecé a escribir en tercera y casi como una equivocación apareció la primera. En un capítulo las dejé entreveradas, como si fuese una marca. Apareció, lo marqué; no es un logro. Me gusta que las costuras queden en la sintaxis.

–¿Qué lengua se habla en Manigua?
–Para mí es swahili. Es una lengua que parece armada de lo que le pudo robar a otras lenguas. Se habla con requechos de palabras. Eso me generó cierta incomodidad cuando se impuso la primera persona: la forma que tiene el personaje de nombrar, esa sintaxis que se defleca, que también forma parte de los restos. Me costó aceptarla. Pero escribir también es aceptar un modo de decir que no es el tuyo.

–¿Qué novelas te acompañaron la escritura de Manigua?
–Leí Memorias de un pigmeo, de Hebe Uhart, El africano, de Le Clezio, y Las posibilidades del odio, de María Luisa Puga, una mexicana, con una obra muy despareja. Vivió un tempo en Kenya y escribió esta novela, muy política, de los años 70’. Me interesó su percepción, maravillosa.

–¿Y Bellatin?
–Más que el gusto por algún libro, ahora me interesa su concepción del acto de escribir, de la puesta en escena de la palabra, esa cosa casi de performer que tiene.

viernes, mayo 29, 2009

Metafísica de lo inútil

[A propósito de Conquista de lo inútil.]
Por Quintín para Perfil.

La última película hasta el momento de Werner Herzog fue rechazada en Cannes. Es una remake de Un maldito policía, el ya clásico de Abel Ferrara. Pero la buena noticia sobre este director más admirado en la Argentina que en su país (es el análogo cinematográfico de los Ramones) es que se acaba de publicar en castellano el diario de filmación de Fitzcarraldo, la más herzoguiana de las películas de Herzog, aventura de un hombre blanco que busca la hazaña imposible en los confines de la civilización occidental (como el Che Guevara en Bolivia) o a todas luces inútil. Conquista de lo inútil es precisamente el título del diario que se ocupa de los tres años (1979-1982) que duró la filmación de este absurdo cinematográfico, cuyo centro es el pasaje de un barco de vapor por encima de una montaña. La anécdota se basa en un tal Brian Sweeney Fitzgerald que hace un siglo quiso construir un teatro de ópera en Iquitos, en medio de la selva peruana. Pero para pasar su barco de un río a otro, Fitzgerald tuvo la buena idea de desarmarlo, mientras que Herzog decidió llevarlo entero, sin ningún truco y tuvo que exponerse, además, a convivir con Klaus Kinski. ¿Para qué?

Una hipótesis sobre el motivo de esa locura es que se trataba simplemente de obtener una imagen, la última imagen. Tokio-Ga, un documental de Wim Wenders de 1985, encuentra a Herzog en lo alto de una torre. Allí declara que no hay imágenes nuevas, que ya están todas filmadas. Por supuesto que Herzog siguió trabajando y prosiguió su raid de proyectos Guiness en los hielos antárticos, en la boca de un volcán en erupción, sobre la montaña más traicionera del mundo o tras la figura de un amante de los osos que terminó comido por uno de ellos. Pero el libro, tocado por la inspiración literaria, permite arrojar otra mirada sobre la empresa. La elaborada traducción de Ariel Magnus atrae con frases tales como “el tiempo tira de mí como un elefante y a mi corazón lo desgarran los perros”. Sin embargo, la belleza del diario reside sobre todo en que esboza una verdadera metafísica de lo inútil. Por un lado, el relato avanza en medio de toda suerte de bestias (ratas, arañas, serpientes, caimanes, tarántulas), calamidades naturales, accidentes mecánicos, batallas entre los indios y entre los miembros del equipo, problemas con los políticos peruanos o con los activistas europeos y visiones dantescas que culminan en una adolescente dándole el pecho a un cerdo y otra a un perro (afortunadamente, no de manera simultánea). Pero para el escritor Herzog todo es un juego basado en “una gran metáfora” (la del barco sobre la montaña) aunque confiesa que no tiene idea sobre qué sería esa metáfora. Mientras tanto, el diario alterna las penurias de la filmación con chistes malos, anécdotas bizarras (“un hombre, tras una pelea dramática con su mujer, corre al baño, se pesa apresuradamente en la balanza, después se pega un tiro”), discusiones irrelevantes (si la cinchada debe volver a ser un deporte olímpico). En la página 209 Herzog cuenta que una vez vio una foto en el puerto de Hamburgo y no descansó hasta descubrir qué día y a qué hora había sido tomada, desde dónde y con qué lente.

La obsesión por lo inútil como divisa, como eje de la libertad humana cuya culminación es la literatura, parece demostrar que esa cinematografía titánica de Herzog no es un acto fascista –como alguna vez supusieron sus detractores– sino otra metáfora cuyo objeto desconocemos, pero que deja el sabor de una aventura contagiosa, en el fondo más mental que física. El 15 de julio de 1979, en Iquitos, a Herzog y a miembros del equipo se les ocurre ir al cine. “La película venía de Argentina, con uno bien flaco y uno bien gordo, rubias de pechos inflados...” ¿Por qué no iniciar, siguiendo la idea de la foto de Hamburgo, una pesquisa sobre el título de ese film que uno sospecha con Porcel y Olmedo?

viernes, mayo 22, 2009

Un Frankenstein narrativo

Esto y muchas otras cosas dice el Rufián Melancólico sobre Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac. Por ejemplo:

- "Aún a pesar de esta fuga constante de la línea narrativa, del orden lógico esperable de un reencuentro de todo lo dicho en un punto, la novela también se presenta como una pelota de información condensada que se clava en el estómago del lector como si hubiera sido arrojada con toda la furia de un puntinazo violento con intención de liquidar al arquero."

- "Todo lo que esta novela declara tener esta: pasillos de Puan, profesores excéntricos, teorías disparatadas, pasos de comedia y un cierto sabor orillero a Los detectives salvajes, claro. Sólo que mientras la novela de Bolaño hacía una especie de historia oral en clave de comedia acerca de los grupúsculos de poesía, Las teorías salvajes lleva al ridículo del paso de comedia a toda esta generación de geeks, nerds, snobs y chicas alternativas de Filosofía y Letras que están ahí y adquieren diversos grados de visibilidad y neurosis."

- "Las teorías salvajes se construye como un cuerpo textual que también permite reflexionar sobre el género novela como lo que es: un condensado de partes de discursos menores atados con alambre para dar un discurso primario."

Completo, acá.

jueves, mayo 21, 2009

La misión de la literatura

[A propósito de Condición de las flores, de Mario Bellatin. Por Osvaldo Tangir, para El arca digital.]

Crear distintas realidades en medio de tanta realidad: es lo que logra generar esta obra en sus poco más de cien páginas. Y es que ésa y no otra es la misión de la literatura –"del sinsentido que es toda literatura"- para su autor, un mexicano nacido en 1960, criado en Perú, con más de quince títulos en su haber, y que hoy gracias a su originalidad, en la que resuena con fuerza el latido del sufismo que practica, es analizado en universidades de todo el mundo. También de la Argentina, claro.

Con la intención de explicar el sistema compositivo de Bellatin, basado en la reformulación y reubicación de escritos pretéritos, se reúnen cuatro textos: Condición de las flores, colección de apostillas en la que, desde su mirada de lector seducido por el libro como inspiración, revela algunos mecanismos del proceso creativo; un fantasmagórico relato inspirado en la fotógrafa Graciela Iturbide; apuntes inéditos escritos en una antigua Underwood –prototextos, según las anotaciones de la estudiosa Graciela Goldchuk, de novelas como Efecto invernadero o Canon perpetuo- y un post scriptum a cargo de Daniel Link, intérprete de su escritura.

La profundidad del autor, su trato amistoso con la ensoñación, su intimidad con lo inaprensible brillan aquí con todo esplendor. Una verdadera invitación para expertos e iniciados y también para aquellos que aun no han incurrido en su inquietante prosa, creada bajo el influjo de esa misteriosa necesidad que es el ejercicio mismo de la escritura.

miércoles, mayo 20, 2009

Deconstruyendo a Budassi

El Gordo Gostanian indaga las significaciones de Los domingos son para dormir, de Sonia Budassi, en una de sus abstrusas columnas de Hablando del asunto. Entre otras cosas, dice:

- "La insatisfacción no es una hermana insignificante de la histeria. Y que la histeria, a pesar del abuso incondicional de la doxa de origen cosmopolitano -gentilicio que usted no debería confundir, nunca, estimado Sucesor, con cosmopolita- no es tampoco un simple modus vivendi. En todo caso, es más bien una categoría de pensamiento compleja. En principio, estimado Sucesor, una categoría con la que hasta el triste Roland Barthes estaba familiarizado. Tal vez, por su magnetismo poderosamente capitalista."

- "El trance incómodo entre una expectativa real y una expectativa deseada -y en tanto expectativa proyectada, estimado Sucesor, si la publicidad tuviera su Historia, debería llamársela Histeria- funciona también como el mapa de una lógica fémina de la educación sentimental. Sólo es en ese mapa intercalado con las fantasías de Mercado, estimado Sucesor, donde incluso se insertan también ciertas versiones veladas del horizonte pop."

- "Tratar la oposición cultural entre el campo y la ciudad, estimado Sucesor, implica la tarea honesta de esquivar referencias agotadas. Las injertan en sus reseñas de publicación gratuita cualquier pelele. Establezcamos, estimado Sucesor, que en los cuentos de Los domingos son para dormir, la gran mayoría de los personajes, sencillamente, migran. Insistir en ese tópico -el de la condición palurda, estimado Sucesor-, a meses del Bicentenario, habla más de cierta pobreza sociológica que de las posibilidades de alguna nueva lectura crítica. Las migraciones espaciales ocurren. Y Dios, estimado Sucesor, ha atendido siempre en la metrópoli. Y nunca en la periferia. Suficiente. Me interesa en cambio, estimado Sucesor, una dinámica distinta entre el aquí y el allá. La de su mutuo colonialismo."

El tractatus completo, acá.

martes, mayo 19, 2009

Intensidad de lo adverso

[A própósito de Conquista de lo inútil. Por Matías Serra Bradford, para ADN Cultura]

En una selva "envuelta en sí misma", en plena filmación de la película Fitzcarraldo , Werner Herzog encuentra en su libreta un refugio donde preservarse: "En medio de cientos de extras indígenas, docenas de trabajadores forestales, la gente de los barcos, personal de cocina, equipo técnico y actores, la soledad me golpeó como un animal gigante y enfurecido. Pero yo veía algo que los otros no veían". Suele decirse de los enajenados que "ven cosas". El sueño de construir un teatro de ópera en el Amazonas, utopía del barón del caucho y melómano peruano Carlos Fermín Fitzcarraldo, fue la semilla que Herzog necesitó para vislumbrar una geografía y un proyecto demenciales. (El cruce de música y desequilibrio es un leitmotiv reincidente en el trabajo del cineasta alemán; basta recordar su film sobre el compositor Gesualdo y, en otro plano, Tierra de silencio y oscuridad , sobre los sordomudos, halagada por Oliver Sacks, otro veterano en ese campo.)

Paso a paso, Herzog registra el primitivo suspenso de una alucinación: hacer pasar un barco, de un río a otro, por arriba de una montaña. Y plasma un modelo de fragilidad definitivo para la creación artística. Un diario íntimo se asemeja a una madre permisiva, todo lo tolera y todo lo absuelve. Este, Conquista de lo inútil. Diario de filmación de Fitzcarraldo incluye los contratiempos imaginables y los peligros menos risueños: los berrinches de Klaus Kinski, los sobornos mendigados, las lluvias que no llegan, los ríos que no crecen. Provocar condiciones adversas parece ser en Herzog, como en Peter Brook, el único modo de preparar un marco propicio para dar lugar a la "verdad extática". El autor de Del caminar sobre hielo y Herzog on Herzog , devoto de Büchner, Hölderlin y Von Kleist, ya se había jurado "ir hasta el fin de lo insensato". La práctica del montaje, médula del cine, es absorbida por la rutina del diario: qué se elige contar de un día. Y el diario, en paralelo, también pone en juego cómo borrar mejor la frontera entre ficción y documental.

Conquista de lo inútil es un zoológico a puertas abiertas: serpientes, tarántulas, iguanas, monos, murciélagos, ratas, tapires, caimanes, "buitres que extienden sus alas como el Crucificado y que perseveran como estatuas en esa posición, presumiblemente para refrescarse o ahuyentar parásitos que pican." La hipnosis de la descripción febril se vuelve irresistible y una recia cualidad visual impera en las observaciones: "La selva a ambos lados del río, que celebraba su misa nocturna, cumplía la función de monaguillo. Ningún sonido animal, ningún grito nocturno; sólo de un gigantesco árbol torcido cayó una hoja inmensa, como un pterosaurio alcanzado por flechas."

En el último año del rodaje de Fitzcarraldo , 1981, año que cultivaba como todos una férrea vocación de olvido, otros fervorosos adictos a la naturaleza, dos diaristas impenitentes en lengua alemana -Ernst Jünger y Peter Handke- tomaban notas cuya sola espectacularidad consistía en llegar con gracia al final de la jornada, en velar por el día siguiente. Por esos mismos meses, Handke escribía: "Me gustaría tener la selva virgen delante de la ventana; así, con el tiempo, vería el mayor número de detalles que pueda uno ver." Y eso es lo que consignó Herzog, hasta la más ínfima vibración de una jungla. El 18 de marzo de 1981, Jünger definió involuntariamente otro de los desvelos del cineasta de Münich: "¿Por qué produce tanta inquietud que un ser humano desaparezca sin dejar rastro?" Jünger alude a la leyenda del niño abandonado Kaspar Hauser, que Herzog llevó al cine, enigmática contracara de megalómanos como Fitzcarraldo o el conquistador de Aguirre, la ira de Dios .

Exótico, genuino, Conquista de lo inútil deja una huella imborrable y le devuelve a la literatura una cualidad un tanto relegada: la intensidad.

lunes, mayo 18, 2009

Expensas extraordinarias

A propósito de Anís, de Mariana Dimópulos.
[por Jimena Repetto para Revista Siamesa]

A veces las distancias engañan y nos hacen pensar que son un buen patrón para medir cuánto conocemos o desconocemos de los otros. Anís de Mariana Dimópulos es una novela sobre las paradojas de las proximidades y, a la vez, sobre el deseo de vencer la soledad como una línea que fuga, nunca satisfecha, al infinito.

En un mismo edificio conviven personajes en apariencia extraños y, sin embargo, tan comunes y cercanos como podría ser cualquier hijo del vecino. Las fantasías que ellos construyen, sus miradas deformadas sobre la realidad, en su contraste y conjunto, generan en el lector la desazón y la risa, la melancolía y la burla, pero, a la vez, la compasión. Y un poco porque no hay quien pueda escapar a la lente subjetiva con la que cada uno mira al mundo, y otro porque con cierta soberbia sentimos que en nuestra vida nunca, ¿nunca? hemos llegado a tales niveles de distorsión de la realidad como los que ellos alcanzan.

Bonow, Patricia, Inés, entre otros, cada uno en su mundo y todos viviendo literalmente encimados, cargan deudas siempre pendientes que terminan recayendo en faltas y temores, abandonos a destiempo, amores nunca confesados y diversas frustraciones en degradé. Y, como lo indica el nombre del bar en el que el señor Bonow, tal vez el más desquiciado de ellos, toma su anís y desahoga sus penas,“La Amistad” es el lazo más profundo y cercano que pueden entablar.

Con un narrador que por momentos coquetea con el registro de los personajes, descripciones precisas, textura rítmica y diálogos en su forma y tiempo justos, Anís es una rareza que vale la pena explorar. Incluso si el riesgo que el proyecto propone es construir subjetividades saturadas en sus propias divagaciones, Dimópulos lo sortea con grandeza y logra darle a cada una el grado justo dentro del no tan extraño mundo en el que se mueven. En definitiva, se nos presenta un texto que por momentos pareciera extrañarse a sí mismo, deformarse en la elección léxica y las imbricadas estructuras de las frases y desafiar al lector a dejarse llevar hacia adentro de esta peculiar "reunión de consorcio".

Y, a medida que avanza la narración, todas las historias se van hilando, un poco como sucede en la vida misma. Entonces el edificio que comparten, se convierte en metáfora del texto, un espacio en el que los personajes habitan en distintos planos y pisos de realidad, un lugar de convivencia en el que cargan en secreto sus dolores a expensas -extraordinarias- de la soledad.

Si uno de los desafíos que propone una primera novela es hacer ingresar a quien escribe en la compleja categoría de autor, Anís hace que leamos a Dimópulos como una escritora capaz de construir con precisión y gracia un pequeño universo que nos interpela, porque en la distancia crítica de la lectura podemos analizar cuán similar es al que nos aloja.